En realidad, Ji-oh no estaba pensando en nada.
Debido a su expresión rígida, su atmósfera sombría y su forma de hablar excesivamente educada, la gente solía imaginarse todo tipo de historias sobre él: que si habría perdido a un ser amado, que si en el pasado habría estado involucrado en asuntos peligrosos…
Puros malentendidos.
«¿Qué me preparo para comer hoy?»
Seo Ji-oh no era más que un glotón consumado.
—…Fondue de queso…
Una brisa primaveral soplaba suavemente sobre la cama. Tras estirarse como un gato adormilado, se levantó:
—Un fondue de queso suena bien.
El menú del día sería fondue.
Frente a la comida, un verdadero glotón no dudaba. Ji-oh bajó a la cámara frigorífica a seleccionar los quesos que utilizaría para esta ocasión.
—¿Cómo debería hacerlo?
El fondue de queso era un platillo que cualquiera podía preparar con facilidad, siempre y cuando contara con los ingredientes. Por supuesto, ante una afirmación así, surgirían personas torpes en la cocina para llevarle la contraria, pero como ese no era el caso de Ji-oh, no había de qué preocuparse.
Por lo demás, el fondue no requería de técnicas complejas, por lo que las recetas para prepararlo también eran sumamente variadas.
—La base debería ser queso Brie.
El queso Brie era la opción más idónea y recurrente para elaborar un fondue.
—¿Será este el Brie?
El queso Brie, envuelto en papel blanco, presentaba un moho blanco extendido sobre su superficie como si fuera seda. Parecía como si hubieran espolvoreado una generosa cantidad de azúcar glas sobre la densidad del queso.
Como no tenía un nombre escrito, olió su aroma y lo cortó por la mitad; sin duda alguna, se trataba de Brie.
—Sabor suave, perfecto.
El Brie no es un queso de aroma penetrante. Al ser delicado y poseer notas sutiles a champiñón y frutos secos, resultaba ideal para usarlo en el fondue. Combinado con pan o frutas, lograba una armonía excelente.
—Aunque si uso solo este, terminará siendo algo empalagoso.
La desventaja del queso Brie era que, si se consumía en grandes cantidades, resultaba pesado y grasoso.
Al derretirse hasta quedar viscoso, mostraba una consistencia cremosa que se disolvía con suavidad sin elasticidad; y dado que tanto su aroma como su textura eran pacíficos, tendía a cansar el paladar con facilidad.
—…
Ji-oh parpadeó y acto seguido murmuró:
—Me gustaría que fuera un poco más salado.
Le apetecía un queso con un aroma más intenso, salado y con un toque picante, considerando que el Brie era más bien neutro.
—El Parmesano vendría perfecto.
Su nombre oficial es Parmigiano Reggiano.
Para los coreanos, el “queso parmesano” suele ser conocido como ese sazonador en polvo que se espolvorea sobre la pizza. Sin embargo, ese no es más que una versión degradada del Parmigiano, por lo que prácticamente no tienen nada en común.
—Aquí está.
Ji-oh encontró el queso Parmesano que ya venía racionado.
—Cortar una pieza entera habría sido demasiado molesto…
Este es un queso de pasta muy dura que requiere más de un año de maduración. Esto significa que es sumamente firme, aunque sus vetas internas están bien definidas. Si no se corta siguiendo estas vetas, se desmorona en mil pedazos.
En ese sentido, encontrarlo ya fraccionado era algo muy digno de agradecer. Una rueda entera de Parmesano es más grande que un neumático y además resulta carísima, por lo que Ji-oh jamás se había tomado el trabajo de porcionar una.
«Qué bueno no tener que desperdiciar un queso tan valioso.»
Ji-oh colocó el queso cortado en un tamaño adecuado dentro de la cesta.
—…
El aroma ya era penetrante.
—Excelente.
El queso Parmesano, al despedir un aroma picante e intenso, posee una paleta de sabores igualmente diversa.
Para empezar, es sumamente salado. Con solo probar una porción del tamaño de una uña, la lengua se adormece y el aroma sube de golpe a la cabeza con una intensidad desbordante.
Al mismo tiempo, otorga el placer de una dulzura densa como la miel que impregna la lengua con la sutileza de un melocotón maduro, para luego desaparecer sin dejar rastro.
«Por eso comerlo al natural también es delicioso.»
