Cuando Jiang Chang entró a llamar a los dos hombres para salir a comer, vio a Tideng profundamente dormido, recostado en la silla, cubierto con la capa que Xie Jiulou llevaba el día anterior y con los pies abrigados firmemente en el pecho del otro. Ante esa escena, comentó:
—Ayer ni siquiera querían verse a la cara, ¿y hoy ya está durmiendo cubierto con su capa?
Xie Jiulou se limitó a sonreír con los labios apretados, revelando un hoyuelo en su mejilla derecha.
El ruido despertó a Tideng, quien abrió los ojos, adormilado. Xie Jiulou borró rápidamente su sonrisa y, con un rostro severo, ordenó:
—Sal a comer.
Tideng se tomó su tiempo para ponerse los zapatos. Al agachar la cabeza, el cabello que le caía sobre el cuello ocultó la mayor parte de su perfil. Con la luz del fuego ya menguando, sus ojos reflejaban cierto letargo.
Xie Jiulou se quedó de pie esperándolo un momento y, finalmente, se agachó para ayudarle a meter el bajo de los pantalones dentro de las botas. Con sus frentes casi tocándose, le preguntó en voz baja:
—¿Aún tienes sueño?
El sueño de Tideng siempre había sido inquieto; eso era algo que Xie Jiulou había aprendido muy bien durante los últimos trescientos años.
Soñaba a menudo y hablaba en sueños, pero eso era lo de menos. Cuando estaban en el Wujiechu, si Xie Jiulou no estaba a su lado, prefería quedarse sentado en la cama esperando en vela toda la noche antes que dormir.
Al principio, Xie Jiulou no lo sabía, hasta que una vez se pelearon. Quién sabe qué había hecho Tideng para volcar la vasija de celos en el corazón de Xie Jiulou, pero este se fue a buscar a Chu Kongyao y bebió media noche. Después de un par de copas, pensó en conformarse con pasar la noche afuera como de costumbre, pero esa noche algo hizo clic en su cabeza y decidió volver para ver cómo estaba Tideng.
No esperaba que, al acercarse sigilosamente a la puerta del Gran Salón, vería que aún había luz adentro. La lámpara no se había apagado.
Empujó la puerta para abrir una pequeña rendija y, al instante, su mirada se cruzó con la de Tideng. Ya era casi el amanecer. Tideng había permanecido sentado en la cabecera de la cama abrazando sus rodillas, sin apartar la mirada de la puerta principal, esperándolo toda la noche.
Aquella imagen… parecía un animalito frágil, recién recogido de la calle y llevado a casa. Al mirarlo, sus ojos brillaban como canicas de cristal; aunque por fuera parecía dócil, en el fondo, escondía una terquedad inefable.
Al principio, Xie Jiulou pensó que era solo una coincidencia. Tal vez Tideng solo lo había hecho esa vez, sintiéndose mal por haberlo hecho enojar y, por eso, lo había esperado. Así se convenció a sí mismo, pero a la noche siguiente, como movido por una fuerza extraña, retrasó su regreso hasta altas horas de la noche a propósito.
Al empujar la puerta, Tideng estaba allí, igual que la noche anterior, sentado en la cabecera con los ojos bien abiertos, esperándolo. Al verlo entrar, no dijo nada, no se enfadó; solo lo miró sin parpadear. Esa mirada hizo que el corazón de Xie Jiulou picara y temblara, despertando pensamientos ocultos que comenzaban a causar estragos en su interior.
Tideng no era de muchas palabras; siempre lograba someterlo con una sola mirada. Sin importar lo impulsivo o arrogante que fuera Xie Jiulou, bastaba con que Tideng fingiera ignorancia y lo mirara de esa manera para dejarlo completamente desarmado.
Como hacía un momento, cuando Tideng le prohibió acercarse al fuego, mirándolo fijamente sin decir una sola palabra. Xie Jiulou, sintiéndose agraviado pero a la vez dispuesto, simplemente obedeció.
A lo largo de los años siguientes, Xie Jiulou se acostumbró y lo aceptó como una regla no escrita: sin importar cuán grande fuera el enojo, jamás dejaría a Tideng solo durante la noche.
