Si hubiera sido un día normal, quizá no habría pasado nada. Pero justo esa noche en que Jiang Tian fue a buscar a Chu Xuyu, este acababa de pelearse a gritos con su padre por haber regresado al país sin avisar la última vez.
No importaba hacia dónde se desviara la conversación: siempre terminaba regresando al mismo tema trillado.
—A finales de año cumplirás treinta. ¡Ni siquiera tienes una pareja decente! ¿Acaso en tus ojos queda algún espacio para el futuro de la familia Chu?
Si esas palabras salieran de la boca de cualquier “machito” inflado de internet, los usuarios ya le habrían soltado dos o tres comentarios: “Disculpa, ¿qué eres? ¿Un príncipe heredero o algo así?”.
Pero justamente en este caso, con la posición y los bienes que posee la familia Chu, la frase no sonaba nada exagerada.
Para Chu Jianye daba igual si la pareja de su hijo era hombre o mujer. El centro de su insistencia era otro: quería que dejara de posponerlo todo, que obedeciera de una vez, que asegurara cuanto antes al futuro heredero de la familia.
La llamada terminó de la peor manera. Tras colgar, Chu Xuyu tomó de forma automática la copa de vino; la embriaguez empezó a nublarle la vista, y con el ceño fruncido dejó caer su cuerpo en el sofá.
Entonces llegó el mensaje de su pequeño “cariño”, igual que aquella primera noche en la que habían empezado a hablar.
Tras leer las líneas, con el alcohol ardiendo en su sangre, su cuerpo, ya acalorado, se volvió aún más difícil de controlar.
Té de la Tarde: ¿Qué clase de “película para adultos”?
Sabía que preguntaba por preguntar. Más que el tipo de video, quería saber qué se le había pasado por la cabeza a su “cariño” para cruzar de pronto esa línea peligrosa y llena de insinuaciones.
KIRA: Ese tipo de película para adultos.
KIRA: Ge…
KIRA: Pensé que también te gustaría.
Aquellas palabras eran trampa pura, más provocadoras que cualquier insinuación explícita. Para un Chu Xuyu mareado por el licor, sonaban como un lobo ambicioso observando al ciervo que se ofrecía voluntariamente.
Té de la Tarde: Bien.
Té de la Tarde: ¿La vemos juntos?
Chu Xuyu sospechó que su “cariño” tal vez quería verlo esa noche.
Incluso después de haber discutido con su padre, no le molestaba la idea de quedar; al contrario, se sentía extrañamente expectante, como si una emoción indefinible empezara a subirle por el pecho.
Medio mes antes, el chico le había enviado una foto de la herida de su pierna. Aunque no estaba seguro de la fecha exacta, por la calidad de la imagen y por el color de la piel del muchacho podía deducir que era suya y no una foto bajada de internet.
No le importaba esa pequeña mentira. Le bastaba con saber que realmente había estado herido. Y si él, siendo tan joven, cambiaba de idea a último momento, Xuyu estaba dispuesto a comprenderlo.
Además, tampoco a él le urgía tanto conocerlo. Prefería esperar a que ambos quisieran verse con genuinas ganas; así el ambiente sería mejor, y los sentimientos podrían fluir sin obstáculos.
Y ahora… ahora parecía ser justo la oportunidad que llevaba esperando.
Pero apareció un nuevo mensaje: un enlace extraño. El sistema de seguridad del móvil lo marcó como la descarga de un programa desconocido.
Frunció el ceño. Lo abrió. La interfaz era chillona, llena de colores, como una app programada con los pies. La mitad de su borrachera se disipó al instante.
KIRA: Ge.
KIRA: Descarga esta app.
KIRA: Podemos abrir una sala y ver la película con el móvil.
«¿…?»
Fue como un balde de agua helada.
Amigo de confianza o no, ser multimillonario no te libra de pensar que este tipo de apps podría ser una estafa.
Soltó una breve y fría carcajada. ¿Tantos días coqueteando con él para terminar con un truco tan torpe para sacarle dinero? Lo estaban tomando por idiota.
KIRA: Ge, no te preocupes.
KIRA: Ya inicié sesión.
KIRA: No es nada ilegal.
KIRA: [captura de pantalla]
La captura mostraba una sala de proyección compartida. Lleno de funciones absurdamente superficiales: llamada de voz, “regalos sensuales”, “imitación de movimientos”… claramente no era una plataforma seria.
Golpeó suavemente el borde del móvil, pero aun así la descargó y se registró sin dudar.
No era alguien al que pudieran vaciarle las cuentas tan fácilmente. Y si lo intentaban, con un dedo podía hacer caer al responsable.
El proceso se volvió largo y tedioso: normalmente podían llamarse sin problema, pero ahora estaban atascados en verificaciones y datos personales.
Su paciencia tenía límites… pero ese muchacho lo tenía demasiado atrapado, así que respiró hondo y aguantó.
Cuando por fin inició sesión, no esperaba ver el antiguo apodo del chico: “Super varonil”.
«…»
Rechazó la llamada entrante, pero al instante “cariño” volvió a marcar. Esta vez atendió.
—¿Qué se supone que significa eso? —preguntó con voz fría.
Jiang Tian quedó mudo. ¿Qué iba a significar? Pues que estaba a punto de arruinarlo todo.
Pero debía fingir inocencia.
—¿Mm? Yo solo quiero que ge vea la película conmigo.
—No pienso en nada raro.
Chu Xuyu guardó silencio.
Quizá estaba exagerando. Bastaba con escuchar la voz del muchacho para empezar a imaginar cosas. Todo en él coincidía con su tipo ideal; por eso siempre terminaba cediendo a todos sus caprichos.
