Jiang Tian ni siquiera recordaba cómo había salido de la sala de proyección.
Siguió a Chu Xuyu hasta el ascensor; delante de ellos se apiñaban chicos y chicas otaku, pero parecían estar separados del resto por una barrera invisible, envueltos en una atmósfera tenue y ambigua.
En el nivel -2, el oscuro aparcamiento se iluminó dos veces cuando el superdeportivo parpadeó, reflejando la expresión ausente de Jiang Tian.
Chu Xuyu no dijo nada. Se sentó en el asiento del conductor, como si insinuara que era hora de cambiar de piloto.
Jiang Tian seguía con ese aire de perrito desamparado; no tuvo más remedio que subir al asiento del copiloto, sin darse cuenta de que su jefe pretendía llevarlo a casa.
—¿Podrías dejarme en la esquina más adelante? —preguntó, tieso como un palo.
—¿Piensas volver a casa en taxi? —Chu Xuyu deslizó los dedos por el volante.
—Sí— Jiang Tian fingió calma, mirando hacia el frente—. Si espero a pedirlo desde Jingtíng Lake tardaré más en llegar.
Chu Xuyu no replicó. Apretó el acelerador y salió del aparcamiento, subiendo al puente de la autopista. Una ráfaga se coló por la ventanilla mal cerrada, creando la ilusión de estar rodando una escena de Rápidos y furiosos.
Cuando Jiang Tian volvió en sí, descubrió que iban rumbo al casco antiguo. Entonces comprendió que Chu Xuyu estaba cumpliendo con su “servicio posventa”.
«…»
Se habían besado.
Aunque solo hubiese sido un beso en la mejilla, para el muchacho era una experiencia inédita, tan impactante como si le hubieran robado el primer beso. Nada de exageraciones.
Y lo que más lo descolocó era que no había sentido rechazo alguno. Al contrario: se sorprendía a sí mismo repasando una y otra vez la escena, el ambiente, la cercanía… como si no pudiera controlarse.
El coche deportivo atravesó la zona sur de la ciudad y entró en el complejo residencial de Puerto Feliz. Se detuvo frente al edificio donde vivía Jiang Tian. Tras un trayecto entero de silencio, los dos subordinados con relación ambigua por fin hablaron.
Chu Xuyu tamborileó con las yemas en el volante.
—Si mañana no quieres ir a trabajar, avisa antes a Simon.
—¿Eh?
No pensaba faltar por algo así, pero era innegable que después de aquel beso la atmósfera entre ambos había cambiado. Fingir normalidad sería casi imposible.
—Iré puntual al trabajo —dijo el chico, desabrochándose el cinturón—. Gracias por traerme. Descansa.
No lo llamó “ge”, ni lo trató de usted. Y aun así, lejos de tranquilizarlo, Chu Xuyu sintió que no quería dejarlo marchar tan rápido.
—Jiang Tian.
Parecía la primera vez que el otro lo llamaba por su nombre de un modo tan formal.
—¿Sí? —El muchacho volvió a sentarse obedientemente—. ¿Pasa algo?
Chu Xuyu giró el rostro hacia él; su respiración era irregular.
—¿Piensas fingir que no ha pasado nada?
Jiang Tian desvió la mirada hacia la ventana, tragando saliva para ocultar el caos que llevaba dentro.
—No quise decir eso…
Chu Xuyu inhaló hondo un par de veces.
—¿Te molesta?
El corazón de Jiang Tian retumbaba como un tambor. Dudó apenas, incapaz de mentir.
—…No me molesta.
Chu Xuyu se quedó levemente perplejo.
Pero en ese instante Jiang Tian ya había abierto la puerta y bajado del coche, caminando hacia el edificio iluminado. Decir que huyó en desbandada no sería exagerado.
Chu Xuyu permaneció sentado al volante, la respiración cálida, las palmas sudorosas. Jamás se había puesto tan nervioso; quizá, esta vez, de verdad había caído.
