Capítulo 26

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Capítulo 26

Aquella noche.

Jiang Tian se quedó en la habitación del hospital para acompañar a Lu Qiao. Decía que era para cuidarlo, pero en realidad parecía más una tutoría privada, un curso intensivo hecho a su medida.

El chico estaría ingresado al menos diez días o dos semanas; Jiang Tian temía que, con lo poco que le funcionaba ya la cabeza, aquel pelotazo se la hubiese rematado y terminara repitiendo tercero de secundaria el próximo año.

Los padres de Lu Qiao sabían que Jiang Tian tenía un buen corazón, pero tampoco querían abusar de él. Aun así, Jiang Tian insistió en quedarse. Decía que no era ninguna molestia, aunque, en el fondo, jamás olvidaba lo mucho que el tío y la tía habían cuidado de su hermana y de él desde la secundaria.

La noche se volvió densa. Tras resolver unos ejercicios, Lu Qiao ya no pudo resistir más y se quedó dormido, ronquidos suaves escapando entre sus labios.

Jiang Tian caminó hasta la ventana con el móvil entre las manos. La pantalla se iluminó: mensajes de Zhao Yuanhao.

Yuanhao: He pedido a un amigo que lo investigue.
Yuanhao: En los registros del bar aparece claramente: sí, es estudiante del Instituto Nº5. Igual que nosotros. Sacó la tarjeta de descuento con su carnet escolar.
Yuanhao: A Tian, ¿no estarás exagerando?

Al leerlo, todo lo que había sucedido horas antes regresó como una bofetada: ese escalofrío que le subía por la espalda volvió a instalarse donde dolía más.

No pudo evitar preguntarse si estaba viendo fantasmas… o si, en realidad, todas sus sospechas no eran tan descabelladas como parecían.

Si fuese lo primero, quizá aquel día, durante el partido, su identidad ya había quedado expuesta. Y si el otro lo había reconocido como el verdadero usuario de la cuenta KIRA… que dejara caer un par de apodos ambiguos tampoco sería imposible.

Después de todo, aquel chico también era gay y decía estar enamorado de él desde hacía tiempo. Unas cuantas palabras insinuantes no eran ningún misterio. No solo el exjefe de su hermana sabía jugar a ese tipo de cosas.

Pero si fuera lo segundo…

Si de verdad…

Jiang Tian no se atrevía a profundizar. Trataba de convencerse: aunque el presidente Chu supiera que existo, si quisiera castigarme no necesitaría conspiraciones. Vendría directamente a buscarme. ¿Para qué tantos rodeos?

El problema era que no lograba creérselo. Si de verdad se trataba de ese hombre… y si de verdad quería atraparlo para darle su merecido, solo imaginar cómo acabaría le ponía la piel de gallina.

En toda su vida solo había cometido una maldad… y había ido a ofender justamente a una persona cuyo estatus no admitía burlas. No importaban las palabras tranquilizadoras de Zhao Yuanhao: la intuición seguía ahí, clavada como una espina.

—…

Al final, Jiang Tian envió una captura de pantalla al servicio al cliente del bar, demostrando que había enviado el sobre rojo y que el reto diario no se había roto.

Aunque dudaba de la identidad de su compañero de actividad, no pensaba renunciar al modelo coleccionable que el dueño del bar prometía como recompensa. Si iba a morir, sería orgullosamente un muerto otaku.

En cuanto a los regalos lujosos que “L” le había enviado… esos sí que no se atrevía a aceptarlos. Tras mucha vacilación, decidió enviarle también un mensaje.

KIRA: Compañero.
KIRA: Mañana te devuelvo el regalo.
KIRA: Si lo dejo en la entrada de la Secundaria Nº5, ¿puedes recogerlo?

El mensaje no recibió respuesta inmediata.

Distrito Este

Los rascacielos brillaban como un océano de luces.

En la sala de reuniones, Chu Xuyu seguía vestido con la ropa casual de esa tarde; sobre el puente recto de su nariz reposaban unas gafas de montura dorada. Había un cansancio sutil escondido tras el cristal.

Apoyaba ambas manos en la mesa, y con la pluma golpeaba el borde de madera una y otra vez. Ninguno de los altos cargos osaba siquiera respirar: todas las miradas estaban fijas en él, como si la habitación hubiera caído en una cámara frigorífica.

