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Al caer el sol, con un atardecer teñido de rojo, el Palacio Principal brillaba en soledad, envuelto en un suave resplandor dorado como si fuera la luna recién posada en el horizonte.
La fachada, iluminada con todo tipo de luces, mostraba una grandiosidad a la vez majestuosa y profundamente sagrada.
Era la imponente magnificencia digna de un imperio milenario.
Considerando la alta nobleza de los asistentes, los carruajes que ingresaban no estaban estrictamente controlados.
Por eso, desde temprano la entrada y los jardines se llenaban de carruajes lujosos con estandartes de diferentes países, y multitudes de gente. Entre ellos, el carruaje que llevaba a Seong-jin y su grupo avanzaba lentamente.
—¡…!
Las personas reunidas en grupos de tres o cinco que conversaban, de repente cerraron la boca y se quedaron mirando el carruaje. Fue porque los hermanos, que ostentaban una apariencia espléndida y digna de la descripción resplandecientes, aparecieron en un carruaje grabado con el escudo imperial de Delcross.
—Oh, Dios mío ¿Esa es la famosa rosa del palacio imperial… ?
—Mira ese vestido rojo tan atrevido. Realmente no es algo común. Dicen que Su Majestad, el Santo Emperador realmente aprecia mucho a esa princesa imperial ¿verdad?
—Pero, ¿quién es la persona que vino con ella?
—¿No es el príncipe Morres?
—¿¡Eh!? ¡¿Quéé?! ¿El príncipe Morres? ¿De verdad?
Comenzando con los susurros de alguien, pequeñas ondas de conmoción se expandieron lentamente a su alrededor.
Las palabras de Madame Justine eran ciertas. La mayoría vestía ropas con tonos pálidos para el banquete, por lo que Seong-jin y Amelia destacaban demasiado con sus vestimentas.
“¿Qué les parece? ¿Les abrió los ojos de golpe? ¡Esta es la mismísima ángel descendida sobre Delcross! ”
Seong-jin disfrutó la atención con una sonrisa orgullosa.
Entonces, Amelia, abrazándolo suavemente del brazo, sonrió complacida y susurró:
—Jaja, mira a tu alrededor, Morres. Hoy nadie puede apartar la mirada de ti.
El Rey Demonio, incapaz de seguir escuchándolos, protestó horrorizado.
—[¡Vaya. Cuando un narcisista se encuentra con otro narcisista, ¿se produce una sinergia negativa de este nivel? ¡Me da escalofríos! ]
—“¡Cállate, maldito Rey Demonio!”
¡Si ni siquiera tienes cuerpo, cómo vas a tener escalofríos!
Luego, la pareja que bajó del carruaje tras ellos también se convirtió en el centro de atención.
La noble Santa llamada la Pequeña Bendición Descendida del Dios Principal y un joven espadachín que se hizo famoso por dominar fácilmente el torneo marcial continental.
—¡Oh, oh! ¡Es él!
Pronto se oyeron por todas partes apodos como ‘El Lobo Azul de Delcross’ y ‘El Joven Lobo del Norte’.
Especialmente las damas reaccionaron con mucho entusiasmo, casi al punto de exagerar, lo que hizo que fuera comprensible porque parecía tener el síndrome de celebridad cuando se conocieron.
“Tch, y pensar que solo es este Orden”
Mientras Orden avanzaba con paso tranquilo, como si fuera cosa de todos los días, Sisley murmuraba con rostro tenso algo desde hacía rato. Su rostro pálido como porcelana estaba aún más pálido por el miedo.
Curioso, Seong-jin concentró su aura y escuchó atentamente.
—…Una noche. Hermosa…
¿Eh?
“Oye, pequeña, ¿todavía estás pensando en eso? No te lo tomaste en serio ¿verdad?”
Seong-jin sintió un presentimiento inquietante y silenciosamente comenzó a sudar frío.
