El destino era realmente injusto. Obviamente, ambos se habían lastimado la cabeza. He Chusan tuvo que vendarse la cabeza como el indio Ah San, pero Xia Liuyi solo necesitó ponerse una curita. Al día siguiente, cuando fue a visitar el set, la curita todavía tenía el carácter “Xia” escrito de forma torcida. A He Chusan le pareció una estupidez tremenda, pero todos los subordinados elogiaron al unísono: “¡Hermano Liuyi! ¡Qué estilo!”.
Xia Liuyi estaba sentado con las piernas cruzadas sobre la mesa, usando hábilmente su mano izquierda para pinchar y comer su siu mai de pescado, y no pudo evitar blanquearle los ojos a He Chusan.
—¡¿Qué tanto miras?!
He Chusan se quedó mirando su mano derecha envuelta como un zongzi1 y su brazo derecho vendado como una momia. Tragó saliva y se atrevió a preguntar:
—¿Te duele?
—¡¿Tú qué crees?! ¡¿Quieres que te corte la mano a ver si duele o no?! ¡No dices más que pura mierda!
—¿Tu hermana está bien?
Xia Liuyi detuvo sus movimientos, con el rostro un poco frío.
—¿La “Cuñada” está bien? —se corrigió He Chusan de inmediato.
Xia Liuyi pinchó otro siu mai, sin decir nada.
He Chusan volvió a tragar saliva, leyendo el ambiente. Pensó que, aunque el hombre no estaba muy contento, las probabilidades de que estallara repentinamente y le diera una paliza no eran muy altas, así que se armó de valor para continuar:
—Gracias por lo de ayer.
—Niño —habló finalmente Xia Liuyi, con expresión sumamente impaciente.
He Chusan abrió mucho los ojos, esperando su siguiente frase.
—No te hagas ideas raras. Trabajas para mí, así que eres mi ma zai, y cuidar de mis hermanos es mi obligación. En cuanto termines de escribir este guión, no tendremos ni una mierda que ver el uno con el otro. Aunque te mueras a un lado del camino, no te echaré ni un vistazo. ¡Así que ahora cierra la boca! ¡Una estupidez más y te arranco la lengua!
“…” Un canalla siempre será un canalla, por más que te salve la vida, no se convertirá en una buena persona. Una verdad tan simple y universal, y él apenas la entendía.
Pensó He Chusan, cuyos sentimientos sinceros se habían ido al carajo.
Así que se calló la boca y continuó con la cabeza gacha, escribiendo diálogos lúgubremente. La hermosa protagonista femenina, atada a una plataforma, le decía llorando al protagonista masculino que luchaba bañado en sangre allá abajo: “Ya no pelees más, ¿vale la pena hacer esto por mí?” El protagonista masculino escupía sangre y respondía: “Por ti, cualquier cosa vale la pena”.
¡Pamplinas, crees que le gustas, pero en realidad solo le gusta pelear! —He Chusan maldijo silenciosamente por primera vez en su vida.
Perdónenlo; él era como una hoja de papel en blanco, pero después de mezclarse en un lugar tan asqueroso y jodido como aquel durante unas semanas, era inevitable que terminara un poco corrompido.
Después del escándalo en el set, Xia Xiaoman no apareció en toda una semana. Por teléfono parecía no tener nada grave, pero Xia Liuyi seguía inquieto. Ese día, se tomó medio día libre, salió de la Ciudadela del Dragón y fue especialmente a la villa junto al mar del Jefe Dragón Azul para visitarla.
Xia Xiaoman no esperaba que él viniera. No llevaba maquillaje y llevaba un camisón transparente; tenía un aspecto tan deprimido y frágil que parecía que la brisa del mar se la llevaría en cualquier momento.
—¿Dónde está Ah Da? —preguntó Xia Liuyi.
—Salió —dijo Xia Xiaoman, recostándose débilmente en la espalda de su hermano biológico. Con la mirada vacía, añadió—: Nunca vuelve.
—Ah Da está muy ocupado —Xia Liuyi le dio unas palmaditas en el brazo.
—¿Y tú? Tú también estás muy ocupado, nunca vienes a verme.
Xia Liuyi volvió a palmearla.
