Las perforaciones de Nan Yi eran un cuaderno de notas encriptado, cuyo contenido solo él podía descifrar. Más de la mitad tenían que ver con Qin Yiyu, y una pequeña parte cargaba con su profundo y abrumador odio.
Su cuerpo también estaba lleno de vacíos, clavados, rellenos y afianzados con estacas mediante brillantes pernos, para que el viento no se lo llevara y pudiera avanzar paso a paso.
Solo tenía dos lóbulos, y ambos se los guardó a Qin Yiyu. Uno para registrar el día en que lo conoció, y el otro para conmemorar haberlo reclutado con éxito, celebrando que se hubiera unido voluntariamente a su equipo.
Decir estas palabras en voz alta sonaba demasiado extraño. Nan Yi tenía muy claro que su obsesiva y paranoica necesidad de control ya excedía por mucho los límites de lo normal, y tampoco quería asustarlo y hacerlo salir corriendo cuando apenas lo había conseguido.
Justo cuando pensaba en eso, de repente sintió que unas manos se deslizaban entre su cabello, rozando la piel de su nuca. Sintió un leve cosquilleo y no pudo evitar encogerse. Al girar la cabeza, vio a Qin Yiyu con ambas manos enjaulando la parte posterior de su cabeza. Los mechones negros se escurrían entre sus dedos.
Qin Yiyu dejó las manos rígidas en el aire y explicó: —Quería ayudarte a recogerte el cabello. Hizo una pausa: —Pero me di cuenta de que no sé hacerlo.
Nan Yi se quedó atónito un segundo y soltó una risa. Los hoyuelos de las comisuras de sus labios se insinuaron levemente para desaparecer de nuevo al instante.
—Yo me lo hago—. Se echó el cabello hacia atrás con un movimiento ágil, y se lo ató en una pequeña coleta corta usando la liga negra que llevaba en la muñeca. Luego, ladeó la cabeza hacia Qin Yiyu para indicarle que estaba listo.
Pero Qin Yiyu se quedó mirando absorto la marca roja en su muñeca, un fino círculo ligeramente hundido. Sin razón, recordó un tatuaje que Zhou Huai se había hecho hacía mucho tiempo; también era rojo, también en la muñeca, y consistía en una circunferencia de tallos de rosas. Zhou Huai estaba muy orgulloso de ese trabajo y decía que “tatuarse la muñeca es muy sexy”.
En aquel entonces, él no estaba para nada de acuerdo.
Al verlo distraído, Nan Yi soltó un “ey”.
—¿Eh? Ah, estaba pensando en si no nos falta algo; déjame revisar…
Cuando alguien se siente incómodo, de repente se vuelve muy ocupado. Él se dedicó a inspeccionar uno por uno los escasos objetos sobre la mesa. Tardó un buen rato en darse cuenta de que, en efecto, faltaba una cosa.
—¿Dónde están las pinzas hemostáticas?
No las encontraba por ningún lado. Estaba a punto de ir a buscar ayuda cuando Nan Yi le agarró del brazo.
—No pasa nada, hazlo directamente.
—¿Estás seguro? La aguja de perforación duele al penetrar.
—Sí.
Está bien.
Qin Yiyu no insistió más, pero fiel al espíritu de servicio de tratar bien a su primer cliente en la vida, intentó distraerlo conversando: —¿Los anteriores te los hiciste en algún local?
Mientras lo decía, le sujetó suavemente la barbilla con los dedos, le giró el rostro con cuidado y examinó minuciosamente si las perforaciones de ambos lados guardaban simetría.
Estaban muy cerca.
El aroma a cítricos, único de Qin Yiyu, se percibía débilmente.
Nan Yi desvió la mirada y respondió: —Excepto el primero, todos los demás me los hice yo mismo.
La sorpresa de Qin Yiyu fue muy evidente.
Pero él se mantuvo calmado y continuó: —Algunos me los hice con una pistola de clavos, y otros con aguja de perforación.
—¿Te perforaste tú solo frente a un espejo?
—Mm.
Mientras hablaban, Qin Yiyu se acercó aún más, tanto que pudo percibir el aroma de Nan Yi. Hace un momento, cuando iban en la moto, lo había olfateado vagamente en el viento, y creyó que era el aroma de la vegetación al borde del camino.