Al subir las escaleras y acercarse al vestíbulo, Logan, quien los esperaba, salió a recibirlos, acompañado de la santa con una túnica sacerdotal blanca.
Seong-jin había oído que la Emperatriz Tatiana había mandado confeccionar personalmente un traje de gala para Logan, pero él lo rechazó.
Apareció de manera impecable vestido con su uniforme de caballero sagrado.
De pie con la espalda recta y una postura firme, mostraba no solo dignidad sino también una especie de obstinación.
Y…
“¿Apareció Cadmus desde el inicio?
Los ojos de Seo Yi-seo emitían un brillante tono dorado. Se esperaba que apareciera para aprovechar la comida del banquete, pero no imaginaba que ya estuviera en modo Cadmus desde tan temprano.
—Llegaste justo a tiempo.
El rostro de Logan, al decir eso, parecía tranquilo como siempre, pero Seong-jin, que lo había visto con frecuencia últimamente, pudo notar inmediatamente que en realidad ese rostro se estaba pudriendo por dentro.
“Es raro lo mucho que odia a Cadmus”.
Logan, que desde el principio mostró una fuerte desconfianza hacia Seo Yi-seo, casi se horrorizó al descubrir la verdadera identidad de Cadmus en su interior.
Para decirlo de manera suave, simplemente le disgustaba; casi podría decirse que lo aborrece.
Por eso es sorprendente que ahora esté en silencio dejando que le tome del brazo.
Teniendo en cuenta la personalidad habitual de Logan, que normalmente intentaba resolver todo con amabilidad, aquello era extremadamente extraño.
—El hermano Masain ya está dentro. Entremos por ahora.
—¡Ja ja! ¡Un banquete, es un banquete!
Cadmus repetía con entusiasmo y se aferraba al brazo de Logan.
¡Pum!
Con un aura amenazante que aún no había sido controlada, de repente la temperatura alrededor de Logan bajó notablemente.
“¡Guau! Qué aterrador”.
Mientras todos observaban la expresión de Logan, solo Cadmus, sin darse cuenta, se reía con despreocupación.
—¡Por fin la comida del banquete! ¡Ja ja ja!
El interior del salón del banquete estaba iluminado tan intensamente que parecía pleno día.
Las luces completamente encendidas rebotaban en los lujosos candelabros, creando un espectáculo de luces deslumbrante como si la luz se derramara desde arriba.
Mientras la orquesta tocaba una melodía suave, se escuchaban risas alegres y conversaciones animadas por todo el lugar.
—Mis respetos, Alteza.
—Mis saludos a la princesa imperial y al príncipe imperial.
En cada paso que daba el grupo de Seong-jin, los nobles detenían sus pasos y los saludaban con una ligera reverencia.
Se decía que algunas familias reales, como Bretaña o Rohan ni siquiera estaba permitido saludar antes de que un superior iniciara la conversación. Por eso, comparado con ellos, Delcross tenía una atmósfera relativamente libre con una etiqueta relativamente laxa.
Al observar con calma, Seong-jin vio que los invitados de todo el continente llevaban ropajes de banquete con colores y estilos muy representativos de sus regiones, mezclados en grupos.
También había grupos de clérigos.
Y entre ellos logró divisar fugazmente a Lord Masain, atrapado entre altos sacerdotes liderados por el cardenal Benictus y sudando visiblemente.
Y también había algunos rostros que hacía tiempo no veía.
—¡Morres!
—¡Morres!
Eran los gemelos.
Herna y Gadeth corrieron felices y rodearon a Seong-jin desde ambos lados.
“Qué inesperado. Viéndolos así, realmente parecen de su edad”.
Normalmente los gemelos parecían niños pequeños, así que era difícil creer que fueran mayores que Sisley, pero con sus vestimentas elegantes y arreglados con esmeros parecían verdaderos adolescentes.
—¿Red está bien?
—¿Esta bien, Red?
Aunque seguían actuando y hablando igual que siempre.
