Volumen 1: Niño Blanco
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Lo que Yha había dibujado era realmente difícil de creer, como la imagen de una bestia capaz de desgarrar a un reno adulto. El ambiente, que se había tornado serio, se resquebrajó de inmediato. Al final, estos hombres-bestia seguían sin creer que existieran criaturas más feroces que ellos.
El poco fiable dibujante Yhá y su tablero fueron rápidamente ignorados. Solo Blake y Bai se mostraron muy interesados en sus dibujos. Una vez que los demás se alejaron, Blake se acercó, intentando conseguir de Yhá un retrato de Louis.
—No lo tomen a la ligera —dijo Xita, negando con la cabeza—. En realidad, lo que Yhá dibujó se parece bastante a esas criaturas.
Conocía bien a estos hombres-bestia y entendía su manera de pensar.
—Antes de encontrarme con esas criaturas, yo también tenía mucha confianza en mí misma —alzando la voz, intentó captar nuevamente la atención de todos—. Fendi, si estás en tu forma animal, ¿puedes derribarme?
Miró a Fendi, que ya se había relajado un poco.
—¿Yo? ¿Derribarte? ¿Para qué querría hacer eso? —respondió, titubeando al pensar en algo no muy puro.
—Me refiero solamente a fuerza física. ¿Podrías derribarme? —insistió Xita con seriedad.
Viéndola tan seria, Fendi también se puso serio. Reflexionó por un momento y luego negó con la cabeza.
—Eres muy alta, no podría derribarte.
—¿Y podrías saltar sobre mí? —preguntó ella. Fendi volvió a negar con la cabeza.
Xita miró a su alrededor.
—¿Hay alguien en el pueblo que pueda derribarme? ¿O al menos saltar sobre mí?
Todos negaron con la cabeza.
Pensamiento colectivo del pueblo: “Justo por eso nadie ha podido contigo, y por eso sigues siendo una mujer fuerte y pura…”
Xita esbozó una media sonrisa.
—¡Pero esas criaturas sí pudieron hacerlo!
—…No son muy grandes, apenas la mitad de mi tamaño, ¡pero se mueven rapidísimo! ¡Las patas delanteras son muy cortas, pero las traseras son largas y poderosas! ¡Sus dientes son más afilados que los de Fendi! Aunque yo era mucho más grande que ellas, esas criaturas eran demasiado veloces. Su capacidad de salto era asombrosa. Al final, ¡una de ellas consiguió saltar sobre mi espalda…!
Todos contuvieron el aliento.
Xita se dio la vuelta y mostró la herida que le habían dejado en la parte baja de la espalda.
—Esto lo hicieron con sus garras.
Una herida impactante. Esa misma profundidad en el cuerpo de un mamut era ya una herida grave. Si hubiera sido en cualquier otro hombre-bestia…
El resultado habría sido desastroso.
Muchos presentes endurecieron el rostro. Justo lo que Xita quería lograr.
Viendo que por fin se tomaban el asunto en serio, Xita se giró hacia la familia de Blake y Bai, que seguían con el dibujo en un rincón.
—Gracias a que Blake y Bai regresaron corriendo, me salvaron —sus ojos estaban llenos de gratitud.
Todos comenzaron a mirar a Bai con nuevos ojos.
—Esas criaturas huyeron finalmente por el fuego que Blake encendió. Creo que podemos usar eso como método para defendernos —aportó una información muy valiosa.
El jefe del clan, Saller, con un rugido, detuvo las discusiones y anunció que, hasta encontrar una mejor forma de enfrentar a esas bestias desconocidas, el clan Wash debía colocar tantas hogueras como fuera posible alrededor del perímetro. Las cacerías continuarían, pero se reduciría el área de acción. Además, habría más patrullas por la noche.
Andy se sentía inquieto.
Se suponía que debía estar calentando agua para bañarse. El débil olor a orina en su cuerpo lo había incomodado todo el día. Por fin había cazado lo suficiente para regresar temprano a casa, pero entonces ocurrió esto.
