Habiendo terminado el tercer día y tras verificar que el retrato cerraba los ojos, Yoo Sung-woon se retiró.
—…
Al dar las 9:00 de la mañana, fue a buscar al líder del gremio.
—Es peligroso.
—¿Qué es lo que resulta peligroso?
—Ese retrato es peligroso —reportó la situación con un rostro totalmente sereno—: Lo es, independiente de la buena voluntad que ese retrato pueda tener hacia nosotros como humanos. Es cierto que existen raros casos de monstruos que sienten afecto hacia la humanidad, pero también es una realidad que dicho afecto ha terminado convirtiéndose en un veneno letal para las personas.
—¿Intentas decir que el afecto de “El retrato de Ji-oh” es idéntico al de esos monstruos?
—No, es mucho más peligroso que eso.
Yoo Sung-woon procedió a reportar las conclusiones que había verificado:
—Ese retrato sabe con absoluta precisión qué es lo que está haciendo, cómo luce ante los demás y qué tipo de influencia ejercen sus actos. Es totalmente distinto a los monstruos vistos hasta ahora, los cuales asfixiaban a la gente derramando afecto de manera irreflexiva.
Y, por encima de todo…
—Él se percibe a sí mismo como un ser humano.
Por lo tanto, buscaría por todos los medios interactuar con las personas, ya que no parecía ser del tipo que siente aversión a mantener una conversación.
—Sin embargo, al mismo tiempo, a nosotros no nos percibe como humanos.
—¿Entonces?
—Ji-oh nos juzgó como si fuéramos pinturas. Y nos está contemplando como tales.
Yoo Sung-woon había sentido la imponente y formidable alma de Ji-oh. Era algo que cualquier ser capaz de pensar, incluso sin necesidad de habilidades o equipos de análisis avanzados, podía percibir de forma instintiva.
No se trataba simplemente de la fuerza emanada por su andar disciplinado, su atmósfera abrumadora o su apariencia distinguida. Yoo Sung-woon aún no podía olvidar la sensación de inmensidad e insondabilidad que experimentó al cruzar miradas con esos ojos negros.
Era la imagen de algo colosal, de una magnitud imposible de asimilar, pretendiendo ser un simple humano.
—Aun así, él afirma ser un ser humano. Ya sea que verdaderamente lo crea o que esté haciendo un esfuerzo por serlo, sus intenciones se percibían del todo sinceras. No había falsedad en sus palabras.
En casos como este, aunque la situación parezca segura en el día a día, en el momento en que ocurra un incidente, este alcanzará proporciones que van más allá de lo imaginable. Precisamente porque él es plenamente consciente de todo lo que hace.
—Además, es sumamente sensible al bien y al mal, pero es imposible saber de dónde provienen sus criterios. Si desde nuestra perspectiva consideramos a alguien una persona ordinaria, pero Ji-oh concluye que es un malvado… ni siquiera puedo imaginar cuáles serían las consecuencias.
—¿En verdad te resulta imposible de imaginar?
—Así es … me temo que sí.
Yoo Sung-woon dejó escapar un suspiro.
—No hay un grupo de referencia con el cual compararlo, ni tampoco disponemos de material bibliográfico al cual acudir. Para mí también es la primera vez que lidio con un retrato parlante.
Las armas dotadas de conciencia propia se consideran tesoros raros y gozan de gran aprecio entre muchísimos cazadores. Pero ¿un retrato poseedor de conciencia? Se trataba de una existencia donde resultaba imposible distinguir si su verdadera identidad era un fantasma, un monstruo o una persona.
Por más que él contara con una amplia variedad de experiencias insólitas, el caso actual resultaba en verdad intrincado.
—¿Ha considerado enviarlo a la Asociación de Cazadores como material de investigación…?
—¿Crees que lo haría?
—Supongo que no. Lo sé, me imaginé que diría eso.
Yoo Sung-woon se cubrió la boca brevemente para reprimir un suspiro, ajustó su expresión y continuó hablando:
—En ese caso, le presentaré informes periódicos. Evaluar su verdadera identidad basándome en solo uno o dos días resulta complicado.
—Te lo encargo. Yo también planeo volver a entablar conversación con él dentro de poco, pero si me vuelve a ignorar será vergonzoso, así que averigüa qué cosas le gustan a Ji-oh.
