El tiempo pasó volando; en un abrir y cerrar de ojos, el examen de acceso a la universidad había terminado.
Para Jiang Tian, aquellos dos días no fueron muy distintos a los de costumbre: resolvió las preguntas, entregó el examen antes de tiempo y se marchó. Incluso, sin saber muy bien por qué, terminó dibujando un lobo gris en la hoja de borrador.
«…»
Quizá le había quedado algún trauma mental: el día que el presidente Chu lo acorraló, aquel hombre parecía un depredador peligroso que solo lo escogía a él como presa.
Por otro lado, para toda la clase 11 de último curso, ya fuera por admisiones aseguradas o por solicitudes a prestigiosas universidades extranjeras, el examen nacional no era más que una experiencia de cortesía, un último trámite dentro de su vida escolar.
Terminada la prueba, entraron en la etapa de planificación más importante. Varios compañeros que compartían sede de examen comentaban con entusiasmo sus planes de verano: proyectos de emprendimiento juvenil, conferencias del Modelo de Naciones Unidas, prácticas en las empresas familiares… Todos, hijos de familias adineradas, buscando engrosar su currículum con una capa más de oro.
—Ah Tian.
Un compañero de la fila de adelante se giró de pronto, lanzándole una rama de olivo al primer lugar del curso.
—Además de jugar fútbol, ¿qué planes tienes para las vacaciones?
En cuanto lo dijo, los demás estallaron como si hubieran recibido una señal. Sin necesidad de explicación, todos entendieron sus intenciones y empezaron a preguntarle si quería ir a hacer prácticas a sus respectivas empresas. Era como ver a varias compañías disputándose al mejor graduado.
—Gracias —respondió Jiang Tian, bajando la mirada mientras guardaba su mochila. Su expresión se volvió un poco indefinida—. Ya tengo una empresa para hacer prácticas.
Todos quedaron desconcertados.
—¿???
—¿De verdad?
—¿Quién fue el traidor que te reclutó antes que nosotros?
La reacción era como si buscaran un topo interno. Jiang Tian quiso aclarar que no se trataba de la empresa de ningún compañero, pero al final se tragó las palabras. Sería demasiado complicado explicar.
La verdad, el examen no lo conmovía demasiado. En cambio, para Lu Qiao y Zhao Yuanhao, que habían luchado como si fueran a la guerra, era un alivio monumental haber terminado “el gran evento” de su vida escolar.
Los tres estaban asignados al mismo centro de examen. Al salir, fueron juntos al centro comercial cercano: compraron té con leche, esperaron a que llegara el novio de Zhao Yuanhao y luego subieron a comer pescado a la parrilla en un restaurante de moda.
Aunque Jiang Tian no lo demostrara, la leve sombra de tristeza que llevaba encima era tan evidente que incluso Lu Qiao, pésimo estudiante y aún peor en aquella prueba, podía notarlo.
—Hermano Tian… —intentó animarlo Lu Qiao, aquel que ni cuando le partieron la cabeza estaba tan abatido—. ¿De verdad vas a hacer prácticas en la empresa del presidente Chu?
Jiang Tian se detuvo un momento.
—Iré.
Lu Qiao aspiró una perla de tapioca… y la devolvió al vaso.
—¿D–De verdad vas?
—La última vez que me lo dijiste…
—¡Pensé que el presidente Chu quería obligarte a firmar un contrato indecente, de esos de vender el cuerpo y el alma!
Jiang Tian bajó la mirada. Él también lo creyó en su momento, pero cuando vio claramente el contenido del contrato, comprendió que había malinterpretado al presidente Chu.
Allí, sobre la mesa, el documento mostraba en blanco y negro un simple puesto de secretario, con un salario tres veces superior al estándar del sector. Lo más inesperado era que aquel gran jefe, a quien él había ofendido, solo le pedía firmar por tres meses.
A esas alturas entendía bien lo que quería decirle:
Me engañaste tres meses en internet; ahora, en la vida real, trabajarás tres meses para compensarlo.
«…»
Pero para él, aquello no era algo malo.
Un estudiante de familia común como Jiang Tian, en realidad debería buscar un trabajo de medio tiempo durante las vacaciones. Aunque tenía una beca, aun así quería ahorrar algo más para la universidad y aliviar la carga de su hermana.
Por eso, ese contrato fue como una torta caída del cielo: un offer (oferta de empleo) estampado directo en la cabeza, dejándolo medio aturdido.
En aquel momento, Chu Xuyu habló despacio, sin prisa, mientras sostenía el caldo para la resaca. Su mirada, no obstante, estaba más sobria que nadie.
—Puedes pensarlo unos días. Cuando acaben los exámenes de ingreso, me das tu respuesta.
Jiang Tian se quedó pasmado. Chu Xuyu, que lo notó todo, le preguntó:
—¿Esto te resulta difícil?
