Capítulo 27

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Capítulo 27

Al ver aquel modo de dirigirse a él, Jiang Tian sintió como si cayera en un pozo de hielo. Las manos y los pies se le quedaron fríos, los oídos le zumbaron y, de pronto, el mundo entero enmudeció.

«…»

Hermano.

¿Por qué tenías que destapar las cartas así, de repente?

Lo más desesperante era que Jiang Tian podía sentir, con absoluta claridad, que el otro ya había visto a través de su disfraz. Tal vez, cansado de soportarlo, y en un estado de impaciencia extrema, había decidido romperlo todo de golpe.

El corazón del muchacho era un caos; ante sus ojos todo se volvió negro, y en su mente no dejaban de rodar, una y otra vez, dos palabras: “Estoy acabado”.

Se hundió en el sillón perezoso, inmóvil, la mirada perdida, igualito a un border collie que se queda mirando su plato vacío.

Pero, para colmo, los mensajes seguían apareciendo en el móvil como si fueran una sentencia.

L: Habla.

Jiang Tian alzó la mano y se cubrió media cara; hasta las yemas de los dedos le temblaban. Pensó que ya no tenía nada que decir: si lo único que le quedaba era esperar la muerte, ¿para qué hablar?

El otro no sólo era ese famoso director Chu, sino que además había hecho todo lo posible por acercarse a él, y la misma noche en que volvieron a agregarse como amigos, incluso le sacó información.

Y él, tonto de él, había dicho que lo suyo era un romance por internet.

Ahora, hiciera lo que hiciera, parecía una agonía inútil. Por supuesto que tendría que acudir a la cita. Pero no tenía escapatoria, así que recurrió a un truco parecido a cuando fingió estar enfermo: ganar dos días era ganar dos días.

KIRA: No entiendo muy bien de qué hablas.

KIRA: Podemos vernos, no hay problema. Es sólo que todavía tengo cosas que resolver en el hospital. ¿Puedes esperar cuatro días?

KIRA: Al fin y al cabo, la misión del evento aún no ha terminado.

Esta vez realmente no tenía intención de huir, pero Chu Xuyu, del otro lado, evidentemente no le creyó. Envió un frío y seco signo de interrogación. Jiang Tian lo vio y, de inmediato, se sintió culpable, así que borró los mensajes anteriores.

KIRA: De acuerdo.

KIRA: Nos vemos mañana por la noche.

Jiang Tian no pudo evitar suspirar. Pensó que, al menos, eso debería bastar para satisfacerlo. Tiro el móvil a un lado y se quedó mucho rato mirando al vacío, con la mirada hueca.

El estómago le gruñó con fuerza, pero no tenía nada de apetito. Intentó distraerse resolviendo ejercicios, pero cuando el hambre se volvió insoportable, terminó por ir a la nevera, sacar las sobras y recalentarlas.

El tiempo pasó deprisa. Desde el amanecer hasta que cayó la noche, aquel teléfono al que temía como si fuera una amenaza constante no volvió a enviarle ni un solo mensaje que lo pusiera al borde de la muerte.

Menos mal.

Quizás todo había sido una simple ilusión.

Pero al desbloquear el móvil y ver los registros del chat, la sensación que le cayó encima fue más pesada que la de alguien endeudado con usureros y perseguido sin descanso. Ni él mismo sabía qué clase de autosugestión estaba intentando hacerse.

Tenía que contarle todo a su hermana. De inmediato le escribió, preguntándole más o menos a qué hora volvería a casa.

Pum.

Justo entonces, desde afuera llegó el ruido de una puerta cerrándose.

Jiang Tian se quedó un momento paralizado y luego se levantó enseguida. Con aquel rostro limpio y atractivo, era imposible distinguir la menor fluctuación emocional.

En cambio, Jiang Jing traía el gesto fruncido, deshecha por completo, como si hubiera sufrido un golpe enorme.

—Hermano… —murmuró con voz débil, como si quisiera echarse a llorar sobre su hombro—. ¿Cómo pudo pasar algo así?

Sin entender lo que ocurría, Jiang Tian preguntó con cautela:

—¿Qué… ha pasado?

Jiang Jing soltó varios suspiros largos. Parecía no querer revivir lo sucedido, pero aun así tenía que desahogarse un poco.

