Theo no dijo nada más, limitándose a repetir que tenía algo que darle. Al llegar a la oficina del Comandante, Zion los recibió. Tras un breve saludo con la mirada, entraron en el despacho. Luke recordó la última vez que estuvo allí; había sido para pedirle a Bale que firmara su solicitud de retiro.
La estructura interna no había cambiado mucho desde los tiempos de Bale, pero pilas de diversos materiales y documentos se acumulaban por doquier. Al ver esa cantidad abrumadora, se podía notar de inmediato cuánto tiempo dedicaba Theo a su trabajo.
Mientras Luke observaba el interior, Theo abrió un cajón y sacó algo.
—¿Qué es lo que vas a darme? Mira que tengo expectativas, ¿eh? —dijo Luke con una sonrisa pícara al ver a Theo acercarse con algo oculto en la mano.
—No sé si será un objeto que cumpla con tus expectativas.
Luke extendió la mano. Acto seguido, sintió el contacto frío de un metal contra su palma. Al confirmar de qué se trataba, sus ojos se abrieron de par en par.
—…¿Un botón?
Era el botón del uniforme de la Academia Militar. Luke, por instinto, levantó el botón y revisó el reverso. Como era de esperar, allí estaba grabado el nombre de Theo.
De repente, recordó una vieja tradición de graduación de la academia. Consistía en entregar un botón del uniforme a un compañero querido, con el deseo de que su futura y ardua vida militar estuviera libre de percances.
—¿Es tuyo?
Teniendo su nombre escrito de forma tan clara, la pregunta sobraba, pero a Luke le costaba creer que Theo aún conservara su propio botón.
Theo solía llevarse bien con todos sus compañeros. Por eso, Luke siempre dio por hecho que le habría entregado ese botón a cualquiera con facilidad. Que ese objeto estuviera ahora en su mano era algo que no podía sino sorprenderle.
—Quería dártelo el día de la graduación.
—…¿A mí?
Theo sonrió con dulzura.
—Pero no pude hacerlo. En ese entonces, no éramos tan cercanos como para intercambiar algo así.
En la academia, Luke y Theo eran rivales. Entre sus compañeros, tenían la reputación de ser enemigos acérrimos que chocaban constantemente por el primer puesto. Que ellos dos intercambiaran botones en la graduación era una escena que nadie se habría atrevido a imaginar.
—¿Y por eso lo guardaste todo este tiempo? Deberías habérselo dado a cualquiera.
—Tal vez… seguía esperando a que llegara el momento en que pudiera entregártelo.
Theo había conservado este botón siempre. Al graduarse y enlistarse, al dejar la mansión para vivir en el Cuartel General; siempre lo llevaba consigo y lo ponía en un lugar donde pudiera verlo. Aun así, nunca pensó en dárselo a Luke, ya que su relación en el ejército no era muy diferente a la de la academia.
Sin embargo, la razón por la que lo conservó fue por un ápice de esperanza. Guardó el botón apostándolo todo a la ilusión de que, algún día, llegaría el momento de ponerlo en la mano de Luke.
—Hoy, por fin, he podido entregártelo.
Luke bajó la mirada hacia el botón. Era solo un botón, pero el peso que sentía era extraordinario. Probablemente se debía a que contenía toda la sinceridad de Theo que no pudo transmitir durante tanto tiempo. Luke cerró el puño con fuerza, apretando el botón.
—Luke.
Theo tomó esa mano que apretaba el puño y depositó en ella un suave beso.
—Te deseo buena fortuna en el combate.
—Sí.
—No importa si la misión fracasa. Si sientes que surge una situación peligrosa, puedes dejarlo todo y volver.
El calor de los labios contra su mano era reconfortante.
—No creo que esas sean palabras propias de un Comandante.
—Estas no son palabras que te dirijo como Comandante—. Theo acarició con ternura la mejilla de Luke. —Son las palabras de la persona que más te valora en este mundo.
—Lo entiendo. No me heriré y tampoco crearé situaciones peligrosas. Y además…
Luke hizo una breve pausa. Luego, besó ligeramente el botón que sostenía en su mano.
—Tendré éxito en la misión y regresaré sin falta.
No era un alarde vacío. Ante la firme confianza que brillaba en sus ojos, Theo asintió levemente. Los dados ya estaban echados y Luke partiría hoy mismo para su misión. En un momento así, solo había una cosa que Theo podía hacer por él.
—Lamento haber puesto tanta carga sobre tus hombros. Yo confiaré en ti y te esperaré aquí.
Confiar a pesar de la ansiedad constante. Ese era el mejor apoyo que Theo podía brindarle ahora.
—Ah, es cierto. Pero yo no tengo ningún botón para darte a cambio.
Luke dijo esto mientras guardaba el botón de Theo con cuidado cerca de su pecho. En realidad, no tenía ni idea de en manos de quién estaba el botón que él debería haber conservado. Se lo había dado a Lia, así que la niña debería tenerlo, pero ella dijo que se lo había entregado a un “pobre señor”. Por lo tanto, recuperarlo era imposible.
—A mí también me gustaría darte el mío, es una pena.
De haberlo sabido, no se lo habría dado a Lia y lo habría conservado.
—Ah, pero no me malinterpretes. ¡Yo también lo tuve conmigo originalmente! No es que se lo haya dado a cualquiera sin pensar —añadió Luke rápidamente, temiendo que Theo pensara que se lo había entregado a otro compañero de clase.