¡Bestias apareciendo en la zona!
Desde el primer instante en que supo de su existencia, Andy ya no pudo quedarse quieto. Finalmente, al saber que no estaba en la lista de patrullaje de esa noche, se escabulló del clan en secreto.
Andy no le había contado a nadie que tenía a alguien especial fuera del clan. Un poco difícil de admitir: esa persona, igual que él, también era macho.
La persona que le gustaba se llamaba Xue Hua.1 Vivía cerca del borde del territorio del clan. Andy lo había conocido durante una cacería, por accidente. Allí lo vio comiendo hierba crujiente. Cada vez que volvía a cazar por la zona, encontraba a Xue Hua comiendo sin parar, y pensaba: “¡Vaya, este chico sí que come mucho!” Luego: “¡Qué adorable es…!” Y después… Andy simplemente se unió a él a comer hierba crujiente…
Hasta hoy, Xue Hua aún creía que Andy era un herbívoro como él… Sus palabras reflejaban cierta aversión hacia los carnívoros, por lo que Andy no había podido armarse de valor para contarle la verdad. Cuando se enteró de la aparición de las bestias, lo primero que sintió fue arrepentimiento.
¡Debió haber llevado a Xue Hua al pueblo hace mucho! Tan frágil, tan adorable…
En su forma de león, Andy era extremadamente rápido. Sin darse cuenta, ya se había alejado bastante del pueblo. A medida que la hierba crujiente en el suelo aumentaba, supo que estaba cerca de la casa de Xue Hua.
Fue entonces cuando se dio cuenta de que algo iba mal.
¡Alguien lo estaba siguiendo!
Sabía que corría rápido, pero esa cosa no era más lenta. ¡Incluso se movía con mayor facilidad!
Hacía años que Andy no sentía esto:
Ese escalofrío que erizaba cada vello del cuerpo.
Finalmente se detuvo, y al girarse, vio lo que lo estaba persiguiendo. Bestias.
Esas fueron las únicas palabras que cruzaron su mente.
La luz de la luna se reflejaba en la nieve, iluminando claramente a las cuatro criaturas. Eran un tipo de animal salvaje que Andy jamás había visto.
Estaban quietos, no muy lejos de él. Su excelente visión le permitía ver fácilmente los afilados colmillos en sus bocas. Sus ojos estaban vacíos, oscuros, sin emoción. Andy supo instintivamente que lo habían elegido como presa.
No se movían. Solo evaluaban por dónde atacar. En cuanto la presa empezara a huir, los seguirían hasta atraparla.
Andy entendía perfectamente su táctica. ¡Él cazaba igual!
¡No puedo ganar! ¡Ni de broma!
El instinto animal le dio de inmediato la respuesta. El frío de la nieve se coló por sus patas y subió por todo su cuerpo. Sintió cómo el alma se le congelaba.
Pero tenía que hacer algo.
La casa de Xue Hua estaba cerca. No podía dejar que esas criaturas la descubrieran.
Tensó sus músculos. Al hacerlo, notó que los cuerpos de las criaturas también se movieron ligeramente.
Bien. También estaban listos.
¡Es ahora! ¡Corre! Andy saltó.
Al mismo tiempo, las criaturas se lanzaron hacia él.
Corrió con todas sus fuerzas. En el segundo que tocó el suelo, sus músculos ya estaban al límite. Estaba usando toda su velocidad. Las bestias fallaron en el primer intento, pero rápidamente se recuperaron y lo persiguieron sin descanso.
El tiempo de huida se volvió eterno. No sabía cuánto tiempo había corrido, cuando de repente sintió un fuerte dolor en el estómago.
El dolor provocó un calambre en su pierna. Perdió el equilibrio y cayó pesadamente.
Xue Hua…
Su visión se volvió blanca. Murmuró en silencio el nombre de su amor secreto…
Una de las criaturas le pisó el cuerpo.