—Es una solicitud extremadamente personal, pero de acuerdo. Al ser parte de mis funciones, no hay necesidad de que me lo pida como un favor; es simplemente mi trabajo.
—De verdad no entiendo por qué todos nuestros empleados son así de cortantes e indiferentes.
—Me atrevería a decir que se debe a que usted solo ha reunido a personas con ese perfil.
Esa fue la razón por la cual Yoo Sung-woon comenzó a presentarse a trabajar todos los días puntualmente a las 4:30 de la madrugada.
* * *
—¿No se siente solo?
Ante la pregunta de Yoo Sung-woon, el retrato parpadeó dos veces.
—No me siento solo.
Seguía siendo una respuesta tan seca como de costumbre.
Yoo Sung-woon dejó escapar una leve sonrisa.
—Le pido disculpas si fue una pregunta impertinente. Pero es que este es un lugar por donde no transita nadie, a excepción de los empleados que vienen a darle mantenimiento a las piezas.
—…
—Supuse… que el hecho de que a veces salga del retrato a contemplar el lugar podría ser una manifestación de esa clase de sentimiento.
—A mí me gustan los lugares donde no hay personas, así que no se preocupe.
—¿Acaso le resulta incómodo conversar?
—No es eso. Es solo que… —Tras un breve momento, el retrato continuó hablando—: Ya he hablado demasiado en el pasado, por lo que siempre imaginé un futuro en el que no tuviera la necesidad de hablar constantemente.
—…
—Un lugar silencioso donde no tuviera que expresarme en exceso, donde no tuviera que estar atado a demasiadas cosas y donde no tuviera que preocuparme tanto por los demás… Siempre deseé un lugar así. Este sitio es el lugar perfecto para cumplir ese deseo.
Al escuchar esto, Yoo Sung-woon le preguntó:
—…¿En el pasado… solía ser un ser humano?
—Aún sigo siendo un ser humano.
—Ah, claro. Es decir… mi pregunta iba orientada a si era un humano ordinario que no estaba dentro de un lienzo. Porque, por lo general, una persona común no suele estar dentro de una pintura.
—Sí, así era.
—Entiendo.
Los monstruos de tipo humanoide se dividen en dos categorías:
Aquellos que eran monstruos desde su nacimiento pero evolucionaron para adoptar forma humana; o aquellos que originalmente eran humanos, pero en cierto punto pasaron a pertenecer al “Origen” y se convirtieron en monstruos.
«En este caso, ¿se tratará de lo segundo?»
Por lo general, los monstruos que conservan recuerdos de cuando eran humanos ordinarios suelen dejarse llevar mucho por emociones negativas.
«En cambio este… parece bastante sereno.»
Sin embargo, no era una serenidad precisamente agradable.
—…
Se sentía casi como un funeral.
“El retrato de Ji-oh” parecía, sin duda alguna, el retrato funerario de alguien.
—Mmh, entonces… ¿no se aburre?
—A veces me aburro.
—¿Y cómo sobrelleva ese aburrimiento? ¿Tiene algún método propio?
—Por lo general, comiendo.
—…
Ah, esto sí que fue una sorpresa.
—…¿Comiendo?
—Sí.
El retrato respondió con su característica voz inexpresiva:
—Disfruto comer.
—…
Espero que su ingrediente favorito no sean los seres humanos.
«…Aunque, a decir verdad, no tiene cara de ser alguien a quien le guste comer.»
Si intentara juzgarlo como a un humano común, bueno, no tendría el aspecto de alguien obsesionado con la comida.
«…Más bien parece alguien incapaz de sentir emoción por nada. Muestra una indiferencia casi idéntica a la de un desalmado.»
Era un hombre de una belleza deslumbrante. Su contextura física no era delgada, aunque tampoco corpulenta.
Tanto por su piel pálida y sus cuencas oculares oscuras y hundidas, como por su rostro inmóvil semejante a una escultura de mármol, no parecía la clase de persona que encuentra placer en la comida.
Sin embargo, las sorpresas no terminaron ahí.
—Tal vez sea un comentario impertinente, pero…
—Puedo comer.
—Sí, lo siento. Le he preguntado algo evidente.
Pensar que una pintura comiera…
—¿Sería posible preguntarle de qué manera realiza sus comidas?
Ante la duda de Yoo Sung-woon, Ji-oh respondió como si no fuera la gran cosa:
—Cocino. Imagino la comida que quiero comer, procuro tener los ingredientes adecuados, los preparo, coloco una sartén al fuego o los meto al horno… Y así concluyo la cocina.
