De los tres enormes continentes que conforman este mundo, en el continente llamado Elwin existe el siguiente dicho: “Si quieres vender un esclavo, ve a la cordillera de roca roja del este. Si quieres comprar un esclavo, ve al hermoso lago del oeste”.
La cordillera de roca roja se refiere a ‘Vuellac’, el mercado de esclavos del territorio de Bentaian.
El hermoso lago se refiere a ‘Amileur’, el mercado de esclavos de Wade Wesley.
Entre ambos, Amileur está considerado uno de los mercados de esclavos más hermosos del mundo.
«Vaya cosa. Un mercado de esclavos hermoso. Aunque eso también resulta bastante absurdo.»
Un mercado de esclavos y la belleza.
Nunca había pensado que esas dos palabras pudieran combinar en absoluto.
Para ser sincero, no solo yo: cualquiera pensaría lo mismo. Sin embargo, cuando, siguiendo al asistente de Amileur, llegué a la entrada de una orilla del lago poco frecuentada… Mi opinión cambió por completo.
«… Guau.»
El hombre, con una capucha negra calada hasta la frente, sostuvo en la mano un colgante con un extraño diseño en relieve e infundió poder mágico en él. Entonces aparecieron ondas sobre la tranquila superficie del lago. Ante mis ojos se materializó, imponente, una escalera de agua que descendía desde la ribera hasta las profundidades del lago.
«Guau… Admito que es hermoso.»
‘Un mercado de esclavos bajo el lago’.
Ahora creía comprender por qué al nombre de Amileur se le añadía el calificativo de ‘hermoso’.
Reprimí para mis adentros la exclamación que estuvo a punto de escapárseme y apenas logré mantener la compostura.
El asistente me habló con tono indiferente:
—Prepararemos un alojamiento aparte para el Cuerpo de Mercenarios Gren, así que puede entrar tranquilamente en Amileur, señor Ian Blake.
—Bien. Buen trabajo.
¡Clin!
Una moneda de oro que lancé con los dedos salió volando hacia él mientras giraba velozmente. Con un movimiento tan rápido que apenas pude verlo, atrapó al instante la moneda en el aire.
Pasé junto al asistente de Amileur, que inclinó ligeramente la cabeza, y pisé con cuidado la escalera de agua.
«Uf, menos mal.»
Sinceramente, esta vez tuve buen sentido de la oportunidad y también buena suerte.
A esa misma hora, no muy lejos de allí, pude ver a otra persona entrando en Amileur de la misma manera que yo. Gracias a eso me ahorré pasar vergüenza y también pude evitar sospechas innecesarias.
«¿Acaso este tipo solo habrá entrado y salido de aquí una o dos veces? Si actúo como un novato, sospecharán de inmediato.»
Fuuu…
«Que suerte».
Calmé mi corazón tembloroso con una breve respiración profunda. Pero, dejando eso de lado…
«Como era de esperar, la magia es algo increíble.»
El misterioso paisaje de una escalera hecha de agua que se prolongaba hasta las profundidades del lago. Si tuviera que buscar algo con qué compararlo, podría mencionar un acuario, pero me atrevería a decir que hasta hacer esa comparación sería una falta de respeto.
El paisaje bajo las transparentes aguas del lago, la visión natural de aquellos peces de todos los colores nadando bajo el agua, era tan hermosa que resultaba imposible apartar la mirada.
—Oh…
Al final, incapaz de contenerme, dejé escapar una pequeña exclamación. Fue entonces que, al final del camino que se extendía como un pasadizo, allí donde desaparecía la escalera de agua, apareció un hombre vestido con un esmoquin azul.
Era un hombre de mediana edad con el cabello rubio peinado pulcramente hacia atrás.
Sin embargo, a diferencia de su aspecto impecable, en su rostro flotaba una inexplicable aura siniestra.
«…Mira nada más. ¿Tenía que ser precisamente un tipo con los ojos desiguales?»