La saliva de la bestia le cayó encima. Acercó su hocico a él. Andy cerró los ojos.
Estaba listo para sentir el dolor desgarrador… cuando de repente, la presión desapareció. Sintió que la criatura lo soltaba.
Un chillido agudo resonó desde la garganta de la bestia. Andy abrió los ojos, sorprendido.
¡Las criaturas estaban retrocediendo! Un segundo después… ¡Huyeron!
Andy las observó con los ojos bien abiertos. Parecían estar escapando aterradas.
¿Tenía él algo tan aterrador en el cuerpo? No lo entendía. Pero sabía que estaba a salvo, por ahora.
Esa sensación de seguridad recorrió todo su cuerpo como una señal. Cayó exhausto en la nieve, en forma humana, brazos y piernas extendidos.
Justo antes de perder el conocimiento, creyó oír una voz celestial:
—¿Andy? —la voz dulce de Xue Hua lo llamó. Y Andy se sumió en la oscuridad.
Cuando volvió en sí, lo primero que vio fue a la persona en quien más pensaba.
Un joven de cabello plateado lo miraba con ternura.
De forma automática, Andy le agarró la mano con fuerza.
—¿Por qué viniste tan tarde hoy? —Xue Hua le devolvió el agarre con dulzura.
Andy miró fijamente al joven frente a él. El calor de su mano era tan reconfortante…
Quería advertirle que era peligroso, quería pedirle que se fuera con él, que se marcharan juntos. Quería decir tantas cosas… pero se dio cuenta de que lo que más deseaba decir era otra cosa.
Andy miró profundamente a los ojos verdes de Xue Huay; con solemnidad, dijo:
—He querido decir esto desde hace mucho… Yo… ¡Me gustas!
No fue hasta el momento en que enfrentó la muerte que Andy se dio cuenta de su mayor arrepentimiento: no habérselo confesado. Era la primera vez que se enamoraba de alguien, y aunque fuera otro macho, lo que sentía era verdadero. Guardárselo era demasiado doloroso.
Aunque las palmas de sus manos sudaban por los nervios, no apartó la mirada. Con valentía, sostuvo la mirada de Xue Hua.
Y entonces, en los ojos verdes del joven de cabello plateado, vio una alegría incomparable.
Xue Hua no respondió con palabras, sino con acciones: lo abrazó con fuerza.
Andy se quedó rígido al sentir el abrazo. Era la primera vez que estaba tan cerca de Xue Hua. Él tenía un aroma difícil de describir, pero sumamente agradable.
Después de estar un rato sentado como un palo, Andy se animó a devolverle el abrazo.
—Xiaohua, ¡estemos juntos!
—Sí.
—¡Ven conmigo a mi tribu!
—Está bien.
—¿No vas a preguntar por qué?
—No hace falta preguntar. Quiero estar contigo. —La risa grave de Xue Hua resonó junto a su oído, y el rostro de Andy se tiñó lentamente de rojo.
—Bien —dijo Andy, apretando un poco más el abrazo.
Se quedaron un buen rato en el mismo sitio, dulcemente empalagosos. Al amanecer, Xue Hua preparó un simple paquete de pieles y partió con Andy, dejando atrás su hogar.
El regreso a la tribu fue sorprendentemente tranquilo. Solo les tomó medio día volver, pero lo que los recibió fue algo más aterrador que los monstruos: ¡la furia de Xita!
—¡…Sabías perfectamente que había monstruos y aun así saliste solo en la noche! ¡El jefe pasó toda la mañana buscándote! ¿¡Tienes idea de lo peligroso que fue eso!?
Con su asombrosa vitalidad, Xita había sanado casi por completo después de una sola noche de descanso, y ahora podía volver a reprender a otros.
—Lo siento… Andy salió por mí —dijo Xue Hua, asomando medio rostro desde detrás de Andy y enfrentando oficialmente al pueblo del clan Wash.
Xita, que estaba a punto de seguir regañando, de repente se quedó paralizada.