—¿No ves que ya estoy aquí? Cuando quieras verme, llámame y vendré de inmediato.
Con la excusa de ir al baño, salió y llamó en secreto al mayordomo:
—¿La señora ha tomado su medicina últimamente?
—Sí, Hermano Liuyi.
—¿De verdad se la tomó? ¿No la tiró?
—No, la señora ha sido muy obediente últimamente al tomar su medicina.
Cuando regresó, Xia Xiaoman estaba asomada al alféizar de la ventana como un espíritu en pena, de puntillas y con los brazos abiertos, como un frágil cisne blanco.
—¿Fuiste a preguntarles sobre mi medicina? —dijo ella—. Fui buena y me la tomé.
Xia Liuyi la abrazó.
—De verdad fui obediente y me la tomé —Xia Xiaoman se apoyó en su pecho, con la cabeza inclinada hacia atrás, jugando con las pestañas de él—. Yo no tengo nada grave, solo estoy frustrada. Me frustra que siempre quieran obligarme a tomar pastillas, me frustra que todos me traten como a una enferma mental, me frustra que tú nunca vengas, me frustra él…
De repente, su expresión cambió drásticamente y rompió a llorar a gritos:
—¡Wahhhh! ¡Ah Liu! ¡Dime la verdad! ¡¿Acaso tiene a otra mujer afuera?! Snif, snif… ¿Qué tengo de malo? ¿En qué me equivoqué? ¿Por qué le gusta otra persona…?
Xia Liuyi le dio suaves palmaditas en la espalda.
—No tiene a nadie más afuera, de verdad está muy ocupado.
—Me mientes —el llanto de Xia Xiaoman se volvió más ahogado—. No te culpo, sé que no quieres que esté triste, por eso le ayudas a engañarme… Si no tiene a nadie afuera, ¿por qué no me ama…?
—¿Sabes, Ah Liu? —levantó la cabeza de repente, con el rostro lleno de misterio y los ojos fijos y vacíos, agarrando con fuerza el brazo de Xia Liuyi—. Rara vez me abraza, y cuando lo hace, lo miro muy de cerca. ¡Está pensando en alguien más! ¡Esa mirada suya definitivamente es porque piensa en otra persona! ¡Tiene que pensar en otra para poder abrazarme! ¡Dime quién es esa perra, esa zorra! ¡En qué es mejor que yo! ¿Qué demonios hice mal…?
—Hermana… —Xia Liuyi frenó su locura y presionó su rostro contra su pecho. Suspiró mientras le acariciaba el cabello—. Hermana, de verdad estás pensando demasiado. Estás cansada, duerme un rato. Me quedaré aquí contigo, no iré a ningún lado hasta que Ah Da regrese, ¿de acuerdo?
En medio de la noche, Xia Xiaoman se acurrucó bajo las sábanas y se quedó profundamente dormida. Xia Liuyi salió de la habitación a oscuras, cerró la puerta con cuidado y bajó al salón a fumar.
Desde afuera se escuchó el rugido del motor de un coche y, poco después, el Dragón Azul entró seguido de varios guardaespaldas.
Al verlo allí, los ojos del Dragón Azul mostraron un poco de sorpresa. Hizo un gesto sutil con la mano y los guardaespaldas se dispersaron.
—¿Por qué viniste? —dijo—. Escuché que estás herido.
Xia Liuyi lo miró y se rascó el pelo con la mano vendada, sin decir nada.
A Hao Chengqing no le importó. Con expresión suave, se quitó la chaqueta del traje, se la puso sobre los hombros a Xia Liuyi y dijo:
—Es muy tarde, no vuelvas a casa. Ve a dormir a la habitación de invitados.
Xia Liuyi, envuelto en la chaqueta que aún conservaba el cálido aroma de Hao Chengqing, dio un par de caladas más a su cigarrillo en silencio y preguntó:
—Ah Da, ¿podrías tratarla un poco mejor?
Los movimientos del Dragón Azul se detuvieron.
—Hago lo que puedo.
—No, no lo haces —dijo Xia Liuyi con irritación, y arrojó con fuerza la colilla sobre la mesa de centro—. ¡Mírala cómo está ahora!