—Dejémoslo así por ahora —dijo por fin, con voz grave.

Pero nadie se relajó. La crisis que enfrentaban no era precisamente menor.

Los datos más recientes del desarrollo de un nuevo núcleo tecnológico de la sucursal extranjera habían sido filtrados. Aunque el competidor local no había lanzado nada todavía, ya estaban corriendo rumores: afirmaban que habían estado trabajando en algo similar desde hacía tiempo.

El equipo al que se le exigía máxima confidencialidad se había convertido, de repente, en el hazmerreír de la industria.

Chu Xuyu volvió a la empresa tan pronto recibió la noticia y convocó una reunión urgente. Planes de respuesta, sí que los tenían; lo que no sabían era cómo había ocurrido la filtración. Eso urgía aclararlo.

Cuando los demás se marcharon, la sala quedó vacía. El presidente, siempre pulcro con sus trajes y tan imponente, tenía ahora la cabeza ocupada con una frase que uno de los altos cargos había soltado durante la reunión:

“A Nueva York fue con usted, Chu Zong… Judy. ¿Aparte de esa secretaria, quién podría haber tenido acceso inmediato a todos los datos?”

En ese momento, todas las miradas se habían vuelto hacia él, buscando confirmar o desmentir la sospecha.

Pero Chu Xuyu había permanecido imperturbable. Ni asintió ni negó; solo guardó dos segundos de silencio y luego siguió hablando, como si no hubiese escuchado nada.

Ahora, sin tantos ojos encima, frunció el ceño.

Aquel núcleo tecnológico, una vez lanzado, sería la gran revolución del mercado global. Aunque la otra empresa quizá no lograra desarrollarlo, adelantarse con declaraciones para captar atención era, cuanto menos, despreciable.

Y en ese momento…

La pantalla del móvil volvió a iluminarse con un mensaje del hermano de la persona implicada en la conversación.

—…

Chu Xuyu observó el móvil sin expresión hasta que la pantalla se apagó, volvió a encenderse… y se oscureció de nuevo.

Había dudado de Jiang Yujia —su secretaria—. No había afirmado que fuese ella, pero su renuncia precisamente en ese momento levantaba sospechas… y su hermano pequeño, Jiang Tian, lo tenía de cabeza con un montón de situaciones estas últimas cuarenta y ocho horas.

Por lógica, debía mantener cierta distancia.

Pero la intuición no le permitía desconfiar ni de uno ni de otra. Ni de su secretaria de tantos años, ni de ese chico al que solo había visto unas cuantas veces.

Por algún motivo inexplicable, no podía creer que quisieran hacerle daño.

KIRA: Compañero.
KIRA: Mañana te devuelvo el regalo.
KIRA: Si lo dejo en la entrada de la Secundaria Nº5, ¿puedes recogerlo?

Chu Xuyu entrecerró los ojos.

¿Todo esto por un simple regalo de unos miles de yuanes?
Si se tratara de vender tecnología confidencial… el pago sería cientos de veces mayor.

¿De verdad aquel pequeño bribón necesitaba devolverle el regalo?

Divertido por su propia idea, apoyó la cadera en la mesa, algo relajado por primera vez en todo el día, y respondió:

L: Ya te lo he regalado.
L: No acostumbro a recuperar lo que doy.

Había dejado de fingir la voz amable de esa tarde. Era el mismo tono frío del Té de la Tarde.

Zumbido.

El chico respondió al instante.

KIRA: Gracias.
KIRA: Pero es demasiado valioso.
KIRA: ¿O prefieres que lo entregue en persona?

Al leer aquella última frase, Chu Xuyu soltó una leve risita. El otro le había propuesto verse, pero él lo tenía más que claro: al final, Jiang Tian jamás se presentaría en persona.

La vez anterior, cuando chatearon, él había usado adrede esos apelativos ambiguos de cariño y bebé. Lo hizo entre una reunión y otra, de pésimo humor, recordando todavía la afrenta de haber sido eliminado de su lista de contactos. Necesitaba una pequeña vía de escape y, casi sin pensarlo, decidió divertirse a costa del otro.

