Infarto agudo de miocardio. Si se tuviera que explicar la causa de su muerte desde un punto de vista médico, esa sería, pero al analizar la relación de causa y efecto, podría sumársele una etiqueta más: muerte por sobrecarga laboral.
En pocas palabras, murió por trabajar sin dormir.
«Qué absurdo.»
De haber sabido que moriría así, le habría prendido fuego a la empresa. Más que ira, lo que sentía era simplemente una sensación de vaciedad, por lo que flotaba en el aire en un estado que no sabía si llamar “alma” o algo parecido.
Como había muerto, suponía que debía ir al cielo o al infierno, pero lo único que llenaba su campo de visión era una oscuridad total. Le dio la impresión de que se parecía bastante a la pantalla negra que se ve tras terminar un juego.
Parece que la muerte es una sensación similar a cerrar sesión en la cuenta del cuerpo físico. Si era tan simple, ¿por qué demonios se había esforzado tanto en vivir?
Lo que él deseaba era extremadamente simple. Comer con tranquilidad sin sentirse perseguido, y dormir con el corazón en paz, sin preocupaciones. Si tan solo pudiera vivir una vida de ese nivel, no pediría nada más.
Mientras pensaba eso, de la nada, una pantalla holográfica emergió de golpe ante sus ojos.
Iniciando el juego…
Una ventana de sistema emergió en la pantalla negra.
«¿Eh? ¿Qué es esto? No me digas que… ¿Acaso no es esta situación con la que cualquier ciudadano de la sociedad moderna que haya disfrutado de la cultura a través de un móvil ha imaginado al menos una vez? Era eso de poseer a un personaje de la obra de ficción que disfrutabas en vida y vivir como él en la siguiente vida, ¿no?»
Pese a no tener un cuerpo físico, el corazón le latía a mil.
No por la emoción, sino por el miedo.
«Mierda, espera un momento…»
En vida, a él le gustaba aprovechar de su escaso tiempo libre para disfrutar de juegos ligeros. Su género favorito eran los juegos RPG Maker hechos con gráficos pixel art. Y los juegos de ese género suelen caracterizarse por tener historias devastadoras a cambio de unos gráficos sencillos.
Entre todos ellos, uno en particular con el que se había divertido especialmente era un juego de terror de RPG Maker llamado ⟨Ahí había un demonio⟩.
Aquel juego donde el jugador, atrapado en una mansión, se topaba con monstruos repugnantes y, al intentar huir como fuera, era capturado y moría; al enfrentarlos y luchar, era golpeado hasta la muerte; y, si eso no bastaba, moría tras volverse loco.
Aquel juego que comenzaba citando un versículo de la Biblia en la introducción.
Y fue lanzado fuera el gran dragón, la serpiente antigua, que se llama diablo y Satanás, el cual engaña al mundo entero.
— Apocalipsis 12:9
¡Sí, precisamente a partir de esa misma frase que acababa de surgir ante sus ojos en este preciso instante!
«¡Ya es bastante injusto haber muerto por sobrecarga laboral como para encima tener que encarnar en un juego de terror jodidamente difícil!»
¡Ni aunque fuera la última opción, esto podía estar bien! No solo sentía que su sangre congelada fluía de nuevo, sino que corría en sentido contrario. No podía pensar en nada más que en detener esto, por cualquier medio necesario.
Fue entonces cuando, de pronto, una deducción extravagante cruzó por un rincón de su mente.
Si esto era realmente un juego, ¿no sería posible forzar el cierre antes de que comenzara por completo?
De inmediato, comenzó a golpear la ventana del sistema que veía frente a él.
¡Pum, pum! ¡Pum!
Apretó los puños de su alma y descargó golpes sin piedad, haciendo que la ventana transparente se estremeciera por el impacto. Así que continuó golpeando. ¡Pum, pum!
In■ciando el j■ego…
Sorprendentemente, este método tan ignorante tuvo cierto efecto. Cada vez que la ventana del sistema recibía un golpe, comenzaba a distorsionarse poco a poco.
El texto, que antes era claro, se borraba y se deformaba constantemente.