Cuando un queso curado no se somete a calor, su aroma se mantiene en un estado mucho más puro y fresco. Para los principiantes en el mundo del queso, se recomienda consumirlo al natural, pues en ese estado, entre capa y capa de Parmesano, existe un pico de sabor conocido como sus “cristales”.
—…
A Ji-oh le fascinaba esa textura pequeña pero crujiente.
«Tiene notas a nuez también.»
Añadir demasiado resultaría empalagoso, pero incorporar una pequeña cantidad era perfecto para realzar el aroma del fondue.
—Y además…
Si agregara uno más.
—Gruyère.
Un queso Gruyère sería adecuado.
Este queso, al igual que el Parmesano, es un queso de pasta dura; sin embargo, es un poco más flexible que el Parmesano (que madura durante un año), posee un sabor salado más pronunciado que el Brie y es mucho más dulce.
«El hecho de que tenga un suave aroma a nuez también es un toque interesante.»
Resultaba atractivo en muchos sentidos por sus intensas notas a frutos secos. Un aroma tan denso sin duda combinaría a la perfección con los quesos reunidos anteriormente.
—…Creo que con estos quesos bastará.
Si añadía demasiado, tanto el aroma como el sabor se volverían extraños. Ji-oh subió a la cocina del primer piso.
—Bien, ahora…
Clac.
Ji-oh buscó una cazuela de barro gruesa en uno de los cajones.
—Que empiece la cocina.
El método de preparación era sencillo. Primero, se alistaban los ingredientes que se deseaban acompañar con el queso.
Cualquier cosa venía bien: tomates cherry, espárragos, camote, papas, cebolla, brócoli, calabacín… Además de panes de textura suave como el pan de molde, croutons crujientes o una elástica ciabatta.
Incluso se podía disfrutar con frutas.
«Pero de esto, paso de largo.»
Dado que no se trataba de un bocadillo sino de una comida formal, las opciones dulces o ácidas no le atraían en lo absoluto.
—¿Los salteo un poco?
Tras colocar en el wok los ingredientes cortados en bocados del tamaño adecuado y darles un toque de calor, Ji-oh metió todo al horno de leña. La idea era dorar la superficie de forma rápida e intensa con un calor fuerte antes de retirarlos.
Los ingredientes asados al horno despedirían un sutil aroma ahumado. Valía la pena haber preparado con antelación leña de buen aroma.
—Esto ya está listo.
Lo siguiente era el queso.
Picó finamente los quesos que había traído. Todos debían derretirse al mismo tiempo para mezclarse bien sin separarse; si los trozos eran demasiado grandes, los tiempos de fundición variaban, provocando que el aceite y la capa de grasa se desintegraran.
«La primera vez que lo hice los derretí enteros y el aceite del queso terminó formando un río. Aún hoy lo pienso y fue una verdadera catástrofe.»
En la cazuela de barro previamente calentada, vertió un hilo de aceite de oliva e incorporó un diente de ajo para perfumar la base.
—Y el vino.
El truco definitivo para neutralizar el olor fuerte del queso y realzar todo su sabor.
En el almacén subterráneo de Ji-oh también había botellas de vino sin etiqueta. Utilizó un vino blanco de sabor sumamente limpio, el cual, al combinarse con los aromas del ajo y el aceite de oliva, desprendió una fragancia sumamente agradable.
—…
Pum.
Tras tapar el vino, Ji-oh reflexionó:
«En algún momento debería preparar mi propio alcohol.»
Si algo le sobraba; era tiempo, así que un proceso elaborado no representaba ningún problema. Ji-oh se prometió a sí mismo intentar elaborar de todo: empezando por vino, pasando por destilados, hasta licores de flores y licores de frutas. Un desempleado tenía todo el derecho del mundo de malgastar su tiempo.
Casi al momento en que el alcohol se evaporó por completo, Ji-oh trajo los quesos picados.
—Para adentro todo…
Vertió toda la montaña de queso desmenuzado sobre la cazuela de barro calentada a fuego lento.
—Revolver y…
Cuando el queso se derritió en su punto y las gotitas de grasa comenzaron a aflorar en la superficie, añadió un poco de agua con fécula de maíz previamente preparada. Su función era homogeneizar la grasa y el aceite del queso, los cuales tienden a separarse sin importar lo bien que se fundan.
—Una cucharada de licor.