Esperó un momento bajo el edificio antes de marcharse. Para entonces, Jiang Tian ya había llegado a casa. El muchacho se ocultó detrás de la cortina de gasa de la ventana y espió cómo el coche salía del complejo. Sintió un alivio raro, como si al fin pudiera soltar el aire.
Esa noche…para sorpresa de Jiang Tian, Chu Xuyu no le escribió.
Después de ducharse, quienes le escribieron fueron sus dos amigos del grupo, preocupándose por aquel “medio-curvado-pero-no-tanto” straight que había ido a trabajar a la empresa de un jefe peligroso.
KIRA: Todo bien.
KIRA: Mañana también trabajo.
KIRA: Me voy a dormir.
En realidad… no estaba nada bien.
Normalmente dormía como un tronco, pero esa noche dio vueltas hasta las dos o tres de la madrugada. A la mañana siguiente se levantó con unas leves ojeras.
Por suerte, su cara era realmente privilegiada. Con un traje nuevo, seguía viéndose impecable, casi radiante.
Condujo el coche de su hermana para ir a la oficina, y pensó que no podía permitir que el jefe lo llevara de vuelta nunca más. Si lo dejaba, quizá la próxima vez no sería solo un beso en la mejilla…
Ding…
El ascensor llegó al departamento de secretaría.
Jiang Tian acababa de salir cuando un mensaje apareció en su móvil como si hubiese estado esperando el momento exacto.
Té de la Tarde: ¿No compraste desayuno?
Té de la Tarde: ¿Quieres subir a comer conmigo?
Jiang Tian sospechó que aquel hombre lo estaba vigilando; la conversación lo delataba. Lo extraño era que no le molestaba. Aceptaba esa preocupación sin protestar.
KIRA: Ya desayuné en casa.
KIRA: Come tú, ge.
Guardó el móvil. Las orejas le ardían; una sensación difícil de nombrar le trepaba por dentro.
Desde aquel beso en la mejilla, ya no podía considerar su relación como algo normal entre superior y subordinado, pero tampoco podía asumir ninguna otra identidad.
Mejor concentrarse en el trabajo.
A diferencia de su primer día, esta vez Jiang Tian no estaba tan libre. Pasó la mañana con Simon en la oficina, sentado con el portátil nuevo, cumpliendo las tareas asignadas por el veterano graduado de Cambridge.
Chu Xuyu no lo buscó en ningún momento; aun así, escuchó su nombre más de una vez por el viaje de negocios a Jing City que tendrían el fin de semana.
Simon insinuó descaradamente:
—En los viajes de negocios, la mayoría de las veces, solía acompañarlo Judy.
Jiang Tian levantó la mirada.
—¿Sí?
—Esta vez seguro que vas tú, Xiao Tian —Simon le guiñó un ojo—. Así que ve preparándote, ¿eh?
—…De acuerdo.
Aquel muchacho aparentemente frío quedó con un gesto aturdido en el rostro, convencido de que no serviría para mucho. Quizá solo como compañero de comidas.
Pero él no se daba cuenta de que, en el fondo, sí quería ir. Incluso le hacía ilusión. Tres meses después partiría a la Universidad de Jing para estudiar, y la idea de visitar antes esa ciudad del norte le resultaba tentadora.
Además, a ojos de Jiang Tian, Chu Xuyu era un hombre de éxito, ambicioso y entregado al trabajo. Para jugar un rato con él, bueno… pero para asuntos serios, no creía que lo buscara. Por eso tampoco estaba convencido de que realmente fuera a acompañarlo al viaje.
Con esos pensamientos rondándole la cabeza, y después de una mañana entera de trabajo, recibió otro mensaje del jefe justo a la hora del almuerzo.
Té de la Tarde: Sube a comer.
Jiang Tian: «…»
Un tono que no admitía un “no”.
A propósito, les dijo a sus compañeras que había traído comida de casa y no bajó al comedor con ellas. Esperó a que la oficina quedara vacía, tomó la tarjeta especial del ascensor y subió en el elevador privado. La sensación de clandestinidad era tan fuerte que se sentía peor que un ladrón.
Oficina del director general.