Resulta que se había filtrado un secreto comercial de la empresa, y como estaba entre sus responsabilidades, además de que su renuncia había ocurrido en un momento demasiado sensible, era inevitable que la compañía sospechara de ella.

Todo eso, a fin de cuentas, lo aceptaba. La empresa siempre la había tratado bien. Por suerte, el departamento encargado había sido amable en su trato, lo cual seguramente era por voluntad del propio director Chu.

Jiang Jing no pudo evitar recordar aquel malentendido con la estafa en línea, y le dolió la cabeza.

—Seguro que el director Chu no sabe nada de eso. Si lo supiera, hoy tu hermana no habría podido volver a casa.

«…»

—Hermano, ¿qué te pasa?

—Nada.

Jiang Tian frenó en seco lo que estaba a punto de decir. Ante el director, era un cachorro torpe lleno de agujeros por todas partes. Ahora, lo poco que le quedaba de capacidad interpretativa lo estaba usando para engañar a su propia hermana, sin dejar que notara nada extraño.

Conteniendo la maraña de emociones, le preguntó con suavidad:

—Hermana, ¿qué quieres comer? Voy a preparar la cena.

Jiang Jing se masajeó la cabeza y, todavía agarrando su portafolio, se tambaleó hasta su habitación.

—Qué niño tan bueno… —murmuró—. Pídete algo de comer por la aplicación.

—Tu hermana tiene que seguir colaborando con la investigación de la empresa.

En ese instante, Jiang Tian se estremeció como un pájaro asustado. Recordó que él mismo le había enviado al director Chu un sobre rojo de cien yuanes para una leche con té.

Prácticamente una ofensa al gran director.

Su hermana se encerró en su habitación. Seguramente pediría una de esas comidas ligeras que solía pedir.

Jiang Tian se sentó solo en el sofá del salón. Tenía hambre, pero no tenía nada de apetito. Acabó abriendo un paquete de galletas del mueble de té y mordisqueándolas distraído.

Ya era completamente consciente de la gravedad de la situación. Si enumeraba todos sus “delitos”, no acabaría nunca. Estaba acabado de principio a fin. Y su destino, quisiera o no, estaba prácticamente en manos del director Chu. Todo dependía de cómo quisiera castigarlo.

Mientras tanto, su mente trabajaba a toda velocidad, recomponiendo los hechos para entender el origen del desastre. Cuando hubo armado un panorama más o menos claro, lo escribió y lo envió al grupo de tres que tenía con Lu Qiao y Zhao Yuanhao.

Yuanhao: ¿?????

Lu Qiao: ¿?????

La pantalla se llenó de signos de interrogación y enseguida llegó una llamada grupal, como si todos se hubieran puesto de acuerdo. Pero Jiang Tian no podía contestar, así que sólo escribió en el chat, ordenando toda la información en una línea coherente.

KIRA: Seguro que habló con el padre de Zeng Jiaxiang. Si no, ayer no habría venido al hospital a disculparse y ofrecer compensación.

KIRA: Pero parece que en la antigua empresa de mi hermana pasó algo. Creen que tiene que ver con ella… Desde ayer, su actitud conmigo es muy extraña.

KIRA: Y hoy, quizá porque encontró una forma de arreglar cuentas conmigo, decidió destapar las cartas de una vez… y quiere que lo vea mañana por la noche.

Los otros dos del grupo se quedaron totalmente en shock, diciendo que era demasiada información junta y que el cerebro no les daba para procesarlo.

Especialmente Lu Qiao, que se negaba a creer que las cosas hubieran llegado tan lejos. Incluso dijo que, bueno, que le cayera algo en la cabeza era poca cosa, ¡pero que Tian fuera a reunirse con el gran jefe, así como así, era prácticamente una sentencia de muerte!

KIRA:

Por supuesto que sabía que no le esperaba un buen final.

Aunque no entendía cómo el director Chu tenía tiempo libre para hacerse pasar por un estudiante de secundaria y acercarse a él —una afición extraña, por decir poco—, lo que sí era seguro es que, en un momento tan delicado, aquella reunión no sería sólo por el asunto del romance falso, ni por haberlo bloqueado después de escapar.

Ya estaba enredado en un problema mucho más serio: filtración de secretos comerciales. Y aunque sospecharan de haber usado el móvil de su hermana para algo malo, no le quedaba otra que aceptar su mala suerte y presentarse a dar explicaciones.