—…
—Como todo ser humano común y corriente.
Aunque esa manera tan pausada y descriptiva de explicarlo resultaba, irónicamente, poco humana.
Al ver que Yoo Sung-woon no respondía, el retrato procedió a explicar otra posibilidad:
—Dado que me encuentro dentro del lienzo, también existe un método que puedo disfrutar.
—Ah, ¿y de qué se trata…?
—Requiere de una pequeña ayuda, pero el señor Yoo Sung-woon también puede brindarme ese placer.
—… ¿A qué clase de placer se refiere?
Escuchar que podía “brindarle placer” le causó una punzada de inquietud al recordar las atrocidades cometidas por otros monstruos a lo largo de la historia, pero el retrato no exigió sacrificios vivos ni sangre tibia.
Semejante a la tinta negra plasmada sobre el papel, Ji-oh lo contempló con unos ojos desprovistos de emoción:
—¿Es usted bueno dibujando?
—…Si se trata de esbozar un objeto hasta hacerlo reconocible, puedo hacerlo. A veces debo incluir ilustraciones de artículos o plantas desconocidas en mis informes…
—En ese caso, dibújeme una manzana.
—…
—¿Le resulta difícil?
—…¿Sobre… sobre el retrato? —Yoo Sung-woon le devolvió la pregunta con el rostro ligeramente desconcertado.
—Así es.
—…Entendido.
“El retrato de Ji-oh” era una existencia con reglas sumamente claras. Yoo Sung-woon no era tan insensato como para ignorar las peticiones de un ser de naturaleza indescifrable.
Extrajo pinceles y pinturas del maletín rígido que siempre llevaba consigo. Al presenciar esto, el retrato indagó:
—¿Siempre lleva consigo materiales de arte?
—Procuro cargar con la mayor variedad de objetos posible. Como nunca se sabe qué puede ocurrir en esta galería, prepararme en múltiples aspectos es lo mejor para mi propia seguridad.
—Ya veo.
—…
Aunque la reacción del retrato siguió siendo pacífica, Yoo Sung-woon sintió un estremecimiento interno.
«¿Qué habría pasado si no llevara herramientas de dibujo conmigo…?»
Hasta el momento, el Ji-oh con el que había conversado parecía un ser poseedor de cierta flexibilidad a su manera; sin embargo, las entidades anómalas siempre se caracterizaban por su impredecible veleidad.
Yoo Sung-woon respiró hondo en silencio y posó el pincel sobre la superficie del lienzo. Experimentó una punzada de culpa, como si estuviera profanando una obra de arte sublime.
—No me quedará muy bien que digamos…
—No importa.
—Mmh…
En poco tiempo, trazó una manzana de un rojo vivo.
—…No es una manzana especialmente bonita.
Yoo Sung-woon rio con cierto apuro.
—Aquí tiene la manzana que me pidió.
—Comprendo.
—¿Puede comerla?
—…
Tras pronunciar esas palabras, Ji-oh extendió la mano hacia la manzana dibujada en un rincón del lienzo.
—Muchas gracias.
Se movió.
Su mano pálida y corpulenta tomó la manzana trazada por Yoo Sung-woon.
—…
Y acto seguido…
¡Croc!
—…
—…
La pulpa amarillenta del interior de la manzana roja quedó al descubierto.
Tras morder la manzana, que parecía un modelo de plástico, el retrato habló:
—Está deliciosa.
—…Ah…
—Está madura y tiene buen aroma. Es algo pequeña de tamaño, pero perfecta como bocadillo.
—Esto…
Jamás había visto algo semejante.
—…
—¿Le resulta insólito?
Sí, resultaba en verdad insólito.
A tal punto que el corazón le dio un vuelco de fascinación.
—…Es extraordinario.
Yoo Sung-woon era una persona dedicada a observar y administrar existencias anómalas. Había estado realizando ese tipo de labor desde sus días en su anterior empleo dentro de la Asociación de Cazadores.
Desde la aparición de las mazmorras y el posterior auge de los monstruos, le correspondió siempre el rol de explorar e investigar los fenómenos insólitos que surgieron con notable frecuencia, así como a las entidades que se hallaban en el centro de ellos.
