Capítulo 139- La corona del Santo Emperador. Parte 1

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Seong-jin no tuvo más remedio que preguntar de nuevo.

—…¿Dije eso?

“¿Qué me había hecho más fuerte y por eso debía de confiar en mí? ¿Yo dije eso? ¿No lo dijo el desquiciado de Morres?”

Mientras estaba completamente desconcertado, el Santo Emperador asintió.

—Así es. También dijiste que allí había algo que necesitabas encontrar.

—¿Encontrar algo?

Seong-jin comenzó a intuir de qué podría tratarse.

“No, por ahora eso no es lo importante”.

 —¿Cuándo dije eso? ¿Fue antes de que tuviera fiebre?

En ese momento, el Santo Emperador guardó silencio y bajó la mirada hacia la taza de té frente a él.

La tenue sonrisa que había estado en sus labios desapareció y la atmósfera, que hasta entonces estaba ligeramente animada, se volvió tranquila.

—…

Ahora, Seong-jin comenzó a comprenderlo mejor. Cuando el Santo Emperador evitaba decir algo, era porque se trataba de un asunto relacionado con el futuro. Lo cual significaba que eso aún no había ocurrido. Entonces, ¿por qué hablaba como si estuviera recordando el pasado?

¿Acaso el extraño hábito de la hermana Amelia de hablar como si mirara el pasado la heredó de él?

—…Bien, ¿encontraste correctamente lo que debías encontrar?

Finalmente, el Santo Emperador rompió el silencio con una pregunta inesperada.

Seong-jin dejó de esperar respuestas y, en su lugar, sacó dos pequeños accesorios que llevaba guardados.

El amuleto de invocación de Nebraska.

Y un pequeño colgante con una gema rota, que había encontrado en ese lugar.

*** ** ***

Justo después de obtener el amuleto en el laberinto, frente a los ojos de Seong-jin apareció una ventana de selección.

[Lista de almas disponibles para la invocación 2 / 4]

[1.- □□□□ (inactivo)].

[2.- □□□□□□□ (inactivo)].

[3.- Hayes Martin (activo)].

[4.- Red (activo)].

[¿Desea seleccionar un alma?]

[ Aceptar / Rechazar ]

Ante ese texto inesperado, Seong-jin no pudo pensar en elegir nada. Se quedó mirando las palabras, atónito.

“¿Invocar un alma?”

Si pensaba que estaba dentro de un mundo de juego, no era un objeto tan inverosímil.

“Espera. Que el Rey Demonio esté registrado tiene sentido… pero ¿qué hace él aquí?”

Hayes Martin.

Un remanente de la Secta Oscura que destruyó el tribunal de la Inquisición y murió.

—[¿Qué pasa? ¿Qué estás viendo? Dime].

Mientras Seong-jin miraba fijamente al vacío, el Rey Demonio que estaba curioso comenzó a exigirle una respuesta.

“…¿No puede ver esto? Además ¿puedo invocar al Rey Demonio?”

Podía imaginar lo que significaba, pero no las consecuencias.

“Pero no estoy seguro de probarlo primero en él…¿Debería intentar invocar primero a Hayes?”

Los pensamientos de Seong-jin fueron interrumpidos con un débil quejido que lo hizo volver en sí de golpe.

“Ah, claro. No es el momento para esto”.

Seong-jin guardó el amuleto apresuradamente en el bolsillo y, arrastrando ligeramente su pierna, se acercó a Orden.

—Oye ¿estás bien? —le preguntó con cautela al verlo incrustado en la pared de piedra

Orden que sangraba profusamente frunció el ceño con una expresión de dolor evidente.

—¿Lo dice en serio? ¿De verdad cree que estoy bien?

—…No. Lo siento. —se disculpó sinceramente.

Considerando el impacto con el que se estrelló, no sería raro que su columna vertebral se hubiera hecho trizas.

Un civil habría muerto en el acto. Era una suerte que Orden fuera un usuario de aura cercano al nivel de un caballero de élite.

Seong-jin lo quitó con cuidado de la pared, prestando especial cuidado en no torcer su cuello.

—¡…!

Orden, contuvo la respiración con el rostro contraído de dolor.

Su rostro palideció rápidamente y al comenzar a moverse, el dolor debió intensificarse bruscamente. Era un milagro que no gritara.

Orden se quedó jadeando de dolor durante un rato, sudando a mares. Finalmente, recuperó el aliento.

—Entonces… ¿qué hacemos ahora, alteza? —preguntó.

—Bueno, creo que, si entramos por allí, probablemente podamos volver al lugar del que vinimos. —Seong-jin señaló el pilar de luz multicolor en el centro del salón.

