—Pero, ¿por qué Roena está comiendo recién ahora?
Leo observó con ojos curiosos a Roena, que había llegado sola al comedor sin los miembros de la 1ª. División.
—Me olvidé de que tenía que almorzar por supervisar el entrenamiento de los reclutas y entregar los informes.
Resultaba dudoso que algo así fuera posible, pero por otro lado, tratándose de Roena, no era tan sorprendente.
—Tú también eres increíble —exclamó Leo, abriendo la boca de par en par y sacudiendo la cabeza.
—Es curioso… —murmuró Luke en voz baja esta vez. Al instante, todas las miradas se centraron en él, como si le exigieran una explicación sobre qué era lo que le resultaba curioso—. Ah, es que se parece mucho al Comandante. Cuando Theo era el Capitán de la 1ª. División, a veces pasaba lo mismo.
—¿El Comandante hacía eso? —preguntó Leo, quedándose pensativo mientras miraba a la nada. Dylan y Roena tampoco parecían muy convencidos.
—¿No sabían que muchas veces se concentraba tanto en el entrenamiento o en el trabajo que apenas lograba comer justo antes de que cerrara el comedor?
Por eso, más tarde, los miembros de la 1ª. División, incluido Philip, se encargaban voluntariamente de cuidar los horarios de comida de Theo. En ese sentido, Theo y Roena tenían rasgos bastante similares y, dado que Roena había ocupado el puesto de capitana tras Theo, a Luke le pareció algo curioso.
—Yo no recuerdo eso —dijo uno.
—Yo tampoco.
—Yo tampoco lo recuerdo; aunque, por supuesto, en aquel entonces yo solo era un soldado de rango medio alto.
Los tres respondieron al mismo tiempo. Fue entonces cuando Luke se dio cuenta de que algo andaba mal: él era el único que sabía ese hecho. Sin embargo, la respuesta surgió rápidamente al pensarlo un poco. En aquel entonces, él era el único que seguía, vigilaba y observaba a Theo día y noche.
—Hum, bueno… en fin, así era la cosa.
En ese momento inesperado, al recibir la confirmación de cómo sus acciones pasadas habían sido vistas por otros, sintió, por así decirlo, un poco de vergüenza. Gracias a que lo disimuló con indiferencia, Dylan y Roena reanudaron su comida sin sospechas, pero Leo estaba ocupado mirando a Luke con una expresión bastante significativa.
—Por cierto, Roena, parece que no te sientes incómoda conmigo, ¿verdad?
Cuando Luke preguntó con franqueza, Roena se encogió de hombros con desdén.
—¿Hay alguna razón en particular por la que deba sentirme incómoda?
Aun así, le resultaba sorprendente que incluso Roena se hubiera sentado a su lado. Leo era un tipo bastante peculiar, así que la razón se explicaba por sí sola; y con Dylan, aunque se habían vuelto cercanos porque Luke supervisó su entrenamiento, entre él y Roena no había nada en especial.
Incluso cuando él también era Capitán, Roena simplemente hacía su trabajo en silencio y era una persona de muy pocas palabras. Cuando Luke causaba problemas con Miles, Seth u otros capitanes, ella ni siquiera le prestaba atención, como si estuviera mirando a una forma de vida inferior.
La única persona con la que ella se comportaba de manera cómoda era, precisamente, Theo.
—Por supuesto, no me gustaba mucho que anduvieras enturbiando el ambiente del Cuartel General, pero…
La comisura de los labios de Luke se contrajo ante esa observación tan directa. Por mucho que Roena se pareciera a Theo, le resultaba difícil ser rudo con ella. Quizás se debía a ese aura particular que ella emanaba.
—Valoro mucho tu habilidad.
—¡Es cierto! ¡Creo que el señor Luke es realmente fuerte! Tan fuerte como el Comandante…
—Hum.
Mientras Dylan parloteaba alegremente, Leo soltó un fuerte carraspeo frente a él. Al notar de inmediato la advertencia, el rostro de Dylan se puso pálido.