Dos guardaespaldas entraron corriendo, mirando a Xia Liuyi con alerta.
El Dragón Azul agitó la mano con rostro indiferente, y los hombres retrocedieron.
Se sentó junto a Xia Liuyi.
—Ya le he dado la mejor vida posible. Todo lo que quiere, se lo doy. Tiene todo lo que una mujer necesita.
—¡Eso no es lo que una mujer necesita! ¡Tú lo sabes perfectamente! ¿No podrías, con el corazón en la mano…?
—No puedo —dijo el Dragón Azul.
—Tú… —Xia Liuyi apretó los puños con fuerza.
El Dragón Azul simplemente lo miró en silencio.
Xia Liuyi sintió un vacío y una amargura en el pecho. Sin atreverse a mirarlo a los ojos, bajó la cabeza y dio una profunda calada al cigarrillo.
—…Pasa un poco más de tiempo con ella, ¿sí?
El Dragón Azul se levantó.
—Es muy tarde, ve a dormir. Ah Hao, prepara la habitación de invitados.
Xia Liuyi corrió tras él y lo agarró del brazo.
—¡Solo te pido esto! ¡Pasa más tiempo con ella! ¡¿Puedes?!
El Dragón Azul se detuvo con el rostro inexpresivo. Después de un largo rato, suspiró; su expresión volvió a la suavidad y tranquilidad de antes, se giró y le revolvió el cabello a Xia Liuyi.
—Mientras esté en las manos de Ah Da, ¿cuándo te he negado algo? Pasaré más tiempo con ella. Ya, ve a dormir.
Apartó la mano de Xia Liuyi.
He Chusan estaba sentado rígidamente frente a la mesa, apretando el bolígrafo y escribiendo con la cabeza gacha. No muy lejos de su cuaderno estaba el trasero de Xia Liuyi, apretado firmemente dentro de unos vaqueros. Si levantaba la mirada, también podía ver su cintura delgada y musculosa.
Xia Liuyi no notaba las miradas indiscretas de He Chusan que subían y bajaban; estaba mirando a Xia Xiaoman con una sonrisa en los labios mientras la escuchaba hablar.
Xia Xiaoman había vuelto a filmar. Su escena de hoy era una cita con el protagonista en la azotea para ver las estrellas, así que estaba vestida como una flor. Sonreía como una flor también, colgada del brazo de Xia Liuyi y hablando con voz dulce.
—Ayer me llevó a comer comida occidental en la bahía de Repulse.
—¿Fue divertido?
—Sí.
—¿Qué comieron?
—Filete.
He Chusan escuchaba sin palabras esa conversación vacía y sin sentido, sintiendo que la relación entre esos dos hermanos era demasiado ambigua. ¿Qué hermanos normales se abrazaban y se toqueteaban así? De hecho, Xia Liuyi parecía más un hermano mayor consintiendo a su hermanita.
Escribió un par de líneas con la cabeza gacha, pero poco después su mente volvió a divagar y desvió la vista hacia el lado de su cuaderno: al trasero de Xia Liuyi.
Tan pequeño, tan respingón, tan redondo… ¡De verdad dan ganas de levantarlo y darle un par de azotes!
He Chusan se horrorizó de sí mismo ante la repentina aparición de ese pensamiento violento en su mente. Sacudió la cabeza a toda prisa y continuó moviendo el bolígrafo.
Medio mes después, la película finalmente terminó de grabarse. He Chusan recuperó su libertad y varios hombres lo empaquetaron y lo dejaron en el callejón oscuro cerca de su casa. Antes de irse, uno de los grandulones lo llamó con voz feroz y le entregó un grueso sobre de papel de estraza.
—El pago que te manda el Hermano Liuyi.
He Chusan corrió a casa sin aliento, extendió el sobre de papel sobre la cama y lo contó a la tenue luz de las velas. ¡Eran veinte mil dólares exactos!
¡Eso equivalía a los gastos de subsistencia de todo un año para él y su padre!
He Chusan apenas podía creerlo. Volvió a meter el dinero en el sobre, abrazó su mochila y rodó un par de veces por la cama. De repente, se detuvo.