Un suave aroma amaderado, de tonos fríos, resultó ser su propio aroma.
Guiado por el aroma, su mirada deambuló involuntariamente, posándose en el pequeño hoyuelo hundido en el cartílago, el lóbulo de un tono rosado, las puntas negras del cabello que se alzaban y el cuello delgado y pálido.
Olvidó que estaban charlando, perdió el ritmo y hasta su alma pareció ausentarse. En su estado de ensoñación, terminó clavando la aguja de perforación desechable directamente.
Reaccionando con retraso, se dio cuenta y se apresuró a colocar el arete. Todo el proceso fue bastante fluido y, para su alivio, Nan Yi no sangró como a él le había pasado.
No solo eso, sino que realmente no mostró ninguna reacción, ni siquiera frunció el ceño.
Sin motivo aparente, a la mente de Qin Yiyu le vino la imagen de este pequeño cubo de hielo perforándose las orejas a lo loco frente al espejo. Probablemente igual de inexpresivo, uno tras otro, como en una línea de montaje de fábrica.
—¿Tienes alguna tendencia masoquista o qué?
Para su sorpresa, Nan Yi sonrió.
—¿De qué te ríes?
—¿A esto le llamas masoquismo?— Su tono podría calificarse de ligero.
Qin Yiyu frunció levemente el ceño: —¿No duele?
—¿Esto cuenta como dolor?
La expresión de Nan Yi no denotaba una pregunta retórica, sino que parecía tener una curiosidad genuina sobre dónde dolía.
Rápidamente, añadió otra frase, como si hablara consigo mismo.
—Quizás sea una persona muy resistente al dolor.
Al salir, cuando ya caía la tarde, un grupo de palomas grises estaba posado fuera de la tienda, bajo el árbol de ginkgo.
Qin Yiyu dijo que eran del anciano del patio vecino. Hacía varios años se le había perdido una, pero no se esperaba que en estos días hubiera regresado por su cuenta, solo que estaba ciega de un ojo.
—Esta palomita es bastante terca, debe haber buscado por mucho tiempo—. Señaló la que estaba más cerca de Nan Yi: —Mira, es esa.
Nan Yi no dijo nada, solo la observó en silencio. La palomita de un gris apagado se acercó unos pasos más, también lo miró fijamente e incluso ladeó la cabeza; uno de sus ojos era gris y el otro, de un rojo normal.
Levantó la mano y se tocó el lóbulo de la oreja derecha. Aún no se acostumbraba a ese pequeño poste que ahora tenía.
Así como no estaba acostumbrado a que Qin Yiyu ahora le hablara y charlara hombro con hombro, sin distancia alguna, y lo mirara a los ojos.
Estaba mucho más familiarizado con la espalda de este chico que con su mirada.
—Vámonos—. Montó en la moto, se puso el casco y estaba a punto de encender el motor cuando, de repente, Qin Yiyu lo detuvo.
—Espera un momento…
Aunque su voz no fue muy alta, con un estruendo de aleteos, el grupo de palomas echó a volar en un instante, dejando solo la densa sombra del árbol.
Nan Yi levantó la visera y en sus ojos se reflejaba el crepúsculo ardiendo en un rojo intenso.
—Hay algo que siempre me ha dado curiosidad, y si no te lo pregunto, me va a quedar dando vueltas en la cabeza—. Qin Yiyu lo miró fijamente a los ojos: —¿Cómo me encontraste?
Después de desaparecer sin dejar rastro, aparte de Zhou Huai, que siempre estuvo al tanto, Nan Yi fue la primera persona que logró encontrarlo.
Las palomas revoloteaban en el cielo, y luego fueron posándose una a una, aterrizando detrás de Nan Yi, en las copas de los árboles.
¿Cómo lo encontró…?
El proceso fue verdaderamente largo.
Nan Yi ladeó la cabeza, y el arete recién puesto brillaba bajo la luz del sol.
—Cuando logremos superar la primera etapa del concurso, te lo contaré.
Qin Yiyu, con las manos metidas en los bolsillos y una actitud despreocupada, dijo: —Entonces ve preparando el borrador desde hoy, porque te escucharé con mucha atención.
