#2. ¿Quién eres tú?
Ya había transcurrido una semana entera desde que salimos de aquel pueblo donde estaban los extraños capullos. A diferencia de lo mucho que me preocupaba cruzarme con otros monstruos o toparme de nuevo con fenómenos tan raros, no volvió a ocurrir nada fuera de lo común.
—¿Qué tal estos? ¿A que son bonitos?
—… Mmh, más que bonitos, ¿no sería mejor llevarnos unos que sean resistentes?
Tras dejar atrás dos pueblos rurales más, al lugar al que llegamos fue a una ciudad nueva recién construida. Del mismo modo, había unos cuantos zombis, pero lejos de atacarnos, estaban ocupados prestando atención a lugares sin sentido, y no se veía a un solo ser humano.
—Definitivamente, estos están mejor.
—Si ibas a hacer lo que te diera la gana, ¿para qué me pides mi opinión?
Entré al mostrador, refunfuñando suavemente. Al ver a Baek Hyun-woo eligiendo minuciosamente unos zapatos deportivos no porque hicieran falta víveres o medicinas, sino únicamente porque las suelas de mis zapatos se habían desgastado un poco, solo me daban ganas de encontrar rápido un sitio donde quedarnos y ponerme a dormir.
Aun así, me aguanté y revisé el mostrador con minuciosidad. El hecho de no haber visto ni a una sola persona desde que salimos de donde vivíamos me traía de lo más inquieto. ¿Acaso el gobierno habrá dado un aviso de evacuación por separado y fuimos los únicos que no nos enteramos? ¿O es que se llevaron a toda la gente a la vez y por eso no hay nadie? Si tampoco es eso, puede que hayamos venido a parar, por una increíble casualidad, a lugares totalmente desiertos.
Internet seguía sin funcionar y la radio no respondía. El teléfono fijo estaba en las mismas. Y, sin embargo, la corriente eléctrica no se había cortado y funcionaba de maravilla…
¿Es posible que pase algo así? Tendría que saber de estas cosas para juzgar si era raro o no, pero habiendo vivido encerrado en casa todo el tiempo, lo único que podía hacer era extrañarme.
—Estos son mejores.
En medio de eso, Baek Hyun-woo terminó eligiendo unos zapatos. Era un calzado impecablemente blanco con un detalle en azul celeste. Sin siquiera preguntarme qué me parecían, me levantó en vilo, me sentó en el mostrador y me quitó los zapatos. Se ve que quería hacer hasta esa clase de cosas por mí.
Hasta hace una semana, si me hubiera pasado algo así, habría retirado los pies diciendo que podía hacer algo como eso yo solo; pero tras haberme acostumbrado a los cuidados de Baek Hyun-woo en este breve tiempo, me limité a levantar ligeramente el pie para facilitarle la tarea.
—Te quedan muy bien. Qué bonitos.
—¿Tú crees? Como son demasiado blancos, siento que se me van a ensuciar enseguida.
—Pues conseguimos unos nuevos y ya.
Es verdad eso que dicen de que uno nunca sabe lo que le depara la vida. Al momento de salir de casa, deseaba aterrado no ser una carga para Baek Hyun-woo y que, si me tocaba morir, fuera de un solo golpe sin sufrir demasiado; y miren cómo son las cosas realmente: estamos haciendo compras de zapatos en una ciudad completamente vacía.
—¿Y tú, hyung?
—Tu hyung está bien así.
—Ya que estamos aquí, estaría bien que también eligieras unos para ti. Yo te los elijo.
—¿Harías eso?
—¿Hay algún color que te guste?
—A mí me gusta cualquiera que elija Si-hyeon.
Cuando abrí los brazos, Baek Hyun-woo me tomó de nuevo para bajarme, como si fuera lo más natural del mundo. Y no fue porque el mostrador estuviera alto, sino por culpa de este hermano mayor que no podía aguantar ni el más mínimo detalle. Más allá de querer hacer todo por mí, cree que mi cuerpo es una muñeca hecha de cristal.
De seguro, si hubiera saltado sin más desde allí, habría empezado con un «¿Qué ibas a hacer si te torcías el tobillo?» y habría terminado diciendo «Más adelante, podrías tener complicaciones y habría que cortarte el tobillo». No tenía intenciones de darle motivos de regaño a la persona con la que tenía que estar pegado las 24 horas del día.
A mi manera, examiné los zapatos con minuciosidad y me rasqué la nuca mientras le echaba una mirada de reojo. A diferencia de mí, que vestía con ropa únicamente cómoda y abrigadora, Baek Hyun-woo llevaba un atuendo que le habría servido para tomarse fotos de revista en ese preciso instante.
—Siento que estos son los que mejor te quedarían…, aunque no sé si combinan mucho con la ropa que traes puesta ahora mismo…
Al decir eso, se me escapó una risita. Baek Hyun-woo ladeó la cabeza como si no entendiera de qué me reía, pero de todos modos tomó los zapatos que yo sostenía y se los puso. Tras golpear un par de veces el suelo con la punta del calzado, dijo con rostro satisfecho:
—La ropa solo tengo que cambiármela. ¿Entonces qué tal si vamos y también me eliges algo de ropa?
—¿Ropa? Elegírtela no es difícil, pero ¿a dónde vamos a ir?
—¿Vamos a un centro comercial? Comemos algo allá, vemos un poco de ropa y salimos.
