—Usted dijo que regresaría en cuanto terminara este asunto.
Así era. Había tomado esa decisión al partir de Caelum: que volvería una vez que todo terminara. Por eso incluso le pidió al jefe de la aldea, Chess, que cuidara de su jardín solo hasta su regreso. Ahora que todos los incidentes relacionados con Nox se habían resuelto, era natural que Pale preguntara de esa manera.
—No lo sé… Es cierto que dije eso, así que supongo que debería volver, ¿no?
Sin embargo, no había convicción en la voz de Luke mientras murmuraba aquello. Ante ese tono ausente, Pale lo observó con inquietud y cautela.
—A decir verdad, desearía que no se fuera. Que se quedara en la capital por más tiempo, o algo así…
—¿En la capital? ¿Y de qué voy a vivir aquí entonces?
—Hay suficientes cosas que puede hacer. Incluso cosas en las que es muy bueno.
Luke parpadeó lentamente. Estaba claro que lo que Pale llamaba “cosas que puede hacer” y “cosas en las que es bueno” se referían a lo mismo. Y Luke lo entendió de inmediato.
—Te refieres a que te gustaría que volviera a alistarme en el ejército, ¿verdad?
Pale asintió con cuidado.
—Entiendo perfectamente y sé que no tiene muy buenos recuerdos del ejército. Sin embargo, debido a los recientes acontecimientos, su reputación y el ambiente hacia usted están cambiando… y creo que sería un desperdicio dejar que su talento se marchite.
—Tú… dices lo mismo que Su Majestad.
—¿Qué?
No era la primera vez que Luke escuchaba esas palabras; era la segunda. La última vez, cuando fue a la audiencia con Cedric junto a Theo, el Emperador le había preguntado qué pensaba hacer de ahora en adelante en cuanto se quedaron a solas, y añadió:
”A decir verdad, creo que sería un desperdicio que alguien con tu talento viviera tranquilamente en una aldea rural. Por supuesto, no quiero forzar tu voluntad personal, pero después de verte resolver este asunto a la perfección, no puedo evitar sentir ambición. ¿Qué me dices? ¿No te gustaría entrar de nuevo al ejército y trabajar para el Imperio?”
Cedric era un Emperador que valoraba el poder militar. Era natural que codiciara a Luke, quien había demostrado una capacidad excepcional como mago y soldado.
Sin embargo, Luke no pudo dar una respuesta clara en aquel entonces, ni tampoco ahora. No se negó rotundamente, pero tampoco aceptó de buena gana. Ante sus palabras de que necesitaba tiempo, Cedric lo despidió diciéndole que no se sintiera presionado.
Si hubiera sido el Luke de antes, habría rechazado la oferta con total desprecio, diciendo que volver al ejército era algo impensable.
—¿Sigue detestando al ejército?
—¿Eh? Mmm…
Incluso ante la pregunta de si lo odiaba, las palabras no salían con facilidad. La conversación continuó después de eso, pero la preocupación que había surgido no desapareció. Luke salió de la casa de Pale sin haber encontrado una respuesta definitiva.
Caminando sin rumbo, terminó llegando a la Plaza Rudre. Quizás porque el sol aún estaba en lo alto, la plaza estaba tan concurrida como de costumbre. Ya que estaba allí, decidió echar un vistazo alrededor; después de todo, ahora lo único que le sobraba era tiempo.
Así, Luke se dejó llevar por sus pasos. Al entrar en la Calle 3, conocida como la calle de los postres, dejó escapar una pequeña sonrisa al recordar cuando probó chocolates allí con Theo o cuando se encontró con Leo por casualidad y comieron juntos.
Tras deambular de aquí para allá, Luke se acercó a la fuente y se sentó en un banco. Ver los chorros de agua cayendo con frescura parecía calmar un poco su mente alborotada.
—He oído que el Ejército Imperial logró una gran hazaña esta vez, ¿verdad?