«…»

Recordando sus tácticas infantiles, Jiang Tian nunca se había sentido tan estúpido; no era rival para un gran director de empresa.

Suspiró profundamente y luego les envió a sus amigos la hora y el lugar de la cita. En el fondo, lo único que quería era que, si pasaba algo, ellos pudieran contarle la verdad a su hermana.

El chat se convirtió en un lamento colectivo.

¡Toma suplementos, hombre!
¡Tian, no vayas a morir así!

Incluso sin oírlos, en las líneas de texto se sentía la desesperación de sus amigos. Eso sólo hizo que el ánimo de Jiang Tian se hundiera más, con una resolución que rozaba la resignación.

Sin embargo…

Al mismo tiempo.

En el vestidor de un lujoso apartamento de planta completa, las luces ocultas dibujaban un contorno suave sobre los armarios, separando con claridad la sección de ropa formal de la de uso diario.

Un leve aroma a sándalo flotaba en el aire, sobrio y elegante.

Chu Xuyu, vestido con cómodas prendas de estar en casa, se mantenía de pie en el centro con cierta languidez, sin perder un ápice de presencia. Sus ojos afilados recorrían la zona de ropa informal mientras pensaba qué ponerse para reunirse al día siguiente con su pequeño cariño.

Su estilo habitual era el de un empresario impecable: elegante, dominante, de gusto exquisito. Prefería los tonos oscuros, un estilo maduro y discreto, pero lleno de sofisticación.

Aunque sólo había visto al muchacho en persona un par de veces, tomando en cuenta las fotos que se enviaban cuando chateaban, la ropa del joven desprendía un aire fresco y juvenil.

Chu Xuyu no estaba seguro de si su propio estilo podría hacer que el otro se sintiera incómodo, creando una distancia innecesaria entre ellos.

«…»

¿Debería vestirse más joven a propósito?

Mientras pensaba en estas tonterías, sintió que no tenía remedio. Aun así, combinó dos conjuntos al azar, les tomó una foto y se las envió a Shen Yan, aquel actor acostumbrado a desfilar por las semanas de la moda, para pedirle su opinión.

SHEN:

SHEN: Estás exagerando demasiado.

Té de la Tarde: ¿?

SHEN: Ese niño seguramente ni ánimos tiene para fijarse en ti.

SHEN: Está demasiado ocupado teniendo miedo.

Té de la Tarde:

Té de la Tarde: Estás pensando de más.

¿Ese pequeño bribón tendría tan poca fortaleza mental?

Chu Xuyu no se lo creía en absoluto. Con el descaro que tuvo para engañarlo en internet, llevarlo hasta el límite y luego borrar su cuenta para huir… Si no lo hubiera atrapado de casualidad, a saber lo tranquilo que seguiría viviendo.

Incluso podía imaginarse a Jiang Tian sentado frente a él, aceptando el interrogatorio con toda calma, inventándose un montón de mentiras sin siquiera cambiar la expresión.

SHEN: No creo que llegue a tanto.

SHEN: Ay…

SHEN: ¿Por qué no hablamos en otro momento?

Aquel tipo normalmente no era así. Chu Xuyu, apoyado contra la puerta del armario y sosteniendo el móvil con una sola mano, tecleó para preguntarle si había tenido problemas en el trabajo.

SHEN: No, nada de eso.

SHEN: El hermano pequeño de mi pareja está hospitalizado.

SHEN: Estoy ocupado consolándola.

Chu Xuyu se quedó unos segundos en silencio. Había algo extraño flotando en el aire. Le preguntó por mensaje dónde se había lastimado.

SHEN: Pobre chico…

SHEN: Al desgraciado le abrieron la cabeza.

Té de la Tarde: ¿?

SHEN: ¿?

Té de la Tarde: ¿La chica se apellida Lu?

SHEN: Sí.

SHEN: ¿Qué pasa?

Chu Xuyu frunció ligeramente el ceño, sintiendo una absurda coincidencia que era difícil de describir. Volvió a revisar el historial de chat con Jiang Tian y le envió a su amigo el nombre del pequeño rubio de rizos.

SHEN: ¿¿¿???
SHEN: ¿Cómo sabes que mi cuñado se llama Lu Qiao?

Té de la Tarde:

Chu Xuyu se quedó sin palabras. Resultó que era el rubito de rizos. El mundo era demasiado pequeño.