Realmente era una conversación propia de personas que habían salido de compras. En este instante, ver a un zombi arrastrando la pierna por la calle justo al otro lado del aparador hacía que la situación se sintiera aún más fuera de lugar. Pero yo ya no decía tonterías sin sentido como «¿No será peligroso un centro comercial?». Baek Hyun-woo jamás era del tipo de persona que me llevaría a un sitio peligroso. Seguro tendría todo planeado.
En su lugar, señalé al zombi que se veía a través del cristal y le dije:
—Vamos cuando pase ese de ahí.
* * *
Al igual que en otros lugares, en el centro comercial la electricidad tampoco se había cortado, por lo que estaba bien iluminado. Una música suave fluía sin cesar por los altavoces y el aire acondicionado funcionaba de maravilla; aunque se sentía un poco de frío, resultaba sumamente cómodo. Si no hubiera sido por las cosas tiradas por todas partes y los zombis caminando a paso lento, me habría dado la impresión de haber alquilado el centro comercial entero para nosotros solos.
—Cuidado.
Quizás porque me distraje mirando embobado a un zombi parado frente al refrigerador de licores, no me fijé en el cadáver que yacía más adelante. Temiendo que me tropezara, Baek Hyun-woo me jaló la mano con suavidad y, de un solo movimiento, me levantó para estrecharme contra su pecho.
—Tienes que mirar por dónde caminas.
—Ah, lo siento.
Miré de reojo hacia atrás y vi un cadáver al que le faltaba la cabeza acostado boca abajo. Al ver su piel arrugada, como si le hubieran absorbido toda la humedad del cuerpo, me entró un escalofrío que me hizo abrazarme fuerte a su cuello. Por más que los viera, nunca me iba a acostumbrar a los cadáveres.
—¿Estás cansado?
—Un poco…
Quizás por el sistema de refrigeración que seguía funcionando sin parar o por alguna otra razón, los cadáveres dentro del centro comercial no despedían olor a podrido. Aun así, un olor desagradable aún persistía.
—¿Quieres descansar un poco? Tu hyung irá a juntar algo de comer.
—Prefiero no quedarme solo.
—Entonces cierra los ojos al menos.
—… Tampoco es para tanto.
Murmuré aquello y eché la cabeza un poco hacia atrás al ver que un zombi se acercaba.
Grrr…
Un zombi con una sudadera con capucha olfateaba levemente el aire a su alrededor. Tenía la mandíbula no solo desencajada, sino con la piel y la carne tan podridas que le colgaban hasta la clavícula. Un ojo casi se salía de su lugar y se sacudía, y tenía la cabeza aplastada, dejando chorrear el líquido cefalorraquídeo.
Aquella criatura, aun habiendo llegado justo frente a nosotros, pasó tambaleándose hacia otro lado como si no nos hubiera visto. Si no hubiera experimentado en casa al zombi que trepó por la ventana para atacarme, habría caído en la ilusión de que no le hacían daño a los humanos.
La pestilencia era tan insoportable que me resultó imposible contener las arcadas. Me tapé la boca con una mano para que no se me escapara ningún ruido y hundí la nariz en la ropa de mi hermano. Al inhalar despacio, el aroma fresco tan característico de Baek Hyun-woo me envolvió, haciéndome sentir que volvía a la vida.
Al darse cuenta de lo mucho que la estaba pasando mal, Baek Hyun-woo aceleró el paso. Avanzó sin la menor vacilación, como si fuera alguien que hubiera visitado este lugar decenas de veces. Solo tras recoger varios paquetes de kits de comida preparados cuya fecha de caducidad no había vencido, fruta fresca y hasta utensilios para cocinar, se adentró en una habitación.
—Listo, ya estás a salvo.
—Pfff…
Solo después de escuchar el chasquido de la puerta al cerrarse pude levantar la cabeza. Por fin podía respirar. Mientras soltaba un largo suspiro, mi hermano fue quitando una a una las cosas que traía apiladas sobre mi cuerpo y las acomodó ordenadamente encima de un escritorio.
—Siéntate aquí.
El lugar al que me había llevado Baek Hyun-woo parecía ser una sala de descanso. A juzgar por la decoración elegante y los sofás de excelente calidad, no parecía un área de descanso para empleados, sino un lounge exclusivo para clientes VIP.
Allí preparamos y comimos un estofado picante. Ya ni me hacía preguntas. El simple hecho de que hubiera una cocina pequeña dentro y no tuviéramos que ir lejos a lavar los ingredientes me resultaba sumamente conveniente.
—Me parece que después de esto va a ser un poco difícil conseguir ingredientes frescos hasta que lleguemos a nuestro destino.
Al terminar de comer, Baek Hyun-woo dijo aquello con una expresión de verdadera disculpa, por lo que no pude evitar soltar una risita.
—Sinceramente, creo que haber comido así hasta ahora ya es algo increíble.
—Pero…
—¿Qué tiene de malo? Tampoco me voy a morir por saltarme un par de comidas.
—Eso no es así. Dije que sería difícil encontrar ingredientes frescos, no que te iba a dejar pasar hambre.
Baek Hyun-woo, que hasta hace un momento no sabía cómo disculparse, se puso serio de golpe y me respondió con firmeza.
—Ah, e-está bien… Perdón.
Su actitud fue tan imponente y tajante que, sin darme cuenta, asentí con rostro desconcertado y me disculpé. No entendía por qué tenía que reaccionar de forma tan drástica ante el simple comentario de que estaba bien pasar un par de días sin comer.
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