—Heinern intentó expandir su territorio de forma muy activa en esa época, ¿no es así?
Al escuchar eso, todos asintieron lentamente como si recordaran aquel hecho. Hace poco más de diez años, el Emperador Roelard proclamó oficialmente la expansión del territorio para el desarrollo del Imperio; a partir de entonces, fueron absorbiendo uno tras otro a los pequeños países colindantes para aumentar su tamaño.
Por supuesto, la guerra no fue el único medio. Se esforzaron por comunicarse con cada nación pequeña para que pudieran incorporarse al territorio imperial derramando la menor cantidad de sangre posible, buscando que el proceso de anexión fuera lo más pacífico posible. Gracias a ello, Heinern prosperó a una escala mucho mayor.
—Así fue —asintió Luke.
En aquel entonces, Luke, Theo y Leo acababan de graduarse de la Academia Militar y estaban en plena etapa de formación como novatos del ejército.
—E-esto… solo lo dije porque se me vino a la mente de repente. Lamento haber interrumpido la reunión.
Paul rio con torpeza, pensando que después de todo era un tema irrelevante. Sin embargo, por alguna razón, a Luke ese asunto de aquella época le quedó grabado como una sensación de inquietud.
La reunión continuó durante aproximadamente una hora más. No obstante, como era de esperarse, no hubo un progreso significativo debido a la falta de información sólida. Hacía falta algo concreto para obtener pruebas y deducir conclusiones, pero intentar lograr algo basándose solo en textos escritos no estaba funcionando bien. Además, la orden del Emperador les impedía actuar abiertamente, lo que dificultaba aún más las cosas.
—Luke—. Al terminar la reunión, Theo se acercó a Luke—. Almuerza con Leo hoy.
—¿Y tú?
—Tengo pensado pasar por el Palacio Imperial para recoger unos documentos de los ministros. No sé cuándo regresaré, así que no me esperes y come primero.
—¿Cuándo he dicho yo que te iba a esperar?
Luke soltó un bufido ante las palabras de Theo, quien hablaba como si esperarlo fuera lo más natural del mundo. A decir verdad, Luke sí tenía la vaga intención de esperarlo, pero no lo dijo en voz alta.
—Lamento haberme adelantado a los hechos. Entonces, nos vemos luego.
Theo estuvo a punto de acariciar el cabello de Luke inconscientemente, pero al percatarse de que había otros soldados alrededor, no llegó a hacerlo y se quedó dudando por un momento.
—Eso sí, no te pegues demasiado a Leo.
—Tú solo asegúrate de hacer bien lo tuyo. Si esos viejos carcamales te dicen algo, no te quedes callado y responde.
—Lo intentaré.
Theo salió de la oficina con una leve sonrisa. Tan pronto como desapareció, Leo se acercó a Luke con una sonrisa pícara en los labios.
—Luke, ¿vamos a comer?
—Claro. Pero tú…
—¿Eh?
—¿Por qué andas últimamente con esa sonrisita tonta en la cara?
Luke lanzó un reproche mientras miraba de reojo el rostro de Leo. Lo había sentido desde que regresó al cuartel: cada vez que Leo lo miraba, esbozaba esa sonrisa llena de significado. Al principio no le dio importancia, pensando que Leo siempre había sido alguien de risa fácil, pero ahora que se fijaba bien, le resultaba un poco extraño.
—Bueno… ¡es que mi día a día es divertido!
Ante eso, el rostro de Luke se frunció por completo. Estaba seguro de que, entre todos los que vestían el uniforme militar, este tipo era el único bicho raro capaz de decir que su rutina era divertida. Al final, Luke pasó todo el almuerzo sermoneando a Leo, insistiendo en que un soldado debe saber mostrar cierta seriedad y peso en su presencia.
Al llegar la tarde, Luke cumplió con una agenda bastante apretada. Primero, Dylan le pidió tímidamente si podía supervisar su entrenamiento mientras no estuviera ocupado, así que sacó tiempo para ir juntos al campo de prácticas.
Después de esforzarse coordinando movimientos con él, regresó a la sala de reuniones justo cuando Theo volvía con un montón de documentos. Su rostro estaba visiblemente marcado por el cansancio y, al ver que sus botones estaban desabrochados de nuevo, era obvio que los ministros lo habían atormentado sin piedad.
