Capítulo 4: Tierra de fantasía

Arco | Volúmen:

No disponible.

Estado Edición:

Editado

Ajustes de Lectura:

TAMAÑO:
FUENTE:

Capítulo 4: Tierra de fantasía

El cielo era diáfano, de un azul puro e inmenso. La música electrónica se dispersaba con el viento, flotando etérea y resonando en aquel pequeño rincón del mundo.

Lu Jingxian estaba en la entrada del parque de diversiones, el letrero arqueado que coronaba la puerta estaba cubierto de manchas de óxido, dos de las luces de neón que formaban las palabras «Parque de los Sueños» se habían fundido, y las dos restantes, «Sueños» y «Parque», parpadeaban tenuemente, como si se aferraran a la vida.

La taquilla era una pequeña caseta de aspecto miserable. Delante había una silla en la que, por lo general, se sentaba un hombre mayor o una mujer mayor a charlar mientras pelaban pipas, y hacían la vista gorda ante los niños que se colaban sin pagar. La entrada estaba delimitada únicamente por una cinta roja, y solo a las nueve de la noche, cuando cerraba el parque, se levantaba la verja metálica.

Todo lo que veía era exactamente igual al parque de diversiones que recordaba, hasta las dos huellas de manos de colores en la esquina. Lu Jingxian las había estampado personalmente. El día que derribaron el parque, faltó a propósito a la tutoría, saltó la valla y rescató los fragmentos rotos de aquellas huellas de entre los escombros.

Entonces, ¿por qué había vuelto allí? ¿Acaso había transmigrado a otro mundo otra vez?

Lu Jingxian se pellizcó el entrecejo tratando de recordar cómo había llegado hasta allí. Se había despertado en una comisaría, se había convertido en sospechoso, se había encontrado con Xu Shu, lo habían llevado a una habitación para explorar su subconsciente…

¡Ah, claro! Chasqueó los dedos. Ese debía ser el misterioso subconsciente, el lugar donde había jugado y correteado innumerables veces durante su infancia, al que con la poca imaginación que atesoraba entonces le había puesto un nombre bastante «exclusivo»: el País de los Sueños.

—¡Uf, uf, uf!

Un niño de unos seis o siete años, vestido con un mono de vaquero, llegó corriendo. Era regordete y robusto, con una cabeza grande y unos ojos redondos que brillaban con viveza. Su pequeño cuerpo levantó una ráfaga de viento al pasar rozando las piernas de Lu Jingxian.

Lu Jingxian se quedó atónito. Instintivamente, se llevó la mano a la mejilla.

Estaba viendo a su yo de la infancia.

Esa sensación era extraña, pero también demostraba que él tenía una infancia completa, y que no era eso que llamaban una personalidad disociada, ¿verdad?

El pequeño Jingxian rebosaba energía. Se abalanzó hacia la taquilla, se agachó y pasó por debajo de la cinta roja. Lu Jingxian lo siguió, pero en apenas unos segundos el niño ya había desaparecido de su vista.

En el parque tampoco había nadie, pero todas las atracciones estaban en marcha. El carrusel subía y bajaba lentamente, los carritos chocones con forma de cerdito chocaban entre sí sin ningún orden específico, el barco pirata oscilaba una y otra vez… La música electrónica se superponía en capas, envolviéndolo todo, otorgando a aquel espacio vacío y desolado una extraña sensación de bullicio.

Quizá por la familiaridad, Lu Jingxian no sintió miedo. Al contrario, mientras más avanzaba, la nostalgia se hacía más densa.

En sus recuerdos, el parque de diversiones había sido erosionado por el tiempo hasta quedar reducido a unas cuantas imágenes borrosas, como las patas de un ganso en el barro. Pero nunca habría imaginado que en su subconsciente se mantuviera tan vívido y nítido. Desde el momento en que había puesto un pie allí, las risas y las voces olvidadas empezaban a flotar de nuevo a su alrededor.

De repente, Lu Jingxian se detuvo.

Había llegado a la plaza central. Frente a él se alzaba una rocalla artificial, coronada por cuatro estatuas que se asemejaban a superhéroes.