Lo habían borrado como amigo, algo que lo dejó frustrado durante días. Ese pequeño bribón, ¿de verdad creía que podía ocultarse tan bien y salir impune?

Había que hacerlo experimentar un poco de intranquilidad.

Chu Xuyu había llevado el juego justo hasta ese punto, sin llegar a revelarlo todo. Aun así, intuía muy bien lo que Jiang Tian estaría especulando en secreto. Aunque su tono en la conversación no mostrara la menor sospecha, seguro estaba tanteando su actitud.

Por ejemplo, si ahora aceptaba la propuesta de verse, Jiang Tian daría por hecho que él venía a atraparlo; y en cuanto lo creyera, lo primero que haría sería iniciar una segunda ronda de huida.

«…»

Chu Xuyu se frotó las sienes. A decir verdad, aunque quisiera capturar a ese pequeño y malvado pastelito, estas últimas cuarenta y ocho horas no tenía la cabeza para eso.

L: No hace falta.
L: Sé que estás ocupado cuidando del pequeño rizado.
L: Aunque sea mucho tiempo el que me gustes, no tengo por qué verte justamente estos días.

Jiang Tian, al recibirlo: «…»

En la penumbra de la noche su expresión resultaba indescifrable, aunque en su interior, sus pensamientos avanzaban justo como imaginaba Chu Xuyu.

Por lo que se leía en la conversación, la otra parte no tenía prisa por encontrarse y mantenía ese mismo límite respetuoso de antes. Aquello debilitó un poco sus sospechas.

Pero era imposible ignorar la extraña conducta de Zeng Jiaxiang, del instituto, y de su padre, el director del banco. No podía deberse de pronto a un ataque de buena fe: lo más probable era que alguien de alto rango estuviera presionando entre bambalinas.

Así que…

¿Aquel hombre atractivo que apareció abajo no sería el antiguo jefe de su hermana?

Las orejas de Jiang Tian se acaloraron sin remedio. Exhaló hondo, incapaz de seguir hilando esa idea; otra vez sentía ese impulso de huir de cualquier conclusión relacionada con su verdadera orientación.

KIRA: Está bien.
KIRA: Cuando termine mis cosas estos días, te busco.
KIRA: Para devolvértelo.

Tras enviar los mensajes, Jiang Tian salió casi huyendo de la aplicación: cerró la conexión, apagó la pantalla y trató de no pensar en nada más.

En la habitación del hospital.

En una esquina había una cama plegable de colchón blando. Después de ducharse y con la luz tenue de la lamparilla encendida, Jiang Tian se echó allí y pasó la noche.

A la mañana siguiente.

La luz del amanecer resultaba insoportablemente brillante; primero despertó a Lu Qiao, quien parpadeó, aturdido. Después, Jiang Tian también se incorporó para recoger el desayuno. Ambos se quedaron masticando aquella comida saludable, insípida, mientras esperaban a que el padre de Lu Qiao llegara.

No tardó mucho. Con el día libre ya solicitado, el padre de Lu Qiao entró en la habitación listo para llevar a su hijo a los exámenes médicos; de paso, les dejó a Jiang Tian y a su hermana un paquete de embutidos caseros, pidiéndole que descansara bien cuando volviera a casa.

Así son los turnos para acompañar en el hospital. Antes de irse, Jiang Tian dio las gracias y le dijo a Lu Qiao que, si tenía dudas con los ejercicios, lo llamara cuando quisiera. Después, cargado con un montón de cosas, volvió a casa.

Todos esos regalos debían devolverse y sin un rasguño. Como normalmente se movía en bus o bicicleta, esta vez pidió un coche. Colocó los objetos en el maletero con extremo cuidado y, solo entonces, se sentó y dio la dirección.

Un trayecto de unos veinte minutos.

Al llegar, su hermana no estaba. Le escribió, pero no respondía.

Preocupado, se quedó en la entrada sin siquiera cambiarse de zapatos. Marcó su número. La llamada duró apenas dos tonos antes de ser rechazada; enseguida llegó un mensaje diciendo que había ido a casa de una compañera a resolver un asunto.

Como no tenía que ver con aquel imbécil, el corazón de Jiang Tian se tranquilizó un poco.

