—¿Van a hacer un viaje largo?
Wang Li, que estaba limpiando la mesa, se quedó atónita por un momento después de oírlo y vio al joven de pie frente a ella mientras le entregaba una tarjeta de habitación.
—Durante este tiempo, sigue viniendo como de costumbre a limpiar. Ya te deposité el sueldo en tu tarjeta; si necesitas algo, solo llámame.
Tras darle unas cuantas indicaciones, Chen Yang regresó a su habitación a seguir arreglando el equipaje. Wang Li observó la espalda del joven alejarse y luego bajó la mirada hacia la tarjeta que tenía en la mano.
Llevaba ya varios meses trabajando como empleada doméstica en esa casa. Al principio solo veía a Chen An regresar de vez en cuando, pero ahora que tío y sobrino vivían juntos en aquella mansión, salvo por las tareas de limpieza y compras, apenas tenía oportunidad de intercambiar palabra con ellos.
Como ya había trabajado antes en casas de gente adinerada, Wang Li sabía perfectamente que los ricos solían valorar mucho su privacidad, así que nunca se atrevía a preguntar demasiado. Aun así, recordaba que Chen Yang parecía estudiar en la misma universidad que ella.
Ella realmente nunca pensó mucho en ello ya que a menudo veía a Chen Yang montando en bicicleta a la escuela. Pensó que eran la misma gente común y corriente. Pero de hecho era inesperadamente un niño rico, si no fuera porque ella trabajaba aquí, no habría pensado que Chen Yang era rico.
Después de terminar sus tareas del día, Wang Li se despidió de Chen An y se dispuso a regresar a la universidad.
—¿Vas de vuelta a la universidad? —El hombre, que estaba leyendo en el estudio, levantó la vista. Tras los lentes, sus ojos brillantes mostraban cierta suavidad. Chen An sonrió y le dijo a la joven que estaba en la puerta—: Deja que Chen Yang te lleve, justo él también tiene que volver a la universidad.
Bastó esa frase de Chen An para que Wang Li terminara sentada en el asiento del copiloto del auto.
Le echó una mirada de reojo a Chen Yang, que conducía a su lado, y, sin poder contener la curiosidad, preguntó:
—Señor Chen, ¿por qué normalmente no viene en auto a la universidad?
Después de todo, parecía más práctico conducir un coche desde la casa de Chen Yang hasta la escuela, porque la distancia no era tan corta si iba a andar en bicicleta.
También se necesitaba mucha energía para ir y venir en bicicleta.
—Dime solo Chen Yang.
Así como Chen An le había causado una impresión sumamente amable a Wang Li, Chen Yang también le daba una muy buena impresión. Aquellos dos, tío y sobrino, eran, en privado, personas sencillas y cercanas, nada parecido a algunos ricos con los que había tratado antes, que en cuanto tenían algo de dinero se volvían insoportablemente arrogantes y miraban a los demás por encima del hombro.
¿Por qué iba en bicicleta a la universidad en lugar de en auto?
Chen Yang esbozó una leve sonrisa, apretando los labios. No lo hacía por ningún tipo de discreción o humildad; aunque en los últimos meses había llevado, en cierto modo, una vida de “gente adinerada”, la única razón por la que lo hacía era simplemente para volverse más fuerte, sin dejar pasar ni una sola oportunidad de fortalecerse.
—Ir en bicicleta de paso me sirve para hacer ejercicio.
Tras dar aquella respuesta sencilla, Chen Yang dejó a Wang Li en la puerta del dormitorio y se marchó en el auto.
En el dormitorio de chicas, alguien vio a Wang Li bajar de un auto de lujo, y de inmediato varias compañeras se acercaron a rodearla, bombardeándola con preguntas a la vez.
—¡Wang Li! ¿Desde cuándo andas con alguien rico? ¿Quién era el que iba en ese auto? ¡Cuenta, cuenta, no te hagas la tonta!
—¡Ese auto no debe ser barato! ¡Se ve carísimo!
Wang Li se apresuró a explicar:
—No, no es lo que piensan. Es el joven señor de la familia donde trabajo; solo me trajo de paso. No vayan a inventar cosas, que si se enteran en el trabajo seguro me despiden.
Jamás se le había pasado por la cabeza que pudiera haber algo especial entre ella y Chen Yang.
—¡Ay, entonces es guapo! —En cuanto oyó la palabra “joven señor”, una de las chicas chismosas no tardó en preguntar con avidez.
Wang Li pensó un momento en el aspecto de Chen Yang y asintió con seguridad:
—Alto y guapo, y además muy amable y considerado. Hasta sabe cocinar.
Ella misma había visto con sus propios ojos cómo Chen Yang le daba masajes en los hombros a su tío Chen An, y cómo solía ir a la cocina a prepararle congee. El cariño de Chen Yang hacia Chen An no era algo superficial ni fingido, sino algo que se sentía de verdad, algo que salía del corazón.
—Ay, ¿Wang Li trabaja en casa de gente rica? Qué envidia, y encima te trae hasta la universidad. Yo pensaba que los ricos eran todos unos arrogantes —suspiró de pronto una chica de pelo largo que estaba cerca—. Rico, guapo, amable y hasta sabe cocinar… eso es directamente el hombre perfecto de un dorama.
Una chica de pelo corto que estaba al lado le dijo entre risas a la de pelo largo:
—Xiaomei, ¿no dices que Chen Yang también es guapísimo? Y además superbueno; antes siempre te traía agua y comida.