Si Tideng no dormía bien, se despertaba inquieto. Aunque solo permaneciera en silencio, abstraído en sus pensamientos durante medio día, Xie Jiulou siempre lograba captar en sus ojos una pizca de incomodidad.
Los ojos de Tideng hablaban por sí solos: el miedo, la alegría, la ira, la tristeza, todo estaba allí. Otros no podían leerlo y rumoreaban que era alguien que no mostraba sus emociones, un tigre sonriente, pero a Xie Jiulou a menudo le bastaba una sola mirada para saber exactamente qué sentía.
Él solo creía que era muy hábil para leerlo.
Terminó de arreglarle los pantalones y, tirando de la persona adormilada para que se levantara, lo persuadió con suavidad:
—No duermas más. El fuego da sueño. Salgamos primero.
La luz en la habitación exterior era más brillante. Al salir, la mirada de Tideng se aclaró considerablemente.
Jiang Chang trajo el pollo a la mesa y comenzó a servir en los tazones.
—Sírvanse ustedes el arroz, yo le llevaré un poco a mi hermana primero.
Tideng preguntó:
—¿Ella no va a comer a la mesa?
Jiang Chang curvó ligeramente la comisura de los labios.
—Ella… no ve a extraños.
Dicho esto, se dio la vuelta para irse con el tazón. Mirando su espalda, Tideng comentó:
—Su familia tiene reglas bastante estrictas.
Jiang Chang detuvo su andar por un instante, pero solo aceleró el paso hacia la habitación detrás de la cocina.
Xie Jiulou le sirvió arroz a Tideng y preguntó:
—¿Crees que hay algo raro con él?
—¿Por qué lo dices? —Tideng, sosteniendo su tazón, tomó un trozo de comida con sus palillos y se lo llevó a la boca—. Él es muy amable.
—Pero aun así, sospechas de él —Xie Jiulou le quitó la piel al pollo, puso la carne magra en el tazón de Tideng y se quedó con la piel—. Como dice el dicho: «El protocolo no desciende hasta la gente común». Siendo tan pobre, ya es extraño que reconozca el vidrio, pero encima dice que su hermana no sale de casa ni recibe a extraños, lo cual es una regla propia de la nobleza. Además, ayer descubriste que no crían otros animales y, casualmente, esa jaula de gallinas solo come mijo y las verduras que él mismo cultiva, nada más.
Tideng no le dio la razón de inmediato.
—Sí, ¿y qué pasa con eso?
Xie Jiulou continuó:
—Cuando nos rescató en la orilla, dijo que había ido a cortar hierba. Si no cría esos animales, ¿para qué cortaba hierba?
Tideng sonrió.
—Por eso mismo, no cortó nada.
—Exacto, no cortó nada y regresó con las manos vacías. Fue a la orilla exclusivamente a rescatarnos. —Xie Jiulou levantó la mirada—. ¿Cómo supo que estábamos en problemas allí?
Jiang Chang, con la comida en las manos, se detuvo frente a la puerta de la habitación detrás de la cocina.
—Nannan —llamó a la puerta—. Tu hermano ya entró.
No hubo sonido desde el interior.
Jiang Chang volvió a tocar.
—Nannan, ábrele la puerta a tu hermano.
Esperó afuera un largo rato. Justo cuando estaba a punto de tocar por tercera vez, la puerta de madera se abrió de repente, dejando apenas una rendija tan fina como el papel.
Invisible para el ojo humano, cuando sus nudillos estaban a punto de tocar la madera, una columna de humo negro se deslizó sigilosamente por la rendija.
El humo negro se movía como un pez nadando y se enroscó alrededor del abdomen de Jiang Chang. Tenía el grosor de una muñeca; era de un negro profundo en el centro que se difuminaba hasta volverse casi transparente en los bordes. En un abrir y cerrar de ojos, el anillo de humo que había rodeado su cintura y abdomen en silencio se apretó de golpe, atrapándolo como una soga de cáñamo. Antes de que Jiang Chang pudiera mirar hacia abajo, fue arrastrado violentamente hacia el interior de la habitación, seguido por el fuerte estruendo de la puerta al cerrarse de golpe.
