Desde la habitación, Euichan volvía a salir a toda prisa. Al ver que se acercaba apurado, abrazando una caja vieja y cojeando de una pierna, Hyde también se levantó de su asiento.
—Hyde. —Euichan abrió la puerta de la terraza y salió con urgencia, como alguien que es perseguido. Su rostro, teñido de impaciencia, estaba pálido como el papel. Euichan abrió la boca para explicar algo, pero volvió a cerrarla firmemente. En su lugar, le tendió a Hyde la caja que llevaba en los brazos.
Lo que había dentro era un trozo de carne seca. Al mirar hacia abajo lo que estaba encogido, se le escapó un suspiro de los labios a Hyde. Por más que lo viera, aquello era la oreja arrancada de un yōkai. De ella emanaba un aura tan fría y malvada que estrangulaba la garganta. Era comprensible que Euichan hubiera perdido todo el color del rostro. Aquella energía, donde se mezclaban la intención asesina y la oscuridad…
—Podo se ha robado algo muy valioso.
Porque era una energía monstruosa y malvada que desgarraba la piel, exactamente igual a la experimentada durante la masacre de la aldea Seolhyang.
* * *
—Hyung se llevara esto. Tengo que investigar un poco.
Antes de irse, Hyde le dejó a Euichan un montón de pomada para quemaduras en las manos. Viéndolo sacarla con total naturalidad del bolsillo delantero de su pecho, parecía que la tenía preparada de antemano. Haber traído esas cosas para encontrarse con Euichan significaba que ya sabía que Ra Épée y Euichan se habían enfrentado. A pesar de eso, Hyde había esperado hasta que Euichan lo llamara.
«De verdad que no puedo entenderlo.»
Incluso el beso era así. Lo llamaba: darle una advertencia de silencio, pero ¿no era acaso haberse estado burlando de él? Euichan, tumbado en la cama y sumergido en el pantano de sus pensamientos, bajó fugazmente la mirada hacia el sonido de los ronquidos de Park Ri-on que provenía de cerca. Estirado como una estrella sobre la ropa de cama, Park Ri-on dormía plácidamente con la boca abierta. Euichan, que miraba en silencio el rostro de su amigo que dormía sin saber qué había pasado afuera, sintió hambre y se movió inquieto.
…¿Debería comer un poco y dormir? A todo esto, hoy no había podido comer su merienda a su hora. Aunque intentaba dormir, seguía acordándose del yogur que había guardado en el refrigerador y se le hacía agua la boca. Incapaz de aguantarse al final, Euichan se levantó disimuladamente de la cama. Luego salió a la sala y se fue directo al refrigerador. Abrió la puerta, sacó un yogur con sabor a fruta y lo agarró. Tras destapar la tapa decorada con un dibujo de durazno y comerse unas cuantas cucharadas, el hambre no se le quitaba, así que también abrió y se comió unas cuantas salchichas infantiles que le habían entregado días atrás. Una vez que calmó el hambre de esa manera, el cuerpo se le quedó cansado. Sentado en la silla del comedor con las rodillas dobladas, Euichan se frotó un par de veces sus regordetes labios sin motivo alguno.
«…Se sentía como si fuera familiar.»
¿Por qué la textura de los labios que se habían encontrado calurosamente seguía siendo tan vívida?, Euichan sacudió la cabeza con rapidez para alejar ese pensamiento. Aun así, la sensación que envolvía su lengua no se desvanecía enseguida. Era extraña y pegajosa… pero a la vez extrañamente familiar, al punto de no saber qué hacer con su cuerpo.
Haa… Qué locura. Aunque decían que la vida de Ha Euichan era bastante asombrosa, quién diría que su primera experiencia sería con tres personas. Y de repente había quedado encinta, e incluso eran trillizos. Aun así, los niños… eran una bendición para él. Euichan bebió jugo con sabor a manzana introduciéndole un sorbete. Al ver que su vientre seguía tranquilo hasta ahora, se preguntaba si los niños también se habrían escondido por miedo a Hyde. O si estarían durmiendo bien pegaditos después de comer hasta hartarse.
«…Tengo que decírselo, aunque sea a él.»
