Aunque el retrato había cerrado los ojos debido a la precipitación de Yoo Sung-woon, Bisabul; el dueño de la pintura, no se enfadó con él.
—De todos modos, cuando yo intento hablarle, el retrato ni siquiera se molestaba en responder. Ni siquiera me miraba.
—…
—Los 17 empleados que conversaron con él hasta ahora salieron huyendo al no poder soportar la presión del retrato. En ese sentido, el intento del señor Yoo Sung-woon debe considerarse de un gran significado y con grandes resultados.
—Pero…
—Aunque provocar que Ji-oh huyera sin duda no fue una buena decisión, te contraté atraído precisamente por esa curiosidad e instinto inquisitivo que posees, señor Yoo Sung-woon. No hay necesidad de que te disculpes por ello.
—Pondré más cuidado en adelante.
—Con eso me basta.
Por fortuna, Bisabul era una persona sumamente condescendiente con los suyos.
El deber primordial de un curador es mantener y conservar la obra. Un instinto de indagación propio de un investigador no resultaba del todo apropiado para el puesto. Aun así, encontrarse con un superior que respaldara a alguien como Yoo Sung-woon era algo digno de agradecer.
—Ah…
Sin embargo, Yoo Sung-woon continuaba apenado.
«Que no haya graves consecuencias no borra el hecho de haber cometido un error.»
Había transcurrido un tiempo considerable desde que fue contratado por Bisabul para trabajar como curador. Pensó que se había insensibilizado bastante tras admirar y gestionar la colección de Bisabul durante todo este tiempo, pero la naturaleza al final se impone: tras un largo intervalo, la fascinación ante los misterios de una mazmorra le había hecho perder la cabeza.
Yoo Sung-woon entró a su taller privado y mordió un caramelo. Un adulto desgastado por el cansancio necesitaba una buena dosis de azúcar.
—…
Sí, así era.
«El retrato de Ji-oh no es un monstruo ordinario.»
Ese preciso punto despertaba con fuerza la curiosidad de Yoo Sung-woon.
—…Aunque también podría tratarse de una simple mutación… —murmuró en voz baja.
—…
Yoo Sung-woon permaneció sentado en su silla durante un largo rato, con la mirada perdida en el vacío.
Poco después, rompió el silencio.
—…¿Debería ponerme en contacto con los Jardineros?
Los “Jardineros” era el nombre de una profesión operada en secreto por las asociaciones de distintos países.
A decir verdad, no es que operaran bajo un velo de “estricta confidencialidad”, ya que era un trabajo que cualquiera con la aptitud adecuada podía realizar. Sería más preciso decir que no se había difundido masivamente de forma casi obligada debido a que las personas con dicha aptitud eran ridículamente escasas.
«Pero al haber dejado atrás mi faceta de investigador bajo el pretexto de un retiro, resulta algo ambiguo volver a contactarlos.»
Los Jardineros; un trabajo de investigadores secretos y exploradores a la vez, eran personas que se hallaban muy cerca de la verdad detrás de las mazmorras.
Por lo mismo, poseían abundante información oculta para el resto del mundo; sin embargo, con los conocimientos que Yoo Sung-woon conservaba de su época como Jardinero, era incapaz de explicar “El retrato de Ji-oh”. Se trataba de una existencia que jamás había presenciado en su vida.
—…Como sea, algo saldrá al final.
Creak…
Yoo Sung-woon dejó escapar un suspiro y se recostó en la silla.
—No hay prisa, vayamos con calma.
Haga lo que haga el ser humano, el “Origen” no va a salir huyendo.
«Es un ente demasiado colosal como para analizarlo todo de una vez.»
No había razón para apresurarse a desentrañar sus secretos, ni tampoco sentía el deseo de hacerlo. A fin de cuentas, fue por actuar con semejante precipitación que había provocado la huida de Ji-oh hacía apenas unos días.
—Reflexionemos, reflexionemos…
Por suerte, el distanciamiento de Ji-oh no duró demasiado.
Pocos días después, Yoo Sung-woon pudo ver al retrato abrir los ojos nuevamente.
* * *
—… Ah…
—Buenas noches.