Decía «se asemejaban» porque, tanto en el rostro como en el vestuario, presentaban diferencias con los superhéroes de Marvel. El Capitán América tenía un aspecto ridículo y una combinación de colores extraña, Hulk parecía un gorila sin pelo y de piel negruzca, la armadura de Iron Man tenía una calidad inferior al plástico, Batman parecía un vampiro con máscara. Por más imponentes que fueran sus poses, no lograban ocultar la chapuza que eran.

En esa época en que la piratería campaba a sus anchas, aquellos pequeños parques de diversiones se atrevían a imitar cualquier cosa sin el menor reparo. De todos modos, los niños inocentes, con su escasa capacidad para distinguir, solo querían hacerse fotos con los «superhéroes». Lu Jingxian había sido uno de ellos, además, siempre se empeñaba en ocupar el centro de la foto.

En ese momento, se quedó mudo. Los recuerdos de su infancia muerta lo estaban atacando sin piedad.

¡Qué vergüenza! Mejor largarse de allí.

Rodeó las estatuas y siguió caminando. El parque no era muy grande, pronto le dio toda la vuelta, recorrió cada rincón, pero no encontró al niño que se fue corriendo.

—¡Jingxian!

—¡Xiao Xian!

Lu Jingxian llamó a gritos. ¿Dónde se había metido? ¿Por qué no aparecía?

La música electrónica en el aire fue haciéndose más y más fuerte, hasta el punto de que tuvo que taparse los oídos con las manos. Y en medio de estruendo, alcanzó a escuchar unas voces lejanas que lo llamaban:

—¡Xu Lingzong!

—¡Xu Lingzong!

«Qué ruido, ¿pueden dejar de llamarme? Quién demonios es Xu Lingzong, de verdad que no lo conozco. Solo he tenido la mala suerte de acabar metido en su cuerpo».

—Xu Lingzong, ¿puedes oírme?

—No tengas miedo, estás a salvo. Reúnete con Lu Jingxian, él también tiene algo que preguntarte.

Lu Jingxian se quedó atónito.

—Oye, ¿y yo qué tengo que preguntarle?

Esa voz no respondió, sino que siguió hablando con suavidad, con la esperanza de que Xu Lingzong apareciera cuanto antes.

Lu Jingxian, cada vez más irritado, iba de un lado a otro del parque de atracciones. Pero estuviera donde estuviera, siempre estaba solo.

¿Cuándo iba a despertarse de ese sueño?

Xu Shu estaba mirando fijamente la borrosa silueta que no dejaba de caminar por la pantalla. La fría luz electrónica se reflejaba en sus pupilas color ámbar, como si el sol poniente fundiera el oro, destellando con capas de luz brillante.

Otra pequeña pantalla mostraba el rostro completo de Lu Jingxian. Sus ojos no paraban de moverse, algunas veces fruncía el ceño, otras se relajaba. Parecía querer despertar con todas sus fuerzas, pero no lograba liberarse del sueño.

Xu Shu pulsó el micrófono.

—Gao Lei, sal.

Gao Lei salió de la sala interior y cerró la puerta.

—¿Qué tal? Ya casi se me seca la boca de tanto hablar.

—¿Qué va a ser? No tiene TID. No hay ninguna personalidad alternativa que guiar.

Han Yin permaneció en silencio. Él seguía esperando que en el mundo subconsciente de Xu Lingzong apareciera algo distinto: otra silueta, otra voz. El subconsciente es el mundo que los humanos menos pueden controlar y fingir. Allí, cualquier personalidad superflua quedaría al descubierto, como si asistiera a una mesa redonda donde todos interactúan y conversan.

Pero la suerte no lo quiso. Todo el parque estaba vacío, solo se veía el rastro de una sola figura. No había ni el más mínimo movimiento, ni siquiera las intervenciones externas para guiarlo surtían efecto.

Han Yin se levantó de golpe y salió de la sala de monitorización con pasos largos. Durante el tiempo que siguió, Xu Shu no dejó de ajustar los ángulos de la cámara, siguiendo los pasos de Lu Jingxian a través de su subconsciente, observando con detenimiento cada rincón del País de los Sueños.

