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Luke abrió los ojos de par en par. Tan pronto como comprendió la situación a través de la suave sensación en sus labios, empujó con fuerza los hombros de Theo.

​—¡Oye! ¿Qué… qué estás haciendo…?

​Sin embargo, un cuerpo tan sólido no iba a retroceder fácilmente. Como si aquel empujón no fuera la gran cosa, Theo rodeó la cintura de Luke sin inmutarse, inclinó aún más el rostro y volvió a besar sus labios.

​—Mmm…

​Luke intentó empujar sus hombros e incluso le dio unos golpecitos con los puños, pero Theo, por el contrario, aplicó más fuerza en sus manos y lo estrechó contra sí. A partir de cierto momento, los movimientos que empujaban los hombros de Theo se detuvieron gradualmente. La fuerza fue abandonando lentamente su cuerpo rígido.

​Con los ojos fuertemente cerrados, Luke dejó de golpear los hombros de Theo y, en su lugar, apretó con fuerza la tela de su ropa. Theo, que al principio solo mantenía los labios unidos, comenzó a moverlos con cuidado como si estuviera saboreando los de Luke. Mientras con una mano sujetaba su cintura, con la otra acariciaba su mejilla con una ternura tal, como si Luke fuera lo más preciado del mundo; esa caricia le resultaba increíblemente embriagadora.

​Luke simplemente estaba paralizado. Estaba tan sorprendido que creyó escuchar un zumbido en sus oídos y, aunque tenía los ojos cerrados, su visión centelleaba como si cientos de destellos estallaran justo frente a él. Theo acarició suavemente el lóbulo de la oreja de Luke. Ante aquel toque que parecía arrullarlo para que se relajara, Luke se acomodó con mayor firmeza en los brazos de Theo.

​Theo succionó y mordió suavemente los labios de Luke mientras ladeaba la cabeza. Entre los labios que se entrelazaban con mayor humedad, el aliento cálido se escapaba lentamente. En este cuadro estático, sin luces, personas ni ruidos, solo ellos dos se movían.

​—Ha…

​Theo apartó los labios por un momento y observó los de Luke, que brillaban por su saliva, como si quisiera devorarlos de nuevo. Al levantar la vista lentamente, vio el contorno de los ojos de Luke enrojecidos y su entrecejo fruncido por el desconcierto.

​—Luke.

​Las frentes unidas ardían. Al ser llamado por su nombre, Luke levantó la mirada lentamente. Theo deseaba devorar cada pequeño detalle: la confusión reflejada en sus pupilas marrones y ese atisbo de placer casi imperceptible. Cuando Theo volvió a ladear la cabeza, Luke tensó el cuerpo, pero aun así cerró los ojos.

​Justo cuando sus labios estaban a punto de entrelazarse de nuevo, se escuchó un murmullo a lo lejos.

​—¡Joven Duque!

​Eran las voces de Gwen y los sirvientes. Sorprendido, Luke empujó con fuerza el cuerpo de Theo. Esta vez, por suerte, Theo retrocedió dócilmente.

​Preocupado por Theo, que había salido corriendo de repente, Gwen buscaba a ambos mirando a su alrededor con un pequeño candelabro en la mano. No pasó mucho tiempo antes de que los divisara de pie en el sendero y abriera los ojos de par en par.

​—¡Joven Duque! ¡Maestro Luke! ¿Estaban aquí?

​Luke se rascó la mejilla con una sonrisa torpe mientras ellos se acercaban. Gwen soltó un profundo suspiro tras otro, diciendo que no se imaginaban lo preocupados que estaban porque Theo había salido disparado de la mansión con un ímpetu inusual a buscarlo.

​—Yo… solo salí a tomar un poco de aire… Siento no haber avisado.

​—No se preocupe. Es un alivio que no haya pasado nada. Vamos, entremos de una vez.

​Gwen adelantó el candelabro como para iluminar el camino frente a ellos. La llama de la vela oscilaba peligrosamente ante el viento que empezaba a soplar de nuevo. Luke lanzó una mirada furtiva a Theo, pero al cruzar sus ojos, se sobresaltó y apresuró el paso rápidamente.

​—Es la primera vez que siento resentimiento hacia Gwen —masculló Theo, expresando por primera vez su descontento hacia la leal mayordoma de la familia ducal, mientras seguía los pasos de Luke.

​Al llegar a la mansión, Luke intercambió unas breves palabras con los sirvientes y, sin cruzar ni una sola mirada con Theo, subió disparado a su habitación. No podía evitarlo aunque dijeran que estaba huyendo, porque, en efecto, estaba huyendo.

​En el camino, Monnet maulló como preguntando si ya había llegado, pero hoy no tenía tiempo para mimarlo. En cuanto entró en su cuarto y cerró la puerta de un golpe, Luke se deslizó por ella hasta terminar sentado en el suelo. Su corazón latía tan frenéticamente, como si hubiera estado corriendo durante una hora entera, que incluso le faltaba el aliento.

​—¿Qué… qué es esto…?

Luke se acarició los labios inconscientemente. Sintió un calor ardiente en los labios al tacto de su mano. Era como si todavía permaneciera allí la sensación de haber estado unidos a los de Theo.

​Había sido el primer beso de su vida. Y además, con Theo… ¿Qué demonios había pasado? ¿Era un sueño?

​“Eres lindo y hermoso. Si pudiera, desearía que todo de ti, desde la cabeza hasta los pies, fuera mío”.