—…¿Buenas noches?
Yoo Sung-woon sonrió con cierta torpeza.
—Que tenga una buena velada.
—Igualmente.
El bosque dentro del retrato de Ji-oh mostraba un atardecer iluminado por estrellas centelleantes.
—Da la casualidad de que por aquí también es de noche.
—¿Acaso no era de madrugada?
—Hoy vine un poco más temprano. Todavía no son ni las 12.
—Ciertamente parece más temprano que de costumbre. ¿A qué se debe?
—Vine a revisar las otras obras de las que me hago cargo.
Yoo Sung-woon se encogió de hombros.
—Y en eso vi que usted estaba despierto, Ji-oh.
—Yo siempre estoy despierto.
—Vaya, esa sí que es una revelación sorprendente.
Tras bromear un poco, Yoo Sung-woon preguntó con su habitual voz serena:
—¿Qué se encontraba haciendo justo ahora?
Su mirada se posó sobre el pincel que sostenían las manos del retrato. Era una escena sumamente insólita: una pintura sosteniendo herramientas para pintar otra obra.
«Si el líder del gremio viera esto, se le saldrían los ojos.»
—Estaba creando un ave —respondió Ji-oh con total franqueza.
—Ah, estaba creando un ave. Ya veo. ¿Podría mostrármela a mí también? Si no es mucha molestia, claro.
—Si el señor Yoo Sung-woon lo desea, se la mostraré.
El hombre de rostro inexpresivo dejó a un lado el pincel que sostenía y, de inmediato, dio unos golpecitos hacia un punto invisible para Yoo Sung-woon. En cuanto sus delicados dedos llamaron a alguien con absoluta precisión, ocurrió un fenómeno extraordinario.
Se escuchó el chapoteo del agua y, acto seguido, apareció un ave.
—…
Yoo Sung-woon quedó atónito.
Por supuesto, a diferencia de la gema de antes, esta era claramente plana, como corresponde a una existencia que habita al otro lado de la pintura… pero se percibía en ella, como mínimo, la misma vitalidad que emanaba de Ji-oh.
—…Esa ave…
—Es el nuevo integrante de mi familia.
—Ah, ya veo.
Quería responder con la mayor serenidad posible, pero no estaba seguro de haberlo logrado. Honestamente hablando, Yoo Sung-woon se sintió un poco emocionado.
—Es un ave hermosa.
El ave era sumamente pequeña. De compararla con alguna especie de Corea, ¿tendría la forma de un mito barbado?
Sin embargo, las plumas de su cola eran mucho más largas y sus alas se fusionaban con su cuerpo transparente, volviéndolas casi imperceptibles. Quizá estaban unidas desde un principio.
Estaba conformada por un agua extraordinariamente pura. Recordaba al agua sagrada que Yoo Sung-woon solía ver de vez en cuando en las mazmorras durante su época de Jardinero, o al agua de un manantial remoto donde no habita forma de vida alguna.
—¿La acaba de crear usted mismo, Ji-oh?
Ahora comprendía por qué no había dicho “dibujar”, sino “crear”. Aquello era, indiscutiblemente, un ser vivo en movimiento.
—Tenía el pincel en la mano, después de todo.
—Me pareció divertido, así que estoy creando varias.
—¿Varias?
—Ahora mismo habrán… un poco menos de 100.
—Impresionante.
Significaba que había dibujado a esas 100 aves una por una.
—No debe ser tarea fácil.
—Lo que me sobra es tiempo, así que no importa.
—Ah…
—Además, es divertido.
—…
«Así que, contra todo pronóstico, ¿es de los que buscan el entretenimiento? Un detalle a tener en cuenta…»
Dado que Ji-oh poseía una expresión excesivamente educada y rígida, no resultaba fácil descifrarlo; pero que un ser del cual se desconocía si era un monstruo u otra cosa disfrutara de una vida guiada por el mero entretenimiento era algo que un humano debía vigilar con cautela.
Tras registrar esa información en su memoria, Yoo Sung-woon volvió a preguntar:
—Parece estar hecha de agua… ¿esa ave puede cantar?
—No tiene cuerdas vocales, pero…
¡Fruu…!