—[¿Qué? ¿Quién es Red ¡Grrr! ¡Malditos mocosos!]
Ignorando al Rey Demonio que gritaba en su cabeza, Seong-jin dirigió la mirada a los gemelos.
Además de sus trajes, lo que más destacaba eran los adornos que los niños llevaban por aquí y allá. Al notar la mirada de Seong-jin, los gemelos comenzaron a hablar.
—Le rogué a papá el Santo Emperador que me los comprara. ¡Están de moda!
—Su majestad papá, estaba bastante preocupado, ¡Por eso insistimos aún más!
—…
¿Les parece divertido que ese hombre tenga problemas? ¡Pequeños demonios!
—No pudimos evitarlo. Este color rojo me da una extraña sensación de nostalgia.
—Podría decirse que era inevitable. Este color es estimulante y, al mismo tiempo, despierta añoranza.
—Ah, ya veo.
“Pero espera, ¿no es raro algo aquí?”
Seong-jin frunció el ceño.
—Pero, ¿por qué hoy hablan al revés?
Aunque sus rostros y complexiones eran prácticamente idénticos, Seong-jin tras convivir con los niños ya había empezado a distinguir ciertas diferencias.
La que habla primero y de forma impulsiva era Herna (n/t:niña). Para referirse al Santo Emperador, ella lo llamaba ‘Papá el Santo Emperador’.
Por otro lado, quien observaba discretamente la situación y apoyaba las palabras de Herna era Gadeth, que usaba el ‘Su Majestad, papá’.
Los ojos de los gemelos se abrieron al oír eso.
—¡Vaya! ¡Mores es increíblemente perspicaz en los lugares más extraños!
—¡Lo sabía! ¡No se puede bajar la guardia con Morres!
¿De verdad?
“¿Se cambiaron la ropa entre ellos? ¿En el banquete más importante del año?”
—¿Cuándo más podríamos hacer esta broma?
—Es una oportunidad preciosa que solo sucede una vez al año.
Mientras golpeaba su chalina color lavanda, Herna dijo:
—¿Lo mantendrás en secreto, verdad, Morres?
Agitando el borde de su vestido color lavanda, Gadeth añadió:
—Morres sabe guardar secretos ¡confiamos en ti!
Luego, ambos estallaron en carcajadas al mismo tiempo.
Seong-jin se quedó sin palabras.
Siempre lo pensaba, pero con su mentalidad de una persona completamente normal, no podía seguir el ritmo de esos chicos tan excéntricos.
—[¿Quién dice que es normal?]
—“Cállate”.
Después de reírse un buen rato, los gemelos tomados de la mano corrieron hacia Masain.
Y entonces…
—¡Su Majestad la Emperatriz está entrando! ¡Todos, muestren el debido respeto!
Con la aparición de la emperatriz, la música de la orquesta cesó y el murmullo de la gente se apagó. Todos dejaron de charlar y miraron simultáneamente el asiento principal colocado frente al salón.
Tac, tac, tac.
La emperatriz avanzó elegantemente hacia el estrado, mostrando una belleza impresionante.
Estaba vestida con esmero, pero lo peculiar es que no llevaba ni una sola pieza de joyería de oro rojo visible en ella.
Quizás le molestaba usar las joyas con un producto típico del territorio enemigo, o tal vez quería proyectar una imagen de austeridad; no se podía saber.
Detrás de ella, la segunda emperatriz consorte Melody, vestía también de manera bastante sencilla.
En contraste, la emperatriz consorte Lizabeth parecía una exhibición ambulante de joyas de oro rojo. Los accesorios adornaban sus vestidos aquí y allá, e incluso el pequeño broche de su cabello era de ese metal rojizo.
Seong-jin se preguntó de repente si el tacaño duque de Asein habría ayudado a conseguir tantas joyas, o si la emperatriz consorte las había comprado con su propio presupuesto.
Entonces los ojos de Seong-jin y su madre se cruzaron. Su expresión era extrañamente insensible y fría.