—No.
Jiang Tian ni siquiera encontraba palabras; solo le parecía todo muy extraño. Aun así, respondió con seriedad:
—Entonces lo consideraré unos días.
—Gracias, señor Chu, por darme la oportunidad de enmendarme.
Después de eso…
Aunque él no aceptó de inmediato, Chu Xuyu cumplió su palabra: la empresa publicó un comunicado interno probando la inocencia de su hermana.
Aquello no solo hizo que los dos hermanos soltaran un suspiro de alivio y quedaran sinceramente agradecidos con el señor Chu, sino que también sorprendió a la gente del sector.
Yang Xiantong, desde luego, también se enteró. El hombre no pudo evitar quedarse aún más atónito, aunque fingió con esmero no saber nada del asunto.
Pese a no pedir activamente que le devolvieran la memoria USB, seguía pretendiendo hacerse el tonto, intentando manipular emocionalmente a la hermana con su típico PUA (1). Dijo que su actitud aquel día quizá había sido inapropiada y que, al fin y al cabo, habían salido juntos; no tenía sentido quedar en malos términos.(Pero Jiang Jing no se tragaba ni una palabra. Su postura era más firme que una muralla de cobre: siempre clara, siempre contundente.
(1) NT:- En este contexto PUA significa “Pick-Up Artist”, es decir, “artista del ligue” o “experto en seducción”, pero usado de manera crítica. En chino y en novelas contemporáneas se ha popularizado como una forma de describir a alguien que manipula emocionalmente a otra persona para controlarla o conseguir que haga lo que quiere, especialmente en relaciones amorosas.
En la frase, indica que el personaje intentaba manipular emocionalmente a su hermana con sus tácticas de seducción/manipulación, aunque aquí se usa más con el sentido de “PUA emocional” que de “ligue”.
—————-
Mientras Yang Xiantong dejara de engañar a chicas inocentes, cada uno seguiría su camino. Ella no tenía interés en airear un episodio poco digno de su vida sentimental para que otros se rieran.
Pero si él volvía a comportarse así de inmoral, que no la culpara cuando divulgara todas las pruebas. Incluso le dijo que sus amigas querían borrarlo porque les daba asco; que mejor se eliminaran mutuamente y que no se creyera con suerte solo porque la ciudad de Ningcheng fuera pequeña.
Así, el asunto quedó zanjado.
Como Zhao Yuanhao había ido a recoger a su novia, Yan Shanting, ambos regresaron a la tienda de té para saludar. Jiang Tian respondió con un “sí” y sus recuerdos se cortaron de golpe. Luego todos se levantaron y tomaron juntos el ascensor hasta arriba.
Después de comer pescado a la parrilla, el grupo fue a un karaoke. Incluso cayeron algunos más, compañeros del equipo que también habían ido al cumpleaños de Zhao Yuanhao meses atrás.
Hace unos meses, Jiang Tian estaba en esa misma sala privada, convencido de que había sido víctima de un estafador emocional. Nervioso, había enviado fotos y dicho cosas ambiguas. Aun sin beber, terminó vomitando en el baño del puro malestar.
Ahora era prácticamente otro hombre: reformado, disciplinado, sentado con el móvil en las manos, pensando media vida antes de decidirse a enviar un mensaje a Chu Xuyu.
KIRA: Señor Chu.
KIRA: Buenas noches.
Apenas lo envió, recibió una respuesta inmediata, como si el otro hubiese estado esperando que él diera el primer paso.
Té de la Tarde: ¿Ya lo pensaste bien?
KIRA: Sí.
KIRA: Iré a trabajar.
KIRA: ¿Firmamos el contrato mañana?
Esta vez, sin embargo, no llegó una respuesta inmediata. Jiang Tian, con la mirada fija en la pantalla, empezó a quedarse un poco ausente.
Ver al contacto que había eliminado en su antigua cuenta reaparecer en la nueva le despertaba un cúmulo de emociones imposible de describir.
A su lado, Lu Qiao se inclinó hacia él y, echando un vistazo sin disimulo, frunció la boca como un niño a punto de llorar.
—Tian-ge… ¿el señor Chu… cómo es en persona? ¿Da miedo?
Jiang Tian no lo negó. Después de todo, la impresión que tenía de Chu Xuyu era difícil de resumir: aquel hombre disfrutaba asustándolo, tenía muy mal genio… pero tampoco podía decir que lo tratara mal.
Incluso, Jiang Tian podía sentir la paciencia del otro, esa tolerancia propia de alguien mayor, escondida en detalles casi imperceptibles.
Por eso no quería criticarlo a sus espaldas. Solo murmuró:
—Está… bien.