Ese dinero se lo había dado la mafia. Vendiendo blanca, abriendo casinos, manejando clubes nocturnos, matando y quemando… Había trabajado para la mafia y había recibido todo ese dinero, ¿qué diferencia había entre él y los traficantes de la Calle Luminosa en la Ciudadela?
Su padre le había enseñado desde niño a no involucrarse con el bajo mundo. Su madre… Su padre decía que había muerto por culpa de las tríadas.
El corazoncito de He Chusan, que latía a mil por hora, se congeló de inmediato. Se hizo un ovillo en la cama y se quedó mirando al vacío durante un rato. Luego, se bajó de la cama, rebuscó entre sus cajas y armarios hasta encontrar una latita donde guardaba sus diplomas y certificados escolares de cuando era niño. Arrugó el sobre de papel con el dinero y lo embutió dentro.
Había faltado a clases un mes entero, incluso se perdió un par de exámenes parciales, y estuvo a punto de que lo hicieran repetir el año. Sin embargo, cuando se quitó la camisa en la oficina del director, revelando las escasas pero evidentes cicatrices en su pecho y brazos, incluso el director no pudo evitar suspirar; le dijo que se recuperara con tranquilidad y que se pusiera al día con sus estudios lo antes posible. Sabía que este estudiante, brillante y de buena conducta, provenía de la Ciudadela del Dragón, por lo que seguramente había sido víctima de alguna injusticia y tenía sus propios problemas inconfesables. Además, la Ciudadela del Dragón era famosa por ser una zona negra; llamar a la policía era inútil. Los policías corruptos de fuera tenían contactos con los jefes mafiosos de adentro, y el inspector a cargo era hermano de juramento de un gran jefe de la mafia.
¡Y por si fuera poco, el nombre de He Chusan aparecía a lo grande en el póster promocional de la nueva película de la Compañía Xiaoqi! ¡Guionista He Chusan! Afortunadamente, a su padre dentista le gustaba escuchar ópera cantonesa y leer el periódico; no prestaba atención a esas modernidades, de lo contrario le habría dado un derrame cerebral del puro coraje.
He Chusan retomó su vida tranquila y monótona. Todos los días salía con su pequeña mochila para ir a clases y estudiar en la universidad, y al anochecer, se escabullía rápidamente a casa en la oscuridad para dormir. La única diferencia era que tres noches a la semana, y los fines de semana, trabajaba a tiempo parcial en la Cafetería Ah Hua de la calle de al lado para pagar su matrícula, y había empezado a aprender tai chi con el Tío Ah Hua.
El Tío Ah Hua había huido del continente en los años sesenta y presumía de ser el heredero de la cuarta generación del Tai Chi estilo Yang. Los huesos y músculos de He Chusan estaban oxidados, tenía una constitución débil de nacimiento y una condición física aún peor; después de practicar durante uno o dos meses, ni siquiera podía ejecutar la mitad de los movimientos correctamente. Sin embargo, hacer la postura del jinete durante una hora cada mañana y estirar lentamente los brazos y las piernas sí que fortalecía su cuerpo y calmaba su mente.
Mientras la vida de él transcurría en calma, la de Xia Liuyi estaba en pleno auge. Tras barrer con los locales de la Tríada Sha la última vez, había abierto un club nocturno de lujo en Mong Kok, donde cada noche era un festín de cantos y bailes, y todo tipo de serpientes y ratas se reunían bajo el mismo techo. Una vez consolidado allí, con la aprobación del Dragón Azul, comenzó a planear la apertura de varias discotecas grandes para que sirvieran como puntos de venta minorista de su propia “blanca”, jurando volver aún más sucia y corrupta una industria del entretenimiento que ya de por sí estaba podrida.
Ese día, había invitado a cenar a varios inspectores de policía en una sala privada de su club nocturno. La mesa estaba llena de chicas bonitas y copas de vino, en pleno jolgorio, cuando Pequeño Ma entró rodando a toda prisa.
Xia Liuyi les hizo un gesto de disculpa a los inspectores y siguió a Pequeño Ma hasta el pasillo.
—Hermano Liuyi, el Hermano Xu trajo gente.
