—Ya, ya, no lloren.
Euichan estrechó a los dos tigres contra su pecho y los arrulló con suaves palmaditas. En cada rincón donde alcanzaban, sus lenguas húmedas pasaban lamiendo su piel. No alcanzaba a comprender por qué ese gesto le resultaba tan reconfortante. Euichan se recostó sobre la vasta hierba que emanaba un aroma a sol seco. Los cachorros de tigre, instalándose uno a cada lado de sus costados, se acurrucaron hechos una bola y se pegaron a él. Mirándolos con atención, notó que uno de ellos tenía una mancha en el puente de la nariz, mientras que el otro tenía una mancha cerca del ojo.
—No se peleen, ¿sí? Si lo hacen, solo conseguirán lastimarse ustedes mismos.
Los pequeños abrieron los ojos perezosamente y enterraron sus hocicos en los costados de Euichan mientras ronroneaban. Sin poder evitarlo, una sonrisa se filtró entre los labios de Euichan. Al acariciar y calmar su suave pelaje, una agradable somnolencia lo invadió. Más allá del cielo azul impecable y sin nubes, un ave cruzaba dejando una estela en su trayectoria. Euichan parpadeó despacio bajo la luz del sol que caía como hilos de oro. Debido a eso, no llegó a ver que en el lugar donde los cachorros habían estado peleando, había una hendidura más. Tampoco vio que en ese mismo sitio, un brote seco y marchito agonizaba como si estuviera a punto de morir. Y aquello parecía… estar sucediendo desde hacía ya mucho tiempo.
Tras haber caído en un sueño profundo, Euichan se estremeció violentamente al sentir un escalofrío y abrió los ojos. Lo primero que vio fue un techo blanco. Al recordar tardíamente su situación, intentó incorporarse a ciegas. Alguien presionó con firmeza pero con suavidad los hombros del desconcertado Euichan. Al alzar la mirada, vio a Park Ri-on.
—¿Por qué te levantas? Quédate acostado. Ya no eres una sola persona, Euichan… Deberías habérmelo dicho. ¿Acaso no soy de fiar por ser un nerd? Aunque sea así, ¿por qué tenías que cargar con esto tú solo…?
—…¿Tú… por qué estás llorando otra vez? Tienes los ojos rojos como un conejo. Ya para de llorar.
—¡¿Te parece que ese es el problema ahora?! ¡Estaba muerto de angustia por tu culpa! ¿Dónde te metes y qué andas haciendo para regresar herido y con tanta imprudencia cuando tienes unos bebés en el vientre? Tú… ¡tú eres de verdad un tonto irresponsable y sin remedio!
Park Ri-on, soltando todos los insultos que conocía, resopló furioso. Tenía los párpados tan hinchados que parecía un dumpling remojado, un aspecto bastante lamentable, pero ver que incluso se había puesto los zapatos al revés demostraba lo mucho que se había preocupado por Euichan. Justo cuando Park Ri-on sonaba sus narices con fuerza, el médico entró apartando la cortina.
—¿Ya recuperó el conocimiento, paciente?
Cuando Euichan asintió con torpeza al ver a su médico de cabecera, la cortina se abrió por completo. Más allá de la camilla médica se alcanzaban a ver el escritorio del consultorio y una computadora. Oh Ju-hyok se acercó con el historial médico en mano y se sentó al lado de Euichan.
—¿Cómo se siente? Ya le aplicamos los primeros auxilios en la pierna y la mano, y como tenía mucho dolor, le administramos analgésicos. Ya no siente dolor, ¿verdad?
—Sí… ahora mismo estoy bien.
Al acariciarse el vientre, comprobó que el dolor punzante definitivamente había disminuido bastante. Curiosamente, las “pequeñas orugas” también se sentían más tranquilas y silenciosas de lo habitual. Al ver a Euichan limitándose a palpar su vientre, Oh Ju-hyok soltó un suspiro complejo, arrastró el monitor de la ecografía y lo ajustó a la altura de la vista de Euichan.
—Por ahora, hemos terminado todos los exámenes que podíamos hacer. También escuché a grandes rasgos la situación a través de su amigo. Respecto a los niños… por el momento no tiene de qué preocuparse.
