Jajaj una papa
Swush…
Una mano hurgaba delicadamente entre los pétalos secos de un azul celeste.
Era Seo Ji-oh.
—Hmm.
Estaba preparando medicina.
—Parece que con esto ya se han secado lo suficiente.
Habían pasado ya once días desde que puso a secar las flores de Baibamunil, previamente bien hervidas, sobre las hojas del árbol Dorong-dorong.
Tras quedar crujientes bajo la brisa cálida y el sol deslumbrante, las flores casi no despedían aroma. Era una sensación muy distinta al aroma denso que emanaba cuando las hirvió por primera vez para extraerles el veneno.
—¿Volverán a tener aroma si las pongo en agua de nuevo?
Murmurando suavemente para sí mismo, Seo Ji-oh guardó las flores bien secas, una por una, dentro de un frasco de vidrio previamente esterilizado.
—A decir verdad, me pregunto si preparar un té con esto realmente creará una medicina eficaz para detener las hemorragias… Por más que intento verlo como tal, ¿no es esto una infusión de flores común y corriente?
La mirada de Seo Ji-oh se dirigió hacia el otro colador. Era donde había puesto a secar los frutos de Mandung.
—…
Sorprendentemente, en tan solo once días, los frutos de Mandung se habían arrugado hasta parecer pasas y habían cambiado a un tono amarillo intenso.
—En este caso, cuanto más se secan estas, más fuerte parece volverse su aroma.
En cuanto a la intensidad del aroma, los frutos de Mandung y las flores de Baibamunil eran polos opuestos. Los frutos de Mandung intensificaban su fragancia al secarse, mientras que las flores de Baibamunil, por el contrario, la iban perdiendo.
—…
Los ojos de Seo Ji-oh parpadearon dos veces rápidamente mientras evaluaba los pasos que le quedaban por hacer.
—…Todavía falta bastante para que estén tan secas como para hacerlas polvo.
«Es increíble que sigan bastante jugosos.»
—Esto tiene los requisitos necesarios para convertirse en camarada de una papa como yo, cuando está frita, es crujiente por fuera y jugosa por dentro.
Seo Ji-oh renunció fríamente a los frutos de Mandung por el momento y tomó únicamente las flores de Baibamunil y entró a la cabaña.
El sistema le había explicado que la infusión medicinal de Baibamunil brindaba una gran ayuda para detener hemorragias y fortalecer el sistema inmunológico, aunque no le especificó a qué temperatura ni en qué cantidades exactas debía consumirse.
«¿Acaso significa que puedo prepararlo a mi propio criterio? Siento que este amigo sistema confía demasiado en mí; de verdad preferiría que no lo hiciera. Al fin y al cabo, solo soy una papa fresca de Gangwon…»
En ese sentido, Seo Ji-oh decidió preparar el té según su propio juicio. Después de todo, la genial papa Seo Ji-oh también tenía talento para la ceremonia del té.
—…Mmh…
Seo Ji-oh colocó el frasco de vidrio con las flores sobre la mesa de la cocina y se detuvo un instante.
—…
Se quedó inmóvil por un momento, como si una computadora se estuviera reiniciando, y de pronto abrió la boca.
—Creo que no tengo un juego de té.
Un juego de té.
En pocas palabras, los recipientes para preparar y servir té.
—¿Verdad?
Para explicarlo con más detalle, se refería a la tetera y las tazas. Siendo alguien muy interesado en la gastronomía, Seo Ji-oh también estaba bien versado en la vajilla adecuada para infusionar té.
Para empezar, estaba la tetera donde se infusionaban las hojas, las tazas en las que se servía, el cuenco para enfriar el agua y el recipiente para descartar el primer enjuague y conservar solo el aroma… Existía una gran variedad de utensilios.
De entre todos ellos, Seo Ji-oh decidió elaborar únicamente la tetera y las tazas.
—Vamos al taller.
Por fortuna, poseía la habilidad de convertir sus pinturas en objetos reales.
—Pensar que me salieron superpoderes a esta edad… Definitivamente, por muy hastiado que esté un adulto por la vida laboral, si conserva la inocencia infantil en un rincón de su corazón, tarde o temprano puede convertirse en una chica mágica.