Orden no pareció desconfiar y simplemente lo siguió.

Probablemente pensaba vagamente que, así como habían sido arrastrados hasta aquí por las mariposas, tal vez podrían regresar siguiendo la luz.

“Este tipo… cuanto más lo trato, más simple me parece”.

Así, mientras ayudaba a Orden a moverse hacia el portal con cuidado, algo en el extremo opuesto del salón llamó su atención. Era una figura que estaba sentada, con su espalda apoyada en la pared.

Orden, al notar que Seong-jin se detuvo, siguió su mirada y también la vio. 

—Alteza. Eso lo que mencioné antes. El cadáver del caballero de la guardia real.

—…

—¿Le gustaría echarle un vistazo?

De alguna manera, tenía la sensación de que debía hacerlo.

Seong-jin hizo que Orden se sentará en el suelo y se acercó al cadáver.

“¿Dijo que era un caballero del palacio imperial?” 

Pero el uniforme que llevaba el cuerpo era diferente al que Seong-jin conocía.

Los colores eran similares y el emblema de la orden de caballería estaba claramente grabado en su pecho.

—¿Es el uniforme de la guardia real? Parece distinto.

El uniforme actual de los caballeros era una chaqueta larga dividida en tres partes. Pero esto era una chaqueta corta, sin aberturas.

Orden asintió.

—Sí. Probablemente sea un uniforme de hace más de diez años. Escuché que lo cambiaron por el diseño actual porque era incómodo para montar a caballo.

Eso significaba que el cadáver tenía, por lo menos, más de diez años de antigüedad. Pero si ese fuera el caso, la descomposición no era avanzada ¿será por el ambiente del interior de la cueva? 

“¿O quizás es porque esta dimensión es más cercana a la de un videojuego?”

En cualquier caso, el cadáver era el de un hombre de complexión bastante robusta.

Pensó que quizá había muerto luchando contra aquel enorme licántropo en la sala del jefe, pero para haber sido así, su espada seguía guardada en su vaina. Lo que significaba que al menos, no murió en combate.

En general, su apariencia estaba bastante intacta.

Se preguntaba cómo pudo haber muerto, pero al observar con más detalle, notó que una pequeña barra metálica, como un estilete, le atravesaba justo el centro de la garganta.

“Espera, ¿no es un abrecartas?”

¿Un caballero del palacio murió por un cuchillo tan pequeño que ni siquiera estaba bien afilado? A pesar de lo ridículo que le parecía, no había otra señal evidente en el cadáver.

Salvo por una cosa; era un trozo de tela que tenía firmemente agarrado en su mano derecha. 

Intrigado, lo jaló con cuidado. Era un pedazo de manga rasgada de alguna prenda.

Por el tamaño, parecía la ropa de un niño pequeño. El borde tenía un delicado bordado y estaba decorado con botones elegantes.

¡Clink!

Un colgante que había estaba escondido dentro de la manga cayó al suelo. Era un collar con una pequeña joya transparente en forma de gota de agua. Brillaba con un hermoso color escarlata, era muy bonito, pero, lamentablemente, estaba partida por la mitad.

“…¿Hmm?”

La gema le resultaba bastante familiar.

—[¡Lee Seong-jin!] —el gritó del Rey Demonio lo interrumpió —[¡Creo que debemos darnos prisa! ¡El portal se comporta raro!]

Seong-jin se giró de inmediato. Tal como dijo, el pilar de luz multicolor parpadeaba y comenzaba a desvanecerse.

—[La puerta se está volviendo inestable. ¡Podría cerrarse en cualquier momento!]

—“¿¡Qué!?”

Bueno, era ingenuo esperar que una puerta dimensional permaneciera estable por mucho tiempo. Sin pensar, Seong-jin tomó el colgante, ayudó a Orden a incorporarse y corrió hacia el portal.

*** ** ***

—Este objeto lo obtuve tras derrotar a una bestia del laberinto. —Seong-jin empujó hacia el Santo Emperador el amuleto de Nebraska mientras le explicaba.

La primera vez no pudo examinarlo bien, ya que apenas lo tocó, aparecieron una serie de textos emergentes.

Ahora que lo veía de nuevo, notaba que era un objeto finamente elaborado. Una placa metálica plana cubierta de intrincados relieves.

Había algunas ranuras pequeñas vacías, probablemente donde antes había incrustaciones de gemas.

El Santo Emperador lo examinó con atención.

“No creo que aparezca de repente ningún texto aquí, ¿verdad?”

Ya había experimentado con él una vez.