En ese trabajo había, sin duda, un profundo orgullo y satisfacción. Precisamente por el amor que le tenía a su labor era capaz de permanecer en ese puesto.
—Para serle franco, sí, me he sorprendido… Jamás había visto algo semejante.
—Lo entiendo.
—Entonces, ¿usted acaba de comerse la manzana plasmada en la pintura?
Ji-oh asintió con la cabeza:
—Soy un ser humano común y corriente, pero me encuentro dentro de un cuadro. Por eso, también podría decirse que yo mismo soy una pintura. Siguiendo esa misma lógica, soy capaz de realizar muchísimas cosas dentro del lienzo.
—…
—Los días en los que no tengo ganas de cocinar, me limito a dibujar el platillo ya terminado de esta manera. Es bastante práctico.
—…Ya veo.
—Por lo tanto, me es posible corresponder a su amabilidad.
El retrato parpadeó dos veces.
—En ese caso, nos veremos mañana.
—¿Mañana?
—Porque de momento no me hallo preparado.
—…De acuerdo.
—Muchas gracias.
Día 4, completado.
* * *
El retrato cerró los ojos y, al volver a abrirlos, ya sostenía un pincel en la mano.
Ji-oh comenzó a pintar.
—…
—…
Era de un color rojo sumamente vivo, idéntico al de la manzana que Yoo Sung-woon había dibujado la madrugada anterior.
La forma era la de un triángulo de líneas redondeadas. Poseía una estructura indudablemente tridimensional y una luz transparente que acentuaba su definición aún más. La luz, que chocaba contra unos rayos de sol suave y cálido, se fragmentaba en mil pedazos dispersándose por toda la estructura.
La tonalidad recordaba a la de una granada. Era transparente y roja. No obstante, era todavía más roja que eso. Un rojo tan tajante y puro, como si albergara sangre recién derramada, que provocaba dolor en los ojos al contemplarlo durante demasiado tiempo.
Aquello pronto cobró vida.
—…
El borde de la figura se volvió tan afilado como una hoja.
—…
Y tras albergar la oscuridad en su interior, terminó por proyectar incluso una sombra difusa debajo de sí.
—…
—Tenga.
El retrato le habló.
—Es en agradecimiento.
Desplazó con el dedo aquella gema roja, tan vívida como si contuviera un corazón latente, y…
Tuk.
Cayó directamente sobre la mano de Yoo Sung-woon.
—…
—…
—Es suya.
—…Esto… ¿Qué clase de gema es?—preguntó.
—No lo sé.
—…
—Pero debió de haber estado en las profundidades de la tierra, a una temperatura ardiente.
Ji-oh comenzó a relatar la historia de la gema.
—Al haber permanecido en un lugar tan cálido como el propio corazón del planeta, tal vez conservó ese calor semejándose al sentimiento de poseer un buen amigo. Y luego, tras el paso de muchísimo tiempo, solo al ser descubierta por manos humanas… debió de adquirir esta hermosa forma.
¿De quién era esta historia?
—…Es un relato interesante.
—Me alegra que le haya parecido así.
—Jaja…
A Yoo Sung-woon se le escapó una risa desganada e incrédula sin darse cuenta.
—¿Con qué dibujó esta gema? Juraría que su pincel no tenía pintura alguna…
—…
—Esta gema parece del todo real.
El retrato no le respondió.
En su lugar, Yoo Sung-woon preguntó:
—¿Puedo quedármela?
—Usted me dio un regalo.
Se refería a aquel torpe dibujo de la manzana.
—Esta gema es la correspondencia a ello.
Las palabras del retrato sonaban exactamente como las de un demonio. Aunque no había razón alguna para sentirlo así, esa disonancia, esa bruma y ese trance extático terminaron por darle esa idea.
Y Yoo Sung-woon, impulsado por un irrealismo incontenible, expresó su sincera impresión:
—Tiene usted razón.
—Comprendo.
—Y esa… suena exactamente como la respuesta que daría un demonio.
Le resultaba imposible contener la duda. Un investigador era, al fin y al cabo, una existencia con esa naturaleza.
—¿Por qué responde siempre utilizando un lenguaje tan simple? Ji-oh, usted… no sé cómo decirlo. Responde de una manera sumamente sencilla y precisa, capaz de satisfacer los deseos de los demás.
