#1. ¿Relajación? ¡No! ¡Apocalipsis zombie!
Si a la gente se le diera la oportunidad de vivir una nueva vida, ¿qué sería lo que más desearían? ¿Un capital abundante? ¿Relaciones personales sanas? Tal vez una familia cálida y cariñosa o una vida con un futuro seguro y garantizado.
Bueno, dado que lo que a cada persona le parece escaso o lamentable varía, las respuestas serán infinitas; pero, al menos en mi caso, lo que yo deseaba era una vida cómoda.
En cuanto al dinero, no necesitaba mucho, solo el suficiente para alimentarme y vivir bien. Con respecto a las relaciones, no hacían falta grandes pretensiones: con un solo amigo al que pudiera abrirle mi corazón sinceramente, era más que suficiente. ¿Y familia? Sería genial si fuera armoniosa, pero tampoco me importaba si no lo era.
Dicen que si abandonas la codicia, la suerte te alcanza y, gracias a eso, obtuve todo lo necesario para una vida cómoda.
Una fortuna que me permite vivir como un holgazán el resto de mi vida sin tener que trabajar, e incluso una familia que me mima con cuidados intensos, temiendo que me rompa con solo tocarme.
Por supuesto, como nada en este mundo es perfecto, había un solo inconveniente.
—Tómate las medicinas de la mañana.
—¿Ahora? ¿No puedo tomármelas más tarde? Comí tanto que estoy demasiado lleno.
—Han pasado exactamente 30 minutos desde que comiste. Si lo pospones, se te va a olvidar otra vez.
—Está bien…
Al responder soltando un profundo suspiro, mi hermano mayor se acercó y, con una sonrisa suave, me puso en la mano un vaso de agua y las medicinas de la mañana.
Eran pastillas del tamaño de una uña, pero como eran bastantes, pesaban lo suyo. Una, dos, tres… Sin duda, hasta la semana pasada eran 12 pastillas, pero de repente habían aumentado a 14. Cuando miré a mi hermano mayor pidiéndole una explicación con la mirada, él se limitó a inclinar levemente la cabeza, indicándome que no me preocupara y me las tragara de una vez.
Sabiendo que el mayor no me daría la respuesta que quería por mucho que hablara cuando se ponía así, me tragué pacientemente las medicinas.
—Buen chico. No olvides que por la tarde tienes que ir al hospital.
—Sí.
—Si pasa cualquier cosa, me llamas, ¿entendido?
—Ya lo sé. Vete a trabajar rápido o el tráfico te va a alcanzar.
—¿Por qué tienes tantas ganas de echarme? ¿Acaso me estás ocultando algo?
—¿Qué podría ocultarte? Mira qué hora es, son las 7:30.
Mi hermano mayor se preocupa demasiado.
Mientras me quejaba ligeramente, él sonrió, me desordenó el cabello y dejó brevemente la habitación. Sí, el único inconveniente de esta nueva vida era este cuerpo ridículamente débil, que no podía aguantar ni un solo día sin tomar medicamentos.
Correr era un sueño imposible y ni hablar de caminar durante mucho tiempo. Por eso, a pesar de haber nacido en una buena familia, en lugar de viajar, me vi condenado a ir únicamente de la casa al hospital y viceversa. Por supuesto, ni siquiera pude ir a la escuela y tuve que educarme en casa.
Aun así, no me quejo. Mientras no me sobreexija, no caigo gravemente enfermo en cama; además, siempre hay personas especializadas cuidándome y tengo hermanos que son como amigos y darían la vida por mí. Encima, en los días de buen tiempo, puedo dar paseos cortos. Comparada con mi vida anterior, esta era una existencia muy libre, así que solo sentía felicidad.
—Este hyung ya se va, ¿sí? Aunque me eches de menos, aguanta un poquito.
—Eso es lo que yo debería decirte a ti. No me hagas videollamadas a cada rato mientras estás trabajando.
—Es que tú no miras los mensajes a tiempo.
—Espera 5 minutos aunque sea.
