Capítulo 1

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Velas rojas y cortinas cálidas, un hombre recostado en el Jiaofang.

La mano izquierda de Tideng permanecía envuelta durante todo el año en una tira de cuero suave y de un negro azabache, tan delgada como la piel, que delineaba las falanges esbeltas de su mano izquierda. Desde las puntas de los dedos hasta la parte superior de la muñeca, esa cinta de cuero suave formaba un guante ceñido que se extendía hasta su antebrazo, y jamás se la había quitado en todos estos años. Si no fuera por su color negro, sería idéntica a la piel humana.

En cambio, la mano derecha de Tideng tenía una larga cicatriz que cruzaba todo el dorso, horrible y espantosa. Xie Jiulou solía decir que esa palma derecha era la que realmente debería estar envuelta con la cinta negra.

En ese momento, debido a la fuerza excesiva con la que Tideng aferraba las colchas, esa larga cicatriz resaltaba aún más sobre los cartílagos prominentes del dorso de su mano.

—¿Ya no puedes soportarlo? —La mirada de Xie Jiulou se posó en los nudillos blanquecinos de la mano derecha de Tideng y plantó un beso rápido en su mano izquierda envuelta en cuero—. Después de tantos años, no has progresado ni un poco.

Al terminar de hablar, su mano derecha ejerció fuerza de repente. Tideng echó la cabeza hacia atrás con un grito ahogado, mientras gotas de sudor del tamaño de frijoles rodaban por su frente.

(…)

Al mirar de nuevo, la densa bruma en los ojos del otro se condensó lentamente, rodando desde la comisura de sus ojos hasta el nacimiento del cabello.

Xie Jiulou le limpió las lágrimas y, exhalando un aliento cálido, preguntó:

—¿Tan cómodo te sientes?

Las puntas de los dedos de Tideng se movieron ligeramente. Abrió y cerró los labios un par de veces, pero no emitió ningún sonido.

Xie Jiulou ladeó la cabeza, mordió el lóbulo de la oreja de Tideng y preguntó:

—Dicen que el Jiaofang simboliza la abundancia de descendencia. Después de trescientos años, has recibido todo el rocío y la lluvia que debías recibir, ¿por qué todavía no me has concebido un hijo o una hija?

La respiración de Tideng se estancó y sus ojos se entrecerraron.

—No puedo dar a luz —dijo tras recuperar el aliento, mirando de reojo a Xie Jiulou—. Aunque me rompas llenándome, no hay lugar donde concebir.

La mirada de Xie Jiulou se llenó de resentimiento. Retiró la mano y apretó la mandíbula de Tideng:

—Perfecto. Si no concibes para mí, tampoco lo harás para nadie más.

Lanzó una última mirada al colgante en el cuello de Tideng y soltó el agarre de golpe.

Tideng fue lanzado hacia un lado. Cuando volvió a girar la cabeza, Xie Jiulou ya se había bajado de la cama.

Tideng entonces se reincorporó apoyándose en sus brazos, aprovechando para subirse la túnica interior que antes se había despojado desordenadamente y que colgaba a medias de sus codos. Solo se la subió de un lado, dejando la otra mitad de su cuerpo al descubierto. Con su atractivo físico parcialmente expuesto, no se molestó en arreglarlo más. Sosteniendo el cuello de la prenda, preguntó con voz ronca a Xie Jiulou, quien salía a toda prisa:

—¿A dónde vas?

Xie Jiulou no respondió. Poco después, entró cargando una pequeña palangana de agua tibia, con dos pañuelos de brocado limpios colgados del borde.

Sumergió los pañuelos en el agua para humedecerlos, los exprimió y, sin decir una palabra, se sentó al lado para limpiar minuciosamente la parte posterior de Tideng.

Al terminar de limpiarlo, volvió a salir para cambiar el agua. Esta vez estaba más caliente, justo a la temperatura en la que el otro solía meter los pies para lavárselos habitualmente.

Xie Jiulou se agachó junto a la cama, con las mangas arremangadas hasta los antebrazos y la solapa ligeramente abierta, revelando el cuello por debajo de las clavículas. Su ropa estaba holgada y, al igual que los mechones de cabello sobre sus cejas, se mecía con sus movimientos.

Lavó los pies de Tideng con la cabeza baja y dijo con voz profunda:

—Teniendo en cuenta el tatuaje, será mejor que no te bañes en estos dos días. Sé cuánto amas la limpieza, así que yo mismo me encargaré de bañarte. 

Tideng apoyó ambas manos en el borde de la cama, fijando la mirada en el perfil del hombre. A medida que lo contemplaba, se quedó absorto.

El hombre que lavaba los pies notó que algo andaba mal, giró la cabeza y, al ver la expresión de Tideng, su corazón se enfrió un setenta u ochenta por ciento más.

Sujetó el tobillo de Tideng, miró directamente a los ojos del otro, quien acababa de volver en sí, y preguntó:

—¿Me estás mirando a mí o estás mirando a tu Ahaihai a través de mí?

El primer encuentro entre Xie Jiulou y Tideng ocurrió hace aproximadamente trescientos años.

En aquel entonces, justo al caer el ocaso, él estaba sentado en el Gran Salón del Noveno Yanluo. Primero vio esa linterna palaciega octogonal de vidrio con la figura de una dama y, luego, trasladó su mirada a la coronilla de la persona que se arrodillaba erguida en el salón a contraluz. Preguntó:

—¿A qué vienes al Wujiechu1?

Tideng bajó la cabeza obedientemente y respondió:

—A buscar a alguien.

—¿Lo encontraste?

—No.

Xie Jiulou frunció el ceño:

—Levanta la cabeza.

Tideng entonces levantó la vista para mirarlo.

Qué fortuna conocen los seres vivos de Sahāloka2.

Así pensó Xie Jiulou la primera vez que vio a Tideng.

Sin mostrar emoción en el rostro, volvió a preguntar:

—Al venir al Wujiechu, ¿conoces ya sus reglas?

Tideng dijo:

—A diez mil li de Sahāloka, se entra una vez y se sale una vez; al abandonar este reino, jamás se vuelve a ingresar.

El Wujiechu del Yinsi acogía a todos los seres vivos del mundo de Sahāloka que se encontraban fuera. Una vez que se ingresaba en él, todos los asuntos del Sahāloka se dejaban a diez mil li de distancia y ya no se podían atender ni interferir en ellos.

Se podía entrar una vez y también salir una vez. Si uno decidía marcharse, nunca habría una segunda oportunidad para volver a poner un pie dentro.

Xie Jiulou preguntó:

—¿Tu nombre?

—No tengo nombre.

—No tienes nombre —repitió Xie Jiulou. Echó una mirada a la linterna con la figura de la dama que el otro mantenía abrazada contra su pecho en todo momento y se levantó para marcharse.

En un instante, los pliegues de su túnica pasaron rozando el costado de Tideng.

—Entonces te llamarás Tideng3.

Tideng se inclinó profundamente. 

—Agradezco al Noveno Salón por otorgarme el nombre.

Notas del Traductor

  1. Zona o lugar sin límites dentro del inframundo.
  2. Término budista proveniente del sánscrito que se refiere al reino de los mortales, el mundo terrenal donde las almas habitan y experimentan el sufrimiento.
  3. Tideng está compuesto por:
    提 (Tí), que significa «llevar en la mano», «sostener» o «levantar» y 灯 (dēng), que significa «lámpara» o «linterna».
    Entonces, Tideng se traduce de forma literal como «El que lleva la linterna» o «Portador de la linterna».
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