Tras terminar sus horas extras, Shen Yu, exhausto, regresó a su apartamento de alquiler con el teléfono vibrando sin parar en el bolso.
Frunció el ceño y tiró el abrigo por encima del respaldo de la silla, solo para darse cuenta de que el mensaje provenía de una identificación desconocida.
“Hola, editor, me llamo Li Yunhui. He aceptado la invitación de su editorial para trabajar en ilustraciones.
Pero primero debo aclarar algunas cosas: no admito videollamadas, no contesto llamadas y soy yo quien decide las fechas límite de entrega”.
Shen Yu se quedó mirando estas palabras y no pudo evitar reír.
Era la primera vez que conocía a un colaborador que ni siquiera lo había saludado.
Escribió:
“Hola, soy Shen Yu y me encargaré de esta colaboración de diseño gráfico. He recibido su solicitud. ¿Podemos hablar sobre el cronograma y el estilo inicial?”.
Tras enviar el mensaje, se recostó en la silla y se giró para contemplar la luna por la ventana.
Esta era la primera vez en su vida que colaboraba con un ilustrador. Y también, la primera vez, sentía que esa conversación era más que un simple trabajo.
La luna colgaba tranquila en el cielo, como si lo escuchara en silencio.
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