—Ah… ¿Cómo voy a irme a trabajar dejando a nuestro pequeño aquí…? ¿Mm?
Le hice un gesto con la mano para que se fuera rápido, pero mi hermano mayor bajó las cejas con cara de pena, me abrazó de golpe y empezó a sollozar dramáticamente. Aquí vamos de nuevo… Solté un suspiro exagerado y le acaricié la nuca.
Su cabello fino y suave se desordenó de un lado a otro bajo mi mano. A pesar de que el peinado que tanto le había costado hacerse quedó hecho un desastre, a él pareció no importarle en absoluto y frotó su mejilla frenéticamente contra mi cuello.
Si lo dejaba así, de verdad iba a llegar tarde. Miré disimuladamente a mi alrededor para comprobar la ubicación de mis otros hermanos, los mellizos. Por suerte, parecía que ninguno de los dos había salido aún de su habitación.
—… Te daré un beso, así que vete ya a trabajar.
—¿De verdad?
Apenas solté aquellas palabras, los ojos de mi hermano mayor brillaron. Se echó hacia atrás rápidamente, inclinó la cabeza y me ofreció una de sus mejillas. Estaba claro que había estado dando vueltas desde el principio buscando precisamente esto.
Tal vez porque nos llevamos muchos años o porque cuidó de sus hermanos él solo después de que nuestros padres fallecieran, mi hermano mayor parecía considerarme más un hijo que un hermano. Dado que mis padres murieron cuando yo tenía 6 años, en realidad, no había mucha diferencia con ser su hijo.
Al levantar la cabeza y darle un suave beso en la mejilla, mi hermano mayor…, es decir, Baek Hyun-woo, sonrió con dulzura, como si hubiera obtenido el mundo entero. Sus hoyuelos se marcaron profundamente y el lunar debajo de su ojo quedó oculto tras la piel inferior del párpado. A pesar de ser un rostro que llevaba viendo a diario durante 15 años, sentí como si fuera a perder el conocimiento. ¿Cómo podía un hombre ser tan hermoso?
—Me voy.
Baek Hyun-woo también me besó la mejilla de forma natural. Más que una sensación suave, dejó un tacto tan frío que rozó mi cara, haciéndome dudar de si no estaría enfermo. Sabía que su cuerpo era excepcionalmente más frío que el de los demás, pero a veces me daba verdaderos sustos.
—Sí, que te vaya bien.
Agité la mano de un lado a otro y Baek Hyun-woo salió hacia el trabajo haciendo ondear las solapas de su abrigo. Muy bien, primero he despachado a uno, ahora solo quedan los otros dos…
—¡…!
Me di la vuelta sonriendo, pero un segundo hermano, que no estaba allí hace un momento, se encontraba de pie detrás de mí como una sombra. El susto fue tal que ni siquiera pude gritar y di unos pasos hacia atrás. Pensando que me iba a caer, él me agarró rápidamente por la cintura.
—… ¡Hyung! ¡Te he dicho mil veces que hagas algún ruido al caminar!
Fue tal el susto que sentí cómo la sangre se me escurría del cuerpo e incluso la espalda se me heló de sudor.
—Lo siento.
Mi segundo hermano, Baek Beom-ho, bajó ligeramente la mirada y se disculpó con un tono de voz que no sonaba muy arrepentido que digamos. Tenía la complexión más grande de todos los hermanos y una expresión dura, por lo que a los desconocidos les resultaba fácil pensar que era una persona fría o distante, pero en realidad era el de corazón más blando y sensible de los cuatro.
—Está bien.
Por supuesto, la disculpa que acababa de darme también estaba repleta de sinceridad. Le di un par de palmaditas en el brazo para indicarle que ya no pasaba nada, a lo que él soltó lentamente mi cintura; sin embargo, lejos de ir hacia la entrada, se me quedó mirando fijamente.
—Tú también te vas a trabajar ya, ¿verdad? Ve con cuidado.
—…
—…
—…
—¿Qué pasa?