…Dijo el señor de 29 años.
—Definitivamente, soy una papa genial.
Bajo los hermosos nombres de la amistad, la paz y el amor, Seo Ji-oh decidió ignorar con elegancia los drásticos y peculiares giros que estaba tomando su vida actual.
«El camino que yo elija será el correcto.»
Incluso si ese camino resultaba ser una montaña rusa descarrilada.
Como si tratara de ser considerado con alguien que vivía con tan pocas preocupaciones, este mundo ayudaba a Seo Ji-oh en diversos aspectos. Lo mismo aplicaba con la estructura, muebles y víveres de la cabaña, la cual incluía un taller, tal vez reflejando los gustos de Ji-oh, quien había seguido pintando diversas obras incluso después de convertirse en profesor.
Al subir al segundo piso, se dirigió directamente al taller, el cual ocupaba la mitad de toda esa planta.
—A ver…
Se sentó frente a un caballete sobre el cual había un lienzo. Allí se encontraban diversos pinceles y pinturas con formas que a Seo Ji-oh le resultaban muy familiares.
—¿Qué y cómo debería dibujarlo?
Lo que él debía pintar era un juego de té, en el cual se serviría una infusión de flores de Baibamunil impregnada de un intenso aroma a vainilla.
Como bien dice el dicho, si vas a hacer algo, hazlo de la mejor manera posible. Ponerle empeño al dibujo no le costaría ni un solo centavo, por eso, Seo Ji-oh reflexionó profundamente.
—…
Transcurrieron unos diez minutos. Seo Ji-oh, que llevaba un largo rato parado frente al lienzo, finalmente habló:
—…Dado que obtendremos un té de un color hermoso…
Su voz tranquila y monótona, carente de altibajos, fluyó con soltura como si estuviera aconsejando pacientemente a sus alumnos.
—La porcelana blanca será la mejor opción.
¿Qué constituye un buen juego de té? Seo Ji-oh, que ya había preparado té con seria dedicación en varias ocasiones en el pasado, conocía muy bien la respuesta.
Primero: debe ser un deleite para la vista.
—Blanco como un lienzo en blanco.
Segundo: debe ser cómodo al tacto.
—Para que transmita estabilidad…
Tercero: debe estar en perfecta armonía con el té.
—Debe reflejar un color impoluto.
Aunque Ji-oh no era un gran maestro artesano, poseía la sensibilidad suficiente para disfrutar a plenitud de su modesto mundo gastronómico.
Habiendo logrado crear un té de flores tan valioso con tanto esfuerzo, deseaba infusionarlo en una vajilla digna de su valor.
—…
Eligió una pintura blanca de grano fino. Tenía un color denso y cremoso, muy similar a la nata montada con picos firmes.
El taller de la cabaña, semejante a una antigua botica, albergaba todo tipo de materiales ocultos en sus pequeños cajones. Entre ellos había conchas marinas de un brillo porcelánico que Ji-oh había triturado minuciosamente para elaborar su propia pigmentación.
Una pintura hecha a partir de conchas que pertenecieron a las salinas aguas del mar. Una vajilla impoluta dibujada con esa misma pintura. Y los pétalos azul celeste que habrían de infusionarse en ella…
—Sí.
Qué bien.
—Creo que estará muy bien.
Le gustó la idea.
—Se verá exactamente como una charca abrazada por las raíces de un manantial. Con eso bastará.
Su mano comenzó a moverse.
Y siguiendo el rastro de cada trazo, la mirada de Seo Ji-oh recorrió el lienzo devorándolo centímetro a centímetro.
—…
«Dado que albergará un té azul, será mejor que el tono sea cálido en lugar de frío.»
Lo que reconforta el cuerpo es tanto la temperatura real como la temperatura visual. Él deseaba beber un té que le brindara calor.
—…
Esta vajilla habrá sido moldeada por manos tan finas como la seda.
Moviendo con suavidad y paciencia unas manos tan delicadas que no dejarían ni una sola huella sobre la arcilla blanca y húmeda, un artesano profesional habría hecho girar el torno tarareando una melodía en un caluroso día de primavera.
