Una galería impecablemente blanca.
Una iluminación puramente blanca.
—…
Entre las obras que resplandecían al reflejar la luz, se erguía una silueta absolutamente negra.
«…Apareció.»
Yoo Sung-woon, quien se hallaba oculto en la galería por petición del empleado de recursos humanos, observó fijamente al “fantasma” manteniendo su presencia totalmente oculta.
Sin saber si se trataba de buena o mala suerte, el mismo día en que le pidieron el favor pudo confirmar al mismísimo protagonista de los rumores. Tal como le habían informado previamente, era un hombre de gran estatura completamente envuelto en una capa negra.
«Tampoco se escuchan… sus pasos.»
El “fantasma” de los rumores iba descalzo.
«Por más que vaya descalzo, que no haga absolutamente nada de ruido es algo francamente anómalo.»
Sin embargo, no era que no se escuchara sonido alguno en lo absoluto.
«Parece que los curadores anteriores no pudieron oírlo por carecer de habilidades de agudización auditiva, pero…»
Yoo Sung-woon cerró los ojos.
—…
Swish… Swush…
Mhm…
—…
Un ruido extremadamente ligero.
«…Ese sonido…»
Volvió a abrir los ojos.
«…Se parece al roce entre plantas.»
Era una analogía extraña, pero esa fue su conclusión.
Un sonido semejante al de frágiles enredaderas o pétalos secos que no pesaban ni un solo gramo, rodando en círculos. Ese ruido tan débil y excesivamente vacío no era una vibración acorde a la de un hombre que medía 188 cm de estatura.
—…
Yoo Sung-woon continuó con su observación oculto entre los pilares y las piezas de arte.
«…Las está contemplando.»
El “fantasma” caminaba por la galería vacía, deteniéndose de tanto en tanto frente a las obras protegidas tras paredes de cristal. Pasaba un tiempo considerablemente largo, en especial frente a las esculturas y las pinturas.
Lo sorprendente era que, en verdad, solo se limitaba a “observar”.
«Dado que hay muchísimos objetos peligrosos, bastaría con tocar uno solo para que se arme un caos, pero por suerte no lo hace. Parece ser un tipo de monstruo de alta inteligencia, aunque sin duda es un caso del todo insólito.»
Eso no significaba que no contemplara las piezas de otros formatos.
«¿Tendrá interés genuino en el arte, o simplemente lo hace para matar el tiempo…? O tal vez busca algún objeto que pueda utilizar.»
Paseándose por la galería con las manos cruzadas a la espalda, al modo de un noble distinguido o un militar educado, los movimientos del “fantasma” poseían una solemnidad y una disciplina singulares.
A punto tal de provocar la ilusión de que él era el verdadero dueño del lugar, a Yoo Sung-woon le vino a la mente de pronto la historia de un vampiro de algún castillo antiguo.
«El conde vampiro… Un poco infantil, tal vez.»
Sin embargo, considerando su piel tan pálida como la de un cadáver y su presencia sobrehumana, la descripción le sentaba bastante bien.
Tras dar vueltas por la galería durante un buen rato, el sujeto de la capa negra…
—…Ah.
Fijó la mirada directamente hacia donde estaba escondido Yoo Sung-woon.
—…
Sus miradas…
Se cruzaron.
—…
—…
Unos ojos negros.
En ese instante, Yoo Sung-woon sintió cómo se le desvanecía el conocimiento.
«…Eso…»
¿Qué demonios es eso?
«Son negros.»
Demasiado negros.
Pero, al mismo tiempo, brillantes.
Parecía cálido, pero era frío; parecía vacío, pero se sentía abrumadoramente pesado.
A pesar de la distancia, le resultaba imposible apartar la mirada, a tal punto que podía ver hasta las diminutas vetas de esos ojos.
No, tal vez ni siquiera eran vasos sanguíneos. Unas ramas finas y espléndidas hechas de oro y plata se extendían ampliamente, semejando un denso bosque. El centro negro, donde no se distinguían las pupilas, era tan oscuro que infundía un temor visceral.
