Capítulo 142- La corona del Santo Emperador. Parte 4

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Toda Delcross estaba cubierta de crocus amarillos que honran al primer santo emperador. Después de casi 20 años, se celebraba el festival de adoración del féretro del Gran Santo Emperador.

Los súbditos del reino dorado disfrutan del ambiente festivo que vuelve tras mucho tiempo y elogian la gracia de la familia imperial que trajo la máxima prosperidad a Delcross.

Sin embargo, al mismo tiempo, una atmósfera inusualmente pesada se cernía sobre el palacio de las princesas, el Palacio de la Rosa Plateada. Esto se debía a que, de manera inesperada, se les impuso un toque de queda, a las princesas Amelia y Sisley, obligándolas a permanecer adentro.

 Amelia estaba muy decepcionada por no poder asistir a su clase de lanza programada, pero ¿Cómo podía ser esa mayor decepción que la de su hermana menor?

Los ojos de Sisley, que había llorado amargamente desde la mañana, estaban hinchados y enrojecidos a pesar de su extraordinaria capacidad de recuperación física.

—Sisley, no te desanimes tanto. Todo lo que hace Su Majestad padre, tiene una razón —Amelia consoló a su hermana pequeña abatida, mientras la abrazaba.

—¿Cuál es la razón? Entiendo que no pueda venerar el féretro del Primer Santo Emperador, pero, ¿por qué no puedo asistir a la misa especial?

—Eso es…

—Si hay una razón justa para todo esto, ¿por qué su Majestad no me dice nada?

—…

Amelia se quedó sin palabras, pues no tenía ni idea de cuál podría ser. Solo recordaba vagamente algunas palabras que Leonard había mencionado de pasada, antes de que regresara.

«¿Crees que tu padre ahora podrá detener la implacable marcha de Rohan? ¿Alguien tan restringido en cada acción y palabra podría siquiera persuadir a otros señores para que se pongan de nuestro lado?».

“Restricciones…”

Amelia recordó el rostro serio y silencioso del Santo Emperador cuando anunció que se casaría con Leonard. Pero ahora, que lo pensaba con detenimiento, parecía que su padre sospechaba que esa unión acabaría en desgracia.

Por eso aumentó el número de sus caballeros y le ordenó que no asistiera a reuniones sociales con frecuencia, cuando salía era vigilada de manera estricta. No le importaba empeorar la relación con Rohan, incluso intentó expulsar al príncipe sin justificación desde Delcross.

Si Amelia no hubiese reaccionado de forma tan sensiblemente cuando fue confinada, quizás el Santo Emperador la habría mantenido encerrada en el Palacio de la Rosa Plateada hasta que Leonard fuera expulsado.

Y esa pequeña brecha provocó un resultado irreversible.

Romain, el leal subordinado de Leonard, usó artes oscuras desconocidas y finalmente logró sacar a Amelia de algún modo.

«Hermana, aún no es tarde. Vuelve conmigo a Delcross. Si supieras cómo está Su Majestad padre, no podrías quedarte aquí».

Finalmente se celebró el banquete de su boda en Rohan.

Todavía no podía olvidar las serias palabras que dijo Logan cuando la visitó con una enorme dote desde Delcross.

—¿Sabes esto, Sisley? —Amelia acarició el suave cabello plateado de su hermana y continuó—: En la época del anterior emperador, toda la familia imperial veneraba el féretro del Gran Santo Emperador como una ceremonia anual. Se reunían todos, rezando por la eterna gloria de la familia imperial y la prosperidad infinita de Delcross.

Sisley dejó de sollozar y escuchó atentamente aquella voz cariñosa.

—Pero en algún momento se dejó de realizar la ceremonia. No sé si fue casualidad, pero Delcross atravesó años de decadencia. ¿Sabes del incidente de los demonios infiltrados en la capital? Fue cuando el anterior Santo Emperador murió.

—¿Por qué? ¿Por qué se dejó de hacer la ceremonia?

—No hay registros claros, así que es un misterio. Es solo mi suposición, pero tal vez desde entonces… La ceremonia de venerar al féretro del Gran Santo Emperador perdió gran parte de su significado.

—¿Perdió su significado?

—Sí. Por ejemplo, ¿y si la bendición del Primer Santo Emperador desapareció de repente?

Su intuición le estaba diciendo algo. El hecho de que la ceremonia no se haya celebrado por 20 años, podría indicar que hay un problema.

—¿O tal vez ahora el ataúd se volvió algo peligroso?

De lo contrario, ¿por qué el actual Santo Emperador prohibió la veneración a la familia imperial?

Al escuchar esto, Sisley abrió sus ojos por la sorpresa.