Después de haber tratado con mucha gente debido a mi profesión, había descubierto que las personas cuyos ojos tenían tamaños distintos mostraban cierta tendencia a ser diferentes por dentro y por fuera. Y si a eso se sumaba la sonrisa comercial formada por aquella boca enorme, nueve de cada diez veces esa valoración resultaba acertada.
«En definitiva, hay que tener cuidado con los tipos así.»
Mientras tanto, el hombre de ojos desiguales me dedicó una sonrisa radiante.
Pero cualquiera podía ver que aquella no era la sonrisa de alguien que había encontrado a un cliente.
Por decirlo de algún modo, era la sonrisa de alguien que había encontrado a un incauto.
«Pero ¿qué le vamos a hacer? Lo siento, pero no pienso dejar que me engañes dócilmente.»
Parecía que tendría que mantenerme bien alerta si no quería que me tomaran por tonto.
Tras decidirlo, me acerqué a él con grandes zancadas, y el hombre de ojos desiguales me saludó con la elegante cortesía de un noble.
—Lo estaba esperando. Soy Yonsen Yonparis y estaré a cargo del señor Ian Blake esta noche.
—¿…Yongsan Yongpal-i? 1
—Yonsen… Yonparis. Si le resulta difícil pronunciarlo, puede llamarme simplemente Yonsen o Yon.
—Mmm… ¿No puedo llamarte simplemente Yongpal?
—…Ja, ja. B-bueno, tampoco es que no pueda. Entonces llámeme como le resulte más cómodo, señor Ian.
—Entendido, Yongpal.
—…
Cuando respondí sonriendo, cayó un silencio gélido.
Por un instante, me pareció que una vena sobresalía en la frente de Yongpal, pero seguramente había sido mi imaginación. Como si él supiera lo que significaba aquello.
«En cualquier caso, si vas a ofenderte sin motivo, conviértete tú en el cliente.»
Solté una risita burlona sin molestarme en ocultarla. No tenía la menor intención de guardar cortesía alguna con un sujeto cuya cabeza estaba llena de ideas sobre cómo desplumarme.
Además, como en una situación así no había nada que surtiera tanto efecto como imponerse, actué con más seguridad… No, actué con todavía más descaro.
—¿Qué haces ahí sin seguirme de una vez?
Erguí los hombros con orgullo, atravesé el pasadizo y entré en Amileur.
Entonces escuché un pequeño murmullo a mis espaldas.
«¿Había dicho: ‘Ah, esto no debía ser así’?»
Lo siento, pero todavía ni siquiera he comenzado.
«Ya veremos qué le acaba pasando a una persona cuando decide tener un corazón tan asqueroso.»
El vestíbulo de Amileur recordaba a un restaurante sobre el agua o a un acuario.
En la entrada, me apoyé sobre una pierna y llamé a Yongpal moviendo un solo dedo.
Bien, ahora comienza lo de verdad.
—Yongpal. Veamos, recítamelo todo.
╬ ▪ ╬ ▪ ╬
Yonsen apretó los dientes para sus adentros. Sin saber qué era lo que le había molestado tanto, el sinvergüenza que tenía delante lo estaba obligando a explicarle verbalmente, de principio a fin, el grueso manual de Amileur.
«Hijo de puta. Si algo no te gusta, al menos deberías decirme qué demonios es lo que no te gusta.»
¿Un tipo que entraba y salía de allí cada dos días no conocía las reglas? Hasta un perro que pasara por la calle se reiría de eso. Por lo tanto, estaba claro que solo pretendía ponerle trabas innecesarias.
No había nada que hacer; por el momento, no le quedaba más remedio que aguantar en silencio.
—…Por último, la subasta secreta que se celebrará esta noche es una subasta VIP de categoría Oro.
—Oh, ¿VIP? ¿Qué saldrá a la venta esta vez?
—Como bien sabe el señor Ian, la lista de la subasta cambia todos los días, pero lo habitual es que en la categoría Oro se presenten principalmente miembros de razas poco comunes.
—Razas poco comunes… Parece que podría estar bien. —Ian murmuró en voz baja mientras se acariciaba su gruesa barbilla.