Chu Xuyu estaba sentado en el sofá, brazos cruzados y piernas ligeramente abiertas. Había esperado más de medio día, desde que Jiang Tian rechazó desayunar con él hasta ahora.
Desde aquel beso en la mejilla, desde esa cercanía repentina, incluso un director general tan impecable y sin dramas internos como él podía perder un poco la brújula.
Temía equivocarse con el ritmo, ser demasiado insistente y asustar a Jiang Tian hasta hacerlo huir otra vez. Pero, por suerte, la situación era mejor de lo que imaginaba: al menos el chico seguía dispuesto a venir a verlo.
Toc, toc…
Sonó la puerta. Chu Xuyu relajó los brazos y adoptó una postura más casual. Jiang Tian entró, sin saber que, segundos antes, ese hombre había estado angustiado pensando en el beso que le había dado.
—Chu ge.
Jiang Tian se reportó obedientemente.
—¿Podemos ir al comedor?
Chu Xuyu casi se echó a reír del enfado.
—¿Todavía crees que me voy a comer a alguien?
Jiang Tian guardó silencio.
Al ver que el jefe se levantaba y caminaba hacia la zona de comedor privado, no tuvo más remedio que seguirlo. Y aunque afirmó no querer estar allí, acabó sentándose a su lado por pura inercia.
Los platos sobre la mesa eran abundantes, coloridos, aromáticos; un nivel digno de un chef con estrellas. Jiang Tian probó un sorbo de sopa y estuvo a punto de beberse la olla entera. Pensó, arrepentido, que haberse negado antes había sido demasiado fingido.
Chu Xuyu lo notó y contuvo la sonrisa.
—¿Te gusta?
—Está buenísimo.
Jiang Tian comía despacio, con esa cara hermosa que hacía que incluso masticar pareciera una escena agradable.
—Chu ge, ¿este fin de semana vas a viajar por trabajo? —preguntó.
Chu Xuyu arqueó una ceja.
—¿Lo escuchaste por ahí?
Jiang Tian asintió.
—Originalmente iba a enviar a otro directivo, —Chu Xuyu dejó la frase en el aire— pero ya que preguntas…
—¿Eh?
El director sonrió con malicia.
—Recuerda preparar tu maleta con antelación.
Jiang Tian quedó petrificado.
—…
¿Qué clase de trampa era esa a la que había entrado él solito?
El chico perdió el color del rostro. Esa expresión, mezcla de impotencia y perplejidad, hacía que su cara fina y elegante pareciera aún más viva y adorable.
Chu Xuyu no podía apartar la mirada. Apenas había tocado la comida; en vez de eso, lo observaba como quien contempla a un pequeño animal raro y precioso.
Era difícil que Jiang Tian no percibiera algo extraño.
Aun así, sabía disimular de maravilla. Con ese rostro y esa presencia que tenía, le bastó fingir que no pasaba nada mientras seguía comiendo, aunque por dentro suspiraba. Sentía que, si viajaba con Chu Xuyu, tendría que enfrentarse a problemas mucho mayores.
A fin de cuentas, serían dos hombres solos, compartiendo hotel… Si él realmente quisiera hacer esas cosas, incluso aunque preguntara antes su opinión…
Bueno, no podía salir del paso otra vez diciendo aquello de «mi autopercepción es la de un machote superpoderoso», ¿o sí?
Jiang Tian ni siquiera era consciente de que ese beso, esa cercanía repentina, ya había puesto su mundo interior —virgen en asuntos de amor— patas arriba, como si lo hubieran subido de golpe a una montaña rusa y esta hubiese seguido avanzando mucho más lejos de lo previsto.
Pensar demasiado no le servía de nada. Con tres meses de trabajo, tarde o temprano llegaría el día en que tuviera que enfrentarse a todo eso.
De cualquier forma, aunque no pudiera escapar ahora, Chu Xuyu era un joven rico que lo tenía todo. Tarde o temprano acabaría aburrido de él. Quizá no tendría que preocuparse demasiado tiempo.
Y así fue.