—No vamos a perder—. Sonrió con tranquilidad.
De vuelta en el dormitorio, Nan Yi abrió una aplicación de redes sociales extranjeras y buscó a un usuario que visitaba con frecuencia. Vio su publicación más reciente, que decía: [¡Aterricé con éxito en Beijing! ¡Vengo a buscar a mamá!], acompañada de una foto de una calle de Beijing que le resultaba muy familiar.
Era la calle por la que siempre pasaba cada vez que iba en su moto.
A veces las cosas coinciden de esta manera. Después de tanto tiempo junto al tronco esperando a que llegara la liebre, pensó que no podría esperar hasta antes del concurso, pero resultó que cayó justo a tiempo. Parecía que, desde que encontró a Qin Yiyu, él también había empezado a tener un poco de buena suerte.
Nan Yi se puso en contacto de inmediato con el gerente del 029 y le solicitó un cambio de turno para esta tarde.
Esperó dos horas en la zona de tiro con arco. Pasaron dos grupos de clientes que venían a hacer actividades de integración de equipo, y por fin apareció el objetivo.
El chico que trabajaba medio tiempo limpiando estaba trapeando el piso justo cerca de él. Al ver que Nan Yi miraba fijamente a la dueña y a su hija, que no estaban muy lejos, se acercó, apoyó las dos manos en el mango del trapeador y bromeó: —Entrenador Xiao Nan, no me digas que te has fijado en la hija de la hermana Fang.
Nan Yi solo sonrió y no respondió.
El chico puso cara de chismoso: —Escuché que el esposo de la hermana Fang es un jefe en la unidad de tránsito de la policía. No recuerdo de qué distrito, pero en todo caso asciende superrápido y en estos dos años seguro da otro salto; probablemente tiene contactos arriba. La hermana Fang es una mujer fuerte que también tiene su propio negocio, y los dos solo tienen a esta hija adorada.
—¿En serio?
—Sí, dicen que cuando la señorita iba a la escuela tuvo un conflicto con una compañera, y su papá fue especialmente a la escuela a respaldarla. ¡Es el gran tesoro en su corazón!— Después de decir esto, el chico le dio un codazo a Nan Yi y le lanzó la indirecta: —Hermano, sé que eres guapo y que tu escuela es buena, pero no te hagas ilusiones. Es mejor no meterse con esa gente.
¿Un conflicto?
Para ser exactos, fue acoso escolar unilateral contra una compañera, obligándola a suicidarse. Al final, para calmar la tormenta, sus padres la arreglaron para que se fuera a estudiar al extranjero.
La comisura de sus labios seguía curvada en una leve sonrisa, y dijo casualmente: —Mmm, suena como si… no perteneciera a nuestro mundo.
El chico exclamó de inmediato: —¡Ese es exactamente el punto!— Apenas terminó de hablar, la dueña miró hacia allí por casualidad. Él se agachó rápidamente, siguió trapeando y se alejó, haciendo como si nada hubiera pasado.
Nan Yi también lo notó o, para ser más exactos, quienes los miraban no eran solo Fang Jie, sino también su hija, Jiang Tian.
Sus miradas se cruzaron brevemente por un segundo. Él retiró la sonrisa, se dio la vuelta y caminó hacia la fila de dianas, sacando una a una las flechas clavadas y guardándolas en el carcaj.
Cuando solo le faltaba la última, una voz dulce resonó a sus espaldas.
—¿Tú eres el nuevo entrenador de tiro con arco?
En el instante en que el objetivo mordió el anzuelo, Nan Yi se sintió extrañamente distraído.
Al girar la cabeza y ver el rostro de Jiang Tian, un charco de sangre destelló ante sus ojos y, una vez más, el sonido fantasmal de una ambulancia resonó en sus oídos, aunque fue fugaz.
—En la secundaria me uní al club de tiro con arco; me gustaba mucho, pero lamentablemente no tengo mucho talento y mi técnica nunca ha sido muy buena. Dicen que eres muy bueno, ¿podrías enseñarme?
Cuando sonreía, se parecía mucho a su padre.
En los documentos que dejó su tío, había visto una foto de él con uniforme. Esa sonrisa se veía extraordinariamente honorable y dedicada, nada parecida a la de alguien que torcería la ley por intereses personales.