Quien fuera el responsable de modelar la arcilla seguro luciría una sonrisa tan cálida que transmitiría paz a cualquiera que lo mirara.
—…
«Cómo se levantará con un gesto ligero y afectuoso, el asa debe ser firme y lisa.»
El asa, que se extiende hacia un lado facilitando el agarre, evoca al marfil y emite una luz así de cálida.
Los bordes, redondeados. El cuerpo, también redondeado. La superficie se pule con tal delicadeza que no queda ni un solo rasgo anguloso. La arcilla húmeda se acaricia suavemente para pulir su interior antes de someterla al calor del horno.
¿Cómo se llamaría a sí misma?
—…
«Eres un lienzo limpio, sin dibujos ni relieves. Es perfecto para albergar el té.»
El esmalte se asemejaba al agua cristalina de un arroyo limpio. Como si la hubieran sumergido y extraído cien veces de esa agua pura, un esmalte sereno, semejante a estrellas transparentes derretidas, cubre minuciosamente la porcelana blanca.
Y tras hornearla una vez, esta vajilla redondeada de su invención…
—…
En el preciso instante en que dibujó la sombra para dotarla de peso.
—…
Plaf.
Cayó suavemente sobre las rodillas de Ji-oh.
—…
Clac.
Un sonido ligero y cristalino.
«Es firme, pero…»
Tras soltar el pincel, tomó la vajilla entre sus manos. La textura que se amoldó a su palma tenía una melancolía tan profunda como la de un niño que busca el abrazo de su padre.
—Sí.
Al final, que fuera tan ligera como una nube y tan suave como el algodón le pareció algo verdaderamente encantador.
* * *
Poder materializar pinturas en objetos reales era algo genial.
«Y muy conveniente.»
Seo Ji-oh disfrutaba de su té con total calma.
La vajilla, moldeada con pintura en lugar de arcilla y esmalte, lo tenía profundamente satisfecho. Combinaba de maravilla con el tono azulado que fluía sutilmente del té de Baibamunil.
«Tal vez porque es un blanco muy denso, armoniza perfectamente con el aroma suave y cremoso de la flor.»
El agarre en su mano también se sentía muy firme e insuperable. Salvo que alguien viniera corriendo como un toro a meterle una patada voladora, no parecía haber forma de que se le cayera.
—Qué bien.
Aunque era un té de sabor tostado y para nada dulce, su aroma era tan perceptiblemente acaramelado que le pareció que encajaría muy bien con unas galletas más adelante.
«¿Y si añado fruta y azúcar para hacer un té helado? O tal vez convertirlo en té con leche también le sentaría increíble, sobre todo porque su aroma cremoso es bastante fuerte…»
Aunque no tenía horno, contaba con un fogón de piedra y algo de harina en el almacén, así que algún día intentaría hacer galletas. Como bien se sabe desde tiempos antiguos: en cuanto a la comida, entre más, mejor.
Para decir que el té ayudaba enormemente a las hemorragias y al sistema inmunológico… pues no se sentía como nada del otro mundo.
Ji-oh ladeó un poco la cabeza con extrañeza.
—¿Acaso habrá cambiado mi cuerpo?
En realidad, Seo Ji-oh solía ser de esas personas que sentían los efectos de cualquier ingrediente en cuanto le entraba por la boca.
A diferencia de aquellos que no perciben mayor cambio al comer arándanos; a pesar de ser de conocimiento público que son buenos para la vista, a Seo Ji-oh le bastaba con comerse unas cuantas bayas para sentir una frescura inmediata en los ojos.
Sin embargo, aun bebiendo un té medicinal reconocido por el propio sistema, no lograba sentir la menor diferencia…
—…
Ji-oh parpadeó dos veces.
«Si me pongo a pensar en eso, tendría que empezar por admitir lo extraño que es este cuerpo, que ni siquiera tiene necesidades fisiológicas…»
Antes siquiera de tropezar con la primera piedra del problema, Ji-oh se detuvo de golpe. Una papa genial no necesitaba darle vueltas a algo así. Por lo que lo comprendió y aceptó todo a la perfección por sí solo.
