Hacer el amor entre ellos dos parecía más bien una pelea. Xie Ran se apoyaba en los brazos intentando empujar a Xie Qingji para quitárselo de encima, pero su hermano menor, que practicaba Sanda desde pequeño, usó la postura con la que la policía inmoviliza a un criminal contra el suelo, sujetándole con fuerza los omóplatos. Con ambos brazos abiertos y pegados a la puerta, no podía moverse; su cadera recibía una presión salvaje que le causaba un dolor punzante por el roce.
Xie Ran apenas iba a abrir la boca para gritar lleno de rabia cuando Xie Qingji, de diecisiete años, bajó la cabeza y le clavó los dientes en el cuello.
Este dolor repentino le provocó un estremecimiento que le devolvió un poco la lucidez, e inmediatamente comenzó a resistirse con más fuerza.
El aliento grave y salvaje de su hermano revoloteaba en su oído mientras su pene, sin piedad alguna, se introducía con dificultad en su cuerpo no lubricado.
Xie Ran sufría exactamente el mismo dolor que en su vida pasada; la diferencia era que en la vida pasada lo había hecho de buena gana y deseándolo con el alma, mientras que en esta vida se negaba rotundamente a aceptarlo. La vista se le oscureció por el dolor y no se atrevió a seguir moviéndose, temiendo que ese novato de Xie Qingji, que acababa de probar el placer físico, empezara a follárselo sin contemplaciones.
—¡Más despacio!
Su madre y su hermana jugaban al mahjong al otro lado de la pared; él incluso podía oír el sonido que producían las fichas contra mesa tras tomarlas.
Xie Ran no se atrevía a gritar demasiado fuerte por miedo a que las de afuera notaran algo extraño, por lo que solo podía lanzar advertencias en voz baja apretando los dientes. Xie Qingji estaba en esa edad en la que se ponía duro de forma inexplicable por cualquier roce y carecía de experiencia sexual; le aterraba que empezara a embestir sin advertencia previa.
Por suerte, Xie Qingji no hizo eso. Hundió la cabeza en el hombro de su hermano mientras su pene, debajo, palpitaba sin cesar al ritmo de su respiración. No habló; simplemente mantuvo la boca abierta en silencio, dejando una marca tras otra en el hombro de Xie Ran, con una fuerza a veces suave y a veces pesada, que no dejaba claro si eran besos o mordiscos.
Xie Ran permaneció allí de pie con emociones complejas, albergando aún el pene de su propio hermano dentro de su cuerpo. No tenía la costumbre de rechazar a Xie Qingji; de hecho, en el fondo anhelaba su cercanía. Sin embargo, el dolor de su vida pasada le causaba una aprensión helada, y hacer el amor con su hermano ya no era algo que pudiera disfrutar.
La piel del hombro de Xie Ran se sintió húmeda y cálida; rápidamente se dio cuenta de qué se trataba.
Xie Qingji estaba llorando.
Xie Ran se quedó sin palabras, consolándose con la idea de que esas lágrimas tal vez representaban la dignidad masculina que Xie Qingji había perdido al verse obligado a convertirse en un violador y a cometer incesto con su propio hermano.
Buscando su propio sufrimiento, frenó la respiración para aliviar el dolor y dijo sin fuerzas:
—Xie Qingji, te lo digo en serio: si quieres hacer esto, te busco una prostituta, o un chico si quieres. Lo de hace un momento fue una estupidez mía, de verdad te confundí con alguien… ¿A qué viene tanto llanto?
Cuestionó con resignación al culpable de haberle provocado semejante dolor, aunque su última frase, sin darse cuenta, llevaba un tono de indulgencia.
¿Qué podía hacer él con Xie Qingji?
Xie Qingji no dijo nada. Fue tanteando, casi como si quisiera asegurarse, recorriendo centímetro a centímetro desde el brazo de Xie Ran hasta su hombro, para finalmente taparle la boca. Los labios secos de Xie Ran quedaron pegados contra su palma suave, impidiéndole decir una sola palabra más.