—Por supuesto, es un honor para mí —sonrió Nan Yi.
Había un espacio de más de un mes antes de ingresar oficialmente al campamento para las grabaciones, así que regresó a la vida universitaria y participó en un entrenamiento militar de tres semanas.
Durante ese tiempo, Jiang Tian fue a buscarlo tres veces. La primera vez, él puso la excusa de estar ocupado y no se vieron. La segunda, ella fue directamente a las afueras del estadio y gritó su nombre a todo pulmón. Fue ese mismo día cuando se hizo famoso en el foro de la universidad y de la noche a la mañana se abrieron varios hilos largos1 de discusión. Sus compañeros de cuarto le enviaron esas fotos tomadas a escondidas, pero él no abrió ni una sola.
La tercera vez fue la noche en que terminó el entrenamiento militar. Jiang Tian lo acorraló en la entrada del dormitorio con un pastel y flores, y esta vez Nan Yi los aceptó. Después de subir, recibió un mensaje.
[Hija del policía de tránsito: ¡Este lo hice con mis propias manos, tienes que comértelo!]
[Hija del policía de tránsito: Eres muy frío; cada vez que vengo tengo miedo de que no me recibas. No me esperaba que hoy aceptaras el regalo con una sonrisa; debes estar muy contento.]
Nan Yi examinó el exquisito pastel. El glaseado decorativo era prácticamente perfecto; solo había una pequeña marca donde algo había sido frotado. Lo giró y descubrió un pequeño orificio; era la marca que se dejaba al insertar una placa.
Muchos pasteles de repostería casera2 suelen llevar insertada una pequeña placa con su propio logo una vez terminados, pero esta había sido arrancada por alguien.
[Nan Yi: Gracias, el pastel está delicioso.]
—Cómanlo entre ustedes, no es necesario que me guarden.
Le dio el pastel a su compañero de cuarto, salió por la puerta y, montando su moto, dio vueltas por la avenida principal. Deambulo sin rumbo, sin saber cómo, termino en el complejo residencial donde vivía Qin Yiyu.
Después de estacionar, Nan Yi caminó a paso lento hasta la base del edificio, levantó la cabeza y observó en silencio. La noche era densa, no había ni una pizca de luz estelar y solo esa pequeña ventana de color naranja emitía un halo cálido y tenue que, poco a poco, fue calmando a Nan Yi, hasta que las alucinaciones auditivas en sus oídos también se desvanecieron.
Unos treinta minutos después, la luz se apagó. Nan Yi también se marchó solo, sin dejar rastro.
En los días siguientes, su paradero fue impredecible. Jiang Tian no tenía forma de localizarlo, y en cuanto a su trabajo de medio tiempo en el 029, mintió diciendo que estaba enfermo y pidió varios días libres. Sin embargo, le daba like a las publicaciones de Jiang Tian en sus Moments.3
Este tira y afloja4 hizo que ella adoptara una postura de no rendirse hasta conseguir lo que quería. Nan Yi vio su respuesta en Instagram, donde decía que por el momento no tenía planes de regresar a Europa.
Un día antes de ingresar al campamento, Nan Yi fue al hospital.
Ya era mediados y finales de octubre, y el clima en Beijing cambió de repente. Los ginkgos al borde de la calle, sin que nadie se diera cuenta, se habían vuelto de un dorado resplandeciente que lastimaba la vista. Compró una porción de castañas asadas con azúcar fuera del edificio de consultas externas y, cargándolas, se dirigió al departamento de otorrinolaringología.
Tan pronto llegó a la puerta, vio a sus padres de un vistazo. Trotó hacia ellos sin decir nada, solo agitó las castañas que aún humeaban en su mano e hizo en lengua de señas la señal de [Lo siento, llegué tarde] para su papá, Nan Weicheng.
Nan Weicheng sonrió con ternura y extendió la mano. Él se inclinó dócilmente para que su papá le acariciara la cabeza.
—Tu papá no quería que vinieras, temía que te retrasaras en tus clases.
—Vine después de que terminaran las clases, no te preocupes—. Peló una castaña y se la puso en la mano a su mamá. —Mamá, ¿qué dijo el doctor?
