Galaxy guardó silencio de inmediato.
Llegado el mediodía, Chu Yan ya no pudo seguir fingiendo. La paciencia de Joshua no era normal: llevaba toda la mañana sentado en el balcón sin moverse.
Chu Yan se frotó los ojos y se levantó de la cama. Joshua se acercó a ayudarlo a vestirse.
Chu Yan lo miró en silencio, este hombre tenía un rostro tan firme, unos ojos profundos y afilados como los de un águila, y una presencia completamente masculina.
—¿Qué pasa? —preguntó Joshua, alzando la vista para encontrarse con sus ojos.
Esos ojos oblicuos y hermosos se quedaron un instante en blanco.
—Mmm… nada…
Joshua ya estaba acostumbrado a atender a Chu Yan. Que Chu Yan alzara la mano y tuviera la comida servida era culpa suya: lo había malcriado.
Después del almuerzo, Joshua estaba leyendo en el estudio cuando Galaxy causó un gran alboroto en un rincón de la residencia.
Hubo una explosión en Hawk, el rugido de la maquinaria hizo temblar toda la mansión. Joshua fue personalmente con gente a investigar y le ordenó a Chu Yan que se quedara en casa sin moverse.
Pero ¿cómo iba a seguir las órdenes de Joshua? El alboroto causado por Galaxy, después de todo, era parte de su propio plan. La estrategia de distraer al tigre de la montaña no era difícil de ejecutar. Chu Yan no era tonto.
Lo que quería averiguar ahora era si aún podía recuperar la memoria, qué efecto tendría en él la separación de esa otra parte de su alma, y… dónde estaba esa otra parte. Hasta que no resolviera todo eso, no podría estar en paz.
Joshua nunca le permitiría investigar esas cosas. Chu Yan lo conocía bien. El hecho de que hubiera podido ocultarle todo durante tanto tiempo era precisamente porque no quería que supiera la verdad ni que recuperara sus recuerdos.
Si ahora él preguntaba directamente, Joshua lo encerraría en casa sin dejarlo salir.
Chu Yan bufó en voz baja y aprovechó el momento en que Joshua fue a inspeccionar para escabullirse.
En el camino se topó con Phil, quien lo miró con una expresión tranquila. Chu Yan se puso un poco nervioso; Phil era uno de los hombres de Joshua, y temía que lo delatara.
—¿A dónde vas?
—Phil, ¿puedes hacerte a un lado? Te deberé este favor —dijo Chu Yan entre jadeos, evidentemente por lo rápido que había caminado.
Phil no esperaba encontrárselo allí… Viendo su estado, parecía que quería irse aprovechando la ausencia de Joshua. Frunció el ceño, pero aun así dio un paso al costado, fingiendo no haberlo visto. También fue un pequeño acto de rebeldía personal.
Chu Yan no dijo más, sólo le agradeció con un apresurado —Gracias—.
Al ver su silueta alejándose, Phil sintió de repente un poco de arrepentimiento. Temía no volver a ver nunca más a ese joven perezoso como un gato. Tenía sentimientos encontrados.
Por ser la finca privada de Joshua, afortunadamente no había guardias en la entrada, o tal vez todos habían sido atraídos por Galaxy.
—Amo… —de pronto, la voz de Galaxy sonó en su mente.
—¿Está hecho? —preguntó Chu Yan.
—Sí.
Apenas Galaxy terminó de hablar, se toparon de frente con Joshua, que había venido a interceptarlo.
Joshua tenía el rostro sereno, sin una sola onda. Se acercó paso a paso a Chu Yan y le preguntó:
—Mi querido Chu Yan, ¿a dónde vas?
En ese momento, una sensación helada recorrió el corazón de Chu Yan. A pesar de que Joshua tenía el rostro tranquilo, no pudo evitar estremecerse.
Joshua levantó dos dedos y le sujetó la barbilla, obligándolo a mirarlo a los ojos:
—A mitad de camino ya noté que algo no cuadraba. Si realmente hubiera una infiltración externa en Hawk, ¿cómo es que no me lo reportaron?
Los dedos fríos tocaron su barbilla, como si una víbora venenosa se le enroscara, haciendo que su cuerpo temblara levemente. Chu Yan bajó la mirada, sus ojos oscuros sin ninguna expresión en el rostro, aunque por dentro estaba alarmado.
—Chu Yan, anoche revisaste mi computadora.
Joshua lo afirmó con seguridad, mirándolo fijamente con unos ojos tan tranquilos que sólo podían anunciar la inminencia de una tormenta.
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