Lo apretó como en un estrecho abrazo, moviendo la cintura; su pene duro y caliente comenzó a entrar y salir de su cuerpo. Su cuerpo aún joven subía y bajaba sin cesar, volviendo a presionarse sobre su hermano. Lo manipulaba sin técnica alguna; la enorme cabeza de su pene rozaba continuamente el punto más sensible del agujero posterior de su hermano, frotándolo de tal modo que el pene de Xie Ran pronto se erigió hacia arriba por el placer, chocando contra la madera rugosa de la puerta, estimulándolo hasta dejarlo a punto de eyacular.
Con la boca cubierta por su hermano, Xie Ran no podía emitir ningún sonido. Jamás imaginó que él y Xie Qingji tuvieran semejante acto; era la primera vez que tenía sexo con este cuerpo tras renacer, y aun así sentía un placer evidente, sin mencionar que Xie Qingji todavía era virgen en ese momento.
Sin embargo, no sintió el menor alivio ni la sorpresa de haber sobrevivido y tener una segunda oportunidad. Al contrario, a Xie Ran le entró rápidamente un sudor frío.
La fuerza de las embestidas del pene de su hermano le recordaba a las olas del mar, llenas de opresión. El placer irrumpía como una marea incesante que no le dejaba respirar, haciéndole sentir como si volviera a oler ese aroma sutil y salado del viento marino. El sonido de la brisa mezclado con los jadeos graves de Xie Qingji dejó la mente de Xie Ran en blanco.
Hacer el amor con el Xie Qingji de diecisiete años lo transportaba a la escena en la que saltó al mar para suicidarse.
De nuevo estaba cayendo en el mismo abismo.
Xie Ran dejó de tomarse las cosas a broma e intentó zafarse de Xie Qingji, pero cuanto más luchaba, más lo presionaba Xie Qingji, dejándole pronto un moretón en el lado izquierdo de la cintura.
Xie Qingji no le permitía ninguna acción de resistencia.
Xie Ran pronto dejó de luchar; lo soportó en silencio, dejando escapar únicamente un gemido sordo de vez en cuando con las embestidas de Xie Qingji. La actitud de Xie Qingji era completamente diferente a la de su vida pasada; esta violación repentina destruyó su última rendija de esperanza. Esta vez no le quedaba más remedio que morir.
Afuera se oían las risas y charlas de su madre y su hermana; al parecer, su atento cuñado le estaba entregando fichas a su madre para que ganara.
Volvía a escuchar aquellas voces que no oía desde hacía tanto tiempo.
A Xie Ran se le escaparon las lágrimas, no por dolor ni por placer. Xie Qingji pareció notar que estaba llorando y de pronto le secó las lágrimas con la mano.
Su boca quedó libre de nuevo. Xie Ran estaba tan seco de la garganta que su voz sonó ronca y cambió de tono, envuelta en el deseo y acompañada por murmullos involuntarios al sentir el placer de las embestidas, lo que provocó que el pene de Xie Qingji, enterrado en su interior, se pusiera instantáneamente aún más duro.
—…Tú… tú no tuviste mi consentimiento para tener relaciones sexuales conmigo… esto… esto se llama violación. Y tener relaciones… con tu propio hermano… ah… esto… se llama incesto.
Xie Ran pensó que, ya que de todos modos iba a morir, no iba a ponérselo fácil a Xie Qingji, así que tenía que dedicarle un par de palabras punzantes.
Esas eran las palabras que Xie Qingji le había dicho en su vida anterior, seguidas de la frase de que de verdad lo odiaba a muerte. Sin embargo, Xie Ran fue considerado y no pudo decirlas; quiso ser cruel por una vez, pero no lo fue del todo.
Le dijo exactamente las mismas palabras a Xie Qingji, y como era de esperarse, Xie Qingji no pudo soportarlo. Detuvo sus movimientos un segundo y, a modo de venganza, embistió salvajemente hacia adentro, haciendo que la puerta chocara con un fuerte estruendo.
Su madre, al oírlo, volvió a gritar desde afuera:
—¡¿Ustedes dos están demoliendo la habitación?! ¡Si no van a dormir, salgan a despedir a las visitas!
En la habitación nadie habló; de hecho, cuando Xie Qingji embestía con rabia no decía una sola palabra. Al escuchar que su madre salía a despedir al invitado, sacó de golpe el pene del cuerpo de su hermano.
Xie Ran había sido follado hasta quedar con las piernas débiles, casi incapaz de sostenerse; antes había logrado mantenerse en pie solo porque Xie Qingji lo aprisionaba.
