Es cierto, no creía que Theo fuera un tipo tan promiscuo como para besar a alguien por quien no sintiera nada. Era imposible que alguien tan prudente en todo lo que hacía cometiera semejante acto. Pero, aun así, lo había preguntado por si acaso, y jamás imaginó que recibiría una respuesta tan contundente.
—O-sea que… lo que quieres decir es… ¿que te g-gusto?
Theo asintió con la cabeza sin un ápice de vacilación. El calor de Theo rodeando su cintura parecía sentirse hoy de manera mucho más nítida que de costumbre.
—Eso de que te gusto… no es como compañero o amigo, ni nada de eso…
—Luke, por muy valioso que sea un compañero, ¿acaso tú podrías besar a alguien que es simplemente un amigo?
No podía. Era inimaginable siquiera pensar en hacer algo así con Pale o Leo, a quienes consideraba cercanos a su manera.
Cuando hace tiempo Leo malinterpretó las cosas y soltó un montón de tonterías, pensó que no tenían sentido. Sin embargo, al ver desplegarse ante sus ojos el hecho de que quizás la visión de Leo era la correcta, su mente se quedó en blanco como una hoja de papel.
—Luke.
—¿Eh?
Estaba tan desconcertado que se le quebró la voz. Theo, divertido por alguna razón, curvó las comisuras de sus labios y acarició suavemente el lóbulo de la oreja de Luke.
—Se te han puesto rojas las orejas. Qué lindo.
—…¡Deja de burlarte de mí!
Luke gritó de repente y se zafó del cuerpo de Theo empujándolo ligeramente. Mientras bajaba las escaleras resoplando, se tapó ambas orejas con firmeza con las manos, temiendo que Theo volviera a burlarse de él.
Era el comienzo de un día bullicioso, igual que siempre y, a la vez, diferente a todos los demás.
* * *
Últimamente, el temperamento de Miles estaba sumamente irritable. Los oficiales de la 3ª. División se limitaban a andar con pies de plomo, vigilando cada uno de sus gestos.
Y todos sabían la razón. Sabían exactamente cuándo y por culpa de quién su humor se había hundido hasta lo más profundo.
El hecho de que Miles había cambiado desde que Luke regresó al Ejército Imperial como cooperador era algo que probablemente la mayoría de los oficiales, incluso fuera de la 3ª. División, ya habían notado. Simplemente, nadie se atrevía a decirlo en voz alta. Después de todo, era un hecho de conocimiento público que Miles no solo detestaba a Luke, sino que lo aborrecía.
—¡¿Cómo te atreves a redactar un informe de subyugación de esta manera?!
Miles volvía a alzar la voz hoy en su oficina privada. Agitó el brazo y lanzó con fuerza el fajo de informes al aire. El oficial que servía como su ayudante en la 3ª. División sudaba a mares mientras no dejaba de inclinar la cabeza.
—Redáctalo de nuevo y entrégamelo hoy mismo.
—¿Ho… hoy mismo, dice? —preguntó sorprendido el ayudante, que estaba acuclillado en el suelo recogiendo los documentos esparcidos.
Ya de por sí no sabían en qué momento podría aparecer un monstruo y obligarlos a movilizarse, y aun sin eso, tenían una agenda de entrenamiento; ordenarle que reescribiera un informe nuevo y lo entregara hoy no era diferente a decirle que se quedara a trabajar horas extra.
—¿Entonces qué? Intenta llevarle ese algo que ni siquiera parece un informe a Roena. ¿Tienes idea de cuánto me presionará ella? Además, ¡ese es el material que finalmente llegará al Comandante! ¡¿Cómo se te ocurre presentarle semejante basura?!
En el momento en que el documento en el que tanto se había esforzado fue degradado a “basura”, el rostro del oficial se ensombreció notablemente.
Incluso considerando que los nervios de Miles estaban a flor de piel debido a Luke, él siempre había sido alguien con un orgullo innecesariamente alto y una gran vanidad. No solo eso, era el ejemplo perfecto de quien es fuerte con los débiles y débil con los fuertes; visto de cerca, llegaba a ser incluso despreciable.