Entonces Yonsen fingió lamentarlo y soltó deliberadamente un largo suspiro antes de continuar:
—Sin embargo, lamento muchísimo decirle que… como últimamente el señor Ian solo nos ha visitado y no ha participado en ninguna compra, su categoría descendió un nivel, de Oro a Plata. Por eso no podrá asistir a la subasta secreta de esta noche.
—… ¿Qué? ¿Estás bromeando?
—Lo siento muchísimo. A diferencia de la categoría de vendedor, para conservar la categoría de comprador debe participar de manera constante en las subastas y mantener actualizada la lista… Vaya, no sé qué podríamos hacer.
—Tsk. Entonces, ¿no hay otra cosa? Alguna forma de subir de categoría ahora mismo, por ejemplo.
—Mmm… En ese caso…
En aquel instante, como si hubiera estado esperando esas palabras, una amplia sonrisa apareció en el rostro de Yonsen y desapareció rápidamente.
«Por fin ha llegado la oportunidad», pensó Yonsen. Apenas logró contener la risa que amenazaba con brotar de su interior antes de hablar con cautela.
—Le recomiendo que esta vez también utilice la sala de subastas libres de Amileur. El problema es simplemente que no ha realizado suficientes compras durante un tiempo, así que, si alcanza un número determinado de adquisiciones, podrá ascender de nuevo a la categoría Oro de inmediato.
—La sala de subastas libres… —Ian volvió a sumirse profundamente en sus pensamientos.
¿Qué había que dudar tanto en una situación como aquella? Yonsen tragó saliva y esperó a que Ian abriera la boca.
«Por favor, cae. ¡Por favor, cae en la trampa, maldito cabrón!»
Mientras tanto, la cabeza de Ian comenzó a asentir lentamente de arriba abajo.
—También podría estar bien.
«¿Qué demonios era lo que podría estar bien?»
Aunque sentía curiosidad, aquella pregunta desapareció enseguida de la mente de Yonsen.
Eso no era lo importante en aquel momento.
«Por fin también a mí me llega una suerte como esta. Hoy voy a desplumarte hasta los huesos. Je, je, je.»
En Amileur, el apodo con el que se conocía a Ian Blake no era otro que ‘el incauto’.
La ocasión en que, sin sospechar ni una sola vez, pagó un sobreprecio equivalente al presupuesto operativo de un mes de un pequeño territorio, seguía siendo una leyenda entre los anfitriones.
“¡Desplumé bien a un solo incauto y, antes de darme cuenta, ya tenía una casa en la capital!”.
El enérgico grito del anfitrión que había renunciado después de aquello resonó espontáneamente en la cabeza de Yonsen. Así pues, ¿cómo iba a contener su alegría?
—Permítame guiarlo. Venga por aquí.
Con una sonrisa tan radiante como sus sentimientos, Yonsen se adelantó con pasos ligeros.
Ian lo observó fijamente sin decir nada en particular y después lo siguió con lentitud.
Tras dejar atrás el espléndido vestíbulo y recorrer un largo pasadizo, apareció una cueva de granate formada por arenisca gris. La cueva de granate exhibía una belleza y un misterio distintos de los del vestíbulo y la entrada. Su aspecto natural e intacto. Era, literalmente, una visión capaz de arrancarle una exclamación a cualquiera. Sin embargo…
—Sálveme… Por favor, sálveme…
—Agua… Aunque solo sea agua… Por favor, aunque solo sea un vaso…
—Tengo hambre… Tengo tanta hambre…
Allí había decenas, cientos de jaulas de hierro dispuestas en una hilera tan larga que era imposible ver dónde terminaba.
—…
Fue en aquel instante. El momento en que se agrietó la expresión con la que Ian fingía tranquilidad.
«Retiro lo de que es hermoso, joder.»
Me retracto. Después de todo, un mercado de esclavos y la belleza no combinan.
No. Jamás podrían combinar.
Mientras contemplaba a los esclavos que babeaban y extendían las manos entre los barrotes, pensé que era como si toda la desesperación del mundo se encontrara en aquel lugar.