​Aquella voz tan agradable, que fluyó suavemente con la brisa, desordenó por completo su mente.

​“Si el Comandante se te confesara, ¿lo aceptarías?”

​¿Qué había respondido él cuando Leo dijo aquello?

​“¿Por qué iba a confesarse Theo si ni siquiera le gusto?”

​—…

​Luke se tiró del cabello y se tapó la boca. Recordó lo que Theo le había dicho en la biblioteca el primer día que llegó a esta mansión: que se contuviera, porque le resultaba confuso que siguiera actuando así. Y poco después, le dijo que sentía que ya lo conocía mejor.

​Si era así, ¿acaso todo aquello…?

​—¿…Fue porque le gusto?

​Ante las palabras que él mismo soltó con un suspiro, su rostro comenzó a encenderse en un rojo intenso. Tan pronto como llegó a esa conclusión, Luke se desplomó boca abajo en el suelo. No podía pensar en nada. Su mente se quedó en blanco, y solo el rostro y la voz de Theo permanecían nítidos.

​El calor que brotaba de su rostro se extendió por todo su cuerpo, como si se estuviera contagiando a cada rincón de su ser.

​Como si hubiera contraído un resfriado terrible.

* * *

Monnet abrió la puerta de la habitación de Luke, entró y de un salto se subió a la cama. Intentó trepar por su rostro con la intención de despertarlo, pero una mano firme lo detuvo, indicando que ya estaba despierto.

​—Miau.

​—Vale… me levanto…

​Luke se incorporó con el rostro fatigado. En realidad, no se podía decir que se estuviera “levantando”, ya que no había pegado ojo en toda la noche. Su mente no dejaba de repetir la idea de que a Theo le gustaba, e incluso se vio envuelto en un acalorado debate interno sobre si existía la posibilidad de que no fuera así; tanto ruido mental le impidió conciliar el sueño. Y para colmo, cada vez que recordaba de repente el momento del beso con Theo, terminaba dando patadas a las mantas una y otra vez.

​Debido a esa repetición, acabó pasando la noche en vela. Luke intentó bajar al primer piso para humedecer su garganta reseca, pero, como era de esperar por la falta de sueño, sintió que la vista le daba vueltas. Justo antes de que sus pasos tropezaran, un contacto ya familiar rodeó su cintura con suavidad.

​—Parece que intentas caerte cada vez que estoy cerca.

​Luke levantó la cabeza. Sintió como si su cuello emitiera un crujido metálico. Theo examinaba el estado de Luke por todos lados con expresión preocupada.

​—¿Estás bien? ¿Y el tobillo?

​—…

​Hasta hace un momento, debido a la falta de sueño, su visión era borrosa y sentía la cabeza embotada, pero ¿por qué todo se volvía tan nítido al ver ese rostro?

​—¿Aún no te has despertado del todo? Duerme un poco más. Te llevaré de vuelta a tu habitación.

​—Oye.

​Luke apretó con fuerza la manga de Theo, quien seguía rodeando su cintura. Esa frase que lo había torturado toda la noche sin dejarlo dormir rondaba de un lado a otro en su boca.

​—¿De verdad te gusto?

​Luke lanzó la pregunta directamente, sin rodeos. No iba con su carácter quedarse sumido en pensamientos serios preguntándose si sería verdad o si tal vez no, vacilando sin decidirse. Si quería saber la respuesta, lo más lógico era preguntárselo directamente al interesado, ¿no?

Sin embargo, por alguna razón, Theo guardó silencio. El pequeño surco que se formó en su entrecejo, como si no pudiera entender la pregunta, resaltaba de manera particular.

​Una sensación de vergüenza comenzó a brotar desde la planta de sus pies. Luke se mordió el labio. «¿Acaso me equivoqué? ¿No le gusto? No, entonces ¿por qué me besó? ¿Acaso los señoritos nobles restriegan sus labios incluso con alguien que no les gusta?»

​—Ah, lo siento. Olvídalo, no hace falta que respondas. No me he despertado del todo y no estoy en mis cabales.

​Luke soltó una risa forzada e intentó zafarse de los brazos de Theo, forcejeando.

​—Luke. Yo también quiero preguntarte una cosa.

​—…

​Luke desvió la mirada hacia cualquier parte. Se sentía tan avergonzado que ni siquiera podía mirarlo a la cara. Si hubiera un agujero de ratón, se metería en él ahora mismo y no saldría nunca.

​—¿Acaso parezco una persona promiscua, que besa a cualquiera sin sentir nada?

​Luke giró la cabeza de golpe. El rostro de Theo, frente al suyo, estaba teñido de una expresión seria.

​—Pensé que te lo había transmitido todo, pero parece que todavía te tengo confundido.

​—…

​Entonces, de repente, Theo depositó un suave beso en la frente de Luke. No se detuvo allí: besó sus ojos, su nariz y, finalmente, sus labios con ligereza. El sonido de los besos cada vez que sus labios se separaban no podía ser más vergonzoso.

​Luke, como un reloj averiado, no sabía qué hacer y agitaba sus manos en el aire sin rumbo.

​—Me esforzaré más en adelante. Yo también soy primerizo en esto.

​En el momento en que Theo curvó los labios con una suave sonrisa, amaneció. La luz del sol matinal, que entraba por la ventana de la escalera, los iluminó hermosamente como si fuera el foco sobre los protagonistas de un escenario.

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