Capítulo 8: El examen (1)

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Capítulo 8: El examen (1)

Faltaban solo diez días para el examen, y Tang Yu deseaba poder dividir cada minuto en dos para aprovecharlo mejor. Cuando llegó el día 30, apareció ante los Tang con unas ojeras enormes y bien marcadas.

Tang Ziqi, al verlo de repente, se sobresaltó. Luego, sintiendo que haberse asustado era una humillación, activó su modo burlón: —¡Vaya! Así que tenías tantas ganas de ir a la Academia Linglong, ¿eh? Con esas ojeras tan grandes que te has hecho, no debe haber sido nada fácil.

Y no era para menos. Normalmente, con solo usar un equipo de curación, el cansancio de una noche en vela desaparecía. Pero esas ojeras en la cara de Tang Yu eran persistentes, lo que demostraba lo mucho que se había esforzado esos días.

Tang Yu no quería hablar con Tang Ziqi. Cada vez que lo veía, recordaba cómo había muerto. Si no fuera por su enorme autocontrol, ya le habría propinado varios cortes.

Al ver que Tang Yu lo ignoraba, el rostro de Tang Ziqi se ensombreció. Pero al recordar que el pase para la Primera Academia Militar que antes era de Tang Yu ahora era suyo, su ánimo mejoró un poco.

—No es más que un bastardo. ¿Quien se cree que es? —murmuró Tang Ziqi con desprecio, en voz tan baja que solo él podía oírse.

Pero Tang Yu lo escuchó. Con su nivel psíquico actual, podía captar sonidos a casi trescientos metros. Las palabras de Tang Ziqi no se le escaparon, pero no detuvo su paso. No podía revelar su nivel psíquico.

Bastardo. Era la segunda vez que lo oía. Tang Yu bajó la mirada, y en sus ojos brilló una mezcla de determinación y odio.

Tang Yu llegó a la mesa y, al ver a la señora Tang allí sentada, la saludó con un leve “madre” y se sentó a desayunar.

Era la primera vez que la señora Tang veía a su hijo mayor desde que cedió el pase. Cuando vio esas ojeras tan negras y enormes, frunció el ceño con fuerza.

—¿Piensas salir así? —La señora Tang estaba muy insatisfecha con él.

No, mejor dicho, nunca había estado satisfecha con Tang Yu.

Tang Yu hizo una pausa y se tocó los ojos. Ciertamente, se había esforzado demasiado esos días, y que esas ojeras tan marcadas aparecieran en su rostro lo había tomado por sorpresa. Pero en tan poco tiempo no podía eliminarlas.

—Me disfrazaré un poco antes de salir.

La señora Tang se mostró un poco más conforme.

—¿Vas a hacer el examen en la Academia Linglong? —preguntó, mostrando un interés poco habitual.

Pero Tang Yu sabía que solo estaba tantéandolo. No creía que su madre ignorara que la Academia Linglong y la Primera Academia Militar hacían el examen el mismo día.

—Sí, madre. ¿Quiere ver mi información de candidato? —preguntó Tang Yu fingiendo desconcierto. Tenía los datos de ambas academias, y mostrarle los de la Linglong no supondría ningún problema.

La señora Tang lo miró un momento y luego dijo: —No hace falta. Ya que vas a hacer el examen, termina el desayuno rápido.

También había llegado a la conclusión de que enviar a Tang Yu a la Academia Linglong a aprender a ser un buen cónyuge sería algo digno para la familia Tang.

Tang Yu acabó el desayuno en un par de bocados, se puso un sombrero que le cubría gran parte del rostro y subió al vehículo antigravedad que los Tang le habían preparado para ir a la Academia Linglong.

El vehículo tenía la ruta programada. Ni siquiera Tang Yu podría bajarse a mitad de camino. El vehículo lo dejó en la entrada de la Academia Linglong, aparcó cerca y esperaría a que él terminara el examen.

Nada más entrar, Tang Yu preguntó dónde quedaba la puerta sur y corrió hacia allá. Era la salida más cercana. Tenía que llegar rápido, porque había reservado un vehículo de lujo que lo esperaba allí. Además, sabía que su madre, para impedirle ir a la Primera Academia Militar, lo tenía vigilado.

Quizá la señora Tang confiaba demasiado en que su hijo no la desobedecería, y solo había manipulado el vehículo de la familia.

Por eso Tang Yu había salido una hora antes. Como muchos llegaban con mucha antelación a los exámenes, su madre no sospechó nada. Una hora, ni más ni menos, justo lo que necesitaba.

Tang Yu salió por la puerta sur y vio un vehículo de la compañía Jie’an estacionado. Subió de inmediato.

Levantó la muñeca y acercó su comunicador al lector. Con un pitido, el vehículo se puso en marcha y salió disparado a tres veces la velocidad del que lo había traído, dirigiéndose al centro de examen de la Primera Academia Militar.

Tang Yu miró hacia atrás. La Academia Linglong se hacía cada vez más pequeña en su campo de visión. Entonces giró la cabeza y miró hacia adelante.

Al examen de la Primera Academia Militar, no iba a faltar.

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