Sin embargo, en ese preciso instante…
¡ADVERTENCIA!
Se ha producido un error crítico en la cuenta,
■■ ■■■■■■ ■■■■■.
La ventana negra se cubrió por completo con un texto de advertencia de color rojo intenso. La frase posterior estaba completamente distorsionada, por lo que ni siquiera era legible.
«¿Eh?»
Solo entonces presintió que algo había salido mal, pero esta vez no tuvo tiempo ni de intentar nada.
Su campo de visión, que hasta ahora solo era negro, comenzó a teñirse de un blanco puro en cuestión de un instante. Era tan deslumbrante que cerró los ojos con fuerza, haciendo una mueca de dolor. Hasta el interior de sus párpados estaba completamente blanco.
Fue entonces cuando, poco a poco, a medida que la luz se extinguía, sintió que algo le oprimía el cuerpo con fuerza. La gravedad que había olvidado volvía a dominar su cuerpo físico, y el alma que flotaba hasta ahora fue arrastrada hacia abajo.
Era como si estuviera en un lugar extremadamente alto y, de repente, cayera de golpe al vacío. De ese modo, sin darse cuenta, en algún momento perdió el conocimiento.
***
Cuando volvió en sí, todo lo que veía frente a sí era una mancha borrosa y blanca. Intentó parpadear afanosamente para despejar la vista.
«…¿Eh?»
Sí, solo intentaba parpadear un poco. Es decir, como siempre, hacer ese sencillo acto de cubrir el ojo con el párpado y volver a levantarlo.
Sin embargo, no pudo hacerlo. No era la sensación de tener los párpados sujetos o fijados a la fuerza para mantener los ojos abiertos. Solo que estar con los ojos abiertos todo el tiempo le resultaba de lo más natural. Como si hubiera nacido así desde el principio.
Poco a poco, su visión borrosa comenzó a volverse nítida. Las siluetas que antes eran vagos contornos se volvieron nítidas. Lo primero que alcanzó a ver fueron líneas rojas que cubrían el suelo por todas partes.
«¿Qué es eso?»
Mientras observaba esas líneas atontado, otra ventana de sistema emergió ante sus ojos.
Es un círculo de invocación dibujado con sangre.
«…¿Eh?»
Estás sentado en el centro del círculo de invocación dibujado con sangre.
«…¿Invocación, qué?»
Tras mirar fijamente la ventana del sistema con desconcierto, de pronto levantó la cabeza y miró a su alrededor.
El suelo, repleto de intrincados patrones entrelazados por doquier, y velas que brillaban de forma tenue. Más allá de eso, justo al frente, un enorme oso de peluche captó su atención.
Ojos negros hechos con botones redondos cosidos. Una nariz abultada y esponjosa, hecha con retazos de tela rellenos de algodón. Sobre el contorno de una boca que sonreía socarronamente, un hilo negro estaba cosido en forma de zigzag, y un hilo rojo fuertemente enrollado en su cuello tenía un extremo largo colgando, extendiéndose hacia algún lugar.
Aunque la superficie de pelaje marrón parecía suave, tenía manchas negruzcas y rojizas suciamente repartidas por todas partes. Con una altura que superaba con creces los 2 metros, su torso estaba abultado y gordo como un globo, mientras que sus extremidades eran tan largas que resultaban ridículas.
En el centro del vientre tenía un bolsillo similar al de un canguro, del cual sobresalía algo que parecía el mango de un hacha.
Se mirara cómo se mirara; era la versión de terror de un oso de peluche que bien podría haber salido en alguna edición de Halloween. Más que tierno, le infundía un temblor involuntario en el cuerpo debido a que su apariencia era tan macabra que la palabra “espeluznante” le sentaba mejor. Al hacerlo, el enorme oso de peluche también se estremeció.
«¿Eh?»
Sobresaltado, al extender ambos brazos hacia arriba, el oso de peluche también extendió ambos brazos hacia arriba de golpe. Al levantarse de golpe, el oso de peluche también estiró sus largas piernas y se levantó de golpe.
Retrocedió vacilando, paso a paso. El oso de peluche dio pasos hacia atrás al mismo tiempo. Solo entonces se dio cuenta de que estaba parado frente a un espejo de cuerpo entero bastante grande.