¡Chlap, chlap!
—…Lo hace de esta forma.
—Vaya.
Cuando el ave se sacudió el cuerpo como un cachorro mojado, resonó un suave chapoteo. Sonaba como un frasquito de agua al agitarse, o como gelatina de viscosidad ligera mezclándose de un lado a otro.
Yoo Sung-woon dejó escapar una leve sonrisa.
—Así que así es como canta.
—También puede cantar de otras maneras —añadió el retrato.
—¿Pero no me dijo que no tenía cuerdas vocales?
—Es un método bastante similar al de hace un momento.
Ji-oh extrajo una pequeña gema de la parte interior de su traje.
—¿Qué te parece?
¡Fruu…! ¡Fruh!
—Es tuya.
¡Chomp!
El ave de diminuto cuerpo le arrebató la gema verde de la mano a Ji-oh. Pareció sopesarla e inspeccionarla mordiéndola de un lado a otro con su adorable piquito, para luego tragársela de un solo bocado.
—Ah.
Ji-oh, conservando su habitual rostro inexpresivo, le ofreció unas cuantas gemas más.
—Ahora ya podrá cantar.
—¿Cómo…?
En ese instante, se escuchó un leve tintineo.
—…
Yoo Sung-woon no tardó en comprender de qué manera cantaba el ave que tenía ante sus ojos.
«…Haciendo chocar o mover los objetos que introduce en su cuerpo…»
Parecía una escena extraída de un cuento de hadas.
Atrapadas dentro del cuerpo transparente del ave, las gemas flotaban suavemente de un lado a otro, emitiendo sonidos al chocar entre sí.
A pesar de parecer gemas de alta densidad, al flotar dentro de aquel pequeño cuerpo destellaban en armonía con el agua que dispersaba la luz.
Ji-oh le habló como quien adiestra a un animal recién nacido:
—Muy bien.
¡Clink-clank!
—Lo estás haciendo muy bien.
¡Clac, clac!
—…
Acto seguido, se vio cómo pestañeaba dos veces. Aunque su expresión rígida no había cambiado en absoluto, tal vez por imaginación de Sung-woon, Ji-oh lucía algo fatigado.
—Son unas charlatanas.
—Me parecen bastante silenciosas.
—Si tuvieran cuerdas vocales, ni me imagino lo ruidosas que serían.
—Bueno… en eso tiene razón.
Exhibiendo la agilidad característica de las bestias pequeñas, el ave se movía activamente sobre la mano de Ji-oh, aleteando la cola con entusiasmo. Luego, extendió las alas y comenzó a revolotear.
«Las alas son más grandes de lo que pensaba.»
Aquel par de alas, lo suficientemente amplias como para envolver su cuerpo entero, volvieron a fundirse en el torso hasta perder su forma.
«En ese aspecto se parece muchísimo a un slime.»
El hecho de esforzarse por introducir objetos dentro de su propio cuerpo también guardaba cierta similitud. Aunque esta criaturita parecía hacerlo con fines estéticos y no por cacería…
¿Cómo reaccionaría si se topase con un enemigo?
—…Sus pinturas son verdaderamente fascinantes.
¿Debía considerarlo un retrato o un pintor? Expresando los pensamientos que rondaban su mente, Yoo Sung-woon pronunció aquellas palabras y Ji-oh dirigió su mirada hacia él.
Esos ojos, tan oscuros que por momentos parecían resplandecer, albergaron la figura de Yoo Sung-woon durante un instante antes de que Ji-oh abriera la boca:
—Se lo agradezco.
—Espero no haber dicho nada impertinente.
—Ha sido el elogio idóneo para alguien que pinta.
—Me alegra escuchar eso.
Pero pensar en una pintura viviente…
«Cualquiera diría que es algo fascinante.»
Mientras Yoo Sung-woon contemplaba el ave con la mirada perdida, el retrato le preguntó:
—¿Tiene alguna otra duda?
—Ah, una pregunta…
¿Sería esta otra de las reglas del “Retrato de Ji-oh”?
«Parece brindarme una oportunidad de esta manera cada vez que hablamos.»