Recordando la recomendación del médico de que debía buscar al tercer padre y entablar una relación, Euichan apoyó la barbilla en la mano. Poniéndose a pensar en los tres hombres, seleccionó al que parecía más fácil de tratar. Probablemente… Ese era Noatiss.
“Yo solo sé que los genes de los niños son diferentes; aunque traiga al padre biológico, no puedo distinguir quién es el papá del niño. Usemos el color como ejemplo. Cada uno tiene su propio color. Sin embargo, ese color es sumamente enigmático y no se puede asegurar a menos que se examine científicamente.”
El médico había dicho que los niños tenían cada uno su propio color, y que este era diferente tanto del de sus padres biológicos como del de Euichan. Así debía ser. Había descrito los genes de Euichan como algo cercano al arcoíris, pero de cada uno de los niños solo había dicho que eran oscuros, brillantes o turbios. Por lo tanto, para encontrar al padre, dijo que era necesario informar de este hecho al progenitor biológico y realizar varias pruebas.
Euichan quería proteger a toda costa, cuéstese lo que cueste, al menos a sus tres hijos. Debido a la masacre de la aldea Seolhyang, Euichan había perdido demasiadas cosas. Su familia, sus amigos, sus vecinos, su pueblo natal. Ahora no quería volver a pasar por algo así, no iba a permitir que sucediera. Y sin embargo, casualmente, la energía malvada que había experimentado en la masacre de la aldea Seolhyang también la sintió en el objeto que Podo había robado. ¿Lo que pasó en la masacre de la aldea Seolhyang estará relacionado con eso? O tal vez, ¿habrá un hecho descomunal oculto tras bastidores que él desconoce?
«Si la masacre de la aldea Seolhyang vuelve a ocurrir… tampoco habrá un lugar donde los niños puedan vivir.»
Euichan no tenía la menor intención de infligir una tragedia así a sus futuros hijos. Por eso le había informado a Hyde sobre la caja. Ya que él, que mantenía a raya a Aeng-ak, se encargaría de resolverlo juntando las cabezas con los hermanos de alguna manera. El problema eran los pequeños.
«…¿Debería al menos preguntarle a Noa?»
Euichan estuvo jugueteando con sus dedos hasta que finalmente agachó la cabeza por completo. La noche en la que no podía dormir seguía transcurriendo.
* * *
A la mañana siguiente, Euichan se despertó temprano, desayunó y se preparó para salir. Park Ri-on, quien le había preparado el desayuno y atendía a Euichan, seguía holgazaneando por los alrededores con el delantal puesto.
—Uh… Euichan. ¿Quieres que vaya yo a decírselo en tu lugar? ¡Si te duele la pierna y la barriga te pesa, mejor quédate en casa! ¿Sí? Yo iré a decirlo.
—Ya te dije que no se puede. ¿Quién le va a encargar algo así a otra persona? Y además, ¿por qué me va a pesar la barriga si todavía ni me sale? Iré y volveré enseguida. Tengo que ir en persona a verle la cara y hablarle para que el capitán también entre en razón, ¿no crees?
—P… Pero… ¿Y si te tropiezas en el camino y te caes a la calle? ¿Y si alguien te golpea la barriga? ¿Qué harías si pasa eso?
—Si hasta ahora he andado por ahí bien y sin problemas, ¿cuál es el problema? Ya está.
Euichan, que se había atado fuertemente los cordones de los zapatos, se apoyó de la pared y levantó el cuerpo poco a poco. Al pasar un día, un dolor punzante y ardiente atacó la zona de la quemadura. En el hospital le habían dado analgésicos, pero como su tercer hijo estaba en una situación de peligro, Euichan prefería no tomar medicamentos si podía evitarlo.
—De regreso pasaré por el hospital, así que almuerza primero.
—N…No hagas eso… Mejor, ¿voy yo también? ¿Cómo voy a dejar ir a Euichan solo?
—Ya te dije que estoy bien.
Euichan golpeó suavemente el suelo con la punta de los zapatos y se acomodó la gorra. Luego, tras dejarle a Park Ri-on la advertencia de que no saliera, salió de casa.