—…
«O sea que, ¿ahora mismo, yo soy este muñeco? ¿Me convertí en un muñeco?»
Incluso le parecía conocer vagamente la identidad de este muñeco. Solo que, debido a que su cerebro se había ido de huelga, incapaz de aceptar su realidad actual, le estaba tomando algo de tiempo procesar la situación.
Mientras permanecía de pie en blanco, escuchó una voz.
—Ah, se mueve…
Era una voz suave y melodiosa que no encajaba con la macabra escena.
Sobresaltado, giró su voluminoso cuerpo físico bamboleándose. Y cruzó la mirada con un niño pequeño que estaba acurrucado en el suelo con un libro completamente abierto frente a él.
—…
Él nunca había vivido fuera de Corea y tampoco hablaba bien inglés. Era imposible que hubiera tenido relación alguna con un niño de cabello dorado y ojos azules como ese.
Por lo tanto, era seguro que este era su primer encuentro. Sin embargo, ¿por qué sentía un escalofrío recorrerle la columna vertebral? ¿Sería por la fluida comunicación entre él y el niño, donde no se sentía ninguna barrera lingüística, como cuando un juego tiene un parche de traducción al coreano? O bien, si no era eso…
Te has encontrado con un niño. El nombre del niño es Rio Babenbugh.
Es un descendiente maldito que heredó la sangre de un demonio, y el invocador que te ha traído a este lugar.
¿Esta situación será culpa del sistema que, como si hubiera estado esperando, recitaba sin parar explicaciones que nadie le había pedido?
Rio Babenbugh. Ese era el nombre del jefe final que aparecía en ⟨Ahí había un demonio⟩.
En otras palabras, significaba que, a pesar de todo el escándalo que armó, terminó encarnando sí o sí en el juego de terror de un RPG Maker. ¡Y ni siquiera como un ser humano, sino como un oso de peluche!
Incluso sabía que este oso de peluche no era un peluche cualquiera.
Y cómo no saberlo. ¿Cuántas veces no había muerto dentro del juego a manos de este maldito oso?
Eres ‘Dead Bear’.
No importa si te desgarran salvajemente, te despedazan en mil pedazos o te trituran cruelmente. Puedes revivir cuantas veces sea.
Así es. El nombre de este muñeco era Dead Bear. Un oso zombi inmortal. Por eso, desde la perspectiva de quien jugaba, era una criatura difícil de lidiar. Por mucho que lo mataras, el jefe final, el Conde Demonio, no paraba de revivirlo.
La solución más sencilla era liquidarlo tras atraerlo lejos para distanciarlo del Conde Demonio, y luego derrotar al Conde antes de que el oso reviviera. Para ser un juego donde el subjefe era más fuerte que el jefe final, tenía demasiados errores. Hasta el punto de que le envió varios mensajes expresando su descontento directamente al creador del juego.
Pero el problema era el siguiente.
Todas las criaturas de este juego lanzaban alaridos llenos de dolor cada vez que recibían un ataque. Si se miraba desde la perspectiva del juego, no era más que un recurso para inducir la inmersión, pero aplicado a la realidad, conllevaba un enorme problema.
Gritar al recibir un ataque significaba que, en consecuencia, sentía dolor. Es decir, por mucho que este cuerpo estuviera hecho de tela de peluche y algodón, si salía herido, dolería exactamente igual.
Si la historia del juego fluía tal cual la conocía, sin duda algún día se convertiría en el objetivo de caza de algún jugador. Si era así, ¿no tendría que morir indefinidamente reviviendo una y otra vez hasta que el Conde Demonio fuera derrotado?
«Esto es una maldita locura…»
Si se iba a convertir en una criatura extraña, al menos su mente también debía convertirse en la de aquella criatura, ¿por qué tenía que conservar intacto el ego de un humano normal y sentir incluso el miedo exactamente igual?
Él solo quería desplomarse a llorar a mares, pero no podía darse el lujo de hacerlo. Era por culpa del niño que lo miraba fijamente desde hacía un rato.
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