Se puso las zapatillas, llevó cuidadosamente los regalos hasta el estudio para dejarlos a salvo y, agotado hasta los huesos, cayó rendido en el sillón perezoso, donde se quedó profundamente dormido.

Estaba en plena etapa de crecimiento, no había descansado bien en el hospital y, después de todas las idas y venidas de la mañana, durmió hasta bien entrado el mediodía.

«Bzz, bzz.»

El móvil vibró varias veces, arrancándolo del sueño.

Jiang Tian abrió los ojos; seguía boca abajo, con los brazos y piernas tan entumecidos que apenas podía moverse.

Aturdido, se giró, sacudió su brazo derecho, dormido por completo, y por fin tomó el teléfono.

Todavía estaba medio dormido… pero al ver los mensajes del servicio del bar, casi saltó del sillón.

ORANGE – Atención al cliente: ¡Buenas, guapito…!
ORANGE – Atención al cliente: ¡La misión de la CP de una semana se ha actualizado…!
ORANGE – Atención al cliente: Por favor, ambos deben decirse palabras dulces; al menos cinco cada uno. No olviden enviar la captura al grupo antes de medianoche…

«…»

¿CP de una semana?

¿Eso desde cuándo?

Con el dedo tembloroso, abrió la imagen con las instrucciones. El texto era tan denso que le resultó mareante; ni con ojos de halcón se leía en menos de diez minutos.

Y allí, en la esquina superior derecha, claramente ponía: “Misión dulce de la CP de una semana”.

Jiang Tian casi se desmaya. Ya de por sí tenía un trauma con las relaciones en línea, y esto… esto era peor que encontrarse un fantasma.

Ni regalos de segunda dimensión ni nada.

De golpe lo vio clarísimo: todo aquello era un anzuelo, un plan para hacerlo caer. Y ahora no quería —ni se atrevía— a aceptar nada.

KIRA: Perdón, no quiero continuar, sería mejor si…

Pero antes de terminar, borró el mensaje entero. Cualquier cosa que escribiera lo delataría. Era como confesar su identidad de golpe.

Si L resultaba ser realmente el señor Chu, entonces aquel servicio al cliente también debía de estar arreglado por él. Jiang Tian tenía que pensarlo muy bien antes de actuar.

Y aun contemplando la posibilidad de haberlo malinterpretado, decidió hacerse el listo un poco más y continuar fingiendo ser Lu Qiao.

Buscó en el grupo del equipo una foto: la que Lu Qiao había tomado esa mañana durante el chequeo médico. Se la envió a quien sospechaba que era su verdadero interlocutor, sintiéndose por un instante como KIRA en un anime, interpretando su papel a la perfección.

KIRA: [Comparte una imagen.]
KIRA: Acabo de terminar el chequeo.
KIRA: ¿Te llegó el aviso de la misión del servicio al cliente?

Mientras tanto.

Chu Xuyu estaba en la empresa; hacía tiempo que no tenía tanta carga de trabajo. Ni siquiera había podido darle un sorbo a la taza de café sobre el escritorio.

Pero, al menos, sus defensas empezaban a bajar. Judy había entregado recientemente su cuenta de trabajo y sus dispositivos, que ahora estaban en manos del departamento correspondiente, lo que al menos demostraba que ella probablemente no era la filtradora.

Su humor mejoró ligeramente. Lo que no esperaba era que Jiang Tian fuera el primero en escribirle.

Sin embargo, bastó un vistazo a los mensajes para que comprendiera que ese pequeño bribón no traía ninguna buena intención.

L: Deja de fingir.
L: Sé que eres Jiang Tian.
L: ^^

La diferencia con el día anterior era abismal. Incluso el aturdido Jiang Tian, que aún no había despertado del todo, lo notó.

El chico avanzaba con cautela, estableciendo estrategias e imaginando resultados de antemano, intentando asegurarse de no dar un paso en falso.

KIRA: Te equivocas. Soy Lu Qiao.

L: ¿?

KIRA: ¿Quieres una selfie?
KIRA: [Comparte una imagen.]

L:

Chu Xuyu miró aquella selfie sin rostro: los inconfundibles rizos rubios, el vendaje recién cambiado alrededor de la cabeza, el aspecto un tanto desolado.