La chica llamada Xiaomei hizo un puchero y respondió con fastidio:
—Ni me lo menciones. De qué sirve que sea guapo, si ese tonto de Chen Yang prefirió romper conmigo con tal de seguir cuidando a ese inútil de su tío. Ni siquiera nos hemos casado y ya es así; si algún día nos casáramos, ¿tendría que mantener a su tío también?
¿Chen Yang?
Wang Li se quedó un instante desconcertada. Aunque Xiaomei vivía en el mismo edificio de dormitorios que ellas, como estaba en una clase distinta y Wang Li solía estar siempre trabajando fuera, no sabía que el novio de Xiaomei también se llamaba Chen Yang.
Ese Chen Yang… ¿no seria, por casualidad, el mismo Chen Yang que ella conocía?
—¿Su tío? —intervino Wang Li.
—Sí, ¿no lo sabías? El tío de Chen Yang se suicidó saltando de un edificio tras quebrar, y luego lo salvaron en el hospital. Desde entonces, Chen Yang no se ha separado de él. Y no solo eso, quedarse cuidándolo en el hospital pase, ¡pero después hasta se lo llevó a vivir con él!
Xiaomei seguía hablando cada vez más indignada:
—A ese tío suyo lo vi una vez: con barriga cervecera y dientes salidos enormes. Para qué necesita esa persona quedarse en Shanghái, digo yo. Le sugerí a Chen Yang que mandara a su tío de vuelta a su pueblo, ¡y me gritó por eso!
—¿Y por eso rompieron? —preguntó Wang Li.
—Claro que sí. Yo no pienso convertirme en niñera para cuidar a su tío; solo de pensar en cargar con semejante estorbo ya me da escalofríos —resopló Xiaomei, como si fuera lo más natural del mundo.
Al ver que Wang Li seguía conversando con ella, se acercó sonriente, con expresión zalamera:
—Wang Li, cuéntanos cómo es la vida de los ricos. ¿Cuántos años tiene ese joven señor que te trajo? ¿De verdad es tan guapo?
Wang Li miró de reojo la sonrisa adulona de Xiaomei y, de repente, sintió una punzada de disgusto. Si de verdad era como decía Xiaomei —que el tío de Chen Yang había pasado por un momento tan bajo en su vida—, entonces podía entender por qué Chen Yang siempre trataba tan bien a Chen An, casi con una especie de instinto protector.
—En realidad, la gente rica a veces está más cerca de nosotros de lo que creemos; simplemente no nos damos cuenta —dijo Wang Li, y tras esas palabras se dio la vuelta y regresó al dormitorio, sin prestarle más atención a Xiaomei, que seguía intentando sonsacarle información.
—Hoy no tenías que volver a la universidad, y aun así te pedí que llevaras a Wang Li de vuelta. ¿Te preguntas por qué lo hice?
Sentado en la silla del estudio, Chen An se quitó los lentes y se recostó contra el respaldo, presionándose ligeramente el entrecejo, algo dolorido. Miró hacia Chen Yang, que acababa de regresar tras dejar a Wang Li.
Lástima que, sin los lentes puestos, no lograba ver con claridad; solo distinguía una silueta borrosa de pie junto a la puerta. Este cuerpo tenía verdaderamente muchos achaques: aparte del sobrepeso inicial y los dientes salidos, que sí se pudieron corregir, la miopía era algo con lo que simplemente no se podía hacer nada.
—Seguro que el tío tiene sus razones para hacerlo —dijo Chen Yang al notar cierto cansancio en el hombre, y entró en la habitación para colocarse detrás de Chen An—. Cierra los ojos, te doy un masaje.
Al oírlo, Chen An sonrió levemente y se recostó hacia atrás contra la silla. En el instante en que cerró los ojos, sintió un par de manos cálidas y firmes cubrirle los ojos; Chen Yang le masajeaba con la presión justa las sienes, y el hombre sintió de inmediato un alivio refrescante y muy placentero.
Soltando el aire despacio, sumido en aquella sensación de comodidad, Chen An habló con voz un tanto relajada:
—Investigué a Wang Li. Su historia personal es limpia, y tiene un desempeño excelente en informática. La razón por la que trabaja aquí es simplemente porque el sueldo es mejor que hacer una pasantía en una empresa.
—Sí, yo también la conozco de la universidad. Ha quedado en primer lugar varias veces en concursos de informática —respondió Chen Yang.
—Con solo nosotros dos, difícilmente podremos llegar al nivel que quiero alcanzar. Necesitamos que se unan más talentos a nuestro equipo —dijo Chen An, cerrando los ojos y tomando la mano de Chen Yang, hablando con calma—. Por ahora, obsérvala un tiempo; cuando llegue el momento adecuado, la incorporaremos.
—Tío, yo me encargo de este asunto.
Al oír aquella respuesta que lo satisfizo, Chen An sonrió y le dio unas suaves palmaditas en la mano.
Al día siguiente, tío y sobrino, Chen An y Chen Yang, abordaron el avión rumbo a Ucrania. Además de ellos dos, Wang Hao también se sumó a este viaje.
[—Tío, ¿vas a llevar a Wang Hao?]
[—Después de probar el dulce sabor de las ganancias anteriores, este mocoso inexperto seguramente ya se cree el protagonista de “El señor de la guerra”. No importa, que sueñe bien despierto; esta será su última oportunidad de soñar].
[Sentarse tras bambalinas a cobrar comisiones y presenciar con sus propios ojos los estragos de la guerra en una zona de conflicto eran dos cosas completamente distintas].
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