Era algo colosal. Tan colosal y profundo que resultaba imposible de asimilar para la percepción humana. Sintió que se sofocaba. Sin razón alguna, una mezcla de ira y reverencia se apoderó de él.
Dentro de esa mirada residía un poder capaz de detener la respiración automáticamente, sin necesidad de asfixiar a alguien. Sin ocultarse, sin ostentar, simplemente…
Existía allí.
—…
—…
Dos parpadeos.
—…
Swush…
Acompañada de un tenue ruido, la capa se movió.
—…
Un poco más lejos.
Distanciándose aún más.
Su presencia se detuvo en un punto todavía más lejano y, acto seguido, se desvaneció por completo.
—…
Yoo Sung-woon movió los pies.
El lugar donde la presencia se había esfumado era, ni más ni menos, frente a “El retrato de Ji-oh”.
—…
…¿O es que acaso se estaba haciendo el inocente?
La figura del lienzo mantenía cerrados esos profundos ojos negros, como si allí no hubiera pasado absolutamente nada.
—Me voy a volver loco.
Día 1, completado.
* * *
El hecho de que existieran los superpoderes no lo explicaba todo sobre el fenómeno de los “fantasmas” en este mundo. Era algo evidente por el simple hecho de que la profesión de chamán aún se conservaba.
Por lo tanto, explicar una pintura capaz de moverse por sí sola resultaba igualmente complicado.
—…
—…
4:29 de la madrugada.
El retrato abrió los ojos.
—…Ah.
A Yoo Sung-woon se le escapó una exhalación llena de asombro sin darse cuenta.
El hombre de impresión sombría que lo observaba desde el lienzo; Ji-oh, abrió la boca para hablar:
—Buenos días.
—…
—Que tenga una buena mañana.
—¿Mañana…?
Ante sus palabras, Yoo Sung-woon echó un vistazo al fondo del retrato.
—…
Ah, con razón.
Era un bosque bañado por un sol radiante.
—…Aunque de este lado sea de madrugada.
—Ya veo.
Tras decir esto, la mirada de Ji-oh recorrió la galería de Bisabul.
—Como siempre está iluminado con luz blanca, no me había dado cuenta de que era de madrugada.
Su voz, que provocaba una extraña sensación de disonancia, resultó ser mucho más seca y cortante de lo que había imaginado. Sin duda estaba hablando y Yoo Sung-woon lo escuchaba con claridad, pero por alguna razón no podía sacarse de la cabeza la idea de que había un “silencio absoluto”.
¿Cómo describir esta incongruencia? Tampoco podía decirse que sonara como una máquina. Era más bien algo…
—Le pido disculpas.
—…No hay necesidad de disculparse por algo así.
—Agradezco su consideración.
Poseía un tono constante, como si supiera de antemano qué palabras pronunciaría a continuación. Esa voz nítida, semejante a un comando programado, entraba en sus oídos con una claridad asombrosa.
—Aun así, estoy sorprendido.
—¿De qué?
—No es común encontrar a alguien que no sienta temor al ver un retrato parlante.
—…
Ni su voz calmada ni su rostro esquivo mostraban emoción alguna. Para ser alguien que afirmaba estar “sorprendido”, su reacción no reflejaba nada por el estilo.
«Es pésimo para mentir.»
O tal vez simplemente no sentía la necesidad de mentir con destreza. De todos modos, no parecía que ese rostro sombrío y rígido fuera capaz de actuar con gracia.
Mientras estaba sumido en estos pensamientos, el retrato volvió a formular una pregunta:
—¿Cuál es su nombre?
—Yo soy…
Aunque Yoo Sung-woon fuera un ser humano insignificante, el poder que residía en un nombre verdadero entrañaba peligro en cualquier parte.