Un destilado de graduación alta y sabor intenso, como el whisky o el brandy, venía de maravilla.
—…
Y así se completó un fondue de queso cremoso como una gacha o sopa, pero con una consistencia sutilmente elástica.
—¡Ta-da~!
Le encantó el resultado.
Ji-oh llevó el queso y los demás ingredientes a la mesa y se acomodó. Para mantener el queso en un estado cálido y elástico de forma continua, encendió una pequeña vela debajo del recipiente.
«Esta parte es un poco molesta.»
Como el queso vuelve a endurecerse al enfriarse, era indispensable mantenerlo bajo calor constante. Por ello, para comer fondue de queso, el juego de utensilios de fondue resulta obligatorio.
—Menos mal que lo preparé con tiempo.
De cualquier forma, la comida dio inicio.
—Para empezar…
Ji-oh tomó primero un espárrago bien cocinado.
—…
Al sumergirlo generosamente en el queso y extraerlo, el queso suavizado por el vino y la fécula, se estiró en un hilo continuo. El espárrago, asado intensamente al horno de leña, aún conservaba un verde profundo.
Un aroma fresco característico de los vegetales, sumado al perfume suave y sutil propio del espárrago, comenzó a elevarse. En especial, la frescura del espárrago, que combina de maravilla con las grasas, prometía un sabor espectacular.
—Mmh…
Crac.
El tallo ofreció una resistencia crujiente al morderlo.
«Delicioso.»
El jugo del espárrago, que brotaba cual jugo de una carne bien asada, guardaba un amargor misterioso.
Sin resultar molesto, exactamente igual al toque astringente del té de yuzu, el amargor del espárrago lograba una armonía soberbia con los demás ingredientes.
La superficie, dorada e intensamente tostada, recordaba a una hoja seca y quebradiza. El tallo justo debajo, calentado en el wok y el horno, era suave, jugoso y tierno, mientras que el núcleo más profundo mantenía viva la firmeza vegetal, crujiendo alegremente al masticar.
«Combina excelente con el queso.»
El queso Brie, suave como una crema, sentaba las bases. Si bien podía llegar a empalagar, el toque pálido e intenso del Parmesano lo corregía, mientras que el Gruyère, con su marcado perfume a nuez, enlazaba cada matiz entre sí.
El perfil delicado del espárrago armoniza especialmente bien con las grasas: elementos como el queso, la crema de leche o la mantequilla; y en esta ocasión, encajó a la perfección y sin desentonar con un fondue cuyo aroma había sido perfumado previamente con ajo.
Además, gracias a su textura jugosa y crujiente, se sentía casi como degustar brotes de primavera perfectamente maduros.
—…
Esto sí que es vida.
«…Una vida en la que te da sueño incluso mientras estás comiendo… No podría haber nada más deseable que esto.»
Sintiendo la suave brisa primaveral que entraba suavemente por la ventana de par en par, mientras disfrutaba de un fondue que le acariciaba el estómago con delicadeza, este lugar era, sin duda, el mismísimo paraíso.
—En cuanto termine de comer, saldré a tomar una siesta. A ver en dónde me duermo hoy.
Lo siguiente que eligió fue la ciabatta.
—Quedó bien horneada.
La ciabatta era un pan famoso por su esponjosidad y su consistencia elástica. La superficie, ligeramente cubierta de harina, se había impregnado de mantequilla, ofreciendo un sabor similar al de un roux para sopa.
Gracias a que se había horneado en el horno de leña, el exterior estaba sumamente crujiente, mientras que la cara con abundante mantequilla lucía una textura crujiente pero suave, muy parecida a la de los croutons sumergidos en sopa.
—Y ahora, el queso…
Sumergiéndolo profundamente…
—…
Ñom.
Se lo llevó a la boca.
—…
Extraordinario.
«Muy bueno.»
Ji-oh colocó una papa bien cocida sobre el pan bañado en queso.
—Mmm…
Definitivamente, el fondue tenía ese encanto especial de combinar e ir jugando con los ingredientes.
Pan crujiente y elástico, queso de texturas variadas y hasta una papa suave y esponjosa que presumía un sabor intenso por haber sido cocinada en mantequilla. Desde la textura hasta el sabor, era una combinación a la que no se le podía poner un solo pero.
«Un tomate para limpiar el paladar…»
¡Chas!
—…Ah, esto también está delicioso.