La conversación siguió llegando del otro lado, pero él ya no prestaba atención. Todas las pistas se entrelazaban en su mente, formando una historia tan ridícula que, de pronto, entendió cierta posibilidad.

Incluso se enfadó… pero no pudo evitar soltar una leve risa.

Sin embargo, más que nada, él quería escuchar la verdad directamente de boca de ese pequeño bribón; las ganas de repasar cada detalle ya habían sido sustituidas por una irritación creciente.

No se sentía bien, y por supuesto tampoco pensaba dejar que Jiang Tian lo pasara mejor. Antes de dormir, le envió un mensaje.

L: Cariño.

L: Mañana no te atrevas a dejarme plantado.

L: Buenas noches.

El director vivía en un ático de más de doscientos metros cuadrados; tras enviar los mensajes, se colocó el antifaz y los tapones para los oídos, y se quedó profundamente dormido.

En cambio, Jiang Tian, en su pequeño apartamento del complejo Puerto Feliz, vio esos mensajes justo antes de acostarse y terminó en vela hasta las tres de la madrugada, él, que normalmente dormía como un tronco.

A la mañana siguiente.

Jiang Tian llegó a la escuela con una ligera oscuridad bajo los ojos, más callado que de costumbre.

Los compañeros creyeron que seguía enfadado por lo que le había pasado a Lu Qiao; incluso quienes querían consultarle ejercicios no se atrevieron a acercarse.

Nunca el tiempo en la escuela le había parecido tan interminable. Otros días, a estas alturas ya habría terminado la autoestudio nocturno, pero ese día ni siquiera había llegado la hora de salida de la tarde.

Por lo general, Jiang Tian tenía libertad para no quedarse al autoestudio con sólo avisar al profesor. Pero ahora su mente era un revoltijo; cuando por fin llegaba el momento crucial, le entraban ganas de echarse atrás.

Aunque sabía perfectamente que esta vez no había forma de escapar.

El móvil vibró en el bolsillo del uniforme.

Jiang Tian lo sacó y, para su sorpresa, vio que era su hermana quien lo buscaba primero.

Jiang Jing: Hermano.

Jiang Jing: ¿Puedes pedir permiso para no quedarte al autoestudio esta noche?

Jiang Jing: Yang Xiantong quiere verme.

La mente de Jiang Tian se quedó completamente en blanco. «…»

Se levantó tan rápido que golpeó la mesa con la cadera, se frotó el brazo y salió a toda prisa hacia la esquina del pasillo para llamar.

—Hermana.

Apenas se conectó la llamada, su voz ya sonaba tensa.

—¿Por qué te busca de repente?

Del otro lado, Jiang Jing también estaba tremendamente frustrada. No sabía que su hermano tenía otros planes esa noche, y la inesperada invitación del desgraciado la había tomado desprevenida.

—No sé qué pretende —dijo, suspirando una y otra vez—. Dice que tiene pruebas que le impiden dejar la relación, que quiere hablar en persona. Y yo aún no sé si debería ir.

A Jiang Tian se le frunció el ceño; al principio pensó que ella y ese tipo podrían haber grabado algún vídeo o algo parecido, pero le dio corte preguntar.

Por suerte, Jiang Jing notó su silencio y añadió enseguida que no había nada así, que no se preocupara de más.

—Pero sospecho que se inventó alguna prueba falsa —continuó ella—. Por eso quería que me acompañaras. Tengo miedo de caer en alguna trampa si voy sola.

Jiang Tian asintió en silencio.

—Hermana, lo entiendo.

Le preguntó la hora y el lugar. Resultó ser cerca de la misma zona de bares donde él tenía su cita, aunque la hermana se vería con su ex en un restaurante acogedor, y a la hora de la cena.

Los ojos del hombre se entrecerraron; como un depredador que huele a su presa, reconoció aquel sedán que había visto estacionado en la empresa.

Aunque fuera apenas caía la tarde, la iluminación del garaje era tan tenue que Chu Xuyu tuvo que afinar la vista para distinguir con claridad.

Dentro del Toyota iban sentados su exsecretaria —a quien conocía demasiado bien— y el hermano menor de ella, que siempre había sido… peculiar.

«…»

¿Ya habían llegado?

Chu Xuyu apagó el cigarrillo. Su mirada, afilada como una hoja, no alcanzaba a comprender por qué ese chico había traído consigo a su hermana mayor.