Yoo Sung-woon respondió sobrepasando la paciencia y la buena voluntad de su interlocutor:
—Siempre tengo preguntas. Así que esta vez no es la excepción, en especial tras haberme mostrado una obra tan maravillosa, Ji-oh.
—Ya veo.
—Esta ave es realmente hermosa. ¿Acaso estas criaturitas poseen su propio sentido de la estética? ¿O se comportan según los gustos de usted, Ji-oh?
—…
Tras parpadear dos veces, el retrato respondió:
—Yo no conozco muy bien a estas amiguitas.
—Entiendo.
—Sin embargo, a ellas les encanta engalanarse introduciendo toda clase de objetos en sus cuerpos.
Quizás porque ya habían compartido bastantes conversaciones, Ji-oh continuó hablando con total naturalidad:
—Hasta ahora he creado alrededor de 100 aves, pero las preferencias de cada una eran distintas. Esta de aquí prefiere las gemas, mientras que otra deseaba flores y alguna más buscaba ramitas o piedras. Incluso hubo quienes prefirieron pececillos o frutos de árbol.
¡Fruu…!
En cuanto el retrato agitó la mano, el ave posada sobre él emprendió el vuelo. Se escuchó el suave murmullo del agua.
—Ellas no actúan según mi sentido de la estética. Tienen sus propios gustos bien definidos. Aunque puede que hayan recibido un poco de mi influencia… a estas alturas no es algo que yo pueda imponerles.
—Suena como si fueran aves de verdad.
—Este lugar es un lienzo. Siendo el dueño del lienzo, las obras que pinto se vuelven reales. Si así lo desean, pueden respirar y vivir. Tienen ese poder.
—…
—¿Ha quedado suficientemente respondida su duda?
Tras un breve silencio, Yoo Sung-woon volvió a hablar.
—Esta ave no parece una simple pintura. Se siente como un ser vivo. Por casualidad, ¿podría salir al mundo exterior al igual que usted, Ji-oh?
—Quién sabe.
Ji-oh no le dio una respuesta clara. Parecía no saber con certeza qué sucedería, o tal vez simplemente no tenía muchas ganas de revelarlo. Yoo Sung-woon dejó pasar el asunto sin darle demasiada importancia.
Sin embargo, volvió a preguntar con cautela:
—¿Acaso aquí…?
—…
—¿Hay un alma?
A 31 años de la aparición de las mazmorras, la humanidad había aceptado la existencia de las “almas”. Se trató de una evolución inevitable tras el surgimiento de toda clase de habilidades dirigidas a las almas.
Aunque, ciertamente, no había ninguna habilidad de ese tipo que no fuera de extrema rareza.
—¿Acaso acaba de crear un ave dotada de alma?
—Quién sabe.
La misma respuesta de antes.
«No logro descifrar sus intenciones…»
El retrato permanecía tan inexpresivo como de costumbre.
Ese rostro no parecía para nada el de alguien que acababa de crear vida; por lo mismo, emanaba una extrañeza todavía más espeluznante e inquietante.
«Realiza actos que no parecen en lo absoluto humanos como si fueran la cosa más natural del mundo, pero al tener ojos, nariz y boca exactamente como los de una persona, produce una sensación aún más extravagante.»
Emanaba un sentimiento de descolocación en una escala completamente distinta a la de los monstruos o seres similares que solía ver habitualmente.
—Tampoco yo lo sé —respondió el retrato con total indiferencia.
—Si usted, que es el dueño, no lo sabe, ¿quién más lo sabría?
—Podría ser que nadie lo sepa.
Su voz sonó con nitidez.
—Yo me limité a pintar. Y soy una persona que entró a habitar dentro de este lienzo.
—…
—Yo puedo decorar esta pintura, y la pintura decorada de esa forma se vuelve real dentro de este retrato. Justo como cuando el señor Yoo Sung-woon me dibujó una manzana la última vez…
—…
—Al fin y al cabo, sigue siendo una pintura.
Sonaba como un juego de palabras, pero tampoco era algo desacertado.
«Es verdad que una pintura dentro de una pintura es real allí dentro.»