—No dijo mucho; primero hay que hacerle unos exámenes. Voy a ir a pagar; tú quédate acompañando a tu papá.
Al ver un asiento vacío, Nan Yi llevó a su padre hacia allá. Desde que era niño, el hospital se había convertido prácticamente en el lugar que más conocía. De pequeño, era su papá quien lo llevaba a él, que tenía la vista borrosa, a buscar atención médica por todos lados, y ahora era él quien acompañaba a su papá, que tenía discapacidad auditiva.
Por lo general, era taciturno y reservado, pero frente a su padre, Nan Yi gesticulaba en lengua de señas con rapidez y abundancia, como un niño de verdad, siempre con ganas de soltar un montón de cosas de un solo tirón.
[Papá, pronto me iré al lugar de grabación concentrada para el concurso. También ya arreglé los trámites en la escuela, así que estén tranquilos. Cuando tenga tiempo, me escabulliré para ir a verlos.]
Su padre gesticulaba en lengua de señas muy despacio.
[El concurso va a ser muy duro, ¿verdad? Tienes que dormir y comer más. No te preocupes por tu mamá y por mí.]
Como no había más asientos, Nan Yi se agachó en cuclillas frente a su padre y negó con la cabeza.
[Sé cómo cuidarme solo.]
Como si de repente se hubiera acordado de algo, Nan Weicheng se quitó la vieja mochila que llevaba a la espalda, sacó de ella una cajita y se la entregó, explicándole en lengua de señas.
[La última vez que buscabas esto en casa no lo encontraste. Tu mamá pensó que lo había perdido sin querer mientras limpiaba. Le dimos la vuelta a toda la casa y lo encontramos en un rincón de tu clóset. Te lo trajimos.]
Dentro de la caja había un collar.
De una delgada cadena de plata colgaba una púa roja, en cuya parte frontal tenía el boceto dibujado a mano de un corazón. La púa giraba levemente, dejando al descubierto las marcas de un grabado a mano en el reverso: YIYU0731.
Él mismo había taladrado el agujero, y él mismo había ensartado la cadena.
La púa era de Qin Yiyu.
La había lanzado a la multitud durante el encore de la primera fecha de su gira. Lo más misterioso del caso fue que, aunque tanta gente extendió las manos para atraparla, nadie la consiguió. La púa había desaparecido en el aire como por arte de magia.
Pero cuando Nan Yi llegó a casa y se quitó el abrigo.
Tac…
Sonó la púa al caer al suelo.
Apretó el collar con fuerza, le sonrió a su padre y luego extendió el pulgar, flexionándolo levemente un par de veces.5
[Gracias.]
Recuperar algo perdido era algo bueno, pero en lugar de llevándolo puesto encima como hacía antes, lo guardó en el bolsillo junto con la caja. Su madre regresó después de pagar y los tres fueron juntos a realizarse los exámenes. Pasaron toda la tarde en el hospital y aun así, no obtuvieron ni una sola respuesta precisa y definitiva.
Hacía tiempo que estaban acostumbrados a este tipo de cosas.
Para hacer justicia por la muerte injusta de su abuela materna, sus padres habían recorrido todos los caminos, agotando hasta la última gota de su energía. Temiendo afectar a Nan Yi, rara vez lo mencionaban delante de él. Ya fuera pidiendo ayuda a los medios de comunicación o protestando con grandes carteles, su padre nunca lo había llevado consigo. Siempre que estaban en casa, le brindaban a Nan Yi un ambiente armonioso, completamente ajeno al odio.
Pero él era demasiado listo. De pequeño, cuando salía de la escuela y veía que era su tío materno quien venía a recogerlo, sabía que sus padres habían ido otra vez a “buscar soluciones”.
Cierta madrugada, cuando él tenía 10 años, su madre recibió una llamada y lo llevó apresuradamente al hospital. En la sala de urgencias, su padre yacía en la cama con sangre emanando de los oídos, empapando las sábanas y la bufanda.
De pie, afuera de la puerta, logró armar el rompecabezas con algunas palabras sueltas que escuchó: paliza, magulladuras, fracturas. Pero, más grave que todo eso, era la sordera súbita, que requería una cirugía inmediata de implante de cóclea artificial.