Jiang Tian se preparó para el viaje. Era un J (*) de manual: organizado, meticuloso, planificador. Siempre dejaba todo listo con varios días de antelación, por si surgía alguna necesidad de última hora y tuviera que añadir algo más a la maleta antes de salir.
(*) Hace referencia a la tipología de personalidad MBTI (Myers-Briggs Type Indicator):
J (Judging): personas organizadas, planificadoras, estructuradas, que prefieren tener las cosas decididas y bajo control.
En contraposición a los P (Perceiving): personas más espontáneas, flexibles, improvisadoras y abiertas a los cambios de último momento.
Durante esos días, Jiang Jing estaba en casa, recuperándose; dentro de poco acompañaría a su amiga Lu Yang a un rodaje, pero de momento podía dedicar más atención a su hermano.
—¿Estás seguro de que el avión no te causará problemas? —preguntó desde el marco de la puerta, con una mascarilla puesta en el rostro y un tono que no lograba ocultar la preocupación—. Desde pequeño te daba miedo el ruido de los aviones.
Jiang Tian estaba agachado, ordenando su ropa. Ya había buscado el clima de Jing y preparaba todo con precisión… hasta que las palabras de su hermana lo hicieron olvidar por un instante qué cosa guardaba y en qué punto exacto iba.
Jiang Jing suspiró.
—Llévate también protector solar.
Se agachó a su lado y empezó a meter en la maleta cosas que había preparado para él. No dijo nada más, pero Jiang Tian entendió perfectamente la inquietud que escondía.
Los padres de los Jiang habían muerto en un accidente aéreo.
En aquel entonces…
Jiang Tian aún estaba en el jardín de infancia. Era un niño callado, tranquilo, con unos ojos tan húmedos y brillantes que, incluso cuando solo estaba distraído, los profesores pensaban que estaba a punto de echarse a llorar porque le habían hecho algo.
Pero no era un niño que llorara con facilidad.
Hasta que los hermanos Jiang se convirtieron en tema de conversación en la pequeña ciudad. La noticia del accidente que estremeció al país… y esos dos pasajeros locales que habían fallecido eran, precisamente, los padres de esos pobres hermanos.
A partir de entonces, Jiang Tian se volvió mucho más llorón.
Pero los profesores descubrieron algo curioso: no lloraba siempre, solo cuando en un dibujo, una película o un juego de construcciones aparecía un avión. Esos detalles le recordaban la noticia terrible, y el miedo, la herida invisible, lo hacían llorar.
Por eso, incluso de adulto, en los dieciocho años siguientes, nunca había subido a un avión. Para exámenes fuera de su provincia, siempre viajaba en tren o en alta velocidad.
Pensando en todo ello…
Jiang Tian se quedó mirando su maleta, ausente. Después negó con la cabeza.
—La gente tiene que crecer tarde o temprano —murmuró.
—Jie… —añadió en voz baja.
—Estoy bien.
Aunque lo dijera así, una sombra psicológica arrastrada desde la infancia durante más de diez años no podía no dejar huella.
La noche anterior al viaje a la capital, Jiang Tian no llegó a perder el sueño; simplemente, sus amigos, al enterarse de que estaría fuera unos días, se sorprendieron. Además, comentaron que justo esa semana se celebraba en la ciudad la convención de anime más grande y concurrida del país.
Todos lo envidiaron sin pudor. Le preguntaron si, en caso de poder ir, podría traerles algo de merch de fandom y alguna firma de sus cosplayers favoritos.
Entre ellos, Lu Qiao se puso en modo hombre lobo, aullando más que nadie. Señaló directamente a cierto cosplayer famoso conocido por sus cosplays y gritó: “¡Es mi esposa! ¡Que se case conmigo!”.
Hao: “…”
KIRA: “…”
Otros compañeros del equipo: “…”
No podía ser.
¿Acaso ese tipo era gay?
Lu Qiao lo negó indignadísimo. Explicó que le gustaba ese cosplayer especializado en cosplay femenino, lo que significaba que su alma seguía enamorada de las chicas adorables. ¿Cómo podían dudar de la férrea heterosexualidad de un macho alfa como él?