Ahora que Miles ocupaba el puesto de Capitán, su único superior dentro de este Cuartel General era el Comandante, es decir, Theo. Por esa razón, se desvivía en halagos y adulaciones para caerle bien, mientras que, por el contrario, trataba con desprecio a sus subordinados.
Lo mismo ocurría cuando Bale, el anterior Comandante, estaba al mando. Sin embargo, parece que la posición de Theo, quien no solo ostentaba la plaza de Comandante, sino que también era el Joven Duque y futuro jefe de la Familia Redrik, representaba una ventaja mucho mayor para él, por lo que se postraba ante él incluso más de lo que lo hacía ante Bale.
Siguiendo las reglas, los informes de subyugación debían ser redactados por los capitanes. Por supuesto, en casos inevitables, no había problema en delegar la tarea a los ayudantes o subordinados, pero eso solo era posible cuando existía una razón justificada, como una carga de trabajo excesiva o una lesión.
No obstante, Miles, como si se hubiera dado cuenta hace tiempo de que no tenía gran habilidad para redactar documentos, solía pasarle el trabajo a su ayudante. Lo que empezó como algo ocasional y discreto se había convertido, con el paso del tiempo, en una orden directa y descarada.
—¿Por qué no respondes?
—Sí, entendido…
El ayudante hizo el saludo militar sin fuerzas y salió de la habitación. Tan pronto como la puerta se cerró con un golpe seco, Miles soltó un suspiro de frustración.
Últimamente, estar en el Cuartel General lo sofocaba tanto que sentía que le faltaba el aire. Cada vez que veía a los oficiales comportarse con disciplina frente a Luke, la rabia hervía en su interior.
¿Y era solo eso? Recientemente, incluso había escuchado rumores increíbles. Por todo el cuartel circulaba el chisme de que habían visto a Leo, Dylan y Roena reunidos alrededor de Luke en el comedor, almorzando como si se divirtieran mucho.
Podía entender a ese tipo de Leo, ya que siempre había tenido esa personalidad, pero ¿qué pasaba con Dylan, que alguna vez fue miembro de la 3ª. División, o con Roena y su carácter de piedra?
Por encima de todo, le ardían las entrañas al ver que ese tal Luke parecía gozar de la confianza del Comandante.
—¿Qué demonios pasó en Caelum para que el Comandante de repente lo proteja tanto?
Miles sacudió la cabeza al recordar la imagen de aquellos dos que, como el agua y el aceite, solían competir ferozmente como rivales en el pasado.
Fuera cual fuese la razón, lo único seguro por ahora era que Theo se había vuelto favorable hacia Luke, y que Luke también estaba asumiendo misiones importantes junto a él.
En su interior, Miles esperaba que la 3ª. División, y no la Séptima, fuera incluida en la unidad de investigación. De ser así, tendría más oportunidades para quedar bien ante el Comandante. Además, si lograba méritos, ¿no era seguro que captaría su atención? Sin embargo, al pensar que ese alguien podría ser Luke y no él, simplemente no podía quedarse de brazos cruzados.
A decir verdad, Leo era alguien sin ambiciones de poder o fama. Incluso si no ganaba méritos para elevar su nombre, de todos modos era el hijo de una prestigiosa familia marquesal. Por eso, no sospechaba que tuviera intenciones oscuras.
Pero lo que Luke tuviera en mente era un misterio absoluto.
—Seguro que planea aprovechar esta oportunidad para llevarse una buena tajada tras ganar méritos. No será… ¿no estará pensando en reincorporarse al ejército aprovechando esto? —murmuró Miles para sí mismo y sacudió la cabeza con un escalofrío.
Dicen que las palabras tienen poder y atraen lo que se nombra, así que detestaba incluso que tales pensamientos salieran de su boca. Si Luke volvía al ejército y él tenía que ver cómo se repetía esta situación de por vida, sentía que podría morir de un ataque de ira.