A pesar de haberle dado el saludo de despedida, no solo no respondió, sino que ni siquiera hizo el menor movimiento. Al contrario, a juzgar por la forma en que apretaba los labios aún más firmemente de lo habitual, parecía estar resentido por algo. Como mi segundo hermano era secretamente tímido e incapaz de hablar de manera directa, por lo general, me tocaba a mí darme cuenta por intuición y esta vez no fue la excepción.
—Ya soy un adulto, ¿no te parece un poco desagradable?
—Jamás habrá un momento en que me sienta de esa manera hacia ti.
¿Debería darle las gracias por eso…?
Para darle un beso en la mejilla a Baek Beom-ho —quien deseaba un beso, pero era incapaz de pedirlo y simplemente permanecía erguido como un poste— levanté ligeramente los talones y los volví a bajar. No fue más que un leve roce al que daba vergüenza aplicar la tierna palabra «beso», pero el segundo hermano pareció darse por satisfecho y suavizó la mirada que antes era dura y rígida.
Entonces, en lugar de inclinar la cabeza, me agarró la cintura con sus enormes manos, me levantó en el aire de un tirón y me estampó un beso cerca de los ojos. Este tipo de cosas me herían el orgullo cuando las experimentaba al principio, pero ahora ya son parte de la rutina y no me provocan nada.
—Volveré lo más pronto posible.
—Solo preocúpate por regresar con cuidado y no vuelvas a hacerte heridas como la última vez.
—Sí.
Para responder sí que es bueno.
En lugar de asentir, le presioné con el dedo la cicatriz de la cara. Cada vez que veo esa densa cicatriz que le atraviesa desde debajo del ojo izquierdo hasta el labio, me da pena. Habiendo nacido con un rostro tan atractivo, no entiendo por qué se niega a recibir tratamiento.
Si tan solo fuera posible atenuarla, aunque no se pudiera borrar del todo, sería estupendo. ¿En qué clase de trabajo se meterá para hacerse semejantes cicatrices?
—… Oye, ¿cuándo será mi turno?
Justo cuando pensaba en eso, una mano con los nudillos singularmente marcados se interpuso de golpe entre los dos. Al verlo, Baek Beom-ho, que había estado ofreciendo su rostro dócilmente, se echó hacia atrás y se dirigió a la entrada. Solo después de despedirlo a él también agitándole la mano, dirigí la mirada hacia el último en salir a trabajar.
—¿No me digas que tú también quieres uno?
—¿A mí será al único que no le des uno? Eso me pone un poco triste…
El hombre que hablaba dejando caer los hombros sin fuerzas era mi tercer hermano, Baek Yi-tae, quien había nacido al mismo tiempo que Baek Beom-ho. Quizá por ser mellizos, no solo sus rostros, sino también sus personalidades eran polos opuestos, hasta el punto de que a veces me costaba creer que hubiera nacido al mismo tiempo que Baek Beom-ho.
Tenía el cabello largo hasta los hombros sin ningún tipo de arreglo y decolorado de un blanco puro; empezando por las cejas, las orejas, los labios y las mejillas, se hizo piercings por todos lados y, finalmente, llegó al extremo de dividirse la lengua en dos.
Ojalá la cosa hubiera terminado ahí, pero tras hacerse todos los piercings posibles, como si estuviera aburrido, usó su propio cuerpo como si fuera un lienzo y lo llenó de dibujos. Su aspecto ya de por sí era afilado, rayando en lo fiero, pero al grabarse semejante cantidad de tatuajes, parecía todo un pandillero.
—Si no me lo das, no me iré a trabajar…
—Sé perfectamente que la cafetería funciona de maravilla aunque no vayas a trabajar.
Incluso su personalidad es completamente distinta. Si convirtieran la palabra «pereza» en una persona, esa sería el menor de mis hermanos mayores; he tenido ese pensamiento docenas de veces. Hasta ese punto Baek Yi-tae era perezoso, torpe e incluso dormilón. Pensando únicamente en lo mucho que difieren su apariencia externa y su forma de ser, supongo que, en efecto, sí es mellizo de Baek Beom-ho.
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