—¿Así? —Lu Qiao se rascó la cabeza, pensando que aquella respuesta no decía absolutamente nada. Su curiosidad volvió a encenderse—. ¿Y cómo es de cara? ¿Guapo o no?
Jiang Tian lo miró, desconcertado.
—¿Por qué preguntas eso?
Lu Qiao tampoco lo sabía explicar. Se rió dos veces con vergüenza, incapaz de ocultar su timidez de macho hetero. Parecía estar imaginándose cosas que no tenía por qué imaginarse.
Jiang Tian solo pudo quedarse callado.
La sonrisa del amigo era tan rara que Jiang Tian no sabía ni cómo reaccionar.
Lu Qiao también se sintió incómodo y se rascó la nuca, diciéndole que no hiciera caso:
—Fue culpa mía, culpa mía. Todo por aquel malentendido. Tian-ge, finge que no dije nada.
—…Mm.
Jiang Tian asintió y volvió a mirar la pantalla, aunque Chu Xuyu seguía sin responder.
Eso le hizo recordar la noche en que Chu Xuyu lo llevó a su casa. Jiang Tian, que nunca se fijaba mucho en los demás, incluso cuando su ánimo estaba neutro, no pudo evitar observar de manera inconsciente al otro.
Ese día llevaba puestas unas Air Force One, entró en la casa, se cambió a las zapatillas, y tuvo la sensación de que él y Chu Xuyu eran casi de la misma altura.
Pero el aura del otro era demasiado intensa. Incluso después de ducharse y ponerse la bata, cuando uno debería estar relajado, aún había una presión invisible que lo envolvía.
Jiang Tian ni siquiera se atrevía a pensar cómo había sido capaz de enviarle mensajes a su hermana desde esa misma casa, escondiendo sus planes a plena vista del otro.
Al recordar todo aquello, quizás tenía una intuición: Chu Xuyu no había querido realmente “castigarlo”.
Como decía su hermana, el señor Chu era una buena persona. Aunque hubiera tenido que lidiar con todos los enredos que él había causado, considerando su edad, no se lo tomó demasiado en serio.
Pensando en eso…
Jiang Tian ni se dio cuenta de que su teléfono había recibido una llamada. Lu Qiao, sobresaltado, le chocó el brazo:
—¡Tian-ge! ¡El señor Chu te está llamando!
—…¡!
Jiang Tian se levantó de golpe, nervioso, y dijo que iría a contestar. Salió del salón con pasos apresurados.
En ese instante, recordó haberle ordenado que no le llamara de improviso… ¡y sin embargo había olvidado por completo esa regla!
El exterior estaba más tranquilo que la sala, aunque todavía llegaban débilmente algunas canciones.
Jiang Tian se dirigió hacia los baños, más silenciosos, sin saber exactamente por qué consideraba tan importante contestar la llamada. Solo sentía, de manera subconsciente, que era una muestra de respeto hacia Chu Xuyu.
—Ding.
El tono de conexión sonó en su oído.
—Señor Chu.
Jiang Tian se detuvo al instante, su voz clara, mostrando obediencia:
—¿Me llama por algún motivo?
—Mhm.
La voz grave de Chu Xuyu llegó al otro lado. Primero aceptó el saludo, pero luego insistió:
—De ahora en adelante, llámame “hermano Chu”.
—…
—Hermano Chu.
¿Había llamado solo por eso?
Jiang Tian no lo entendía del todo, pero obedeció y pronunció la frase. El tono de satisfacción en la voz del señor Chu no se hizo esperar:
—¿Qué planes tienes para mañana?
—¿Mañana? —pensó en el fin de semana—. Si quiere que vaya a la oficina a firmar el contrato, puedo ir sin problema—, respondió:
—Por ahora no tengo ningún plan.
Al mismo tiempo, Chu Xuyu estaba en un restaurante esperando a un amigo. Su mirada se desvió inconscientemente hacia una mesa cercana. Un joven mostraba a su novia un regalo, probablemente una joya de la nueva temporada.
La joven parecía sorprendida y encantada. Chu Xuyu no solía fijarse en los demás, pero al ver la expresión de la chica, una idea se formó en su mente.
—Está bien que no haya nada —dijo suavemente, sujetando el teléfono—. Nos vemos mañana por la noche en el edificio Guojin.
—…Bien.
Escuchó medio segundo de vacilación; no era otra cosa que Jiang Tian sin tener claro qué quería Chu Xuyu, pensando que quizá se dirigían al lugar para firmar el contrato.
Pero lo que Chu Xuyu tenía en mente era llevarlo a comprar algunos regalos: dispositivos electrónicos, trajes a medida… todo con la excusa de un obsequio de ingreso al trabajo, como regalo de graduación tras el fin del examen.
El presidente estaba haciendo cuentas en su cabeza: mantener cerca a su pequeño travieso que había intentado escapar y borrado contactos, usando la excusa de la pasantía, era simplemente perfecto.