—…
—Sé que esta es una pregunta impertinente. Pero no puedo evitar formularla: ¿puede actuar así porque carece de emociones humanas? ¿O acaso ha elegido convertirse en alguien así?
El retrato no respondió y se limitó a contemplar a Yoo Sung-woon.
Tras transcurrir un largo rato y parpadear dos veces, Ji-oh finalmente respondió:
—No logro comprender a qué se refiere el señor Yoo Sung-woon. Yo no he utilizado una gramática excesivamente simple, ni tampoco he dado respuestas con el fin de satisfacer las necesidades o deseos de las personas.
—…
—Yo siempre he sido así.
Su voz seguía siendo tan inexpresiva y baja como de costumbre, pero contenía un matiz ligeramente distorsionado.
No transmitía paz. Era tan silenciosa como siempre, pero revestida de una extraña anomalía… semejante a haber arrastrado a un difunto enterrado en su ataúd de vuelta al mundo de los vivos.
—Poseo emociones humanas a tal punto que ni siquiera le encuentro sentido a tener que explicarlo.
—…
—No es que carezca de emociones, ni tampoco ha sido elección mía convertirme en nada de esto. Yo siempre fui esta clase de persona.
El retrato parecía estar enfadado, aunque también daba la impresión de buscar excusas tras haberle tocado un punto sensible; o tal vez solo se sentía frustrado porque, en verdad, le resultaba imposible comprender qué era lo que el otro le estaba diciendo.
O quizás todo aquello no era más que una mera ilusión de su parte y la pintura, en realidad, no sentía la más mínima emoción.
«No tengo idea de qué estará pensando.»
—Tiene razón, lo entiendo. Sé que usted es un ser humano común y corriente —Yoo Sung-woon habló con extrema cautela.
—…
—Parece que experimenta soledad, alegría y… muchas otras emociones. Sin embargo, posee una forma de hablar que no deja traslucir emoción alguna ni deseos personales. Como si dentro de usted no hubiera absolutamente nada…
Como si todo fuera simplemente un trato de… atención al cliente.
«…No debería seguir hablando más allá de este punto.»
Yoo Sung-woon sintió curiosidad, acompañada al mismo tiempo de una sincera admiración. Aunque Bisabul lo había contratado como curador, su esencia principal residía, en última instancia, en la “investigación y la exploración”.
—…
—…
El retrato volvió a hablar:
—Soy un ser humano común y corriente. —Y prosiguió con sus palabras—: Tenía ganas de comer una manzana, por lo que le pedí al señor Yoo Sung-woon que me dibujara una.
—Entiendo.
—Ese era mi deseo personal. Como el señor Yoo Sung-woon me dibujó la manzana, le di algo en agradecimiento. Nos entregamos obsequios mutuamente, y eso es una muestra de cortesía elemental entre las personas.
—Ciertamente.
—Yo solo he guardado la debida cortesía.
—…
—Por eso no termino de comprender a qué se refiere con lo que está diciendo.
Era imposible descifrar si esas palabras eran verdaderas o falsas. Resultaba sumamente difícil leer la mente detrás de un tono de voz tan monótono e imperturbable.
—¿Sabe que sus ojos son sumamente negros?
—La mirada de muchísimas personas es de color negro.
—Es verdad.
—Los ojos negros son comunes. No tienen nada de especial.
—…
—No me considere alguien demasiado especial. Le sugiero que no lo haga.
La situación se asemejaba a la de una ballena colosal intentando explicarle a un humano que ella era algo insignificante.
¿Acaso negaba la realidad aun sabiendo que sus palabras eran contradictorias?
«¿O en verdad no se da cuenta?»
El rostro inexpresivo de Ji-oh ocultaba por completo la verdad de su interior.
—…Tendré cuidado.
Día 5, completado.
A partir de ese momento, el retrato no volvió a abrir los ojos durante un buen tiempo.
—…
Ah, cielos.
«Tendré que corregir esta mala costumbre mía…»
¿Había provocado que terminara huyendo?
* * *
—…
Realizar actividades sociales después de tanto tiempo resulta agotador.
«… ¿Y si me tomo un descanso?»
Activación del pensamiento positivo supremo.
«A descansar se ha dicho.»
Y así, volvió a su estilo de vida de jubilado rural.
—¡Tarán~!
Esa fue la verdadera razón por la cual Ji-oh permaneció resguardado dentro del retrato durante diez días enteros.
Impresiones sobre el capítulo completo.
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