Euichan, que había tensado el rostro temiendo que algo malo hubiera pasado, se relajó al escuchar que estaban bien. En la pantalla que Oh Ju-hyok había acercado, las dos pequeñas orugas, todavía del tamaño de un frijol, seguían durmiendo muy pegadas la una a la otra. En realidad, no estaba seguro de si dormían, porque a los ojos de Euichan, más bien parecía que se estaban agarrando mutuamente del cuello.
—A partir de ahora, voy a hacerle un par de preguntas al paciente. Sin embargo, debe responder con la mayor honestidad y sin mentiras. Solo así podré ayudar a Ha Euichan.
—…
—El dolor que experimentó hoy, ¿lo ha tenido con frecuencia normalmente?
Euichan rememoró los eventos ocurridos desde que le diagnosticaron el embarazo. Aunque por lo general el dolor era irregular, en su mayoría se intensificaba durante las noches.
—Sí, creo que por lo común me dolía mucho más por las noches.
—¿Cuál era la frecuencia del dolor? ¿Era un dolor tan agudo como el de hoy?
—Empezó a dolerme un poco tres días después del diagnóstico, y se volvió más severo recientemente. A veces el dolor duraba desde una hora hasta un mínimo de cinco horas. Pero un dolor como el de hoy es la primera vez…
—Bien, de acuerdo. Entonces le haré la última pregunta.
Park Ri-on, que observaba desde un lado con el corazón en un hilo, miró al médico mientras sostenía con fuerza la mano de Euichan.
—Señor Ha Euichan, ¿posee usted acaso… una habilidad de restauración o una anomalía temporal?
Ante esas palabras, tanto Euichan como Park Ri-on, quien sostenía su mano, se quedaron petrificados en silencio. Un frío mutismo inundó la habitación. Oh Ju-hyok esperó pacientemente la respuesta de Euichan sin moverse de su asiento. Y, finalmente, obtuvo una respuesta.
—…Sí, es algo similar.
—Ay, Dios… Con razón.
Como si finalmente todo cobrara sentido, el médico se pasó una mano por el cabello. Se quitó las gafas con gesto cansado, se presionó firmemente el entrecejo, se las volvió a colocar y señaló la pantalla de la ecografía con el dedo.
—El señor Ha Euichan probablemente no lo sepa, pero si mira aquí, las semanas de gestación de los bebés han disminuido. Es decir, su tamaño se ha reducido. En realidad, este caso no tiene ninguna lógica. Es imposible que un feto que ya ha crecido vuelva a hacerse más pequeño.
—¿Esto… tiene relación con el dolor que he estado sintiendo?
—A mi parecer, sí. Por lo general, cuando un feto no crece de acuerdo a sus semanas de gestación o se estanca, se considera un problema. En esos casos, si no se detectan latidos cardíacos o si el ritmo es demasiado lento hasta la octava semana, se realiza un legrado uterino terapéutico. Básicamente… se interrumpe el embarazo.
Euichan escuchó las palabras de Oh Ju-hyok manteniendo la compostura. «No hay que sacar conclusiones precipitadas», pensó. El movimiento de los niños que acababa de ver en la ecografía era sumamente enérgico.
—La otra posibilidad es que el feto ya haya sufrido un aborto retenido en el interior. En tal escenario, el feto no crece en absoluto y no se escuchan latidos, puesto que ya ha fallecido. Sin embargo, el caso del señor Ha Euichan es diferente.
—…
—La primera vez que el señor Ha Euichan vino a consulta, estaba en la séptima semana. No obstante, hoy, dos semanas después, el tamaño fetal que veo es ligeramente más pequeño que el de aquella séptima semana. Pero los latidos del corazón son sumamente vigorosos. Se mire por donde se mire, los bebés están completamente sanos. Y es natural que así sea.
Park Ri-on miró al doctor con una expresión que gritaba: “¿Acaso este tipo es un charlatán?”. Oh Ju-hyok, limitándose a acomodarse las gafas, continuó hablando con total serenidad.
—Por supuesto que tiene que ser así. Usted mismo lo dijo aquella vez, señor Euichan. Que eran hijos de héroes.