Como era una hora en la que el sol brillaba con fuerza, en cada calle se extendían sombras frescas bajo los árboles. Euichan avanzaba escogiendo solo las sombras y se detuvo frente al semáforo en la línea peatonal. Mirando su reloj de pulsera, estuvo pensando en cómo apresurarse a explicarle las cosas a Song O-jun, el director de la oficina Non-Hero. Tenía pensado pedir unas vacaciones argumentando que se había lastimado la pierna y la mano para descansar un tiempo. Descansar por alrededor de un mes y, al regresar, trabajar tranquilamente hasta que le creciera la barriga para ganarse el sustento diario. Justo cuando Euichan, con esa firme determinación en su interior, cruzaba el paso de peatones cuyo semáforo había cambiado, sucedió algo. Alguien del lado de enfrente salió corriendo con gran ímpetu y se elevó por los aires.
—¿Eh? ¡Eh, miren, es Noatiss!
Apenas alguien levantó el dedo para señalar, todas las personas que cruzaban el paso de peatones levantaron la cabeza para mirar al cielo. Vistiendo jeans y una chamarra de aviador, con el cabello al viento, Noatiss dio un salto hacia el cielo y atrapó algo en el aire. Después de descender ágilmente al suelo, Noatiss corrió a toda prisa hacia algún lugar y se lo entregó a un niño.
—A ver, a ver, no llores. Hyung te atrapó el globo. ¡Toma esto y cálmate!
—¡Ah, mi globo! ¿V-voló de verdad?
—¿Qué, tú también quieres volar? ¿Quieres que Hyung te lleve en avión?
—¡Sí, quiero! ¡Quiero andar en avión!
Noatiss levantó al niño agarrándolo de las axilas y dio vueltas con él en el aire como si fuera un avión. Ante la risa que estallaba alegremente, también se dibujó una sonrisa en los labios de los transeúntes. Tras saludar al niño, Noa corrió apresuradamente hacia algún lugar en un santiamén.
—¡Vaya, abuela! Yo se lo llevo.
Esta vez cargó de un tirón el equipaje de una anciana que pasaba y la acompañó cuidadosamente hasta donde estaba su nieto. Por otro lado, separaba a los perros guardianes que peleaban y se mordían, ordenaba una rama de árbol rota que colgaba amenazante, y les soltaba regaños severos a los estudiantes que cruzaban la calle imprudentemente.
—Noa está ocupado hoy también.
—Últimamente los héroes solo se creen la gran cosa y no mueven un dedo a menos que se trate de atrapar villanos.
—Pero también… eso da dinero.
Euichan escuchó a escondidas las conversaciones de la gente mientras cruzaba el paso de peatones. Al descubrir a personas que necesitaban ayuda, Noa corría hacia ellos en un santiamén y los ayudaba con una sonrisa radiante como la luz del sol. Al sentir una mirada fija en él, giró la cabeza de golpe y se cruzó con los ojos de Euichan, quien estaba de pie bajo la sombra tras haber terminado de cruzar la calle. ¿Sería una exageración decir que los ojos de Noa se abrieron como los de un conejo? Sin embargo, poco después, Noa comenzó a sonreír suavemente. Como si se meciera suavemente con el viento. Suave y tranquilamente.
—Vaya… nos vemos aquí mismo. ¿Me habré ganado la lotería hoy?
Al ver que se acercaba a él más rápido que nunca, Euichan no tuvo más remedio que rascarse el puente de la nariz. Realmente… la forma en que corría con el cabello al viento se parecía a un golden retriever corriendo hacia su dueño con una pelota de playa en la boca.
—Justo iba de camino a Non-Hero. Esto sí que es el destino. ¿No es así, Euichan?
Preguntó el joven, que se había acercado en un momento, con una sonrisa fresca. Euichan levantó la barbilla para mirar hacia arriba y verlo a él, que había entrado bajo la sombra. La luz del sol que caía en puntos dispersos a través de las hojas de los árboles dejó manchas blancas en el rostro de Noa. Como ese aspecto le hacía cosquillas en el corazón de un modo extraño, Euichan tuvo que mirarlo un buen rato antes de asentir con la cabeza.
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