El mar…
Pipipipi
Xie Qingji no hablaba ni dejaba que el otro hablara; cada vez que cambiaban de postura, volvía a taparle la boca a su hermano, mientras que con la mano que le quedaba libre le presionaba el cuello a Xie Ran, aplastándole la cara con fuerza contra la cama.
Xie Ran fue perdiendo gradualmente el deseo y el impulso de hablar, sumergiéndose en silencio en este acto sexual que superaba la moral y la ética.
Todavía le dolía un poco la garganta, como si algo se la hubiera ensanchado, y en la boca le quedaba un sabor salado, extraño y potente, residuo de cuando le había practicado sexo oral a Xie Qingji un rato antes.
Por supuesto, aquello había sido unos minutos antes de que Xie Ran renaciera; recordaba aquello con total claridad.
Xie Qingji no tenía experiencia sexual. Con solo acercársele a su pene o hacer que sintiera un aliento ajeno al suyo, se ponía duro de forma inexplicable. En cuanto Xie Ran lo tocaba, el pene temblaba, y apenas sus suaves labios rozaban la cabeza del miembro plenamente hinchada, daba señales de querer eyacular. Al posar los dedos encima, pronto toda la palma de la mano le quedaba húmeda por el fluido preseminal secretado.
Tanto el propio Xie Qingji como su pene de aspecto feroz y grotesco eran igual de novatos.
Pero Xie Ran tampoco tenía experiencia sexual.
Todavía no era capaz de realizar el gesto de extender los cinco dedos y lamerse la palma de la mano bajo la mirada furiosa y humillada de Xie Qingji.
En aquel momento, Xie Ran simplemente le cubrió los ojos a Xie Qingji con una mano, se inclinó e introdujo en su boca el pene de su hermano, erguido al límite. Se lo tragó de golpe hasta el fondo, dejando que el miembro de su hermano se abriera paso a la fuerza en su garganta.
Las arcadas venían en oleadas; su garganta apretaba por instinto ese objeto feroz y dominante. Le picaba la punta de la nariz porque el vello púbico de Xie Qingji era muy duro y áspero, y tenía toda la cara sepultada allí.
En su vida pasada, tras recibir la patada con la que Xie Qingji lo mandó al suelo, Xie Ran se levantó a duras penas, se limpió la boca y le preguntó a Xie Qingji en tono provocador si le había gustado cómo se lo había chupado.
Acto seguido, se bajó los pantalones y se sentó sobre Xie Qingji.
Durante muchos años después, no le gustó mucho recordar esa noche dolorosa pero hermosa con Xie Qingji; no fue sino hasta justo antes de saltar al mar que Xie Ran desenterró los recuerdos del pasado para saborearlos una y otra vez.
Se dio cuenta de que lo recordaba con muchísima claridad. Recordaba claramente cada cosa que había hecho con Xie Qingji, cada detalle. Y eran precisamente esos detalles más insignificantes los que, antes de morir, punzaban densamente su interior como agujas.
—Suéltame, no me voy a escapar.
Xie Ran reprimió los gemidos y se esforzó por mantener un tono de voz normal, engañando a Xie Qingji sin el menor remordimiento.
Xie Qingji se detuvo; con una mano le sujetó la cintura y con la otra tanteó por delante, buscando deshacer el cinturón que le ataba las manos.
En cuanto le aflojó el cinturón, al resignado Xie Ran le dio un arrebato inexplicable y empezó a luchar para trepar hacia adelante.
El hombre que lo aplastaba por detrás follándoselo se enfureció por este gesto de resistencia; al ver aún más sus intenciones de huir, se apoyó con el pie en la cama y se hundió salvajemente hasta el fondo, presionádose entero sobre su hermano. Xie Ran se giró con dificultad para empujarlo, sin limitarse a la lucha superficial de antes, usó todas sus fuerzas, de modo que Xie Qingji no pudo contenerlo y el pene resbaladizo salió de su cuerpo.
Sin intención de dejarlo ir, Xie Qingji fue tras él y le agarró el tobillo de un tirón.
Así, Xie Ran solo tuvo tiempo de soltar un “¡joder!” antes de que su intento de fuga fracasara, siendo arrastrado bruscamente de vuelta entre sus muslos con un solo tirón.
Las rodillas de Xie Ran, al ser arrastradas mientras estaba de rodillas, dejaron dos marcas en la sábana.