—Lo… lo siento mucho…
Probablemente acababa de recordar que esos dos hombres fueron una vez rivales que se enfrentaron por el puesto de Comandante.
—¿Eh? ¿Por qué te disculpas? Es verdad que soy tan fuerte como ese tipo.
Ante sus palabras, las expresiones de Leo y Roena se volvieron ambiguas.
—¿Van a decirme algo de porqué llamé a su Comandante “ese tipo”? Qué más da, después de todo, yo ya ni siquiera soy militar —dijo Luke con una sonrisa de suficiencia.
Leo soltó una carcajada, como si no tuviera remedio, mientras Dylan, a su lado, ponía una expresión indescifrable. La razón era que Dylan sentía que, de alguna manera, Luke había atraído el centro de atención hacia sí mismo a propósito para cambiar de tema y aliviar la tensión.
—Luke, tu personalidad no ha cambiado ni un poco.
—Es cierto. Sigues siendo igual de impulsivo que siempre.
Roena iba a enjuagarse la boca con un poco de agua cuando, de pronto, se quedó mirando fijamente la mano derecha de Luke, que estaba envuelta en vendas. Estaba a punto de preguntar por ella, pero en ese instante, un brazo robusto se interpuso bruscamente.
—¿Dónde se supone que está mi lugar reservado?
Theo apoyó la mano sobre la mesa, posicionándose justo detrás de Luke como si quisiera envolverlo. Luke no fue el único que se sobresaltó por la repentina presencia a sus espaldas; Leo, Roena y Dylan reaccionaron igual. Además, como Theo llevaba el cabello hacia abajo, a diferencia de su peinado habitual, los tres tardaron un segundo en reconocerlo antes de ponerse de pie.
—Bienvenido, Comandante.
—¡Ay, qué susto! ¿Por qué siempre tienes que aparecer por detrás? —protestó Luke con voz irritada, usando un tono extraño que no era ni formal ni informal mientras fulminaba a Theo con la mirada.
—¿Están todos disfrutando de su comida?
—Sí, Señor.
—Entonces, continúen. Si no les importa, me llevaré a Luke conmigo.
—Ah, sí… No hay problema.
Ante la respuesta radiante de Leo, la mirada de Luke se volvió feroz.
—¿Por qué les pides permiso a ellos?
—¿No vas a venir?
—…Iré.
Luke agarró su bandeja de comida y se puso de pie de un salto. De todos modos, no había podido comer bien porque Theo no dejaba de rondar por su cabeza. Así, los dos se alejaron de esa mesa y se acomodaron en un nuevo lugar. En cuanto se distanciaron de forma natural, Dylan empezó a inquietarse sin motivo.
—¿Por… por casualidad el Comandante no habrá escuchado lo que dije…?
Como sus palabras habían provocado que Luke llamara a Theo “ese tipo”, Dylan preguntó con el rostro pálido, sintiéndose culpable.
—No te preocupes, Dylan. El Comandante no es alguien que se fije en detalles tan triviales.
—Pe… pero, si por mi culpa ellos dos llegaran a pelearse…
—¿No creo que eso pase? —dijo Leo mientras estiraba la mano para tomar y comerse el tomate que quedaba en la bandeja de Roena.
—Esos dos ya no se pelearán a muerte como antes.
—¿Eh? ¿Cómo sabe eso, Capitán Leo?
Ante la pregunta de Dylan, Leo se limitó a sonreír sin responder.
—Leo, parece que sabes algo que nosotros no —dijo Roena, fulminándolo con la mirada mientras masticaba su propia porción de tomate.
—Obsérvenlos bien ustedes también. Si prestan atención, verán algo nuevo. Gracias a eso, últimamente, mi trabajo no podría ser más entretenido.
Mientras Leo sonreía alegremente, la expresión de Dylan se volvió de desconcierto.
—Capitana, ¿sabe por qué se pone así? —susurró Dylan lo suficientemente bajo para que solo Roena lo oyera, cubriéndose la boca con la mano.