El aspecto de los esclavos tras las rejas, la realidad del mercado de esclavos, resultaba todavía más impactante de lo que había imaginado. Es decir, no era una escena que una persona moderna de la era del milenio pudiera contemplar tranquilamente y conservar intacta la cordura.
«Guau… Esto es bastante duro.»
¿Debería haber conseguido algo de alcohol y haberme tomado un buen trago antes de venir? Aunque estaba mentalizado, enfrentarlo en persona resultaba realmente difícil de soportar estando sobrio. Por fortuna… No…
No sabía si podía considerarlo una fortuna, pero la mayoría de los esclavos capturados allí no habían sido arrastrados por la fuerza. Ese era, cuando menos, el único punto que podía servirme de consuelo.
«Nueve de cada diez son casos de personas que se metieron en las drogas, en las apuestas y acabaron arruinándose la vida por completo. ¿Acaso se ha puesto de moda por aquí firmar documentos en los que renuncias a tu propio cuerpo? Además, viendo que también hay criminales atroces mezclados entre ellos…»
Cien de cada cien veces, tanto la lástima como la ira se desvanecerían por sí solas con las ideas de ‘se lo merecían’ o, por ejemplo, ‘recogió lo que sembró’.
Gracias a mi capacidad emocional, que me permitía vislumbrar la situación o el estado de una persona, me sentía más tranquilo que al principio.
Había logrado calmar mi agitación y observar serenamente los alrededores.
—…Cállate y mete la mano, antes de que te la corte.
—¡J-jiiik!
Después de que le arrojara aquellas palabras como si las escupiera entre dientes, uno de los esclavos que no dejaba de proclamar su inocencia se apartó muy lejos de los barrotes.
Aparté de inmediato la mirada de aquel esclavo. No tenía ni una pizca de compasión ni de interés que ofrecerle a un criminal que había matado a un niño. Por supuesto, eso también incluía a los drogadictos y a los ludópatas.
—Mmm… ¿Hay algún tipo de esclavo que esté buscando? Si me indica las condiciones, se lo encontraré de inmediato. —En ese momento, Yongpal se acercó con cautela.
—Un esclavo que esté buscando…
Por supuesto que lo había, pero Yongpal no podría encontrarlo. Tampoco era algo que pudiera confiarle a un sujeto obsesionado con descubrir cómo cobrarme, aunque fuera un poco más de la cuenta. Por eso lo ignoré sin darle demasiada importancia y examiné personalmente, una por una, las jaulas.
Ese es un criminal.
Ese es un drogadicto.
Ese es un matón del bajo mundo…
A medida que dejaba atrás una jaula tras otra, mis suspiros no hacían más que aumentar.
Sin embargo, el esclavo que buscaba tenía que encontrarse en algún sitio.
Con ese pensamiento, seguí pasando frente a las jaulas hasta que…
«Lo encontré.»
Dentro de la séptima jaula. Allí pude ver a un hombre de mediana edad, acurrucado sobre sí mismo y con los ojos muertos.
«Sí. Para esto es para lo que debe usarse el dinero.»
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| Delan | Hombre, 41 años | Raza humana |
◈ Padre de tres hijos acusado injustamente ★★
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Ni siquiera me molesté en revisar sus estadísticas.
No había necesidad. Aquella única línea bastaba y sobraba para darme una razón para comprarlo y liberarlo.
—Yongpal. ¿Cuánto cuesta este esclavo?
Ante mi pregunta, Yongpal se acercó rápidamente.
En su rostro estaba dibujada la misma sonrisa de antes. Una sonrisa codiciosa que decía: ‘¿Cómo y cuánto podría desplumarlo?’. Pero no me molesté en reprochárselo. Como ya tenía planeado todo lo que vendría después, en esta etapa estaba dispuesto a soportar que me cobrara de más hasta cierto punto. Sin embargo…
—Y dígame, ¿qué precio tenía pensado pagar?
—…
Yongpal me provocó con una sonrisa radiante.
«…Este hijo de puta.»
Le había dejado salirse con la suya una y otra vez, ¿y ahora de verdad me tomaba por un completo imbécil?
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