Los dos hombres al otro lado de la pared solo escucharon un gemido ahogado de Jiang Chang, tomado por sorpresa, seguido por el fuerte golpe de la puerta. Se miraron al instante. Tideng dejó su tazón y palillos y gritó hacia la pared:
—¿Jiang Chang? ¡¿Qué pasó?!
Estaban a punto de irrumpir en la habitación al no obtener respuesta, cuando inesperadamente escucharon la voz de Jiang Chang a través de la pared:
—¡No… no es nada! ¡Sigan comiendo! ¡Estoy bien!
—¿De verdad estás bien?
—¡De verdad estoy bien!
Ambos, aún dudando, se sentaron de nuevo. Después de dar un par de bocados, Xie Jiulou, todavía intranquilo, dijo:
—Mejor voy a revisar.
Apenas dio un paso, Tideng lo detuvo del brazo.
—Escucha.
Xie Jiulou aguzó el oído y, para su sorpresa, escuchó débilmente la voz de Jiang Chang riendo y bromeando. Aunque el sonido era intermitente y no se entendía claramente, era evidente que la otra persona estaba relajada y de buen humor, como si el alarmante ruido de antes hubiera sido solo un simple tropezón al entrar.
Mientras Xie Jiulou dudaba, escuchó a Tideng preguntar:
—¿No notas algo extraño?
—¿Qué tiene de extraño?
Tideng respondió:
—Escucha con atención.
Xie Jiulou se concentró de nuevo y, con el ceño fruncido, dijo:
—¿Por qué solo se escucha su voz…?
Miró a Tideng y sugirió:
—¿Será que la voz de su hermana es muy suave? Al no salir mucho de su cuarto y ser tímida, podría ser posible.
Tideng sacudió la cabeza.
—Incluso si tu teoría es correcta, ¿qué hay de hace un momento?
—¿Hace un momento?
—Cuando Jiang Chang entró y se tropezó, hizo un ruido tremendo. Incluso nosotros dos, que apenas lo conocemos y estamos al otro lado de la pared, nos asustamos y le preguntamos si estaba bien; pero su hermana no hizo ni el más mínimo ruido.
Xie Jiulou tuvo una epifanía:
—¿Su hermana es muda?
Tideng: …
Por un instante, Tideng se quedó sin palabras.
Siguiendo la lógica de Xie Jiulou, todas esas inconsistencias… de repente tenían sentido.
—Pero sigo sintiendo que algo no cuadra. —Tideng reflexionó un momento y recordó la situación en la que conocieron a Jiang Chang—: ¿Recuerdas cómo llegamos aquí?
—¿No querías venir a la ciudad de Xuyu? —preguntó Xie Jiulou.
—Sí, quería venir a la ciudad de Xuyu, pero ¿cómo terminamos inconscientes en la orilla del río?
Xie Jiulou se quedó sin respuesta.
Trató de hacer memoria: había seguido a Tideng fuera del Yinsi; vio a Tideng encontrarse con los comehuesos en el barco y lanzarse al agua; poco después, Tideng salió a la superficie, pero justo cuando pensaba que todo estaba bien, Tideng se hundió repentinamente. Al ver que la situación era crítica, se lanzó al agua tras él y luego…
Xie Jiulou no podía recordar nada más.
Estaba a punto de preguntarle a Tideng cuando este se le adelantó:
—Mientras cruzaba el río, me tiré al agua por culpa de los comehuesos. Cuando por fin estaba a punto de llegar a la orilla, perdí las fuerzas de repente y me hundí.
—¿Y luego? —preguntó Xie Jiulou.
Con el rostro sombrío, Tideng respondió:
—Y, luego, vi a Jiang Chang.
—¿Por qué no pudimos llegar a la orilla en ese momento? Y si no pudimos llegar entonces, ¿cómo es que, estando inconscientes, terminamos en la orilla sin más? —Xie Jiulou volvió a sentarse, apoyó una mano en la mesa y frunció el ceño—. O el agua tenía algo raro…
—El agua no tenía nada raro —lo interrumpió Tideng—. Si lo tuviera, no habría podido salir la primera vez que me sumergí.
Con convicción, Xie Jiulou concluyó:
—Entonces nos pasó algo bajo el agua y, al despertar, lo olvidamos.
—Y, qué casualidad, fuimos rescatados por Jiang Chang.
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