En ese momento, Luke sintió una punzada de irritación. ¿Gracias a quién esos tipos vivían y comían bien bajo la seguridad del Imperio? En lugar de darle el trato que merecía, lo asediaban cada vez que se encontraban; Luke empezaba a perder los estribos.
Antiguamente, cuando Theo pasaba por estas injusticias, Luke se enojaba, pero su sangre no hervía a este nivel. Solía pensar con cierta distancia que “el camino del protagonista siempre está lleno de pruebas constantes”. Sin embargo, ¿por qué ahora no podía mantener ese pensamiento racional como antes?
Ante la mirada llena de descontento de Luke, Theo solo soltó una risita leve y dijo alguna tontería sobre cómo él también se las había ingeniado para responderles a su manera.
Durante la tarde, Theo alternaba entre las tareas de la unidad de investigación y su oficina de Comandante. Mientras tanto, Luke, junto con el resto de los miembros, comenzó a revisar los documentos de los tratados y los informes relacionados con la delegación que Theo había traído tras pedírselos a los ministros.
—Ciertamente, a partir de un momento específico, los bienes enviados a través de las delegaciones disminuyeron.
Luke murmuró para sí en voz baja. Casualmente, coincidía a la perfección con la época en la que, según Leo, el Primer Príncipe parecía haber comenzado su regencia.
Cuando cada país enviaba una delegación, era una especie de protocolo expresar gratitud y sinceridad hacia el país aliado con el que se había firmado un tratado mediante obsequios tangibles y materiales. Dado que el objetivo era fortalecer los lazos entre naciones, el valor y la cantidad de dichos bienes solían superar siempre lo imaginable; sin embargo, lo que Wellharun enviaba estaba muy por debajo de los niveles anteriores.
Es más, lo más reciente que recibieron de ellos fueron apenas unas hojas de té especiales que solo crecen en Wellharun. Por donde se mirara, era una oferta claramente precaria para ser intercambiada entre países aliados.
—Invertir los impuestos en el ejército, ¿eh?…
En ese momento, las palabras de Leo acudieron repentinamente a su mente. Por lo general, los bienes enviados a través de tales delegaciones también se costeaban con los impuestos del Estado. Pero dado que habían surgido sospechas de que Wellharun estaba volcando sus impuestos en el ejército, este punto también encajaba bastante bien.
Yendo más allá, no era una conjetura descabellada suponer que Wellharun podría estar dejando cada vez más de lado la necesidad de mantener un tratado sólido con Heinern.
—…Tipos maleducados.
Cuando Luke murmuró seriamente para sí mismo, Paul y los demás miembros se estremecieron. Quizás fue porque su voz sonaba particularmente lúgubre.
—Saldré a que me dé un poco el aire.
—Sí, sí. Puede volver con calma.
Paul, habiendo notado al instante la irritabilidad de Luke, respondió con una voz casi suplicante, como si le rogara que así lo hiciera.
Luke salió al exterior alborotándose el cabello con frustración. ¿Realmente estaba bien perder el tiempo de esta manera? Por mucho que el Emperador hubiera ordenado llevar a cabo la investigación en secreto, y aunque pudiera entender sus razones haciendo un gran esfuerzo, estaba claro que en este preciso instante los tipos de Wellharun debían de estar rompiéndose la cabeza buscando la forma de invadir el Imperio.
Luke levantó la cabeza y contempló el cielo, que empezaba a oscurecerse. Este era el lugar donde ahora echaba raíces y vivía. Aunque su vida aquí hubiera comenzado mediante una posesión astral, el hecho de que tendría que seguir viviendo en este sitio era una realidad inalterable.
No quería ver, bajo ninguna circunstancia, cómo esta tierra se teñía con la sangre de los inocentes. Tampoco estaba dispuesto a presenciar cómo alguien perdía a sus seres queridos y se hundía en el dolor entre alaridos.
—Aaah…
Caminaba hacia el patio trasero del edificio principal dándole vueltas a si habría alguna buena solución, cuando se topó de frente con el tipo al que menos quería ver.