El grupo siguió haciendo ruido, y hasta desempolvaron un episodio vergonzoso suyo: aquella vez que tuvo un romance online y terminó huyendo del juego a medianoche porque la chica era tan guapa —desde cualquier ángulo, en masculino o en femenino— que él se sintió inferior cuando la vio en cosplay masculino.
Jiang Tian: “…”
Él ni siquiera sabía nada de aquello.
Lu Qiao, acorralado, les rogó que dejaran de recordarle su historial negro, alegando que lo estaban dejando sin dignidad delante de su amigo de la infancia. Al final, el tema volvió a lo mismo: la petición de traerles merch y firmas de la convención.
KIRA: No sé si tendré tiempo.
KIRA: Si puedo ir, os traigo cosas.
KIRA: Os aviso cuando llegue el momento.
Tras enviar los mensajes, el muchacho se tumbó en la cama, desconectó el wifi y se dio la vuelta. No tenía ni un ápice de sueño.
Volvió a encender los datos, tomó el móvil entre las manos y abrió el perfil con aquel avatar sobrio de un hombre adulto. Le escribió él primero a Chu Xuyu.
KIRA: ¿Estás dormido?
Por supuesto, Chu Xuyu no estaba dormido. Era un hombre extremadamente ordenado, eficiente con su tiempo; que aún no hubiera hecho la maleta a pocas horas de partir ya era temprano para sus estándares.
Y Jiang Tian era justamente la razón por la que esperaba ese viaje… y por la que, por primera vez, hacía la maleta la noche anterior.
Té de la Tarde: Estoy haciendo la maleta.
Té de la Tarde: ¿Y tú?
KIRA: Ya la terminé.
KIRA: Ge.
KIRA: Buenas noches.
Chu Xuyu: “¿…?”
¿Por qué estaba tan atento de repente?
Chu Xuyu dejó de lado la maleta abierta en el suelo, se puso en pie y sostuvo el móvil entre las manos, imaginándose al chico echándose encima de su dueño como un perrito cariñoso.
Primera posibilidad: que al cachorro le diera pena separarse de su dueño al marcharse de casa. Imposible.
Segunda posibilidad: que al perrito le angustiara muchísimo que el dueño lo sacara de viaje.
Probablemente era eso.
Chu Xuyu era el ejemplo perfecto de ejecutor implacable. Recordó la información que había investigado, enlazó la pérdida temprana de los padres de los hermanos Jiang y envió a su asistente a averiguar el motivo exacto.
Diez minutos después.
Chu Xuyu obtuvo la verdad. Se quedó inmóvil, paralizado. Era algo que jamás habría imaginado.
Recordaba aquel accidente aéreo de hacía tantos años; había conmocionado al país entero. A día de hoy todavía se mencionaba. En su memoria seguían vivas las imágenes de las noticias: dos hermanos llorando con la cara cubierta de mocos y lágrimas. Daban una lástima indescriptible.
Hubo incluso críticas contra ciertos medios sin escrúpulos que usaron su foto en portada, explotando su tragedia. Chu Xuyu, que entonces era solo un estudiante de secundaria, jamás lo olvidó.
Con el alma en vilo, se dejó caer en el borde de la cama. Sentía sus emociones tensarse como una cuerda a punto de romperse. Ordenó a Simón que cambiara todo el itinerario.
Después, pensando que Jiang Tian debía de estar dormido, no lo llamó. Solo le mandó un mensaje: no quería que el chico pasara por ningún mal rato.
Té de la Tarde: Han habido cambios en el itinerario de mañana.
Té de la Tarde: Espérame en casa.
Té de la Tarde: Pasaré a buscarte.
Al día siguiente…
Jiang Tian oyó sonar la alarma y se incorporó a duras penas. Cuando vio los mensajes, aún estaba en ese estado brumoso entre el sueño y la vigilia.
No le dio demasiadas vueltas; simplemente hizo lo que tenía que hacer. Antes de que Chu Xuyu llegara a la urbanización para recogerlo, salió a escondidas, sigiloso, procurando que su hermana no descubriera aquella misteriosa relación entre él y su antiguo jefe.
