—…Sí, es cierto.
A Ha Euichan no le agradaban particularmente los héroes. El mundo estaba lleno de villanos que se ponían disfraces de héroe solo para conseguir beneficios. Durante la tragedia de la aldea Seolhyang, Euichan vio a los héroes que solo buscaban su propio beneficio y, en ese día de su infancia, experimentó y comprendió por sí mismo que no había héroes en el mundo. Sin embargo, cuando miraba a Noa, sentía que sus propios pensamientos a veces se ponían patas arriba y se volvían blancos. Estaba empezando a comprender poco a poco, al ver a Noatiss, que en el mundo sí existían héroes que ayudaban a las personas sin ninguna condición ni razón.
—¿Vas camino a la oficina de Non-Hero? ¿Vamos juntos?
—Sí, pero…
—¿Pero?
—Quiero… ir un poco más despacio.
Tan pronto como Euichan levantó el pie del lugar donde estaba parado, un lado de su cuerpo se inclinó torpemente. Noa estiró rápidamente la mano con desconcierto, pero Euichan dio el otro paso de inmediato para enderezarse. Cojeando….
—…
Y de nuevo, cojeando, caminó hacia el frente de Noa y se detuvo. Aunque no tenía un hueso roto, cada vez que extendía la pierna, la zona vendada se presionaba y perdía fuerza, por lo que Euichan no podía hacer nada al respecto. Euichan se secó el sudor frío y levantó la cabeza para mirar fijamente a Noa. Pudo ver que las pupilas de sus firmes ojos verdes estaban más dilatados de lo habitual. Justo cuando pensaba que eso se veía extrañamente espeso y oscuro. Cuando el color del rostro de Noa, que se había detenido sin reaccionar, cambió sutilmente.
¡Crak! Un grito resonó cerca. Euichan giró la cabeza apresuradamente hacia donde provenía el sonido. Los letreros de las tiendas cercanas se estaban arrugando todos como latas vacías. La gente comenzó a agarrarse la cabeza y a evacuar al unísono.
A diferencia de la situación caótica, Noa seguía detenido. Al verlo congelado con los ojos muy abiertos, Euichan extendió la mano y agarró el brazo de Noa.
—Noatiss. ¡Crak!
—¡Noa!
Noa no mostraba señales de recuperar el sentido en absoluto. Con una sensación de que no podía hacer nada, Euichan agarró sus dos mejillas con las manos. Y lo atrajo con fuerza hacia su lado.
—Min Noa, reacciona.
En el momento en que las pupilas negras que se contraían se abrieron de par en par, la expresión de Noa se volvió blanca. En ese instante, los alrededores se sumieron en silencio. El viento que soplaba ferozmente, la fuerza que arrugaba los objetos, todo desapareció en un momento y la naturaleza contuvo la respiración. Noa estaba sumido en la confusión, como si no pudiera creer lo que había hecho. Euichan miró a su alrededor, agarró su brazo y comenzó a alejarse del lugar. Entraron profundamente en un callejón cercano tal como estaba. La gente de la calle solo inclinaba la cabeza desconcertada. No había nadie que relacionara el repentino desastre con Noa.
Euichan se dio la vuelta y miró a Noa, que estaba acurrucado apoyado en la pared del callejón. Él tenía las manos entrelazadas contra su frente mientras recuperaba el aliento.
—¿Quién…, quién hizo eso?
A Euichan se le encogió el corazón pensando que tal vez era su culpa que Noa no pudiera controlar sus poderes. Al no haber respuesta, Noa interpretó la situación a su manera, se puso de pie y se acercó.
—¿Es alguien de quien no puedes hablar? ¿Quién es…? Yo me encargaré. Solo dime su nombre.
—No, no es lo que Noa está pensando. Solo me tropecé un poco en las escaleras.
—…No es una herida por tropezar.
La mirada de Noa se clavó exactamente en el muslo de Euichan. Cuando Euichan retiró la pierna hacia atrás, esta vez su mirada se clavó en la mano enguantada. Euichan también escondió las manos hacia atrás.
Al escuchar el sonido de una sirena resonando cerca, parecía que la asociación o la policía se habían movilizado. Un niño salió rápidamente de la escena abrazado en los brazos de sus padres. Entonces el niño dejó caer lo que tenía en la mano. Justo frente al callejón donde estaba Euichan cayó una barra de helado. Con el aroma dulce, a Euichan le dio hambre. Antes de que un trueno rugiera en su estómago, Euichan abrió la boca a tropezones.
—Eh… creo que se está haciendo muy tarde. Creo que debería ir a la oficina ahora.
Se formaron arrugas en el ceño de Noa. A pesar de ser una expresión muy fruncida, no daba miedo… Seguramente era porque sus ojos verdes se veían bastante decaídos. Noa cerró los ojos con fuerza y se frotó la frente como si intentara recuperar la compostura. Exhaló profundamente varias veces como si reprimiera su respiración y extendió la mano hacia Euichan, cerró los ojos con fuerza, pensando que Noa intentaba agarrarle el brazo a la fuerza para revisarle las heridas, pero lo que se le acercó fue una mano suave.
—…Vamos. Dijiste que también tenías asuntos que atender por ahí. Parece que Euichan tiene hambre, comamos algo juntos.
Una mano grande tomó suavemente la otra mano de Euichan que no tenía guante. Sin ejercer mucha fuerza y entrelazándola, señaló con la mirada el final del callejón. Euichan alternó la mirada entre su mano y Noa, y respondió tardíamente.
—¿No podemos comer algo que no sea arroz?
—¿Por qué no? ¿Hay algo más que te apetezca comer?