Podía comer y dormir, pero no sentía frío ni calor más allá de un nivel razonable. Jamás había sudado y, bajo esa misma lógica, no tenía necesidad alguna de hacer uso del inodoro. Esto a pesar de que, irónicamente, la cabaña sí contaba con un baño.
«Asumiré que he evolucionado de una forma muy particular. Ya me he convertido en un retrato embrujado, ¿qué sentido tiene ponerme a reflexionar sobre tonterías inútiles?»
Al fin y al cabo, mientras resultara gracioso, todo estaba bien.
Con ese pensamiento en mente, Ji-oh tomó otro sorbo de la infusión de Baibamunil.
—…
Delicioso.
—¿Señor?
—…
—Hoy tampoco me responde, esto es sumamente triste. ¿No se aburre estando ahí adentro solo? Le aseguro que puedo ser un excelente compañero de charla…
—…
—Señor, ¿está durmiendo? ¿Toc, toc, toc? ¿Acaso no reacciona porque le hablo en coreano? Pero qué raro, si de los 27 idiomas en los que le he hablado, no ha respondido a ninguno…
Estaba delicioso, pero Ji-oh sintió que le daría indigestión.
«En ese caso, este sujeto quedará registrado en la historia como el único ser humano capaz de hacer que un retrato embrujado sufra de indigestión por beber té.»
Ya habían transcurrido unos once días desde que ese caballero llamado Bisabul comenzó con sus intentos de autopromoción frente a la puerta principal.
«El tiempo en el mundo del lienzo fluye a su propio ritmo según mi estado de ánimo o mi rutina, así que puede que la cifra no sea del todo precisa, pero de todos modos…»
Dedicarle semejante nivel de entusiasmo y esmero a un simple retrato con el que apenas cruzó la mirada un segundo era algo digno de reconocimiento.
—¿Acaso será alguien profundamente obsesionado con las historias de terror?
Tampoco era tan descabellado que a alguien le entusiasmara un cuadro peculiar que abría y cerraba los ojos por su cuenta. Después de todo, ese era precisamente el encanto de un retrato embrujado.
Sin embargo, el hecho de que aquel hombre llamado Bisabul no fuera en absoluto una persona desocupada era lo que empujaba a Ji-oh a un abismo de puro pánico y desconcierto.
—Según escuché, es el presidente de uno de los tres grandes conglomerados de Corea del Sur…
«Señor presidente, ¿por qué no se pone a trabajar en lugar de estar aquí perdiendo el tiempo?»
El almacén donde estaba colgado el retrato de Ji-oh era la galería personal de Bisabul, y su deseo de coleccionar obras de arte era colosal… Todo esto lo había descubierto gracias a las conversaciones que sostenían de tanto en tanto los empleados que visitaban la galería.
Quizás porque albergaba demasiadas piezas, la escala de esta enorme galería superaba por completo lo que una sola persona podía administrar, por lo que, de manera inevitable, le asignaban al menos un encargado a cada obra.
«Por alguna razón han estado cambiándolos constantemente, pero yo también he tenido encargados asignados.»
Gracias a las conversaciones que ellos mantenían, pudo averiguar varias cosas sobre Bisabul.
«Está loco de remate por el coleccionismo.»
Decían que en su vida cotidiana solía ser un caballero refinado, algo bromista y de sensibilidad común, pero que cuando se trataba de asuntos relacionados con el arte, se transformaba en un demente capaz de recurrir a cualquier medio con tal de salirse con la suya.
«Es peligroso.»
Aun así, Ji-oh no guardaba rencor ni malos sentimientos hacia la persona de Bisabul.
—…
La mirada de Ji-oh se posó en el marco colgado en el árbol.
En el instante en que vio a Bisabul intentando entablar conversación una vez más desde el exterior, sobre el cristal liso del marco brotó una ventana de información que solo Ji-oh podía visualizar.
Parpadeó dos veces.
Nivel de amenaza: ★★★★☆
—…
De manera sorprendente, ese marco medía el nivel de peligro de los seres vivos que merodeaban al otro lado del retrato.
A juzgar por la falta de reacción de la gente del otro lado, parecía que dicha indicación solo era visible para el propio Ji-oh.
—¿Señor? ¿Señor? ¿De verdad no se plantearía la idea de mantener una pequeña charla conmigo?