“…”
Era como si estuviera engañando a su familia para ir a una cita clandestina.
Y esa sensación aumentó cuando vio a Chu Xuyu en el asiento del conductor, la ventanilla bajada, llamándolo por su nombre. Jiang Tian arrastró la maleta hasta allí, la dejó en el maletero y se sentó en el asiento del copiloto, con el cuello inevitablemente encendido de rojo.
Chu Xuyu lo miró.
—¿No dormiste bien anoche?
—Estoy bien.
Jiang Tian se abrochó el cinturón, aunque lo intentó varias veces sin acertar a encajarlo, exponiendo sin querer ese pequeño detalle de nerviosismo.
—Duermo bastante bien —añadió, como si así pudiera disimular.
Aquella torpeza “inocente” resultaba del todo innecesaria.
Chu Xuyu no dijo nada. Apretó el acelerador y condujo hasta la estación de tren de Ningcheng, donde estacionó con absoluta precisión en el aparcamiento subterráneo.
Jiang Tian parpadeó, incrédulo.
—Gé… ¿No íbamos al aeropuerto?
Chu Xuyu soltó una excusa casual sobre un retraso del vuelo. Solo pidió a Jiang Tian que bajara para tomar la maleta; él, por su parte, no estaba acostumbrado a viajar en tren y detestaba arrastrar equipaje, así que planeaba comprar todo lo necesario en Jing City.
Desde el control de acceso hasta el embarque, como viajaban en clase business, una azafata se encargó de ayudar con las maletas. Jiang Tian, que agradecía pero se sentía culpable por las molestias, notó que quien realmente se veía fuera de lugar en ese entorno era Chu Xuyu.
El trayecto de Ningcheng a Jing City duraba casi diez horas. Incluso en los asientos más caros, el dolor de trasero era inevitable: un auténtico suplicio ferroviario.
“…”
Jiang Tian no podía encontrar otra explicación. Si no fuera por él, Chu Xuyu, un director general tan importante, jamás se sometería a semejante martirio.
Sacó el móvil a escondidas para revisar la app de vuelos, y sus sospechas quedaron confirmadas.
—Entonces tendrás que darme un masaje en los hombros —dijo de pronto Chu Xuyu.
Estaba recostado en el asiento contiguo, ladeando el rostro hacia él sin que Jiang Tian supiera en qué momento había comenzado a mirarlo. Y remarcó—: Por la noche, cuando lleguemos al hotel.
Había gente alrededor. Jiang Tian no sabía si alguien había alcanzado a oírlo, pero su cara se tiñó de rojo sin remedio.
Chu Xuyu alzó el dorso de la mano y la acercó a su mejilla, igual que la otra noche.
—¿Por qué te sonrojas tan fácil?
Jiang Tian no se apartó. Apretó los labios con incomodidad y murmuró:
—Será que tengo la piel muy clara.
Chu Xuyu sonrió de lado.
—Ah, así que sí conoces tus ventajas.
Jiang Tian: “…”
¿Cómo podía convertirlo todo en coqueteo?
No sabía qué responder. Había asumido que tendría que compensarlo de algún modo —después de todo, él no era tonto—, pero no esperaba que la ocasión llegara tan pronto. No había pasado ni una hora de viaje cuando Chu Xuyu, con los brazos cruzados, ya cabeceaba de sueño.
Llevaba auriculares y antifaz, la cabeza ladeada casi contra el vidrio frío de la ventana. Con el balanceo mínimo del tren, estaba claro que no se encontraba cómodo.
A Jiang Tian le dio pena. Cuando Chu Xuyu cambió ligeramente de postura, alzó la mano y, con suma suavidad, guio aquella cabeza firme hacia su propio hombro derecho.
Chu Xuyu contuvo una respiración, como si despertara apenas un instante, y murmuró entre sueños:
—Buen chico…
Jiang Tian: “…”
Siempre lo trataba como si fuera un cachorro.
La autora tiene algo que decir:
A este paso, compartiendo hotel… de tanto mimarlo, el cachorro va a terminar directamente en la cama. 🥺
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