—Por lo visto, atraparon a una organización criminal increíble.
Su mirada se dirigió de forma natural hacia donde provenían las voces. Dos hombres sentados en un banco, al igual que él, conversaban animadamente mientras leían el periódico.
—Dicen que, gracias a ese incidente, la relación con Wellharun se ha vuelto mucho más estrecha que antes.
—Es verdad. Si no fuera por el Ejército Imperial, habríamos estado en graves problemas.
—¿Cuántas veces te he dicho que no es en vano que Su Majestad valore tanto el poder militar? Gracias a que hay soldados esforzándose de esa manera, esta paz puede continuar.
Los hombres soltaron carcajadas y, después de eso, no escatimaron en elogios hacia el ejército.
—¿Pediste un deseo?
—¡Sí, mamá! ¡Pedí que de mayor me dejen entrar en el Ejército Imperial!
Esta vez, vio a un niño de la mano de su madre cerca de la fuente. El rostro del pequeño, al mencionar su sueño, brillaba más que nunca. Luke murmuró para sus adentros que ser soldado sería sumamente difícil, pero aun así, una sonrisa serena se dibujó en su rostro.
—¿Luke?
En ese momento, una sombra se proyectó a su lado. Al girar la cabeza distraídamente, se encontró con Roena. Quizás porque llevaba el cabello suelto; a diferencia de cómo lo llevaba siempre en el cuartel, o porque era la primera vez que la veía vestida de civil, no la reconoció de inmediato.
—Hola, Roena.
Roena observó un momento a Luke, que contemplaba la fuente a solas, y luego le dijo algo a la mujer que la acompañaba. Luke supuso que sería su dama de compañía.
Tras intercambiar unas palabras, la mujer se marchó diciendo que se adelantaría. Entonces, Roena pidió permiso y se sentó en el banco junto a Luke.
—¿Estás de vacaciones hoy?
—Sí. El Comandante me dio un permiso especial.
Como Roena, la Capitana de la 1ª. División, fue quien se encargó de vigilar y gestionar el cuartel mientras Theo estaba en Wellharun, parecía que él había tenido ese detalle con ella.
Tras esa pregunta, un breve silencio se instaló entre los dos. Luke observó su reacción con cierta incomodidad. Incluso cuando estaba en el ejército, no tenía una amistad cercana con Roena, pero tampoco solían chocar. Entre los capitanes, solo hubo dos personas a las que no les importó que él tuviera el papel de “villano”: uno era Leo y la otra era Roena.
Si Leo era así por ser alguien excéntrico, en el caso de Roena era porque, de entrada, no le gustaba desgastar sus emociones en relaciones negativas ni participar en juegos políticos.
—Me enteré. Dicen que tu desempeño en la Unidad de Investigación fue asombroso.
—¿Eh? Ah… no creo que fuera para tanto…
—El Comandante lo mencionó en la reunión. Dijo que, si no hubiera sido por ti, Luke, esta misión no se habría cumplido.
«¿Qué fue lo que Theo exageró tanto?», pensó Luke. Escuchar un elogio inesperado de boca de Roena hizo que el ambiente, ya de por sí algo rígido, se sintiera aún más extraño.
—Los ciudadanos también están felices.
—Sí, eso parece.
—¿No vas a volver?
Luke miró a Roena con un respingo de sorpresa. Quizás su mirada fue demasiado evidente, porque ella asintió con la cabeza como si lo comprendiera todo.
—¿Qué? ¿Te parece extraño que yo diga algo así?
—No puedo decir que no lo sea.
Podía entender que el Emperador o Pale lo dijeran, pero escucharlo de alguien con quien apenas tenía contacto resultó ser bastante inesperado.
—Ciertamente, cuando trabajabas, solías ser impulsivo y dejabas que tus emociones dominaran a la razón. También tenías una personalidad en la que solo pensabas en ti mismo.