—…
—Si tan solo me dijera qué ofrenda desea, podría atraparla viva y traérsela… ¿Señor?
Por lo tanto, la razón por la que Ji-oh dejaba a Bisabul desatendido de esa manera era sumamente simple.
«Ya me imagino el futuro inmanejable que me esperaría con solo responderle una palabra.»
Era abiertamente abrumador. Ji-oh no tenía una capacidad mental tan grande como para lidiar con un ser humano de la magnitud de Bisabul.
«A una papa fresca de Gangwon1 hay que tratarla con cuidado para que no sufra ningún raspón…»
Por más que su forma de hablar fuera bastante educada y sus modales refinados, un desconocido que se queda plantado frente a la puerta de tu casa durante 15 horas seguidas era, dijera lo que dijera la gente, alguien sencillamente abrumador.
—…
No sentía ninguna mala intención viniendo de él y tampoco parecía una mala persona, así que no era que le cayera mal.
«…Es solo que me da algo de recelo.»
Con solo escucharlo de forma unilateral ya se sentía agotado.
«Seguro que me absorbería hasta la última gota de energía.»
Seo Ji-oh simplemente…
—…
Estaba esperando hasta considerar que fuera posible entablar una conversación normal con él.
«No creo que pueda seguir así para siempre. Cuando se le acabe la batería, intentaré comunicarme con él.»
No tenía el menor deseo de dejar que le drenaran la vitalidad sin sentido.
«Qué tipo tan aterrador.»
Ji-oh asintió para sus adentros, complacido de poder evitar a semejante sujeto.
—Definitivamente este es un lugar maravilloso para vivir.
Ji-oh, que ya había salido de la pintura en varias ocasiones anteriores, lo sabía muy bien: lo único que las personas del exterior podían ver en este momento era el simple retrato en el que él estaba dibujado.
Lo verdaderamente importante era su propia voluntad. La figura de “Ji-oh” dentro del lienzo solo abría los ojos cuando él mismo tenía la intención de interactuar con el mundo exterior. Esa era una verdad que había descubierto tiempo atrás, cuando colocó un espejo frente al cuadro mientras aún estaba en la escuela abandonada.
«Así que, por mucho que me tome las cosas con calma aquí adentro, desde afuera no se verá nada.»
Al menos dentro de este espacio, la libertad de Ji-oh estaba 100% garantizada. Sin importar que afuera estuviera el presidente de un gran conglomerado esperando desesperadamente su respuesta, a nadie le afectaba en lo más mínimo que él disfrutara de un descanso tan pacífico.
Por fortuna, haciendo honor a su título de presidente, aquel señor de cabello rojo y bastante ocupado anunció que volvería para intentar una nueva estrategia y finalmente se retiró, permitiéndole a Ji-oh disfrutar de una paz absoluta.
—…
Aunque, para ser sinceros, que se quedara allí hablando solo también le daba cierta alegría, por lo que lo dejaba estar…
«…De todos modos, no puedo dejar mi única puerta principal abandonada de esta manera.»
Tenía que recuperar su derecho de propiedad.
Tras reflexionar un momento, su mirada se dirigió hacia el exterior del marco, donde ya no se percibía la menor presencia humana.
—…
Finalmente, Ji-oh habló:
—Echemos un vistazo afuera.
Aunque resultaba lamentable que su destino fuera cometer un allanamiento de morada con solo cruzar la puerta, Ji-oh, al igual que todos los adultos del mundo, terminó aceptando su trágico destino.
Después de todo, a cualquiera le podía pasar cometer un allanamiento de morada alguna vez en la vida.
—…
Además, a él lo habían secuestrado primero, así que técnicamente estaban a mano.
Dudaba mucho que existiera alguien que le pidiera su opinión a un retrato antes de comprarlo, pero de todos modos, ellos también lo habían colgado en esa galería sin haber obtenido previamente su consentimiento.
«Pensándolo bien, esto también cuenta como una violación a mis derechos de imagen.»
—…Tadaa~
La mentalidad del optimismo absoluto de Ji-oh completó su reflexión con un rotundo éxito.
Impresiones sobre el capítulo completo.
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