El tomate cherry, sometido a un calor fuerte y breve para que el interior no se cocinara en exceso, aún se mantenía crujiente mientras albergaba en su interior un caldo sutilmente cálido. Su superficie poseía esa delicada firmeza crujiente similar a la de una salchicha bien cocida.
—Iría perfecto con el queso también.
Tras comerlo así junto con el queso, la variedad de sabores lo llenó de felicidad.
—Esta vez probaré con un crouton.
Ji-oh comía a su antojo, tomando lo que tuviera a la mano.
Una vez sumergiendo profundamente el crouton crujiente en el queso elástico; otra vez con el brócoli suave, bien cocido pero no demasiado blando, fundiéndose con el queso cremoso; otra con el camote dulce y esponjoso junto al queso salado y aromático…
Aunque era una cantidad considerable que bien podría llenar un platón enorme, Ji-oh se lo acabó todo en un santiamén.
—…
Quedó maravillado ante el milagro que acababa de obrar su estómago. A este paso, aunque no llegara a ser el Arca de Noé, bien podría ser el Arca de Ji-oh.
—¿Habrá aumentado mi capacidad?
Es verdad que siempre había sido de buen comer, pero juraría que antes de entrar al cuadro no llegaba a semejantes extremos.
—…
Activación del pensamiento positivo supremo de Ji-oh.
«Mientras sea divertido, no importa.»
¡Ta-da~!
Su racionalización fue todo un éxito.
A pesar de haber comido semejante cantidad, no sentía pesadez alguna en el estómago. Para alguien como Ji-oh, un glotón y sibarita que encontraba el verdadero placer en la comida, esto era algo sumamente bienvenido.
—Hoy en día la gente echa fuego por la boca; comparado con eso, lo mío es de lo más refinado.
Al fin y al cabo, al vivir en este mundo, uno bien puede evolucionar, ¿no es así?
—Ahora me llevaré un bocadillo y saldré a tomar una siesta…
Ji-oh colocó en una cesta bien limpia unos frutos de Mangdung bien secos, hojas de té Baibamnil y un frasco de vidrio con agua tibia. Los frutos de Mangdung, de un tono dorado intenso, se habían reducido al tamaño de una pasa, convirtiéndose en un práctico aperitivo.
«Los que dejé secando afuera ya se endurecieron por completo. Muy pronto también podré preparar medicina con los frutos de Mangdung.»
Ji-oh se envolvió en una capa negra.
«También me gustaría hacerle una mejora a esto más adelante.»
La capa que había confeccionado apenas recobró el conocimiento dentro del lienzo todavía le resultaba bastante útil. La había hecho para evitar caer en la vista de alguna bestia peligrosa que pudiera andar cerca, y para protegerse de rasparse la piel con hierbas tóxicas o desgastar su ropa.
Para haber sido confeccionada remendando de forma torpe los trozos de tela que halló en la cabaña, no estaba nada mal.
«Es ligera, afelpada y ventilada.»
Aunque era de un cuerpo que no sufría mucho por el frío o el calor, echarse directamente en la tierra dura le lastimaba la espalda de forma inevitable. En tales situaciones, la capa se convertía en una colcha bastante decente. Tras acomodarse la vestimenta, Ji-oh se dirigió hacia el manantial.
Caminando a paso lento, no tardó en arribar al manantial, el cual permanecía tan hermoso y apacible como siempre, repleto al mismo tiempo de la rica diversidad de sonidos emitidos por toda clase de criaturas.
¿Eso qué significaba?
—…
A dormir.
—Excelente.
Le entró sueño.
Tras masticar un par de frutos secos de Mangdung de textura elástica, Ji-oh se quedó dormido ahí mismo sin haber probado ni un solo sorbo de té. La capa, lo suficientemente grande como para envolver todo su cuerpo, le sirvió de cobija tal como lo había previsto.
—…
Zzz… Zzz…
Pronto, sobre su cuerpo dormido, se posaron mariposas que parecían hechas de luz de sol.
—Pik.
—Prrr…
—Shww.
Había unas cinco o seis liebres de cuerpo redondeado. Un ciervo de patas largas. Gatos rechonchos parecidos a linces, y varios pájaros de distintos tamaños que trinaban suavemente.
Todos reunidos en un mismo sitio, sumidos en un profundo sueño.
—…
—…
Era la hora de una apacible siesta.
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