En ese instante, Nan Yi recordó la redacción con tema obligatorio6 de la clase de lengua de hacía unos días: Mi padre. Él nunca había sido bueno escribiendo, pero precisamente esa vez había sacado una excelente calificación. El profesor le pidió que la leyera en voz alta frente a todos y él, con cierta incomodidad, la leyó rápido y se sentó, mientras su compañero de pupitre le lanzaba una mirada de envidia.
—¡Así que tu papá es intérprete simultáneo, qué increíble! Lo he visto en la televisión, traduciendo para los extranjeros en las reuniones, ¡es supergenial!
El olor a desinfectante del pasillo le escocía en las fosas nasales, provocándole un nudo agrio e insoportable en la garganta.
Buscar tratamiento médico siempre había sido un bache en el camino para esta familia; nunca había sido un proceso sencillo.
Después de la cirugía, su padre desarrolló complicaciones graves; el implante falló y su cóclea natural quedó completamente destruida, dejándolo totalmente sordo. A pesar de varios intentos de rescate y tratamientos, la situación fue irreversible.
De vez en cuando, aún veía los videos de trabajo de cuando su padre asistía a conferencias. En aquel entonces, vestía traje, lucía profesional y seguro de sí mismo, completamente diferente al hombre de mediana edad que ahora cocinaba fideos en silencio en un pequeño local de fideos.
Beijing, Gangcheng, Beijing. A los 7, a los 14, a los 18 años. En el ir y venir entre una ciudad y otra, bajo la reescritura del tiempo sobre el tiempo, esta familia había sido desgastada hasta no ser más que una espina afilada, brillando solitaria con un resplandor gélido.
—No te presiones tanto; al fin y al cabo, ahora estamos bien.
Las palabras de Xu Ying lo trajeron de vuelta a la realidad.
[Sí, solo lo intentaré.]
Sonrió, asintió y dijo que sí. Solo frente a sus padres lograba dejar de ser una espina afilada para volver a ser un niño.
Pensando en que Nan Yi pronto se iría al concurso, Xu Ying no pudo evitar darle consejos: —Cuando vayas allá, haz más amigos. Todos son chicos que se dedican a la música; seguro tendrán muchos temas en común. La posición en el ranking no es importante; lo más importante es disfrutar al máximo de todo.
Al terminar, hizo una pausa y, con los ojos brillantes de felicidad, le acarició el brazo a Nan Yi: —Al fin y al cabo, en el corazón de mamá y papá, siempre serás el mejor hijo.
Nan Yi no dijo nada, solo abrazó a su madre. Su padre estaba de pie a un lado, con las manos cruzadas a la espalda, sonriendo. Aunque no pudo escuchar la conversación entre madre e hijo, lograba leer un poco los labios, por lo que también hizo una seña en lengua de señas.
[No busques ser el primero; es suficiente con que seas feliz.]
Precisamente, este era el origen de su nombre.7
Según le contó su madre, antes de que él naciera, sus padres ya habían preparado varias páginas llenas de nombres, pero después de elegir y reelegir, al final no lograban decidirse por ninguno.
Después del parto, su abuela materna estaba en el hospital acompañando a su madre. La otra mujer con la que compartía habitación también acababa de dar a luz, y sus suegros, obsesionados con la educación intensiva8, decían que ya habían elegido en Haidian Huangzhuang9 a una muy buena niñera postparto especializada en educación temprana, para que le enseñara idiomas al niño desde su nacimiento.
—Hay que luchar por ser un dragón o fénix entre los hombres, ¡no se puede perder en la línea de salida!
Después de escucharlos, la abuela dijo que iba a bajar a dar un paseo. Cuando regresó, traía un papel arrugado en la mano con dos palabras escritas, diciendo que era el nombre que había pensado estando abajo.
—¿Nan Yi?
La abuela era profesora de lengua, tenía una caligrafía hermosa y hablaba con mucha claridad: —¿Recuerdas qué libro te encantaba que te leyera cuando eras pequeña?
—El Margen del Agua.10 Me encantaba el personaje de Yan Qing.