—…Roena, ¿te he hecho algo malo?
—Aun así, no creo que seas una mala persona. No tengo motivos para ver así a alguien que asumió la culpa en lugar de un subordinado y que, a pesar de correr grandes riesgos, cumplió su misión y salvó al Imperio de una crisis.
El bullicio alrededor de la fuente se hizo más intenso. Niños paseando con sus padres, personas disfrutando de la tranquilidad de su vida cotidiana y nobles caminando con sus criados luciendo ropajes ostentosos. Todos eran distintos, pero tenían un punto en común: disfrutaban de la paz.
—A decir verdad, no sé muy bien por qué debería seguir siendo soldado. Yo… no he ejercido como tal impulsado únicamente por el sentido del deber de proteger a los ciudadanos. Al contrario, mis deseos personales eran mucho más fuertes.
Su objetivo de sentar pronto a Theo en el puesto de Comandante, ver el final de la historia y partir hacia una segunda vida tranquila era claro, y su ambición por lograrlo era lo primordial.
De no haber sido por eso, tal vez ni siquiera se habría hecho soldado. Por eso, ahora que había alcanzado esa meta, se preguntaba qué sentido tendría volver al ejército. Ya había cruzado la línea de meta como militar. Si no había más camino por recorrer, ¿sería correcto tomar una decisión precipitada en este estado?
—¿Cuántas personas crees que son soldados movidos únicamente por un sentido del deber tan honesto? Hay muchísimas personas que entraron al ejército para obtener dinero, fama o poder.
—¿Incluso tú?
—Yo me alisté por mi familia.
Era extremadamente raro que Roena hablara de su vida personal.
—Tengo muchos hermanos varones. Quizás por eso, todos los cargos importantes de mi familia fueron a parar a mis hermanos mayores o menores. Por más que yo misma me decía que también podía hacerlo, la respuesta siempre era que, por ser mujer, sería imposible.
En una familia noble conservadora, era algo que perfectamente podía ocurrir.
—Así que me alisté en el ejército para demostrarles lo que valgo. Quería enseñarles que, sin importar el género, cualquiera puede llegar a lo más alto si se esfuerza.
—Vaya que se lo demostraste.
Luke apoyó su cuerpo profundamente contra el respaldo del banco. En efecto, Roena era la única Capitana mujer entre los líderes del Cuartel General del Ejército Imperial y ocupaba el cargo de Capitán de la 1ª. División, lo que le permitía ejercer todo el poder en ausencia del Comandante.
—Una vez que alcancé mi objetivo, me sentí un poco vacía. Por eso, creo que decidí intentar buscar un nuevo significado y una nueva dirección.
—¿Y los encontraste?
—No.
—¿Eh?
Normalmente, en estos casos, lo lógico en el flujo de la conversación sería decir que sí los había encontrado.
—De entrada, el sentido de la vida o la dirección no son cosas que se encuentren fácilmente. Simplemente pienso que, tal vez, pueda hallarlos mientras vivo como soldado, protegiendo este Imperio y cumpliendo con mi papel.
—…
—Luke, creo que en este mundo no hay nada seguro. Tampoco existe un “final”. La vida es larga, ¿no? Si tengo la voluntad de seguir caminando, el camino se irá creando por sí solo.
Luke miró fijamente a Roena, aturdido, como si le hubieran dado un golpe de realidad. Las palabras de ella no solo le calaron hondo, sino que sintió que se convertían en una especie de guía. Al mismo tiempo, el rostro de Theo apareció con nitidez en su mente.
—Por cierto, últimamente el Comandante no para de hablar de ti.
—¿Eh… qué?
—Parece que se han vuelto mucho más cercanos después de trabajar juntos en la Unidad de Investigación, ¿verdad?
Luke tragó saliva, conteniéndose para no decir que eran “mucho más que cercanos”, y se limitó a dar una respuesta vaga acompañada de una risa incómoda.