Justo cuando tomó el móvil, vio a Jiang Jing bajar del coche con el ceño fruncido, dando un portazo; Jiang Tian descendió por el lado del copiloto, un muchacho alto y guapo que siguió a su hermana casi a la carrera.

La escena, qué decir… parecía que los dos iban a enfrentar a un enemigo mortal, deseando arrancarle los tendones y quebrarle los huesos.

«¿…?»

La mano de Chu Xuyu, que sostenía el móvil, se detuvo un instante. Con la mirada cargada de escrutinio, le envió un mensaje a Jiang Tian.

Un zumbido.

El móvil tembló de nuevo en su palma.

Jiang Tian no dejó de caminar. Iba detrás de su hermana cuando bajó la vista; vio que, otra vez, era el director Chu quien lo estaba apremiando.

L: ¿Dónde estás?

No lo pensó demasiado. Ya sabía lo insistente que podía ser aquel hombre. Contestó de forma habitual y volvió a guardar el móvil en el bolsillo.

KIRA: Ocupado.

KIRA: Iré a la cita.

Los dos hermanos cruzaron el oscuro pasillo del estacionamiento hasta detenerse frente al ascensor del nivel -2.

En ese instante, Jiang Tian palpó su bolsillo… y descubrió que la grabadora había desaparecido.

—Volvamos al coche a buscarla.

De pie frente al ascensor, Jiang Jing —que seguía revisando mensajes del desgraciado de su ex— le pasó las llaves:

—Te espero aquí.

Jiang Tian asintió.

—Bien. Dame dos minutos.

Aquella grabadora era mucho más potente que su móvil; la había ganado en una competición y era un equipo profesional, así que mejor llevarla para estar seguros.

Tomó las llaves y echó a correr de vuelta hacia la zona C. Cuando llegó junto al Toyota de su hermana, pulsó el mando, dispuesto a abrir la puerta.

Un bip estridente sonó a su espalda.

Jiang Tian dio un respingo. Por un instante temió que fuera el exnovio de su hermana, y frunció el ceño: aquella dulzura dócil que tenía de costumbre se esfumó al instante, dejando entrever un carácter mucho menos conciliador. Siguió el sonido con la mirada.

Sin embargo…

Lo que vio fue el mismo Black Warrior que había visto en el hospital, detenido justo frente a él, al otro lado del pasillo del parking. Con aquel cristal polarizado de gama alta, era imposible ver al conductor.

«…»

Jiang Tian se quedó paralizado. Supo con total claridad que se encontraba por completo expuesto ante la mirada del otro.

Otro zumbido.

Llegó un mensaje. Jiang Tian tragó saliva, bajó la vista y vio el nombre de quien lo enviaba.

Era el director Chu.

L: Ven.

L: Sube al asiento del copiloto.

La mano de Jiang Tian tembló ligeramente, como si una mirada ardiente lo hubiese atravesado. Su cerebro luchó durante cinco interminables segundos antes de abrir la puerta del copiloto, tomar el grabador y meterlo en el bolsillo de sus vaqueros.

Después, obedeció sin rechistar y caminó hacia el imponente y elegante “guerrero negro”.

Cada paso fue una tortura. Incluso cuando llegó al asiento del copiloto, la mente de Jiang Tian seguía en blanco.

Aunque sabía que el hombre lo estaba observando, respiró hondo y apoyó la mano en la manija de la puerta.

¡Clac!

Jiang Tian abrió la puerta del copiloto. El latido de su corazón resonó en sus oídos, ahogando cualquier otra sensación, y entonces se encontró cara a cara con el hombre dentro del lujoso coche.

Sus miradas se cruzaron.

Era, en el sentido más estricto, su primer encuentro formal, incluso varias horas antes de lo acordado.

Chu Xuyu, aun sentado, tenía una mirada afilada y peligrosa, impregnada del orgullo de quien ha logrado capturar a su presa. Había ladeado el rostro, con una expresión indescifrable, observando en silencio al muchacho que estaba a poca distancia.

—…

Jiang Tian se quedó donde estaba. En sus ojos se reflejaba aquel rostro hermoso pero severo; sentía los tímpanos vibrar, como si un aguacero hubiera caído de golpe sobre él.

Entonces.

Chu Xuyu bajó la mano derecha y la apoyó en el asiento del copiloto. Con una voz ronca dijo:

—Aparte de mí… ¿también quedaste con alguien más?

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