Xia Liuyi aplastó su cigarrillo sin cambiar de expresión. Antes de que pudiera decir una palabra, un grupo numeroso de personas apareció por el pasillo haciendo alboroto. Fueron interceptados por varios guardias de seguridad de Xia Liuyi, pero tras cruzar un par de gritos, de repente uno de los guardias salió volando y cayó de bruces a los pies de Xia Liuyi.
—Hermano Xu —dijo Xia Liuyi, mirando al hombre de traje que iba al frente y que acababa de patear al guardia.
El hombre tenía unos agudos ojos de águila. A simple vista parecía tener un porte digno, pero emanaba un aura siniestra y calculadora, como la de un lobo o un chacal.
—Pequeño Liu, esto está muy mal de tu parte —Xu Ying sacó un cigarrillo, y un subordinado a su lado se lo encendió de inmediato—. Invitas a cenar al Inspector Hua, ¿y no me avisas?
Xia Liuyi apartó la mano del subordinado y le encendió el cigarrillo a Xu Ying él mismo, mostrando una actitud de reconocimiento de culpa muy formal.
—Hermano Xu, vi que estabas demasiado ocupado. Además, el Inspector Hua solo vino a sentarse un rato en nuestro club nocturno y a cenar algo informal aprovechando la vuelta.
Xu Ying sonrió.
—Cenar algo informal.
Apartó a Xia Liuyi y entró a la sala riendo a carcajadas.
—¡Cuánto tiempo sin verle, Inspector Hua! ¡Vaya, el Inspector Liu también está aquí! Y este es… ¡Oh! ¡El recién ascendido Inspector Xu! ¡Jajaja! ¡Un placer, un placer!
Los inspectores que estaban dentro eran viejos conocidos suyos. Al verlo irrumpir no se mostraron disgustados; todos llenaron sus copas e intercambiaron algunas palabras amables antes de que Xu Ying dijera:
—¡Qué buen ánimo tiene, Inspector Hua! ¿Por qué no ha ido a visitarme últimamente?
—Xu Ying —el Inspector Hua, que también era un viejo zorro, sostuvo en la boca el puro que le ofreció, inclinó la cabeza para dejar que se lo encendiera y sonrió—. Si dices eso es porque nos tratas como extraños; todo esto es territorio de su Jefe Dragón Azul, ¿qué importa dónde me siente?
Xu Ying soltó una carcajada.
—¡Muy bien dicho, Inspector Hua! ¡Todo esto es territorio de nuestro Salón Xiaoqi, usted puede sentarse donde le plazca! ¡Venga, Inspector Hua, brindo por usted! ¡Jajaja!
Mientras ellos brindaban felices en el interior, Xia Liuyi no tenía prisa por entrar. Terminó un cigarrillo en silencio en el pasillo y luego llamó a Pequeño Ma.
—¿Cómo supo Xu Ying que invité al Inspector Hua a cenar? ¿A cuántas personas notificaste cuando entregaste las invitaciones?
—Esto… —dudó Pequeño Ma—. ¿Podrían ser los hermanos que están aquí hoy? Todos vieron entrar al Inspector Hua.
—No, Xu Ying llegó demasiado rápido, definitivamente estaba preparado. Hay un “topo” de Xu Ying entre la gente de ayer, averigua quién es.
—Entendido.
Xu Ying conversó amistosamente con los inspectores durante un rato. La cena a la que invitaba Xia Liuyi se convirtió repentinamente en la cena a la que el “joven subordinado Xia Xiaoliu” había invitado por orden del Vice Maestro Xu, reafirmando por completo la posición de Xu Ying como el segundo al mando dentro del Salón Xiaoqi. Después de hacer alarde de su autoridad, se excusó diciendo que tenía asuntos que atender, brindó una última vez y se marchó con arrogancia.
Xia Liuyi lo despidió sin inmutarse y luego regresó a la sala como si nada hubiera pasado para retomar el control.
—Inspectores, hoy no solo hay que beber a gusto, ¡sino también divertirse a lo grande! He reservado una sala privada en el “Pabellón de Sándalo”, ¿vamos a pasar un buen rato después de la cena?