—Hermana, sabes que acabas de decir algo muy peligroso, ¿verdad? Los sacerdotes de la iglesia ortodoxa no se quedarían quietos si lo supieran. —le susurró.

—¿Ah, sí? jaja.

—¡Claro! No debemos negar el milagro del Primer Santo Emperador. Todos los clérigos sienten esa energía sagrada que emana desde el sótano donde está guardado el ataúd.

Sisley tocó el parche rosa de conejo que llevaba colgado del cuello.

—Y si realmente hubiera algún problema, el Santo Emperador no habría mandado a Seo Yi-seo allí sin más.

—¿De verdad?

—Sí. Ella es la persona más importante en este mundo y siempre estará bajo la protección del Santo Emperador.

—¿…Ah, sí? 

Amelia, intrigada por el tono tan decidido, alzó la cabeza al sentir una presencia inusual. Su sensibilidad, agudizada por el entrenamiento reciente con el aura, detectó a varios individuos, probablemente caballeros, acercándose al palacio.

Poco después, Mirabelle, su doncella personal, miró por la ventana.

—¡Oh! ¿Qué está pasando? —exclamó sorprendida.

—¿Qué sucede, Mirabelle?

—No lo sé. Alteza Amelia, afuera están los caballeros de la Orden de San Aurelio.

Amelia y Sisley corrieron juntas a la terraza.

Como dijo ella, un gran número de caballeros sagrados se reunieron afuera formando un círculo alrededor del Palacio de la Rosa Plateada.

No llevaban sus armaduras ligeras habituales, sino las armaduras completas de batalla.

Llevaban sus brillantes armaduras plateadas y sus grandes escudos con una espada roja grabada en él. 

El escudo más fuerte del Santo Emperador. Era el arma simbólica de los caballeros de San Aurelio.

—… ¿Qué está pasando?

Amelia y Sisley estaban uno al lado del otro, observando la escena, cuando una voz familiar vino detrás de ellos.

—Por favor no se alarmen demasiado, Alteza Amelia, Alteza Sisley. La situación se controlará pronto.

Francis, el suboficial de la Orden de San Aurelio, también totalmente armado, entró en la sala de recepción. Colocó su mano en el pecho y saludó respetuosamente a las dos princesas.

—Lamento no haber avisado antes. Esta es una orden del Santo Emperador para prepararse ante cualquier emergencia, así que no se preocupen.

Ciertamente se podía ver la figura de la comandante de los caballeros. La Dama Katrina estaba de pie al frente mientras los comandaba. Su presencia confirmaba que todo esto era por orden del Santo Emperador. Y junto a Katrina, estaba un exorcista vestida completamente de negro.

Amelia que visitaba a Morres a menudo la conocía. Era parte de la Unidad Especializada en Monstruos. La Dama Sharon.

***

—… Ahora —dijo la exorcista, mirando al vacío.

Katrina asintió y dio un paso adelante.

—¡Tercera formación defensiva contra las especies demoníacas! ¡Soldados, a sus posiciones!

Bajo la orden de la comandante Katrina, los caballeros se alinearon con precisión militar. Pronto formaron una formación punteada que rodeaba el Palacio de la Rosa Plateada.

Finalmente, con un estruendo, Katrina se plantó en el centro de la formación, golpeó su escudo contra el suelo y tomó posición mirando hacia el palacio principal.

Era la firme y confiable apariencia de un escudo de hierro que protegía al Santo Emperador, como siempre.

—¡Despliegue la segunda formación al estilo Grannius!

Con su grito, un rayo blanco de poder sagrado se desplegó simultáneamente, formando una enorme barrera divina alrededor del Palacio de la Rosa Plateada.

*** ** ***

Recientemente, la arzobispa Wesker se dio cuenta de que sus canas estaban aumentando visiblemente.

No solo se había preocupado durante semanas por la Plaga Gris, sino que ahora, por orden del Santo Emperador, había convertido santa a una mujer desconocida y rara. Pero al consagrarla, esa tal Seo Yi-seo resultó ser un verdadero torbellino.

Estudiaba la doctrina de manera superficial, asistía a las misas con desgana. Lo único que hacía era seguir todo el día a su alteza Sisley.

Incluso ahora, durante la solemne ceremonia de homenaje que se realizaba por primera vez en casi 20 años, estaba distraída y con la mente en otro lado.

—Santa, ¿me está escuchando?

—Ah, sí, sí. Solo tengo que ir a recibir la bendición, ¿verdad? Sí, sí.

—…

Por más que se le explicaba varias veces sobre la ceremonia, respondía de esa forma. No había duda de que esa mujer no era una persona normal.

Parecía que Seo Yi-seo recuperó el sentido sólo después de entrar al corredor donde se encontraba el ataúd del rey.