—No lo sé. Ya ni siquiera me sorprende. Que el Capitán Leo sea raro no es cosa de un día o dos.
Leo seguía con los ojos brillantes, observando el lugar donde Luke y Theo se habían acomodado. Mientras tanto, en esa mesa, Theo le manifestaba su descontento a Luke.
—Me pregunto quién era ese que dijo que me reservaría un asiento.
—Vaya, qué insistente. Yo estaba sentado en un lugar tranquilo; fueron esos tres los que se acercaron sin permiso.
Theo echó una mirada rápida hacia atrás. Leo, Dylan y Roena estaban terminando de comer. Sabía que Leo, con su personalidad extrovertida, solía pegarse a Luke sin importarle nada, pero los otros dos le resultaban una sorpresa.
—Te digo que yo también me sorprendí.
Theo observó a Luke, quien finalmente comía con tranquilidad. Si tuviera que buscar un punto en común entre esos tres, probablemente sería solo uno: personas que habían descubierto, o estaban en proceso de conocer, la otra faceta de Luke.
—…
Eso significaba que él ya no era el único que conocía ese “otro lado” de Luke.
—¿Qué haces? ¿No vas a comer?
La mirada de Theo, que apuntaba hacia atrás, regresó a Luke. Cerca de sus labios pequeños había una migaja de pan.
—No me hace mucha gracia que los demás también se den cuenta.
—¿Eh? ¿De qué?
Theo soltó una risita ante la mirada de Luke, que lo observaba con una curiosidad genuina e inofensiva. Entonces, estiró la mano, le quitó la migaja de la comisura de los labios y se la llevó a su propia boca.
—¡Ah, tú…!
Luke se sintió avergonzado por tener comida en la cara, pero al ver cómo la migaja desaparecía en la boca de Theo, casi se muere del susto y miró frenéticamente a su alrededor. Por suerte, no había nadie sentado cerca de ellos. Nunca pensó que agradecería tanto el hecho de almorzar tarde.
—¿Fue muy pesado el trabajo de la mañana? Aun así, me da gusto ver que comes más de lo habitual.
—¿Será que la comida del ejército comienza a ser buena?
Aun así, Luke agachó la cabeza y empezó a comer con ímpetu. Al ver que los lóbulos de las orejas de Luke, usualmente pálidos, se habían puesto rojos, Theo dejó escapar una sutil sonrisa mientras continuaba observándolo comer.
—Esta sopa está bastante buena. No creo que la tuvieran antes —dijo Luke mientras raspaba el fondo del plato de sopa, que tenía un aroma dulce y un sabor tostado.
—¿Te traigo más?
—Vi hace un momento que no quedaba mucha. Está bien, no hace falta.
Theo giró la cabeza hacia la zona de servicio. Los encargados de la cocina estaban recogiendo los recipientes de la sopa; parecía que se había agotado toda la cantidad preparada para el día. Theo miró de reojo el cuenco vacío de Luke y, de inmediato, se levantó de su asiento.
—Oye, ¿a dónde vas?
—Espera aquí.
Entonces se acercó al soldado de turno en la cocina que estaba limpiando; el hombre, sorprendido, saludó a Theo con respeto.
—¿Qué estará haciendo allá? —murmuró Luke.
Tras intercambiar unas breves palabras, el soldado entró apresuradamente a la cocina y Theo regresó a la mesa.
—¿De qué hablaron?
—Le pedí que hiciera más sopa.
—¿Qué? ¿A ti también te gustó tanto?
Luke soltó una risita. Parecía que a Theo también le había agradado la sopa, hasta el punto de ir personalmente a pedírsela al encargado. Incluso para Luke, que lo había observado durante mucho tiempo, esta era una faceta que nunca había visto en él.
—¿Eh? No. A mí no me gusta lo dulce.
—¿Ah? Entonces, ¿por qué…?
—Dijiste que querías comer más. Espera un poco. Dijo que la prepararía enseguida.
Ante la voz indiferente de Theo, Luke apretó con fuerza su cuchara mientras escuchaba el estruendoso sonido de su propio corazón.