El Pabellón de Sándalo era un exclusivo club de negocios del Salón Xiaoqi ubicado en Kowloon Tong, cerrado al público general y exclusivo para miembros. La tarjeta de membresía dorada era emitida personalmente por el “Gerente General” Cui Dongdong; la mayoría de los miembros entraban pasando la tarjeta, pero unos pocos entraban solo con mostrar la cara.
Xia Liuyi ni siquiera necesitaba mostrar la cara; Cui Dongdong había mandado a alguien a recibirlo en la puerta desde temprano. Entraron rodeando a los inspectores. La madame los recibió con ostentación, y más de una docena de las chicas de compañía más populares se alinearon en una pose sugerente, listas para ser elegidas.
Xia Liuyi acompañó respetuosamente a los inspectores hasta su habitación, luego se dio la vuelta y le dijo a Cui Dongdong:
—Hoy Xu Ying pisoteó mi territorio.
Cui Dongdong soltó un “¿Oh?”, tomó el cigarrillo que él le ofreció, ambos inclinaron la cabeza para encenderlos y caminaron hombro con hombro hacia la oficina.
Un subordinado les abrió la puerta y luego la cerró desde afuera. Los dos se sentaron frente a frente en los sofás y sacudieron la ceniza sobre la mesa de centro.
—Sospecho que hay alguien suyo entre mis hombres —dijo Xia Liuyi—. Tú eres cercano a mí, así que también debes tener cuidado con él. Ya no lo soporto, quiero buscar una oportunidad para enfrentarme a él.
Cui Dongdong tenía veintitantos años. Llevaba gafas de sol, tenía una nariz recta y alta y llevaba el cabello peinado hacia atrás con gomina, igual que Pequeño Ma. A simple vista, parecía un gran jefe astuto y capaz; la única nota discordante era el tono ligeramente rojizo de sus labios, que le daba un aspecto extrañamente inarmónico.
Exhaló una bocanada de humo, se quitó las gafas de sol y reveló un rostro apuesto pero con rasgos un tanto delicados. Luego se recostó en el sofá, cruzó las manos detrás de la cabeza, su camisa se abrió un poco y dejó al descubierto unas vendas de compresión en el pecho: resultaba que era una “ella”.
—¿Qué opina el Dragón Azul? —preguntó ella, con una voz naturalmente ronca y profunda, difícil de distinguir si era de hombre o mujer.
Xia Liuyi escupió el humo.
—Ah Da también quiere rebajarle los humos, si no, no me habría puesto a cargo del club nocturno.
—Yo no estaría tan segura —dijo Cui Dongdong—. El Dragón Azul está dispuesto a darte cualquier cosa, tal vez solo te está mimando.
Xia Liuyi levantó la vista de golpe y la miró fijamente con frialdad en los ojos. Cui Dongdong se encogió de hombros inocentemente.
—Solo bromeo.
—Deberías ser prudente con esto —continuó Cui Dongdong—. Xu Ying es hermano de juramento del Dragón Azul desde que eran niños. Ha estado a su lado veinte años, hizo grandes contribuciones cuando el Dragón Azul ascendió al poder y tiene mucho prestigio en la pandilla. Mientras el Dragón Azul no tome una postura clara, Xu Ying seguirá siendo el Vice Maestro, no puedes enfrentarte a él públicamente.
—Si me peleo con Xu Ying, ¿de qué lado se pondría Cheng Bocazas? —le preguntó Xia Liuyi.
Cheng Bocazas, cuyo nombre real era Cheng Siquan, era el actual “Sandalias de Paja” del Salón Xiaoqi. Aunque dentro de la joven generación del salón su habilidad, estatus y popularidad eran ligeramente inferiores a los de Xia Liuyi y Cui Dongdong, seguía siendo una fuerza considerable.
—¿Cheng Bocazas? —Cui Dongdong se encogió de hombros de nuevo—. Hace días que no hay noticias suyas, quién sabe dónde se fue a morir… a lo mejor sí está muerto.
Xia Liuyi fumó en silencio.
—De acuerdo —dijo Cui Dongdong—. Iré a buscar a Bocazas a ver qué opina. No te impacientes, mientras el Dragón Azul esté allí, Xu Ying no se atreverá a tocarte por más que quiera.
—No me preocupo por mí, me preocupa que adquiera demasiado poder y ataque a Ah Da.