Sin embargo, Theo se limitó a sonreír, como si algo le divirtiera profundamente.
—Si lo hubieras tenido hasta ahora, ¿me lo habrías dado a mí?
—Por supuesto.
Theo rodeó la cintura de Luke y lo atrajo hacia su pecho. Rozando sus labios contra la frente de Luke por costumbre, acarició suavemente su nuca.
—¿Recuerdas lo que te dije antes? Tú ya me has dado muchísimas cosas.
Luke se quedó allí, envuelto en los brazos de Theo, disfrutando de esas caricias toscas pero cargadas de afecto. Aunque Theo decía que estaba bien, Luke no podía evitar sentirse decepcionado. Pensó que, tras tener éxito en la misión y regresar, buscaría a Lia para preguntarle a qué “señor” le había dado exactamente aquel botón.
Así fue como Luke, ignorando por completo que su propio botón dormía plácidamente en un rincón del cajón de Theo, se tragó su injustificada decepción.
* * *
Wellharun, Imperio del oeste.
Durante el apogeo del anterior Emperador de Wellharun, en su juventud, el país era considerado una potencia cuya fuerza económica y cultural superaba incluso a la del Imperio Heinern. Sin embargo, con el paso de los años, el ritmo de desarrollo comenzó a ralentizarse; tras un largo periodo de estancamiento, terminaron siendo aventajados por Heinern.
A pesar de ello, Wellharun seguía siendo una nación próspera que mantenía un tratado de paz duradero con Heinern y se contaba entre las grandes potencias.
Decenas de carruajes avanzaban en fila por el camino que conducía al Palacio Imperial. En algunos de los carruajes, que lucían la bandera de Heinern, viajaban el ministro de Asuntos Exteriores y sus subordinados; en otros, se transportaban con cuidado los tributos destinados a fortalecer el tratado con Wellharun.
—La plaza me recuerda un poco a la nuestra —comentó Paul, dirigiendo la mirada a través de la ventana.
Detrás del carruaje del ministro, que encabezaba la comitiva, viajaban Luke y sus compañeros, es decir, los miembros del destacamento especial para esta misión.
—Eso parece —respondió Luke con desgana, siguiendo con la vista el paisaje de la plaza que pasaba velozmente.
Saint-Rémy, la capital de Wellharun. En la Plaza de Saint-Rémy, corazón comercial de la ciudad, la gente se movía con agitación.
—Aunque, por alguna razón… el ambiente se siente algo…
Era tal como decía Levi. Tanto los comerciantes que preparaban sus puestos como los transeúntes tenían, en su mayoría, semblantes sombríos. Parecían cargados de preocupaciones, una imagen totalmente opuesta a los rostros de los ciudadanos de Heinern que habían visto hace poco en la Plaza Rudre.
—Tal como investigó el Capitán Leo, parece que el ambiente interno de Wellharun no es nada bueno.
Aunque no era una conclusión definitiva, al menos el paisaje de la plaza confirmaba los informes de Leo: la corona de Wellharun estaba asfixiando a su pueblo con impuestos elevados y restricciones a su libertad.
—Dijeron que el Primer Príncipe es quien está a cargo de los asuntos de Estado ahora, ¿verdad?
—Sí, es correcto. Aunque Wellharun no lo ha anunciado oficialmente, parece que el anterior Emperador no se ha dejado ver en público desde hace bastante tiempo. Incluso ya llegó un comunicado oficial al Ministerio de Asuntos Exteriores al respecto.
—Entonces será ese Príncipe quien reciba a la delegación.
Luke se sumió en sus pensamientos por un momento. El anterior Emperador de Wellharun era un pacifista. Por lo tanto, a menos que hubiera perdido el juicio por la vejez, no habría planeado traicionar a una nación aliada.
Como prueba, la llegada de Benji al Imperio Heinern coincidía con el periodo en que el Primer Príncipe tomó las riendas del poder en lugar del Emperador. Siendo así, lo más probable es que fuera obra del Primer Príncipe tanto el plan de traicionar a Heinern como la decisión de estrechar la mano de Nox.
Si ese era el caso, investigar a ese príncipe vinculado con Nox podría ser la clave para obtener pruebas. Aunque sentía curiosidad por saber qué estaba pasando realmente en Wellharun y por qué el anterior Emperador se había recluido repentinamente, la prioridad absoluta en esta misión era la seguridad de Heinern. Para lograrlo, debían descubrir hasta el último detalle de lo que Nox y Wellharun estaban tramando y encontrar pruebas tangibles.
En ese momento, Paul miró de reojo a Luke, quien seguía absorto en sus reflexiones.
—¿Qué pasa?
Luke preguntó primero, habiendo sentido la mirada sobre él.
—Ah, es que tenía curiosidad por saber qué es eso que no deja de apretar en su mano.
Paul señaló ligeramente la mano de Luke. En efecto, desde que cruzaron la frontera de Heinern y entraron en Wellharun, él había mantenido algo sujeto firmemente en su palma todo el tiempo.
—¿Ah, esto?
Luke bajó la mirada hacia su palma y sonrió levemente. El botón con el nombre de Theo grabado reflejaba la luz del sol que entraba por la ventana, emitiendo un brillo sutil.
—Mi amuleto de la suerte.