Curiosamente, desde que volvió a Delcross y lo sacó de nuevo, el amuleto no volvió a mostrar ninguna ventana emergente; se comportaba como un accesorio normal.

Quizá porque este no es el mundo de las reglas, sino el mundo real.  Si hubiera sabido que esto pasaría, habría considerado invocar al Sacerdote Hayes al menos una vez.

Pero a los ojos del Santo Emperador, el amuleto era distinto.

—Este es un objeto que sigue las normas del mundo reglamentado. Parece que requiere condiciones especiales para activarse.

“Ah, él también sabe sobre los distintos planos dimensionales”.

Mientras pensaba que ya nada referente a él podría sorprenderlo, el Santo Emperador le devolvió el amuleto y continuó:

—Parece ser un objeto que altera el alma de forma fundamental. Es valioso, sin duda, pero conviene tener cuidado al usarlo.

Eso era una clara indicación de que debía conservarlo.

Y pensar que al principio creyó  solo servía para invocar almas, pero ahora resulta que podía causar cambios fundamentales.

Menos mal que no lo usó con el Rey Demonio.

—Y esto también. —Le pasó el colgante roto al Santo Emperador.

Aunque estaba completamente dañado, al haber pertenecido a un caballero del palacio, pensó que lo mejor era informarlo.

—Lo tenía un caballero de la guardia que murió en el laberinto. Lo traje conmigo por impulso.

—…

Esta vez, el Santo Emperador no lo tomó. Solo observó en silencio la gema rota con una expresión indescifrable.

Justo cuando Seong-jin empezaba a arrepentirse de habérselo mostrado, su padre dijo algo inesperado.

—Esto le pertenecía a tu abuela.

“¿Eh?”

—Tu abuela me lo entregó hace muchos años. Siempre me pregunté a dónde habría ido a parar. Parece que terminó cayendo allí.

Los ojos de Seong-jin se abrieron por la sorpresa.

¿Qué?

Espera, entonces esa ropa infantil que estaba con el colgante…

—Padre, ¿quiere decir que en el pasado allí… —pregunto por instinto, pero pronto la voz de Seong-jin se desvaneció.

Una vez más, el Santo Emperador desvió la mirada y cerró los labios con firmeza.

“¡Padre! ¿¡es en serio!?”

Seong-jin, frustrado, se tragó su enojo con sorbos de té, solo entonces el Santo Emperador habló de nuevo.

—Dijiste que había algo que debías encontrar, y lo hiciste. Bien hecho.

Aunque lo decía, no mostraba intención alguna de quedarse con el colgante.

“¿No era un objeto preciado de su madre?”

—Entonces, ¿qué hago con esto ahora?

—Guárdalo bien. No es un simple objeto. Tu abuela era una persona muy especial, y si esto ha llegado hasta ti, debe ser por alguna razón.

Una persona especial…

De pronto, Seong-jin recordó lo que había dicho Ricardo, o más bien Sigurd Sigurdson:

«La anterior Oráculo tuvo un final muy solitario y trágico. Y él de esta generación también estaba destinada a lo mismo».

Claramente se refería al Santo Emperador como el actual Oráculo.

Eso significaba una cosa.

—¿Mi abuela… era una Oráculo?

Ante la pregunta de Seong-jin, el Emperador bajó su mirada y tras una breve pausa, asintió.

—Sí. A estas alturas, ya no hay necesidad de ocultarlo. Así fue.

La madre del Santo Emperador, la segunda Emperatriz consorte Betsabé había sido una mujer del clan Khornesheim. Le había heredado las características de su linaje a su hijo. Cabello negro y ojos grises.

Desde niña, sabía que era una Oráculo. Pero como conocía el peso de sus profecías, mantuvo el secreto incluso hasta su muerte.

Por eso, el clan Khornesheim nunca se enteró de su verdadera identidad y permitió que se casara con la familia imperial. Si hubieran sabido, que la emperatriz consorte Betsabé era el oráculo, jamás habrían revelado el tesoro de su linaje al mundo exterior.

 Pero ahora el clan lo sabía. 

Conocían quien había sido ella y por ende quien es el oráculo actual.

—Entonces, ¿ya no es necesario ocultarlo? —preguntó Seong-jin.

Las comisuras de la boca del Santo Emperador se torcieron un poco.

—Aunque lo supiera ¿Qué podrían hacer? ¿se atreverían a intervenir?

Su sonrisa era fría. 

A Seong-jin no le costó adivinar lo que no se había dicho.

¿Quién se atrevería a obligar a profetizar al actual Santo Emperador?

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