—¡De dónde va a sacar tantas agallas! —dijo Cui Dongdong.
Xia Liuyi negó con la cabeza.
—Xu Ying es demasiado egoísta, no podemos descuidarnos.
—Por cierto, ¿cómo ha estado Xiaoman últimamente?
Xia Liuyi la miró de reojo.
—Más o menos, más estable que antes.
—Mis hombres trajeron unos inciensos calmantes de Tailandia, llévaselos de mi parte —dijo Cui Dongdong.
Xia Liuyi no le dijo que Xia Xiaoman ni siquiera había abierto el paquete que le envió la última vez, dejándolo pudrir en el armario; simplemente asintió con la barbilla.
—Mhm.
—Xiao He te está esperando, ¿vas a ir?
—Mhm.
Xiao He estaba de pie en silencio en la puerta de la habitación. Al ver a Xia Liuyi acercarse con algunos subordinados, inclinó la cabeza e hizo una reverencia a modo de saludo. Xia Liuyi hizo un ademán para que sus hombres se retiraran y la rodeó por los hombros para entrar en la habitación.
Xia Liuyi era su cliente habitual, o, mejor dicho, Xia Liuyi solo entraba a su habitación. Normalmente venía una o dos veces al mes; no era muy frecuente, pero nunca faltaba. Cui Dongdong había intentado persuadir a Xia Liuyi para que la tomara como su amante exclusiva, pero Xia Liuyi dijo que tenía demasiados enemigos y que hacer eso solo la pondría en peligro.
Se ducharon uno tras otro, se cambiaron de ropa, Xiao He encendió el tocadiscos en la mesita de noche y ambos se acostaron en la cama.
Y entonces se acostaron boca arriba, uno a la izquierda y otro a la derecha, para escuchar música.
Sí, su trabajo consistía únicamente en acostarse allí y acompañar a Xia Liuyi a escuchar música durante dos horas. Desde Moon River de Audrey Hepburn hasta Longer de Dan Fogelberg. No entendían ni una sola palabra de la letra, pero no importaba, siempre y cuando la melodía fuera bonita.
Ella provenía de la Ciudadela del Dragón. Una vez, cuando unos matones la estaban moliendo a palos, Xia Liuyi la salvó. Le era absolutamente leal, era sensata y silenciosa, no tenía curiosidad alguna y nunca le preguntaba la razón por la que no la tocaba: si era por alguna enfermedad oculta o porque simplemente no le interesaban las mujeres. Cada mes se acostaban en esa habitación, cada uno obteniendo lo que necesitaba: Xia Liuyi necesitaba esa coartada, y ella necesitaba la protección de Xia Liuyi. Gracias a su relación con él, Cui Dongdong la trataba muy bien y le pagaba una doble tarifa mensual. Aun así, nunca le contó la verdad a Cui Dongdong; no se lo contó a nadie. Estaba decidida a llevarse ese secreto a la tumba.
La suave y melodiosa voz femenina del tocadiscos lavó todo el cansancio del cuerpo de Xia Liuyi. Estiró las piernas, puso ambos brazos detrás de la cabeza, soltó un largo suspiro y cerró los ojos, quedándose profundamente dormido.
A cuatro o cinco kilómetros de allí, en el otro extremo de la Ciudadela del Dragón, He Chusan también estaba acostado, aún con la ropa puesta, durmiendo de forma increíblemente pacífica. Ese mismo día había cobrado el sueldo del mes pasado; a ese ritmo, antes de que empezara el próximo semestre, debería haber ahorrado la mitad de la matrícula. Para el resto no tendría más remedio que pedirle a su padre y pedir prestado un poco más a los vecinos. Su padre no se enfadaría; usaría ese dinero para estudiar mucho. Estaba seguro de que su carrera universitaria era la mejor, y que, en cuanto se graduara, podría ganar mucho dinero y recompensar a su padre.
Su sueño era completamente diferente al de Xia Liuyi: sin luchas secretas de poder, sin amor y odio enredados, sin un pasado oscuro ni un presente caótico, sin amores inconfesables ni tragedias ineludibles. Lo único que tenía eran hermosos sueños sobre el futuro; un futuro extremadamente pacífico, tranquilo e impecable.
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