Habían pasado ya doce horas enteras desde la sustitución de Xu Lingzong. Por fin, Xu Shu relajó la respiración, se masajeó el hombro dolorido con la mano izquierda y empezó a teclear con rapidez.

Gao Lei preguntó:

—Director Xu, ¿no hará falta una segunda prueba?

Xu Shu estiró los brazos, aprovechó para soltarse la goma del pelo y dejó que la melena le cayera sobre los hombros. Hundió las puntas de los dedos entre aquel cabello negro y blanco que contrastaba nítidamente, se lo sujetó un par de veces y volvió a recogérselo.

—No hace falta, me voy a casa a redactar el informe, ustedes preparen los trámites para dejarlo en libertad.

Lu Jingxian estaba sentado en el suelo, aburrido, contando los azulejos blancos y negros. Cuando despertó, los agentes lo habían llevado a ese lugar, una habitación de apenas unos metros cuadrados, con tres paredes de color gris apagado, una luz tenue, sin ventana, y una puerta de rejas de hierro. Se parecía mucho a las salas de detención preventiva que había visto en las series de televisión.

Siendo un ciudadano honrado y respetuoso con la ley, Lu Jingxian jamás imaginó que tendría el “privilegio” de vivir la experiencia de estar detenido. Cuando despertó, no estaban ni Xu Shu, ni Gao Lei, ni Han Yin. Nadie le había dicho el resultado de la exploración del subconsciente. Solo podía esperar allí sin hacer nada.

… 598, 599, 00. Ya había terminado de contar.

Lu Jingxian se puso de pie y estiró los brazos. ¿Cuántas horas habían pasado? ¿Ya había amanecido? Cómo se hacía de larga la espera.

—Oiga, ¿hay alguien? ¿No hay nadie?

El pasillo estaba vacío, solo el eco le respondió. Lu Jingxian zarandeó la puerta de hierro mientras gritaba, hasta que por fin consiguió hacer venir al agente de guardia.

—¿Qué haces? A estas horas de la noche, no dejas dormir, ¿qué pasa?

—Agente, ¿podría decirme qué hora es?

—Casi las cuatro y media —dijo el agente con un gesto de la mano—. Deja de alborotar y vete a dormir.

—No tengo nada de sueño, ya he dormido dos veces —dijo Lu Jingxian agarrando los barrotes, sonriendo—. Usted también se aburrirá estando de guardia, ¿no? ¿Charlamos un rato?

El agente le lanzó una mirada de reojo, cada músculo de su cara rechazaba la propuesta. Dio media vuelta para irse, pero Lu Jingxian lo agarró rápidamente.

—¡Oiga, oiga! ¿Al menos podría decirme cuándo voy a salir de aquí?

—¡Ni idea! Espera notificaciones de arriba.

Lu Jingxian volvió a quedarse solo, dando vueltas por la sala de detención. Alzó la vista y vio los garabatos que sus «predecesores» habían dejado en las paredes grises. Durante la última hora, ya los había estudiado con entusiasmo, no eran más que quejas y lamentos. Mirándolos, a él también le entraron ganas de escribir algo, pero cuando detuvieron a Xu Lingzong, lo habían registrado y los bolsillos estaban más limpios que su propia cara.

¿Eh? Lu Jingxian levantó la muñeca y se fijó en el botón metálico que remataba el puño de la camisa. De repente, tuvo una idea.

Cuando uno está terriblemente aburrido, encontrar algo con lo que entretenerse no es menos emocionante que descubrir un nuevo continente. Se agachó junto a la pared y probó a rascar con el botón. En la pared apareció una marca blanca. Lleno de alegría, empezó su creación.