En cuanto Xie Qingji se retiró, él se deslizó hacia abajo y quedó arrodillado en el suelo. Su parte trasera sentía dolor y placer a la vez, como si todavía hubiera algo grueso entrando y saliendo. Xie Ran se tocó con aprensión ese pobre agujero dilatado, pensando que si el Xie Qingji de su vida pasada hubiese sido tan desgraciado como el de ahora, no habrían tenido que pasar por tantos problemas.
Xie Qingji se fue y volvió trayendo algo en la mano.
Cuando levantó a Xie Ran de un tirón, este se dio cuenta de que traía el cinturón con el que él lo había atado antes.
Su hermano menor aprendió rápido, y le pagó con la misma moneda: le ató las manos a su hermano mayor y lo tiró a la cama. Luego desnudó a Xie Ran por completo de la cintura para abajo, lo obligó a ponerse bien de rodillas en la cama, le abrió las nalgas y, apoyando un pie sobre la cama, lo embistió como un perro.
Xie Qingji era un mudo en la cama; no hablaba mientras follaba. Cuanto más callado estaba, más fuerza usaba; dejándose caer sobre Xie Ran para ejercer presión, su pene, duro hasta el punto de causarle dolor, volvió a penetrarlo entero. El lugar penetrado ya no estaba tan seco ni apretado como al principio; como cuando alguien sufre un tropiezo y aprende la lección, en cuanto Xie Qingji entró, la carne suave del interior se le pegó húmeda y cálidamente.
Xie Ran dejó escapar un gemido sordo y finalmente no pudo evitar pedir clemencia, golpeando la cama con rabia:
—¡Más despacio!
Xie Qingji siguió sin responder.
Su madre, tras despedir al invitado, recordó que sus dos desastrosos hijos habían estado bebiendo. Temiendo que se pelearan, se pegó a la puerta para preguntarles si estaban bien.
La boca de Xie Ran volvió a ser cubierta por Xie Qingji, y pronto no le quedó una sola zona de piel sana en el cuerpo. Xie Qingji hacía el amor como si estuviera agrediendo a alguien; con una furia inexplicable, sus movimientos eran de una brusquedad casi despiadada. Antes de que su madre regresara, la cama estuvo a punto de venirse abajo por los impulsos de Xie Qingji.
—Xie Ran, ¿ya se durmieron? ¿Qué era ese ruido de hace un momento?
Al escuchar la voz de su madre cada vez más cerca y clara, Xie Ran se puso nervioso por instinto, recordando inevitablemente algunas cosas que ocurrieron en su vida pasada.
De repente comenzó a luchar con desesperación, queriendo que Xie Qingji se detuviera, aterrado de que su madre fuera a abrir la puerta al segundo siguiente y viera a sus dos hijos teniendo sexo en la cama. Pero a Xie Qingji no le importó nada; tomó a Xie Ran y se lo folló en el suelo para que la cama no hiciera ruido. Se movía con más fuerza aún, como un loco, dejando a su hermano con las extremidades débiles y la mente nublada justo bajo las narices de su madre.
Yaciendo sobre el suelo frío y húmedo, Xie Ran sentía que Xie Qingji iba a atravesarlo.
Xie Qingji continuaba embistiendo en silencio, y las gotas de sudor de su frente caían sobre el rostro de Xie Ran.
En la habitación nadie hablaba. Su madre se fue llena de dudas, y solo entonces Xie Qingji arrastró con fuerza a Xie Ran de vuelta a la cama.
Su madre no tenía idea de que, al otro lado de la pared, su hijo menor; el más prometedor, atento y sensato, tenía al mayor aplastado sobre la cama. Además, su pene entraba y salía del cuerpo de otro hombre, un hombre que además era su propio hermano biológico.
Tras follar durante largo rato y hacer eyacular a Xie Ran una vez, Xie Qingji aún no tenía intenciones de terminar. Le sujetó la cintura con firmeza y, con una actitud fría y dominante, le ordenó a Xie Ran que se pusiera de rodillas sobre la cama.
Xie Qingji finalmente habló.
Esta noche había permanecido en silencio; de principio a fin, solo había dicho cuatro palabras.
Una fue el “¿A dónde vas?” de antes.
Y la otra era el “Ponte bien de rodillas” de ahora.
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