«Al fin y al cabo, se dice que en todos los pactos del mundo que atan a las almas, el elemento más crucial son los nombres de las partes.»
Por ende, existía la posibilidad de que este retrato; “El retrato de Ji-oh”, pudiera forzar un pacto siniestro al escuchar su nombre. El concepto del nombre poseía esa misma relevancia sagrada para los seres insólitos de cualquier cultura.
Sin embargo, respondió con total franqueza:
—Soy Yoo Sung-woon.
Ninguno de los 17 empleados anteriores había sufrido perjuicio alguno por revelarle su nombre a este retrato. Hacerle algo malo a Yoo Sung-woon a estas alturas rompería el patrón que había mostrado hasta ahora, así que podía darse el lujo de compartirle ese dato.
El retrato mantuvo su expresión imperturbable aun tras escuchar su nombre. A pesar de ser él quien dirigía la conversación, la pintura no parecía experimentar mayor impresión.
¿Sería extraño considerar que esa actitud rayaba en la arrogancia?
—Entiendo, señor Yoo Sung-woon.
—…
—Tiene cara de querer hacerme una pregunta.
—Así es.
—¿Le gustaría mantener una conversación conmigo?
Le estaba invitando a conversar.
«Está siguiendo exactamente el mismo patrón que con los 17 anteriores.»
Yoo Sung-woon sintió una presión peculiar.
«Debe ser la densidad de las reglas.»
Era una densidad tan elevada que le dificultaba el libre movimiento, pero al mismo tiempo no era tan pesada como para hundirle los pies en el barro.
Esta atmósfera y esta sensación eran exactamente como si una criatura abisal de la escala de una ballena colosal ajustara el oleaje para no lastimar a un simple humano que flotaba a la deriva en el océano.
—…
En efecto.
A esto se le llamaba “consideración”.
—…En ese caso, me gustaría hacerle una pregunta.
Llegados a este punto no tenía sentido echarse atrás, así que Yoo Sung-woon decidió entablar la conversación tal como el retrato sugería.
—¿Acaso le es posible salir del interior de ese cuadro?
—Sí, puedo salir.
—…
Los monstruos odian a la humanidad. Por tratarse de una pregunta que indagaba sobre su propia información, Yoo Sung-woon supuso que lo pensaría al menos un momento, pero la respuesta llegó con una rapidez del todo inesperada.
¿Acaso se le había notado el desconcierto en el rostro? Ji-oh, quien lo observaba sin parpadear tan solo una vez, señaló directamente:
—Tiene expresión de desconcierto.
—Es que… no esperaba que me lo dijera con tanta franqueza.
—No había razón alguna para no decírselo.
—¿Por qué?
—Porque usted lo preguntó.
—¿Y si se lo hubiera preguntado con intenciones deshonestas?
—Eso es mentira. —El retrato respondió con una voz baja y pausada, pero de una nitidez y firmeza categóricas—: El señor Yoo Sung-woon es una persona buena y educada.
—…¿Yo?
—Por esa razón me dirigí a usted.
—…
—¿Ha sido esta una respuesta suficiente?
Yoo Sung-woon decidió andarse con extrema precaución.
«Este retrato es altamente sensible al bien y al mal.»
Y, fuera cual fuese su criterio, poseía la habilidad de distinguir la índole moral de los demás. Podía clasificar a un desconocido con el que ni siquiera había cruzado palabra previamente.
«En ese caso, si alguien a quien considere “malvado” intenta hablarle… ¿se limitará a ignorarlo?»
O tal vez lo atacaría.
—…
—¿Tiene alguna otra pregunta?
—Ah… Sí, claro.
Recordando el reciente “alboroto del fantasma”, Yoo Sung-woon indagó:
—El sujeto de la capa negra al que presencié ayer era usted, Ji-oh, ¿cierto?
—Sí, así es.
—Entonces, ese “fantasma” envuelto en una capa profundamente negra que ha estado merodeando por esta galería últimamente y repartiendo deliciosos regalos… también es usted, supongo. ¿Mi deducción es correcta?