Desde que había llegado a este mundo, su cabeza solo albergaba curiosidad y desconcierto ante esta realidad desconocida. Ah, y también Xu Shu, ese perfilador tan poco razonable. Con ese aspecto tan refinado y apuesto, y ese carácter tan agresivo y dominante, no pegaban nada. Habría que cambiarlo un poco…

Pronto, en la pared gris apareció un pequeño monigote abstracto. El pelo, largo y despeinado, parecía un manojo de malas hierbas. Con las manos en las caderas, adoptaba una postura amenazante. En el vientre, ocho abdominales torcidos y desiguales. Pero lo más expresivo era la cara: las cejas dibujadas como dos ochos “八” invertidos, la boca abierta mostrando una fila de dientes puntiagudos, como si estuviera a punto de devorar a alguien.

Lu Jingxian contempló por un momento, cuanto más lo miraba, más satisfecho se sentía. Solo con verlo ya se divertía, y soltó una carcajada.

La puerta se abrió de nuevo, y el agente asomó la cabeza para reprenderlo:

—¡Xu Lingzong! ¿Qué mosca te ha picado? ¡Cállate!

—Vale, vale, me callo, seguro.

Gao Lei, con un bollo al vapor en la mano izquierda y un vaso de leche de soja en la derecha, aprovechó antes de entrar a trabajar para darse una vuelta por la sala de detención. Pensaba encontrarse a Lu Jingxian preocupado, sin poder pegar ojo en toda la noche. Pero resultó que el hombre estaba apoyado contra la pared, durmiendo plácidamente. Quizá por el frío del suelo, su cuerpo alto y robusto estaba completamente encogido.

No era para menos: la sala de detención era un lugar de paso temporal para sospechosos de delitos, y nunca se superaban las 48 horas. ¿Qué necesidad había de poner una cama?

—¡Lu Jingxian, Lu Jingxian!

Lu Jingxian abrió los ojos, aún somnoliento. A través de la puerta de rejas, vio la sonrisa de Gao Lei y se incorporó rápidamente. Gao Lei lo examinó de arriba abajo.

—Te adaptas bien, eh. Dormido como un lirón.

—Jeje, hace poco que me he dormido.

—Ah, ya —Gao Lei le tendió la bolsa que llevaba en la mano—. Te he traído esto. Come algo y luego sigues durmiendo.

Lu Jingxian cogió los bollos humeantes. En un principio no tenía hambre, pero en cuanto Gao Lei se lo mencionó, su estómago empezó a rugir. Sin preocuparse por las apariencias, cogió uno y se lo llevó a la boca dando grandes mordiscos. Con la boca llena, preguntó entre balbuceos:

—Agente… lo mío… ¿salir?

—¿Y tú cómo sabes que vas a salir? ¿Alguien te ha dicho el resultado de la identificación?

Lu Jingxian negó con la cabeza, tragó la comida y dijo:

—Porque acaba de llamarme por mi nombre.

Gao Lei se quedó un momento desconcertado, luego sonrió.

—Qué observador eres.

En efecto, el informe de identificación de Xu Shu había salido esa misma mañana, confirmando que Lu Jingxian era un transmigrador. Eso significaba que el Xu Lingzong original había muerto, y bajo la nueva normativa, no tenían más remedio que cambiarle el trato y reconocer la identidad de Lu Jingxian.

Lu Jingxian se comió rápidamente los dos bollos. Gao Lei le alargó un pañuelo de papel para que se limpiara las manos.

—Ya sé que tienes prisa por salir, pero no te apures, hay que seguir los procedimientos establecidos, te quedaras un par de días más.

—¿Cómo? —Lu Jingxian se puso aún más nervioso—. Si no he cometido ningún delito, puedo quedarme, pero en otro sitio.

—¿Dónde te gustaría quedarte? Esto es la Jefatura de la ciudad, dime, ¿dónde podrías quedarte? ¿Te parece bien el despacho del comisario?

—¡Por lo menos que no sea una jaula de hierro!

Estaban regateando cuando alguien llegó a informar:

—Gao Lei, han llegado los familiares de Xu Lingzong con su abogado. El equipo Han le pide que traiga al sospechoso.

Subscribe
Notify of
guest
0 Comentarios

Comentar Párrafo:

Dejar un comentario:

 

0
Would love your thoughts, please comment.x
()
x