De pronto, una oleada inexplicable de calor le subió por el cuerpo. Se quitó la chaqueta del traje con brusquedad y la arrojó al suelo. El sonido seco llegó nítido a los oídos de Jiang Tian, provocándole un estremecimiento.
El dormitorio del chico estaba cerrado y asegurado. Tenía el corazón acelerado y las manos sudorosas: incluso preparado como estaba para hacer algo prohibido, se le tensaba el cuerpo entero.
Controló su respiración y subió el video que Zhao Yuanhao había seleccionado con tanto esmero.
Para asegurarse de que Chu Xuyu viera bien cada detalle, eliminó el mosaico y eligió la calidad más alta. Apostaba a que el hombre no sería capaz de soportar la escena.
Trabajaba rápido: quería terminar con todo enseguida. Pero entonces llegó esa voz, grave, peligrosa, envolvente.
—Cariño
—¿Por qué tanta prisa?
Jiang Tian tembló. El corazón se le desacompasó. Balbuceó:
—No… no mucho…
—¿Es porque lo vas a ver conmigo?
—…Sí.
No quiso seguir respondiendo preguntas tan peligrosas, así que abrió el vídeo de inmediato.
Y entonces, sin aviso alguno, la imagen golpeó como un puñetazo.
Un adolescente con uniforme escolar empujaba a un hombre de traje sobre la cama.
El chico del uniforme tenía buen cuerpo; aunque la ropa era barata y holgada, no escondía su figura firme, el resultado de años de ejercicio. Hasta su rostro común ganaba atractivo.
El hombre de traje parecía el dominante, pero por alguna razón terminó siendo fácilmente sometido. El uniforme arrugado, el traje hecho un desastre, las piernas del adulto separadas por la rodilla firme del joven.
En apenas unos segundos, ninguno de los dos habló. Más que una escalada de tensión, era como un chispazo violento.
Jiang Tian bebió agua a tragos. Había apagado la luz principal; solo quedaba una lámpara de mesa. Aun así, en el espejo se reflejaba su rostro completamente rojo.
Justo cuando el hombre de traje sujetaba al chico por el cuello del uniforme y lo besaba de manera feroz, Jiang Tian apartó la cara con vergüenza. Pero por los auriculares escuchó un gemido grave. No supo si venía del video o del propio Chu Xuyu.
Desesperado, bajó el volumen del reproductor… y cometió el peor error.
La habitación se volvió tan silenciosa que solo podía escucharse la respiración entrecortada del hombre al otro lado del teléfono. Fuerte. Caliente. Abrasadora. Como si estuviera a centímetros de su oído.
—¿Te gusta este tipo de videos? —preguntó Chu Xuyu, ronco.
—A-algo… sí…
—¿Por dónde vas?
El muchacho sintió que lo arrinconaban. Miró el video de reojo, justo cuando empezaba la parte explícita, y apagó la pantalla con los dedos temblorosos.
Mintió.
—…Van por el beso.
—Mm.
Chu Xuyu se lo creyó. Al fin y al cabo, el beso estaba al principio.
Pero él mismo ya no podía seguir pensando con claridad. Su respiración era irregular; su cuerpo hervía. La imagen lo afectaba más de lo que esperaba, y no podía ocultarlo.
Era un hombre normal, además de un homosexual nato. Aunque la escena no fuera exactamente su tipo, era imposible no reaccionar.
Y por si fuera poco, del otro lado, el chico respiraba cada vez más fuerte, quizá sin darse cuenta.
Ese sonido lo terminó de incendiar.
En la pantalla, el uniforme y el traje ya estaban en el suelo. La habitación era un caos. Entre jadeos, golpes sordos y palabras sucias, la escena ardía más que el alcohol de su copa.
Para cuando el video terminó, el pecho de Chu Xuyu subía y bajaba con dificultad. Toda su energía se había ido a intentar contener el impulso de levantarse e ir al baño.
Al otro lado, Jiang Tian no estaba mejor. Aunque no quería mirar el video, tenía que recordar lo suficiente para no quedar en evidencia después. Avanzó la barra de reproducción como si estuviera repasando un examen.
La llamada continuaba. Ninguno hablaba, pero ambos respiraban demasiado fuerte. La atmósfera era casi insoportable.
Al final, Jiang Tian rompió el silencio.
—Ge… ¿qué te pareció?
Para Chu Xuyu, compartir un video tan explícito solo podía significar una cosa: una insinuación directa.
—No estuvo mal —respondió, incorporándose y aflojándose el cuello de la camisa—. ¿Y tú?
Jiang Tian no esperaba esa respuesta.
—Yo…
—Yo solo puedo aceptar ese tipo.
—¿Ese tipo? —repitió Xuyu, sin entender.
—Mi posición. —El chico tragó saliva—. Yo… yo soy super varonil, pero varias veces me pediste que te llamara laogong.
—¿…?
Con cautela, Jiang Tian insistió:
—¿Entiendes lo que quiero decir?
En la sala enorme y silenciosa, Chu Xuyu apoyó un codo en el sofá y se frotó la sien, mareado por el alcohol.
—Dilo claro.
Así que el chico lo dijo.
—No puedo ser el de abajo.
El silencio cayó como un peso muerto. Chu Xuyu parpadeó una vez, confundido por el tono casi frío en el que él mismo respondió.
—¿Y qué quieres decir con eso?
—…
Jiang Tian inhaló profundo. No quería seguir arrastrando la situación.
—Ge… creo que nos equivocamos de rol.
—No creo que seguir con esto en línea sea buena idea.
—Mejor no vernos, ¿te parece?
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La autora dice:
[🥹][🥹][🥹] Nuestro pequeño Tian está acabado.