Al recibir esa mirada gélida por primera vez, antes de darse cuenta, Seong-jin sintió que sus dedos se enfriaban.
“¿Qué fue eso?”
En ese momento, la Emperatriz Tatiana dio un paso adelante desde el asiento principal y comenzó a hablar. Era el discurso de apertura que daba inicio al banquete.
—Como cada año, doy la bienvenida a todos los reunidos para celebrar el día en que el representante del Dios Principal descendió personalmente a esta tierra.
Aunque todavía era relativamente joven, su voz estaba llena de la autoridad propia de una emperatriz capaz de gobernar un inmenso imperio.
—Han pasado mil años desde que Su Santidad Cadmus, el Primer Emperador, se levantó valientemente para salvar este continente de las hordas demoníacas. Delcross se acerca cada vez más a realizar plenamente el reino divino en esta tierra. Sin duda, el esfuerzo de todos ustedes, que no han escatimado trabajo desde todos los rincones del continente, ha sido crucial para esto.
Luego, la emperatriz mencionó cuidadosamente los grandes y pequeños asuntos que se habían convertido en temas en todo el continente desde el último banquete de cumpleaños.
Elogió la exitosa campaña naval contra los monstruos marinos en la alianza marítima de Chipre, y expresó su profundo pesar por las inundaciones ocurridas en el sur de Anatolia.
Aunque parecían palabras simples de condolencia y aliento, en ellas se percibía un orgullo supremo que trataba a los reyes extranjeros como si fueran sus propios súbditos.
Sin embargo, ninguno de los presentes frunció el ceño ni mostró descontento.
Esa es la posición que tiene este milenario imperio en el continente.
—En el banquete de mañana, Su Majestad el Emperador bendecirá personalmente su futuro. Será un momento solemne, donde se acercarán lo más posible a Dios. Aquel ante quien se presentarán mañana es el representante de Dios, quien conoce todos sus defectos y perdona todas sus faltas abrazandolos.
Tras un discurso bastante largo, la emperatriz concluyó.
—Por eso, deseo que hoy disfruten plenamente del banquete y saboreen todas las alegrías mundanas. Libérense de todos los deseos de este mundo para que mañana puedan presentarse ante el representante de Dios con el cuerpo y el alma más puros.
Los aplausos resonaron en la sala y la música que se había detenido volvió a sonar.
—Voy a saludar un momento a nuestras madres imperiales. ¿Qué harás tú?
Ante la pregunta de Amelia, Seong-jin dirigió la mirada hacia la emperatriz consorte Lizabeth. Ella seguía fingiendo no verlo mientras conversaba animadamente con otros nobles.
—Estoy bien. Esperaré aquí, ve con tranquilidad. —Seong-jin tomó una bebida y se dirigió hacia un rincón del salón.
No solo la emperatriz consorte Lizabeth, sino muchas cosas en el banquete le llamaban la atención.
Desde hace un rato sentía miradas punzantes desde algún lugar y al voltear vio a varios altos sacerdotes que lo seguían con ojos afilados.
«Ten cuidado con los altos sacerdotes. Especialmente con el cardenal Benitus. Seguro que esos venerables ya sospechan algo».
Le advirtió Sisley anteriormente.
¿Acaso realmente han detectado la presencia del Rey Demonio? O tal vez…
—Disculpe, ¿puedo hablar un momento?
Mientras Seong-jin estaba perdido en sus pensamientos, alguien se acercó y le habló.
Era un joven de rostro atractivo que no había visto antes, y por su ropa ostentosa parecía tener un estatus muy alto.
“¿Quién será?”
Como no se presentó, pensó que quizás conocía a Morres.
Pero entonces, el hombre que lo observaba detenidamente bajó un poco la cabeza y le susurró suavemente.
—Betela.
Seong-jin parpadeó, sin entender qué quería decir.
“¿Qué diablos dice este tipo?”