No le había gustado desde el principio. Mientras él se había esforzado muchísimo para alcanzar su puesto, ese tipo había ascendido a la velocidad del rayo hasta sentarse en la silla de Capitán. Aquella imagen suya, matando solo y con facilidad a cualquier monstruo peligroso y acumulando méritos en cada campo de batalla, era más que suficiente para alimentar el complejo de inferioridad de Miles.
Miles se mordió los labios repetidamente. Sus pensamientos, que antes solo insultaban a Luke, ahora habían cambiado de rumbo hacia un solo objetivo: cómo expulsarlo de nuevo.
En ese momento, el ayudante al que había despachado antes llamó a la puerta y volvió a entrar. Era imposible que ya hubiera terminado de redactar el nuevo informe. Miles le hizo un gesto con la mirada, preguntándole qué ocurría.
—El Comandante ha solicitado su presencia.
—¿El Comandante me llama a mí?
—Sí. Ha llegado un aviso a través del señor Zion pidiéndole que acuda a la sala de entrenamiento interior.
¿A la sala de entrenamiento? ¿De repente? Una pizca de duda cruzó el rostro de Miles. Era inusual que él convocara personalmente a alguien de rango de Capitán, y mucho menos que el lugar fuera una sala de entrenamiento. Sin embargo, dado que era una orden del Comandante, no existía la opción de no ir.
Mientras se dirigía allí, siguió dándole vueltas al motivo, pero no se le ocurría nada en particular. Al abrir la puerta de la sala de entrenamiento, lo primero que vio bajo la iluminación que se reflejaba en el suelo fue la figura de un hombre de pie, inmóvil.
—Comandante. El Capitán de la 3ª. División, Miles, acaba de llegar. Me han informado de que me llamaba.
Theo echó una mirada fugaz a Miles mientras terminaba de pulir la espada que sostenía. Al ser una espada de entrenamiento, carecía de letalidad, pero era necesario mantenerla para que durara mucho tiempo.
Por alguna razón, la atmósfera que rodeaba el lugar era gélida. De por sí, Theo ya emanaba un aire distante debido a su mirada afilada bajo su cabello negro intenso, pero esta vez se trataba de algo completamente distinto.
Instintivamente, Mile tensó su cuerpo por los nervios.
—Sí. Siento haberte llamado de repente cuando debes estar ocupado con el trabajo.
—En absoluto. No importa lo ocupado que esté, si el Comandante me convoca personalmente, debo acudir a toda prisa, ¿no cree?
Miles soltó aquellas palabras con un tono deliberadamente jovial, pero Theo permaneció impasible. Por alguna razón, la sala de entrenamiento se sentía extrañamente ajena hoy.
Tuk.
Una espada de entrenamiento cayó justo a los pies de Miles, que esperaba a que Theo hablara. Era la misma que Theo había estado puliendo personalmente. Miles la recogió, pero seguía sin poder sacudirse la duda de encima.
—Siento que mi cuerpo se ha entumecido de tanto estar sentado atendiendo asuntos de oficina últimamente. Necesito un compañero de entrenamiento, ¿aceptarías?
Miles, que había estado tenso todo el tiempo, relajó el cuerpo y curvó ligeramente los labios. ¡Así que Theo lo había llamado para que fuera su compañero personal de entrenamiento! El hecho de que lo hubiera elegido a él, pudiendo haberlo hecho con cualquier otro capitán, hizo que el corazón de Miles diera saltos de alegría.
—Por supuesto. Es más, el honor es mío, Comandante.
Miles empuñó con firmeza la espada que acababa de recibir de manos de Theo. Un encuentro de este tipo con él era valioso bajo cualquier circunstancia. Debido a su personalidad inexpugnable y sin fisuras, siempre había sido un dilema saber por dónde o cómo abordarlo; esta podía ser la oportunidad de oro para infiltrarse en su círculo más cercano.
—Quedo a su disposición.
—Igualmente, cuento contigo.
Miles estaba tan embriagado por la emoción que ni siquiera notó la extraña curvatura en los labios de Theo.
Y no pasó mucho tiempo antes de que Miles se diera cuenta de que estaba completamente equivocado.
Que sufra el perro. Muchas gracias por la traducción, ahora solo falta esperar paciente a la actualización…
y yo esperare contigo…