Los movimientos de Xie Qingji se volvieron más pesados y rudos que antes, cargados de una matiz de castigo, embistiendo repetidamente entre las piernas de Xie Ran. Su cintura estrecha y delgada escondía una fuerza de empuje terrible e inesperada; cada embestida venía acompañada de un sonoro chasquido.
—¡Me equivoqué, me equivoqué… no, no me voy a escapar… de verdad no me escaparé! —Xie Ran pidió clemencia buscando huir de su propio sufrimiento.
Se giró con dificultad y abrió los brazos para abrazar a Xie Qingji antes de que este montara en cólera.
Al ser abrazado por su hermano, Xie Qingji se quedó atónito de repente y levantó la mirada para verlo. Xie Ran, sin embargo, evitó el contacto visual a toda prisa, como si no pudiera soportarlo.
Xie Qingji no tardó en volver a su estado anterior de hundir la cabeza y embestir con saña, solo que, esta vez, sus movimientos se volvieron mucho más suaves. Aunque era la primera vez en su vida que Xie Qingji tenía sexo, sus movimientos resultaban extrañamente correctos, guardando un afecto distante con su hermano.
Xie Ran relajó el cuerpo dejando que su hermano hiciera lo que quisiera. Dejó de luchar y finalmente se resignó a su destino. Soltó algunas palabras que sonaban como dirigidas al Xie Qingji que ahora cometía atrocidades sobre él, y otras como dirigidas al yo de su vida pasada que también cometió atrocidades:
—Bien… Lo acepto, todo es culpa de tu hermano, tómalo como saldar una deuda.
Dicho esto, giró la cabeza hacia Xie Qingji.
Y Xie Qingji también lo miró a él.
Al cruzarse sus miradas, Xie Ran vio de pronto con claridad cierto dolor en los ojos de Xie Qingji. Lo soportó en silencio; esta vez ya no hizo falta que Xie Qingji se acercara a taparle la boca.
Esa pequeña bestia, en su primera vez saboreando el deseo carnal, parecía una fiera con piel humana: pellizcaba y mordía sobre el cuerpo de Xie Ran, pero se negaba rotundamente a besarlo, dedicándose puramente a desahogar su deseo sexual. Siguió trabajando duro con la cabeza gacha durante un buen rato hasta que finalmente eyaculó dentro de Xie Ran.
Tras eyacular, se giró hacia un lado aturdido y se quedó tumbado boca arriba. Su pene, manchado de semen blanco, se fue ablandando progresivamente hasta quedar como un bulto pesado entre sus muslos.
Xie Ran se incorporó para mirar. Al ver que Xie Qingji se había desahogado y se había quedado profundamente dormido al pasar el efecto del medicamento, no le quedó más remedio que levantarse resignado a trabajar, aguantando el dolor que venía de sus nalgas para acomodar a Xie Qingji y taparlo con la manta.
Xie Ran empezó a intentar recordar más detalles.
En el año 2012 de su memoria, Xie Chan había conseguido novio, y hoy debía de ser el primer día que lo traía a casa.
Su madre preparó una mesa llena de buenos platos y compró una botella de Wuliangye para dar la bienvenida al nuevo yerno. Xie Qingji había ido a la escuela por la mañana, al parecer por alguna actividad; ese día llevaba puesta una camisa blanca que a Xie Ran le resultó difícil de tolerar a primera vista. Su madre lo empujó por detrás diciéndole que él también fuera a cambiarse de ropa y no le hiciera pasar vergüenza a su hermana.
Xie Chan mostró un rostro tímido, aunque no pudo contener la sonrisa en la comisura de sus labios.
Esa era la hermana a la que el Xie Ran de su vida pasada solo podía ver en sueños.
A Xie Qingji también lo persuadieron para beberse un vaso. Al volver al dormitorio sintió dolor de cabeza y, entre el montón de objetos dispersos sobre la mesa, vio un medicamento con la palabra “analgésico” escrita. Sin pensarlo mucho, se tragó una pastilla con un poco de agua.
Ese montón de cosas las había sacado Xie Ran casualmente al cambiarse de ropa; Xie Qingji no sabía que lo que había dentro del frasco no era un analgésico.
El pez gordo al que seguía Xie Ran tenía un Karaoke nocturno a su cargo, y las chicas de allí siempre se quejaban con Xie Ran diciendo que algunos clientes de mediana edad tenían sus propios problemas de disfunción pero igual se desquitaban con ellas. Al oírlo, Xie Ran simplemente le pidió a unos amigos que le consiguieran cierta medicina para que las chicas se la vendieran a esa gente, quedándose él con una comisión.
