Lamentablemente, Oats no tenía intención de renunciar tan pronto a la magnífica oportunidad de provocarlo.
Después de lamer y morder densamente esos pezones por un rato, empezó a bajar poco a poco por esos músculos firmes y fuertes.
Su pequeña lengua, ágil y ligera, dibujó unos cuantos círculos, y al llegar al vientre plano, empezó a lamer arriba y abajo.
Cuando llegó al ombligo, levantó la cabeza y miró a Joshua…
Joshua, imaginando lo que podría venir a continuación, se sintió alcanzado de lleno por la expectativa y murmuró con voz ronca:
—Esposa… pequeña diablilla… continúa…
Tras lamer varias veces más el bajo vientre y pasar a lamer suavemente por el costado, el miembro de Joshua tembló ligeramente y empezó a segregar líquido.
Oats lo sujetó, este inquieto y gran objeto, y con su pequeña lengua lo lamió de arriba abajo varias veces.
Levantó la vista y preguntó:
—¿Te gusta, esposo?
Joshua ya estaba tan excitado que no podía articular palabra. Maldita sea, qué tesoro… Asintió ligeramente, levantando la cadera para acercar aún más su gran miembro a aquella pequeña boca:
—Mmm…
Oats no tuvo más remedio que tomarlo con la boca. El familiar y agradable aroma de sus feromonas llenó toda su cavidad oral. Era tan grande que casi le resultaba difícil tragar, pero se esforzó por introducirlo.
—Cariño… ¡genial! Ahora, lçamelo con la lengua… —dijo él.
Oats gritaba para sí:
“¡Con algo tan grande, ¿cómo voy a lamer?! ¡Mi lengua está casi aplastada, no tengo espacio para moverla!”
Sólo pudo seguir tragando y expulsando.
No sabía cuántas veces lo había hecho ya, y sentía la boca un poco adormecida.
Joshua lo levantó y se recostó en la silla.
Tocó su gran falo, húmedo y resbaladizo, y deseó:
—Esposa, siéntate encima…
Oats se relamió, empezó a quitarse la ropa poco a poco, y caminó hacia él.
Su hermoso rostro, sus pasos ágiles, las suaves ondulaciones de su cuerpo esbelto… todo hizo que Joshua tragara saliva varias veces, sintiendo que un fuego ardía con fuerza en su entrepierna.
En ese momento, la gigantesca estrella violeta T se alzaba lentamente detrás de la figura, irradiando un suave resplandor púrpura. La luz, sobre su piel blanca y tersa, formaba círculos de halo que la envolvían. En conjunto con el fondo, parecía un hada cristalina y translúcida.
¡Ese ser celestial era sólo suyo! Era su amante, su pareja, su familia… y de nadie más.
Oats se acercó lentamente, viendo cómo su sombra se proyectaba sobre Joshua. Esa sombra casi se fundía con el cuerpo ardiente de él, y sólo esos ojos —que parecían brillar— destacaban en la penumbra, fijos en él sin parpadear.
Aunque era la primera vez, Oats no estaba nervioso. Movió las caderas un par de veces, se inclinó y se incorporó de nuevo, sonriendo levemente:
—Esposo, ¿te gusta lo que ves?
Era un cuerpo casi perfecto, diferente al de Chu Yan.
Tenía más músculo, símbolo de mayor fuerza.
En medio del torso blanco y terso había una línea sensual que descendía del pecho al abdomen, y por la espalda una línea aún más larga desde la nuca hasta las nalgas.
Cada vez que se movía o se inclinaba, se podían ver esos pezones rojos y tiernos.
Probablemente por el embarazo, ahora estaban más hinchados y rojos que antes, algo que hacía cosquillas al corazón.
Joshua tragó saliva, empujando su gran y tenso miembro hacia él con un tono cargado de deseo:
—¡No podría gustarme más! ¡Sube ya!
Oats lo sostuvo. ¡Tan grande, tan grueso…!
Separó sus glúteos con ambas manos, aunque con cierta dificultad.
Se movió sobre la entrada varias veces, pero la penetración seguía siendo difícil…
Joshua soltó una ligera maldición, se incorporó y, con su miembro, presionó y empujó varias veces la pequeña entrada antes de hundirse de golpe hasta el fondo…
—¡Uh!
—¡Ah… cariño!
La estrella T brilló aún más detrás de Oats. Joshua sintió el cálido y estrecho abrazo interior, y se deleitó tanto que bromeó:
—Esposa, ¡todo el planeta T puede ver que nos amamos!
Oats giró la cabeza para mirar la luminosa estrella, moviendo con ello la unión entre ambos y provocando una fricción intensa.
Jadeó suavemente y, con una sonrisa arrogante, dijo:
—¡Entonces que miren todo lo que quieran! Mmm… tan lleno… tan apretado… ¡Voy a moverme, esposo!
Joshua sentía que estaba en el paraíso.
Observaba cómo Oats se movía con gracia, su cuerpo curvándose bajo la luz púrpura en ángulos bellísimos.
Una y otra vez, cada embestida traía un placer supremo que debía soportar con los dientes apretados.
Y el cruce de miradas multiplicaba aún más esa sensación.
No pasó mucho hasta que Joshua sintió que iba a correrse. “Maldita sea, es demasiado…” Sólo pudo sujetar a Oats y decir:
—Cariño… ah… ¡sube un poco más!
Al tenerlo en sus brazos, Joshua giró, tumbando a Oats boca arriba en la silla y penetrándolo con fuerza. Pensó que esa postura sería mejor, sin ese cruce de miradas tan lujurioso, y así podría durar más…
Pero estaba completamente equivocado.
La línea curva de su espalda, bajo la luz púrpura, emitía un resplandor blanco tenue. Cada embestida hacía que esa curva se contorsionara con un espectáculo tan deslumbrante que su entrepierna ardía aún más.
No aguantó mucho.
—Esposa… ¡Tan hermoso! Yo… —murmuró con voz ronca.
—Esposo, yo… —Oats miró hacia atrás, con los ojos húmedos, y sus labios rojos temblando ligeramente—: Bésame…
—Mmm… —Ese beso fue perfecto, robando el aliento de ambos.
En ese espacio ardiente, sus respiraciones se mezclaban mientras Joshua embestía con precisión contra ese punto sensible.
Oats llamó en voz baja:
—¡Esposo! —y luego su cuerpo comenzó a retorcerse y temblar sin parar.
Joshua, abrumado por la visión de esa belleza intoxicante, no dudó más.
Se liberó, llenando con chorros abundantes y rápidos lo más profundo de él, una y otra vez, ola tras ola.
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