La abuela sonrió. —Así es, Yan Qing a menudo se autodenominaba “Xiao Yi”, que era el apelativo coloquial para el hijo mayor que usaban los hombres jóvenes en la antigüedad. Este bebé también es su primer hijo, así que también es un Xiao Yi. En la secuencia Jia, Yi, Bing, Ding, la palabra ‘Yi’ en sí misma representa el segundo lugar. Así que, en definitiva, si es el primero o el segundo, no importa en absoluto. Nuestro hijo no necesita destacar por encima de los demás; que haga lo que quiera hacer; con que sea feliz es suficiente.11
Felicidad.
Cuanto más feliz era, más sufría; cuanto más amado fuera, más estaba destinado a perder.
A veces, se distanciaba y se observaba desde una tercera perspectiva, examinando la oscuridad, la frialdad y el espíritu vengativo en su interior 12, intentando entender de quién había heredado esos rasgos.
Quizás no provenía de los genes.
Cualquiera que, después de haber recibido tanto amor valioso, lo perdiera todo poco a poco, difícilmente evitaría deformarse por dentro.
De regreso en la escuela, el dormitorio estaba vacío. Nan Yi abrió el cajón y sacó dos marcos de fotos envueltos en un paño suave. En uno estaba la abuela sentada en el patio leyendo un libro y en la otra estaba su tío. En aquel entonces tenía diecinueve años, llevaba el pelo largo y, sentado en la cama con una guitarra acústica en brazos, irradiaba un espíritu vibrante.
Los observó un momento, los volvió a dejar en su lugar y abrió el otro cajón, que estaba bajo llave.
Dentro solo había dos cosas: un cuaderno y un disco duro, las pertenencias que dejó su tío. En la página de guarda del cuaderno había dos palabras grandes y extravagantes escritas a mano: Xu Yi. Entre las páginas había recortes y fotos que su tío había recopilado a lo largo de los años; no podía olvidar ninguno de los rostros que aparecían allí.
Guardó todo esto en el compartimento secreto de su maleta; luego abrió el armario, sacó algo de ropa, la dobló y la empacó. El armario del dormitorio ya era pequeño de por sí, y ahora que estaba casi vacío, las pocas prendas que quedaban dentro resaltaban de manera llamativa.
Sobre todo, ese uniforme de secundaria que estaba doblado y escondido en lo más profundo.
El uniforme blanco y negro era estándar para toda la escuela; da igual si hubiera cien o mil idénticos, pero este era diferente. Las iniciales cosidas en el interior del cuello, la cremallera dorada que había sido reemplazada, la guitarra dibujada a mano en la espalda del uniforme… cada detalle gritaba a los cuatro vientos la singularidad de su dueño original.
Lo sacó y lo sacudió, y del bolsillo cayó una bolsita perfumada.13
Era de tela negra, con bordados de colores, y el relleno era té. La calidad no era precisamente buena, se rompió poco tiempo después de comprarlo y se le escapó mucho del té de su interior. Él lo volvió a meter y lo remendó por su cuenta.
En total, lo había remendado tres veces.
Sostuvo la bolsita perfumada un momento, la devolvió a su lugar, decidió no llevarse ese uniforme y volvió a cerrar el armario con llave.
La inmensa mayoría de las veces, Nan Yi era increíblemente lúcido. Cada paso, cada diana, cada plan en el que avanzaba atrincherándose, todo estaba grabado con absoluta claridad en su mente. Era como jugar al ajedrez: al dar un paso, ya tenía pensados los siguientes diez, y al mover una pieza, su corazón siempre permanecía firme como una montaña.
Pero en unos contadísimos momentos, ni él mismo sabía lo que estaba haciendo. La única constante era que todos ellos estaban relacionados con Qin Yiyu.
✦· ─ · ‧₊˚♪ 𝄞₊˚⊹ · ─ ·✦
El autor tiene algo que decir:
El uniforme de secundaria se lo dio Qin Yiyu (aunque él no se acuerda, lo explicaré más adelante).
En realidad, esta novela debería tener dos líneas argumentales principales, una visible y otra oculta. La línea visible es el concurso, y la línea oculta es la venganza.
Mañana cambiaremos de escenario y entraremos al campamento para el concurso. ¡Ánimo, mis tesoros! Son los más gays ()
Impresiones sobre el capítulo completo.
Aún no hay comentarios generales.
Conversaciones vinculadas a pasajes específicos.
Aún no hay comentarios vinculados.