Cuando Xie Ran volvió a la habitación a dormir, Xie Qingji yacía en la cama inconsciente.
El pene rígido y grueso de su hermano menor sobresalía recto por la abertura del pantalón. Con sus dedos bien definidos, simétricos y delgados, masturbaba de forma tosca y fuerte de arriba abajo aquel pene feroz.
A Xie Ran se le cortó el aliento. Desde que descubrió que albergaba un deseo inconfesable hacia su hermano biológico, se había mudado de casa y nunca más había vuelto a dormir en la misma cama con Xie Qingji. Sin embargo, en ese momento fijó la vista sin pestañear en Xie Qingji, que se masturbaba en la cama; deseaba con todas sus fuerzas sustituir sus ojos por las manos que acariciaban de arriba a abajo la cabeza del pene de su hermano, la cual estaba hinchada y expulsando viscosidad.
Un impulso y una fuerza jamás sentidos lo quemaron hasta dejarlo sin una pizca de cordura. Pensándolo ahora, no tenía excusa alguna para su gesto instintivo de cerrar la puerta con llave en aquel momento.
—¿Acaso no se lo debía? —murmuró Xie Ran para sí mismo.
Soportando su cuerpo adolorido y fatigado, se vistió y echó una última mirada a aquella pequeña habitación tan familiar. Se inclinó y le dio un beso en la boca a su hermano, e incluso le dio un mordisco sin poder controlarse.
Ese beso y ese mordisco no fueron cualquier cosa, pues despertaron a Xie Qingji del dolor.
Agarró la muñeca de Xie Ran de un tirón. En su mirada desconcertada y perdida había además reproche y rabia.
Xie Ran pensó que este chico de verdad servía para ser policía: la llave con la que lo había sometido hace rato le había salido impecable.
Pero fue solo entonces cuando se dio cuenta de que el rostro de Xie Qingji estaba lleno de lágrimas.
No entendía. Claramente había sido él a quien Xie Qingji le había sacado provecho, ¿por qué demonios estaba llorando este chico? En su vida pasada no había sido así. Pero pensándolo bien, en su vida pasada había sido un incesto forzado, por lo que al menos le quedaba cierto consuelo psicológico; en esta vida, sin embargo, había tomado la iniciativa para cometer incesto, por lo que la naturaleza del acto ya era totalmente distinta.
—Ya, está bien, sé que estás descontento por haber perdido la virginidad como una doncella casta. Estás soñando, anda, duérmete.
Ante la evasiva casual de Xie Ran, Xie Qingji, por alguna razón desconocida, de verdad creyó que se trataba de un sueño y volvió a quedarse dormido.
Xie Ran se sentó al borde de la cama y, sin encender la luz, aprovechó la tenue claridad para contemplar a Xie Qingji; le gustaba absolutamente todo de él.
Afuera no había el menor ruido; era de suponer que su madre y su hermana se habían ido a dormir. Cuánto habría querido correr a la habitación de al lado para ver a su madre y a su hermana, pero sabía que, de verlas, probablemente le resultaría imposible renunciar a este mundo.
Xie Ran tomó una decisión rápidamente. Sin embargo, en esa determinación drástica había una decadencia de “dejar que todo se eche a perder”; no tenía el menor deseo de sobrevivir, y no pudo evitar lamentar que le hubieran dado esta oportunidad de renacer totalmente en vano.
Le echó una última mirada a Xie Qingji y fue saliendo paso a paso de esa pequeña habitación a la que solo podía regresar en sueños.
Se paró en la calle sin ánimos de mirar siquiera los rincones de las calles de seis años atrás. En ese momento ya era bastante tarde por la noche y el rocío era pesado; en cuanto sopló el viento, a Xie Ran se le erizó la piel de los brazos. No supo cuánto tiempo tardó en conseguir un taxi.
El taxista le preguntó a dónde iba.
Xie Ran dejó escapar un “ah”, con una actitud desenfadada, mientras se pasaba la mano por el cabello con resignación.
El taxista lo examinó con desconfianza, pues salir a la mitad de la noche vestido de forma tan desaliñada no era señal de ser una buena persona.
Al segundo siguiente, se escuchó a esa persona extraña e inadaptada exhalar un suspiro, para luego decir de manera pausada e indiferente:
—Parece que no tengo ningún lugar a donde ir… Así que mejor vamos al mar.
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