—Eh, espera un momento…

¡Boom!

Wesker observó con ojos preocupados la puerta que se cerraba firmemente.

Con ese comportamiento hasta el final … aunque el Santo Emperador le tuviera piedad, ¿sería posible para esa mujer recibir la bendición de manera correcta?

Aunque fuera por orden del Santo Emperador, Wesker no podía evitar preocuparse. Sobre todo, porque era la primera vez que se intentaba la ceremonia de homenaje con alguien sin el estigma de santidad, además era ajeno a la familia imperial.

Pero poco después, al ver salir a la santa por la puerta, Wesker suspiró aliviada. 

Era la prueba de que había recibido correctamente la bendición del Primer Santo Emperador. Los ojos de la santa brillaban con un dorado radiante y miraban a Wesker con firmeza.

De su cuerpo emanaba una energía divina poderosa, como una cascada. Todos los clérigos que observaban la ceremonia desde fuera se inclinaron profundamente, impresionados.

—Iré directamente al palacio imperial. Nadie debe seguirme.

Una voz como un terremoto retumbó en sus almas cuando se dio esa orden.

*** ** ***

El palacio imperial estaba vacío, sin guardias. Habían retirado a todos desde la mañana.

—Pensé que vendrías directamente aquí, pero realmente no te desvías ni un ápice de lo esperado. 

El Santo Emperador habló mientras observaba entrar con paso firme a su despacho a la mujer que emanaba una presencia abrumadora.

Había previsto la posibilidad que Cadmus buscaría a Sisley, pero parecía que, para el indómito Primer Santo Emperador, era más importante vengar las humillaciones de los últimos cinco años que el interés propio.

Entonces Seo Yi-seo, o mejor dicho Cadmus, lo reprendió con voz solemne.

—¡Qué arrogante eres, niño! Te mostré consideración por compasión, ¿y tú dónde dejaste el respeto hacia tu ancestro?

El Santo Emperador contestó con voz fría.

—¿Antepasado? ¿Acaso esperabas respeto después de que marcaras el cuerpo de mi hija con semejante señal?

—¿Qué? ¡Qué insolente! —Cadmus movió las cejas con disgusto.

—Sigues siendo tan altanero. Parece que cinco años de reflexión no fueron suficientes para ti.

—¿Qué dijiste? Pensé tratarte con benevolencia, pero tú te atreves…

Cadmus enseñó los dientes y gruñó. Sus iris dorados se abrieron en una línea vertical, lanzando chispas.

Justo después de que el estigma de santa apareciera en el cuerpo de Sisley. El arrogante descendiente que selló el alma de Cadmus en el sótano de la iglesia sin decir palabra.

Y ahora, tras reencontrarse, lo primero que decía era una burla sobre que aún no había reflexionado suficiente 

¡Kwoong!

El furioso poder de Cardmus sacudió el palacio. Las puertas de la terraza vibraron como si fueran a caer. Los papeles volaron y los objetos del despacho cayeron al suelo.

—¡Era una niña que estaba destinada a morir de todas formas!

—…

Si la dejaba, acabaría siendo poseída por cosas malignas tarde o temprano y moriría. ¡Quería protegerla por compasión!

Sus palabras estaban cargadas de ira y un poco de resentimiento.

Cadmus, considerando el impacto negativo que su prolongada vida podía causar en Delcross, tuvo que enfrentar la muerte como Primer Santo Emperador, pero su alma seguía viva. 

Por eso, a veces vivía una nueva vida tomando posesión del cuerpo de sus descendientes o de otras santas.

Aunque parecía una acción demoníaca el robar cuerpos ajenos, tenía sus propias reglas.

Solo podía tomar los cuerpos de aquellos descendientes que no poseían poder divino o que estaban destinados a morir pronto. También podía poseer los cuerpos de mujeres de buen corazón que servían a otros sin dudar, pero que por sus caminos excepcionales eran consideradas brujas y destinadas a morir.

Las almas expuestas a la divinidad de Cadmus pronto se desvanecen, pero a él no le importaba. Eran vidas destinadas a morir y almas destinadas a desaparecer.

De esa forma, hace unos veinte años, marcó a un niño destinado a morir como rehén en un país extranjero. Hace cinco años, marcó a otra niña que se creía que se convertiría en un desastre para el imperio, porque sería poseída por algo maligno.

Era, su manera de proteger a sus descendientes de un destino miserable. Pero …

—No juzgues precipitadamente con tu limitado conocimiento. Eso nunca ocurrirá.

Hace veinte años. El descendiente que logró escapar de las manos de Cadmus aún estaba vivo y le sonreía con frialdad mientras decía esas palabras.

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