—…
¿Qué estaría pasando por su mente? Ji-oh parpadeó dos veces y murmuró con calma:
—Fantasma…
—…Si le resultó ofensivo, le pido disculpas.
—No. Un retrato parlante es, sin duda, algo que bien podría describirse como un fenómeno poseído por un fantasma. —El retrato continuó con su característico tono inexpresivo—: Sin embargo, yo jamás he muerto.
—…
—Aun así, parece ser que el “fantasma” al que el señor Yoo Sung-woon se refiere sí soy yo.
—… ¿Había alguna razón en particular para merodear por la galería?
—Tenía curiosidad por saber dónde me encontraba ahora.
Su voz era sumamente pacífica y serena; resultaba difícil imaginar por su tono que realmente algo estuviera despertando su interés.
—Había obras de arte poco comunes exhibidas, lo cual atrajo mi atención.
—…
—Sentí curiosidad por saber qué clase de lugar era esta galería, qué tipo de personas trabajaban aquí, cómo eran sus vidas, qué nombres tenían y cuáles eran sus gustos.
Aunque mantenía un tono apático, la respuesta reveló un vivo interés por los estilos de vida humanos, lo cual resultaba sumamente propio de un monstruo.
«No… Aunque aún no es del todo seguro, puede que ni siquiera sea un monstruo.»
Si ese fuera el caso, el asunto se volvería todavía más complejo.
—…
—Cuando uno está solo, es natural buscar a alguien con quien conversar.
Con una intención indescifrable, los ojos profundamente negros de Ji-oh se posaron sobre Yoo Sung-woon. Fue un movimiento ocular deliberado, como si buscara dejarle en claro: “Te estoy observando”.
—Con más razón si se trata de una persona educada como usted.
—Veo que le agradan las personas educadas.
—Al menos consideré que los empleados que administran esta galería eran interlocutores mucho más adecuados que el líder vestido de rojo intenso que manda aquí.
—El líder… Mmh, ¿se refiere al líder del gremio Bisabul?
—Es una persona muy charlatana.
Los ojos del retrato se entrecerraron un poco. Era un cambio tan sutil que resultaba casi imperceptible, pero lo que significaba era evidente.
—Habla tanto que resulta sumamente difícil responderle.
—…
Ah, el líder del gremio.
«Le cayó mal.»
Con razón aquel hombre jamás había podido entablar una conversación con él.
Todos los curadores del quinto piso del sótano sabían perfectamente lo mucho que Bisabul se interesaba por “El retrato de Ji-oh”. Incluso recordaban cómo se acercaba a hablarle a cada rato diciendo que era una pintura verdaderamente especial.
«Y yo preguntándome por qué ese sujeto jamás dijo nada sobre este retrato…»
Resulta que, aunque sabía que “El retrato de Ji-oh” podía hablar y moverse, Bisabul nunca había logrado mantener una conversación real con Ji-oh.
Todo porque Ji-oh, habiendo juzgado a Bisabul como un maleducado, se había negado a propósito a responder a sus intentos de diálogo.
«Cosechas lo que siembras.»
Sabía que viviendo así tarde o temprano terminaría saliendo perdiendo. Sinceramente, Yoo Sung-woon pensaba que a ese tipo no le venía nada mal llevarse un escarmiento, pero en fin.
Tras poner en orden sus pensamientos, Yoo Sung-woon inclinó la cabeza con educación y exclamó:
—Le pido una disculpa.
—…
—Me disculpo en nombre de nuestro líder de gremio.
Su labor allí era administrar y cuidar las piezas de arte del lugar.
Y entre esas piezas, muchas poseían conciencia propia, tal como ocurría con “El retrato de Ji-oh”. No traería nada bueno molestar o romper las reglas de un ser que intuía como un monstruo de tipo humanoide.