—Ejem.
No era otro que Miles, quien carraspeó mientras miraba a Luke de reojo. Luke no se molestó en reaccionar. No solo tenía la mente demasiado perturbada en ese momento, sino que tampoco tenían una relación lo suficientemente buena como para saludarse amigablemente.
—¿Cómo va el trabajo en la Unidad de Investigación?
Para su sorpresa, fue Miles quien rompió el silencio primero, algo sumamente inusual.
—No puedo decirte nada por la orden de confidencialidad.
Ante eso, las cejas de Miles se contrajeron. Luke no lo había dicho con intención de ser sarcástico, era simplemente la verdad, pero parecía que Miles se había sentido ofendido por su cuenta en un punto irrelevante.
—Debes de estar dándote la gran vida ahora que el Comandante te tiene bajo su ala, ¿no?
Miles soltó esas palabras punzantes mientras miraba a su alrededor.
—Ver a un tipo que ni siquiera es militar instalado aquí en el cuartel, dándose aires de importancia… es patético.
—¿Eres tonto? El ejército me ha nombrado oficialmente, así que no hay razón por la que no pueda estar aquí dándome “aires de importancia” aunque no tenga rango militar activo. Miles, intenta hacer un esfuerzo por ver las situaciones de forma racional en lugar de dejarte llevar solo por tus emociones.
Ante los profundos suspiros de Luke, que parecían consejos cargados de sinceridad, el rostro de Miles se desfiguró.
—Y no es que el Comandante me esté favoreciendo. Es simplemente que tengo la capacidad necesaria.
—No me hagas reír. Tú… dime la verdad. ¿Cuál es la verdadera razón por la que volviste al ejército?
Miles se acercó a grandes zancadas hasta quedar frente a las narices de Luke. Este último se limitó a mirarlo con una expresión de total indiferencia.
—¿Tienes los oídos tapados? Hasta los soldados de rango inferior saben que vine para investigar este caso.
—…Si estás pensando en joderme, será mejor que te detengas.
¿Pensando en joderlo? Luke, que no entendió de inmediato a qué se refería, se sumió en sus pensamientos por un momento hasta que dejó escapar un “Ah” en un tono bajo.
—¿Te refieres a aquello de esa vez?
Cuando Luke esbozó una sonrisa maliciosa, Miles retrocedió un paso, vacilante. Ahora estaba claro: Miles temía que la verdad sobre aquel caso de malversación de suministros saliera a la luz.
Solo tres personas conocían la verdad: Miles, Pale y Luke. Seguramente Miles pensó que, dado que Pale cometió el acto ilegal por voluntad propia en aquel incidente, no habría riesgo de que él mismo diera un paso al frente para confesarlo. Sin embargo, desde que Luke regresó, debió de haber estado consumido por la ansiedad.
Seguro que no podía estarse quieto, pensando que tal vez Luke había vuelto para soltar de golpe toda la verdad sobre el asunto.
—¿Has estado inquieto, verdad? Todo este tiempo, desde que llegué.
—¡¿Quién… quién dice que he estado inquieto?!
Aunque sus palabras pretendían sonar firmes, con ese temblor en la voz y en sus gestos, Miles prácticamente lo estaba admitiendo por sí mismo.
—Por eso la gente dice que no se debe vivir cometiendo pecados.
—Tú…
Cada vez que Luke soltaba una risita burlona, disfrutando del momento, el rostro de Miles se teñía, por el contrario, de desconcierto y furia.
—Bueno, no te preocupes. Al menos yo no tengo intención de confesar ese asunto personalmente.
Incluso en el momento del incidente, Luke le había dicho lo mismo a Miles. Ahora mismo, no tenía energías para desperdiciar en algo que ya era cosa del pasado.
Tras dejarle un simple “que sufras” como despedida, Luke se dirigió de nuevo hacia la entrada del edificio principal. Miles, furioso, dio un par de pisotones en el suelo antes de desaparecer del patio trasero.
—…
Y poco después, Theo salió cautelosamente de detrás de la esquina de la pared exterior. Con una mirada gélida, se quedó observando el lugar donde Luke y Miles se habían enfrentado.