Euichan titubeó y, dado que ya las cosas habían llegado a este punto, asintió con fuerza con la cabeza como si se hubiera decidido. Parecía que era verdad que a los peques les gustaba lo dulce, y se presionó una vez en secreto el estómago que no dejaba de agitarse desde hacía rato con la mano. El olor dulce seguía rondando la punta de su nariz. «Ya, les comparé un helado, pero pórtense bien».
* * *
Antes de salir del lugar, Noa le confesó honestamente al empleado de la Asociación de Héroes que había llegado a la escena, que él había sido el causante. Y dijo que prepararía un plan de compensación adecuado. Entregando la tarjeta de presentación de su oficina, Noa se disculpó haciendo una reverencia hasta la cintura ante la gente. Después de eso, rápidamente tomó la mano de Euichan y se dirigió hacia Non-Hero. Pensó que subirían a la oficina, pero él hizo que Euichan se sentara en el banco de un parque enfrente y le pidió que esperara un momento.
—Espera aquí un momento. Vuelvo enseguida.
—Aún no he dicho qué voy a… comer… —Euichan miró atónito la espalda de Noa, que desapareció a toda prisa incluso antes de que terminara de hablar.
Poco después, Noa regresó corriendo a toda prisa. Venía sosteniendo un portavasos de bebidas en una mano y una bolsa blanca con el logotipo de una tienda de conveniencia en la otra. Dentro de la bolsa había todo tipo de helados.
—Por lo que vi hace un rato, parecía que querías comer esto.
…¿Cómo puede ser esto posible? Euichan parpadeó y abrió ligeramente la boca. A menos que Noa tuviera habilidades de lectura mental, era imposible que hubiera comprado exactamente lo que Euichan, no, lo que los peques pensaban que querían comer en ese momento. Al ver la mirada atónita de Euichan, Noa sonrió y colocó ordenadamente la bebida y el helado junto a Euichan.
—Esto está rico. Prueba este primero.
—…¿Eh? Ah, sí.
Como le tendió la bebida con un popote insertado, Euichan la aceptó por reflejo y comenzó a beber. Casualmente era la bebida de chocolate dulce que más les gustaba a los peques. ¿De verdad podía pasar esto? La lengua disfrutaba del sabor espeso del chocolate. Euichan movió la punta del pie sin darse cuenta. Al ver eso, Noa esbozó una sonrisa disimulada. Después de beber unos sorbos más y mirar el logotipo, era una cafetería con franquicia en la avenida principal que Euichan también conocía. Mientras pensaba que debería comprar allí a menudo, Noa abrió un helado y le preguntó de repente:
—¿De verdad no me lo vas a decir?
—¿Qué cosa?
Noatiss, que tenía un helado de frijol rojo en la boca, lo mordió haciendo un chasquido.
—Lo de la herida. Quién hizo eso… Puedo averiguarlo por mi cuenta, pero aun así quiero escucharlo de ti, hyung.
—De verdad fue porque me caí.
—Hace un momento dijiste que te tropezaste en las escaleras.
—…
Al parecer, Noatiss era una persona meticulosa, persistente y con una naturaleza investigadora. Euichan tosió levemente y volvió a beber de su vaso. Luego respondió murmurando:
—Mientras me tropezaba en las escaleras, agarré la barandilla y me doblé el pie tal cual.
—…Ja, vaya. Entonces preguntaré algo más. ¿Puedo averiguar yo quién hizo eso?
—Si no hay sospechosos, ¿cómo?
—Bueno… buscando, supongo que saldrá algo. Aunque creo saber más o menos quién fue.
Noatiss ya se había comido un helado y abrió otro para llevárselo a la boca. Esta vez era un helado de sabor matcha ligeramente amargo. Quizás porque creció solo bajo padres de una brecha generacional diferente, su gusto estaba un poco alejado de las cosas de la generación actual. Mientras Euichan terminaba su bebida, él ya llevaba seis helados comidos. Le ofreció un helado de sabor leche a Euichan también, pero Euichan negó con la cabeza porque temía que más tarde los peques salieran melindrosos con la comida.
Come bien a pesar de ser joven. Como la edad de Noa era de 20 años, era de los más jóvenes incluso en el ámbito de los héroes. La mayoría salía de la universidad y terminaba su registro oficial como héroe a los 25 años para comenzar a actuar como compañero en oficinas famosas, por lo que Noa era un caso especial. Incluso había dicho que comenzó a actuar antes de los 18 años, por lo que debió haber visto todas las facetas feas y sucias de este mundo. Aún así, ¿cómo podía ser tan radiante y puro?
A Euichan le gustan los héroes justos. Bueno, a cualquiera le pasaría. La imagen de Noa entregándole un globo a un niño pasó fugazmente por su mente por un instante. Tan solo en ese momento, que parecía una escena de una obra de arte clásica, el niño que aceptaba el globo se veía como los futuros peques. Por eso terminó preguntando de repente.
—Hace un rato vi… que jugabas muy bien con los niños.
—¿Hace un rato? Ah… ¿lo de haber atrapado el globo?
Noa, que incluso devoró el helado de leche que Euichan había rechazado, buscó en la bolsa y soltó un suspiro. Ya no quedaba nada porque los helados se habían acabado. Sólo entonces Noa guardó la bolsa y se sentó girando su cuerpo hacia Euichan.
—¿Y qué hay del niño?
—¿Acaso te gustan los niños?
—Mmh, son lindos y brillantes. Como soy hijo único, supongo que a menudo tuve momentos en los que deseé tener hermanos. Quizás por eso, me gustan los niños. Y son los niños que cargarán con nuestro futuro, así que no hay forma de que me desagraden.
Al ver a Noa hablar con una suave sonrisa en los ojos, decir que le gustaban los niños parecía sincero. Euichan sintió que le sudaban las manos sin motivo alguno.
—…Entonces, si llegaras a tener un hijo, digamos…
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