¿Una competición? ¿Qué tipo de competición? Los estudiantes se miraron desconcertados.
A Tang Yu se le encendió una luz. ¿Acaso era…?
Recordó las palabras del director de rostro infantil: quien no superara el entrenamiento, se iría a casa. ¿Sería eso? Varios estudiantes pensaron lo mismo y, de repente, se miraron con desconfianza.
En una competición, siempre hay ganadores y perdedores. ¿Los perdedores serían eliminados?
Jin Ling, como si no viera su preocupación, empezó a nombrar:
—Jack, Li Da, al frente.
Los dos nombrados se pusieron firmes y se miraron con hostilidad.
Casualmente, uno era noble y el otro, civil.
Tang Yu pensó que Jin Ling lo había hecho a propósito.
Ambos eran altos y fornidos, con pinta de ser peligrosos. El noble, tras un mes de entrenamiento, había perdido su elegancia, aunque aún conservaba algo de distinción.
Jin Ling sonrió: —¿Ven la huerta?
Ambos asintieron. La huerta estaba justo al lado del campo de entrenamiento.
—¿Están maduras las verduras?
Al ver ese verde tan frondoso, los dos asintieron con cierta duda. Con tan buen aspecto, debían estarlo.
Jin Ling señaló la huerta: —Pues no las desperdiciemos. ¡Vamos! En quince minutos, a ver quién recoge más y más rápido.
Todos los estudiantes: —…
Podían haber dicho que querían que recogieran verduras, sin necesidad de hacer una competición. En quince minutos no, ¡en toda la mañana!
Al ver su despreocupación, Jin Ling sonrió: —El ganador, se lleva una verdura.
Los estudiantes: —… Una verdura…
¡Qué tacaño!
Pero el instructor mandaba. Los dos estudiantes se arremangaron para empezar.
Justo cuando iban a tocar las verduras, Jin Ling añadió: —Les sugiero que se quiten el equipo. Así será más fácil.
¿El equipo? Cierto, se habían olvidado del chaleco.
¡Pum! Los chalecos, botas y muñequeras cayeron al suelo, dejando hoyos profundos.
Tang Yu miró los hoyos: —…— ¿Cuánto pesaba ese chaleco para hacer un hoyo tan hondo?
Vio que el hoyo de Cheng Wei era más profundo que el suyo.
—El mío pesa más que el tuyo —dijo Cheng Wei. No lo había dicho antes por no desanimarlo.
Tang Yu sonrió. Sabía que Cheng Wei era considerado. Pero no solo el suyo era más ligero. Los de nivel físico más alto dejaban hoyos más profundos.
Parecía que los chalecos y muñequeras se ajustaban al nivel de cada uno, para desafiarlos.
En la academia, todo era nuevo para él. Tang Yu sintió que su vida anterior había sido un desperdicio.
La competición empezó. Sin el peso, todos se sintieron ligeros.
Pero los dos estudiantes no se confiaron. Después de quitarse el peso, sintieron que recoger verduras en quince minutos no sería tan fácil.
—¡Empiecen!
Al oír la orden, los dos se lanzaron a por la verdura más cercana.
—¡Aaaah! —¡Aaaah! —Dos gritos desgarradores resonaron en el campo.
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