Un momento después, Yoo Sung-woon volvió a cuestionarle:
—Usted creó un ave dentro del lienzo. Dibujó una gema para mí y me la entregó. Y fue capaz de hacérmela llegar.
—Así es.
—Ji-oh, usted es indiscutiblemente una pintura, pero al mismo tiempo es un humano y puede ejercer influencia sobre la realidad.
Y preguntó:
—Siendo así, ¿sería capaz de plasmar una vida real en este lugar?
—…
—No me refiero simplemente a salir del cuadro para luego volver a entrar como la última vez, sino a si podría plasmar un destino, un pasado o recuerdos. O tal vez…
—…
—A una persona real.
Ji-oh no tardó en responder:
—Podría ser posible, o tal vez no.
—…
—Sin embargo, no me gustaría hacer algo semejante.
—…¿Por qué? ¿Acaso no se siente solo o aburrido dentro de la pintura?
—Yo no experimento soledad en este lugar.
Su tono de voz conservaba la misma rigidez habitual.
—Este lugar me resulta cómodo. El clima siempre es agradable, sopla una brisa primaveral y el ambiente está colmado del aroma del bosque; aquí no hay nada que resulte molesto o agotador.
—…
—Si llegase un momento en que me aburra, bastará con crear nuevos amigos como ahora. Con eso me basta y me sobra.
Yoo Sung-woon se sintió bastante sorprendido.
—¿Le basta con su pacífico mundo de pintura?
Todas las existencias anómalas que había presenciado hasta ahora siempre codiciaban las cosas del mundo real. Al margen de si poseían o no una voluntad propia, sus acciones eran instintivas, como los tallos de las plantas que se estiran desesperadamente hacia la luz del sol.
—¿No siente el deseo de salir?
—Es agotador.
—Eso… podría ser entendible, pero…
—No quiero salir. Ahora este lugar es mi hogar.
—…
Justo ahora, sin duda alguna, había dicho “ahora”.
«…Lo que significa que hubo un tiempo en que no vivía en el retrato.»
El retrato afirmaba ser un ser humano y declaraba que hubo una época en que no habitaba dentro de la pintura, pero eso no garantizaba que ese lugar de procedencia fuera necesariamente la Tierra.
«Podría tratarse de otra mazmorra o de otra dimensión. No, considerando las expresiones habituales de Ji-oh y su estatus extraordinario, esta última posibilidad es aún más probable.»
Al margen de las conjeturas de Yoo Sung-woon, el retrato prosiguió:
—Yo no puedo crear seres vivos que representen una amenaza para mí.
—…¿Una amenaza?
—Los seres humanos son existencias que siempre albergan la posibilidad de hacer daño a otros. Las únicas criaturas que yo puedo crear son amiguitos que sean plenamente afables conmigo. Esa es la regla de este retrato.
—…
—Al principio yo tampoco lo entendía muy bien, pero tras varios intentos lo comprendí. Puesto que yo soy el dueño de este retrato, me resulta imposible crear una existencia capaz de borrarme. Por esa misma razón, tampoco puedo pintar seres humanos.
El retrato musitó en voz baja:
—Porque un retrato sin dueño no puede sostenerse.
Tras decir esto, Ji-oh volvió a fijar la mirada en Yoo Sung-woon.
—Crear seres humanos es algo que me resulta repulsivo.
—¿Por qué?
—Eso sería algo demasiado especial.
—¿Acaso ser especial no es algo bueno?
—Dado que yo no soy alguien tan especial, no me parece algo bueno.
—…
—Para mi nivel de singularidad, me basta con ser un retrato parlante.
Aquellas palabras poseían una profundidad tan marcada que resultaba imposible creer que pertenecieran a un simple retrato dotado únicamente de conciencia.
«Es indiscutible que no se trata de un monstruo ni de un artefacto ordinario.»
Por esa misma razón, había un matiz que producía un verdadero escalofrío.
—…
—¿Ha sido esta una respuesta suficiente para usted?
—Por el día de hoy, sí.
Si no era un monstruo…
Ni un ítem…
Y tampoco un fantasma ni un ser humano…
—Nos veremos la próxima vez.
¿Qué demonios era esta existencia?
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