Le dio rabia… pero también le resultó divertido. No entendía qué estaba tramando Jiang Tian. ¿De verdad creía que, si no lo admitía, podría salirse con la suya? Era demasiado inocente. Y demasiado adorable.

Fue entonces cuando Jiang Tian comentó que tenía que completar la misión lo antes posible; de lo contrario, se atrasaría para su revisión y su tratamiento de la tarde.

KIRA: Hoy me comí un durazno. ¿Adivinas qué durazno era?

 L: ¿?

 KIRA: Uno que hace que “de ti ya no escape”.

 L:

 KIRA: Si no me hablas en un día, me convierto en un pollo. ¿Sabes qué pollo?

 L: ¿¿

 KIRA: El condenado a una soledad eterna de amor.

 L: ……

 KIRA: Últimamente leí un libro muy filosófico. ¿Sabes cuál?

 L: ¿???

 KIRA: El que me hizo apostar el corazón… contigo.

 L: …………

Chu Xuyu estaba al límite.

¿Qué clase de declaraciones eran esas? Un revoltijo de cursilerías. No hacía falta pensar demasiado: aquellos eran claramente chistes baratos sacados de internet, usados a propósito para sacarlo de quicio.

L: ¿Qué pretendes?

El tono era tan denso que, con solo leerlo, un escalofrío recorrió la espalda de Jiang Tian hasta la coronilla. Por un momento sintió que su vida llegaba a su final.

La última persona que lo había tratado así terminó siendo víctima de su estafa virtual durante tres meses y fue eliminada sin piedad de su lista de contactos. Debía odiarlo hasta el tuétano.

Le tenía verdadero miedo. Aunque sabía que tenía mil fallos, que el suelo estaba repleto de trozos del disfraz que se le caía, aun así no le quedaba otra que seguir fingiendo. Copió las dos frases de “declaraciones” que faltaban y las envió.

Luego, retomó el personaje de Lu Qiao: recordando su manera de escribir, la calma de su tono, como si nada pudiera alterarlo.

KIRA: Ya terminé mis declaraciones.
KIRA: Y tú, ¿bro?
KIRA: Ánimo, solo quedan cuatro días para recibir los regalos.
KIRA: [Imagen: perro beagle entregando una rosa.]

Cuanto más despreocupado actuaba Jiang Tian, más se helaban las expresiones de Chu Xuyu al otro lado. Un ambiente peligroso y gélido lo envolvía, como si todos sus planes minuciosos quedaran invalidados por el simple hecho de que el otro se hacía el tonto.

Vaya, que poco miedo le daba la idea de que lo obligara a encontrarse cara a cara…

L: Mi paciencia es limitada.
L: Deja de usar estos jueguitos.
L: Mañana vas al bar a recoger tu regalo.

KIRA:

Desastre total. (Versión beagle triste.)

Jiang Tian levantó la vista hacia el techo, intentando desprenderse del meme mental que le venía a la cabeza. Cuanto menos controlado estaba el “CEO dominante”, más debía él mantener la calma.

KIRA: Compañero, no te aceleres.
KIRA: Tenemos que completar cuatro días más.
KIRA: Además, voy a estar hospitalizado al menos quince días, apenas puedo moverme. Mañana le pediré a un amigo que te entregue el regalo en el Instituto No. 5.
KIRA: Y lo del bar también tendrá que ir a recogerlo él.
KIRA: ¿Algo más que quieras hablar?
KIRA: Si no, cuando termines las cursilerías que pidió el servicio al cliente, me pongo con los ejercicios del simulacro de examen.

«…………»

Chu Xuyu nunca se había reído de pura rabia. Se llevó la mano al labio inferior, empujó la mejilla con la lengua y decidió que ya no tenía energía para seguir jugando al gato y al ratón con aquel mocoso.

Sus ojos, largos y ligeramente entornados, brillaron con un filo peligroso. Tomó el teléfono con aire perezoso, pero lo que escribió destilaba amenazante determinación.

L: Cariño.
L: No me obligues a buscarte yo mismo.
L: Mañana a las nueve, en el bar ORANGE.

── ⋆⋅☆⋅⋆ ──

Autor dice:

Los tortolitos se verán mañana. Además, el horario de actualización de esta novela es antes de las 00:00, todos los días. 

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