Así, Jiang Tian no se sentiría incómodo y él podría verlo con frecuencia. Todo un acto de persona astuta.
Chu Xuyu no había tenido citas antes; y tras investigar discretamente, sabía que Jiang Tian siempre había sido un estudiante ejemplar y soltero. La idea era acercarse poco a poco, cultivando el afecto, un plan ideal.
En el restaurante de alta gama, el ambiente era tan silencioso que Chu Xuyu podía distinguir el tenue murmullo de la música.
—¿Estás con amigos? —preguntó.
—Sí —respondió Jiang Tian con su tono siempre tranquilo, sin parecer distante—. Vine con mis compañeros del equipo a cantar.
Al ver que un amigo, famoso actor, se acercaba, Chu Xuyu comentó:
—¿Los estoy molestando?
Jiang Tian, sorprendido pero halagado, respondió:
—No, no molestan.
—Bien —dijo Chu Xuyu, arqueando una ceja—. ¿Entonces te paso a buscar mañana?
—… —Jiang Tian se sorprendió aún más—. No es necesario, puedo ir en autobús, es muy cómodo.
—Está bien.
Antes de colgar, Chu Xuyu suavizó su voz, un tono que no parecía suyo:
—Nos vemos mañana a las siete.
La llamada terminó.
El amigo actor, siempre ocupado viajando por todo el mundo, se sentó frente a él y sonrió:
—Ningcheng sigue siendo demasiado pequeño.
—Cierto —respondió Chu Xuyu con una leve sonrisa, de tan buen humor que dejó que su amigo pidiera libremente del menú, algo inusual considerando lo exigente que era con la comida.
Shen Yan, como siempre perspicaz, lo observó:
—Después de tantos años soltero, a los treinta finalmente llega tu primera primavera.
—¿?
—No me pongas tan viejo —protestó Shen Yan entre risas, hojeando el menú—. Comparado con los muchachos de secundaria, bueno… sí, no eres tan joven.
—… —Chu Xuyu alzó una ceja—. ¿Era necesario mencionar eso?
Pero su ánimo estaba demasiado bueno para importarle lo que decía el otro. Incluso empezó a rememorar esos días a solas:
—Es bastante adorable.
Shen Yan levantó la mirada, atónito:
—Creo que estás un poco obsesionado.
—No tanto —respondió Chu Xuyu, sin negarlo—. Es muy simpático.
Shen Yan se quedó sin palabras.
Tal vez debería mirarse al espejo; antes él era criticado por ser un “cabeza de amor” y ahora, ante este chico, solo podía sentirse superado.
Pero mientras ambos degustaban la comida occidental y comentaban lo sucedido aquel día, el famoso actor se quedó boquiabierto, casi se le salían los ojos de la sorpresa.
—¿Así que lo intimidaste durante todo el tiempo? —exclamó.
Shen Yan se frotó las sienes con cierto dolor, a la vez divertido, y con aire de veterano aconsejó:
—No me extraña que tenga miedo, seguro que ahora tiene algún trauma psicológico.
Chu Xuyu detuvo los dedos que sostenían el cuchillo y el tenedor, interrumpió la masticación y le preguntó qué quería decir con eso.
Shen Yan fue directo al grano:
—Deberías aprender primero cómo se conduce una relación.
—… —Chu Xuyu frunció el ceño, reflexionando; ¿su comportamiento aquella noche con el pequeño travieso había sido realmente tan terrible?
Pero también recordaba que el pequeño había hecho cosas bastante excesivas en su momento.
Chu Xuyu empezó a sentirse incómodo; un hombre de éxito acostumbrado a no desgastarse emocionalmente, se encontraba ahora consultando humildemente a un amigo.
Y la respuesta de Shen Yan no se hizo esperar, con una serie de recriminaciones:
—Olvida la confusión inicial, el chico no tenía intención de engañarte, simplemente no sabía cómo manejar la situación. Huir fue su última opción.
—Pero tú lo atrapaste; si realmente te gusta este tipo de personas, deberías tener un poco más de paciencia, no asustarlo siempre. Apenas ha entrado en la adultez, sigue siendo un niño obediente.
—Ni hablar de que además es amigo de mi sobrino.
—… —Chu Xuyu sospechó que esa última frase era clave, pero tras meditarlo un momento, reconoció que su amigo tenía razón. Su pequeño travieso realmente sentía algo de miedo hacia él, y él podía notarlo.
Parecía evidente que había exagerado.
Pensando en esto, el presidente decidió tomar nota de la lección: moderar su carácter y esforzarse por comportarse mejor con el pequeño travieso en la cita del día siguiente.
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Autor dice:
Convertirse en secretario personal y luego esto y aquello, ¡así y asá! 🌈