Esta vez, los ojos de Park Ri-on se abrieron del tamaño de dos puños. Con los labios temblando violentamente, se giró para mirar a Euichan. Este, incapaz de articular una respuesta, desvió sutilmente la mirada. Las palabras del médico no eran un delirio infundado. En esta era donde solo el 12% de las personas con mutaciones genéticas en todo el mundo ejercían como héroes oficiales, el nivel de estos paladines difería por completo del de un civil con habilidades ordinarias. Ellos poseían los genes dominantes. Eran individuos cuya fuerza y capacidades habían sido reconocidas incluso en medio del crudo invierno de esta época, donde el 70% de la población mundial nacía con algún superpoder. Por lo tanto, era natural que fueran formidables. El hijo de un héroe heredaba los genes sobresalientes de sus progenitores, naciendo inteligente y extraordinario. Después de todo, se dice que los tigres engendran tigres y los perros engendran perros. Era pura excelencia genética. La gran mayoría de los hijos de héroes que Oh Ju-hyok había atendido en el pasado heredaron esa magnífica genética y, al crecer, se convirtieron en héroes de renombre. Por ello, al ver que los corazones latían con tanta fuerza y que los fetos no presentaban fallos de salud, dedujo que la anomalía se debía a un factor externo.
—Los padres de las criaturas, señor Ha Euichan. Usted mencionó que eran héroes activos, ¿cierto?
—…Sí, tengo entendido que es así.
—Y aun así, el tamaño de unos fetos tan sanos se redujo… Debido a eso, planteé mi hipótesis desde otra perspectiva: que los fetos disminuyeron su tamaño al verse afectados por una influencia externa. Ya sea por la propia habilidad del gestante, es decir, de usted, o bien… por culpa de los padres de los bebés.
¿Y qué resultó ser? Tal como había conjeturado Oh Ju-hyok, el problema residía en Euichan. Sin embargo, las veces que Euichan había utilizado su habilidad de retroceso temporal recientemente se podían contar con los dedos de una mano; a lo mucho, unas tres veces. Además, aquellos momentos habían sido sumamente breves, de apenas unos minutos en el pasado. No obstante, en ese intervalo, los niños en su vientre habían retrocedido el equivalente a dos semanas de desarrollo. Euichan no lograba comprender en absoluto este punto.
—Normalmente, los superpoderes de los padres suelen influir en el feto, así que no es algo por lo que deba alarmarse tanto. Ahora que conocemos la causa, la solución es sencilla: basta con que no utilice esa habilidad suya hasta que los niños nazcan. De ese modo, el tamaño de los fetos no volverá a reducirse. Sin embargo… existen otros dos problemas.
Al añadir esto, la expresión de Oh Ju-hyok se volvió sombría. Se debatió internamente sobre cómo explicarlo de la mejor manera, pero al no encontrar ninguna solución milagrosa, optó por ser directo.
—Mientras usted se encontraba semiinconsciente, utilicé mi superpoder sin su autorización para examinar minuciosamente su estado de salud. Le pido disculpas por no haber solicitado su consentimiento previo como es debido.
La habilidad de Oh Ju-hyok era la “Visión de Rayos X Absoluta”. Solo tres veces al día podía realizar una exploración biológica en tiempo real de la zona que deseara en un paciente. Se podría decir que era la habilidad que le había otorgado alas para consolidarse como un médico brillante. Mientras observaba la ecografía obstétrica, detectó una anomalía y se apresuró a usar su poder. Gracias a ello, descubrió un par de verdades.
—En primer lugar, descubrí que lo que usted dijo era verdad. Tras examinarlo con mi habilidad, tal como se esperaba, los dos bebés tienen padres biológicos distintos. No solo sus perfiles genéticos son completamente diferentes, sino que la energía que emanan también lo es. Por lo tanto, si no lo ha dicho aún porque no sabía de quién era cada hijo, puede notificárselo a ambos padres.
A estas alturas, Park Ri-on parecía querer mimetizarse con la pared para no tener que hablar; se había pegado a ella como una lapa, dejando caer la mandíbula por completo. «¿Los bebés… son gemelos, pero de padres diferentes…? ¡¿Qué?!». Sencillamente, su cerebro no tenía la capacidad de procesar el rumbo de aquella conversación.
—…Sin embargo, hay algo más.
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