«Sobre todo considerando lo sensible que parece ser respecto a la educación y los modales.»
Por suerte, la expresión del retrato se mantuvo imperturbable. No parecía complacido, pero tampoco molesto; seguía luciendo pálido y sombrío, pero con una firmeza donde no se apreciaba irritación alguna.
Tal como esperaba, el retrato habló con una voz pulcra:
—No se preocupe.
—Nuestro líder de gremio es una persona un tanto peculiar.
—No parecía ser una mala persona, así que no hay problema.
—…
Yoo Sung-woon grabó un dato adicional en su memoria:
«Mientras no sea un malvado, no mostrará hostilidad aunque carezca de modales.»
Aun deduciendo eso, sintió una opresión en el pecho. Le resultaba imposible medir libremente el nivel de poder de su interlocutor.
«¿Significa que posee una habilidad de evaluación con un nivel capaz de juzgar la moralidad e índole del mismísimo líder del gremio Bisabul…? En todo sentido, es un monstruo difícil de manejar. Un nivel de habilidad de evaluación así debe ser casi imposible de encontrar en todo el mundo.»
No, para empezar, la duda era si a una existencia poseedora de semejantes “ojos” se le podía clasificar simplemente como un monstruo…
—…
—…
Tras un breve silencio, el retrato volvió a tomar la palabra:
—¿Tiene alguna otra pregunta?
—…Su serenidad no deja de sorprenderme, Ji-oh.
—Simplemente he guardado la debida cortesía.
—¿Cortesía?
—Si se es un ser humano, ¿no se debería mantener la cortesía?
Era precisamente esa clase de afirmaciones lo que lo hacía sonar tan poco humano.
«Por lo general, los humanos no son tan meticulosos con la cortesía.»
Más bien daba la impresión de ser la rigurosidad excesiva de un monstruo que intenta imitar torpemente la vida humana tras haberla aprendido a medias.
Mientras Yoo Sung-woon se sentía un poco abrumado por esa idea, el retrato cambió de tema:
—Es la primera vez que veo al señor Yoo Sung-woon, ¿estoy en lo correcto?
—Así es. El líder del gremio Bisabul dijo que ya no dispone de tiempo suficiente para administrar su retrato, y los curadores anteriores fueron reasignados a otras obras. Por esa razón asumí yo el trabajo.
—Le agradezco por cuidar del retrato de forma tan impecable. Me habría gustado saludar a las personas anteriores, pero en aquel entonces yo aún no estaba preparado. En nombre de ellos también, le reitero mi gratitud.
—Cuidar de las piezas de arte aquí es la tarea natural que esas personas y yo, por lo que debemos cumplir, así que no hay nada que agradecer. No obstante, les haré saber que usted estuvo agradecido.
Sin embargo, le surgió una duda:
—…Aun con los ojos cerrados, ¿puede saber qué hacen las personas afuera? ¿Nos ha estado observando continuamente desde el interior de ese cuadro?
Ante su pregunta, Ji-oh respondió con un rostro inexpresivo cuyo trasfondo resultaba imposible de descifrar:
—Dado que ustedes están dentro del marco, no tengo más opción que observarlos.
—…
—Las pinturas en movimiento son interesantes.
—… ¿De verdad?
Por alguna razón…
Sintió un ligero escalofrío.
«¿Significa que la pintura no es él, sino los humanos que están afuera…?»
El propio Yoo Sung-woon no sabría explicar qué parte exacta de esa frase le había provocado tal estremecimiento.
Solo sabía que, según las palabras de aquel retrato, Ji-oh percibía todo lo que estaba fuera del lienzo como si fuera una pintura. A pesar de que para los humanos la pintura era “El retrato de Ji-oh”.
Para ese retrato, ellos eran…
—…
Eran pinturas.
—¿Ha sido esa una respuesta suficiente?
—…Sí.
Sin duda alguna, esta era una existencia peligrosa.
«Definitivamente.»
Día 2, completado.
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