Tras hacer las maletas, Qin Yiyu se disponía a partir solo hacia el lugar de grabación del concurso, pero al abrir la puerta, se topó de nuevo con su tonto vecino. Este se abalanzó hacia él y, bajando la voz como si fueran espías intercambiando claves en una cita secreta, le susurró:
—Guapo, esa banda ya pasó por aquí.
A Qin Yiyu le dio un ataque de actuación y, en un susurro apenas audible, preguntó: —¿Qué banda?
—¡Los que tiraron la pintura!
Qin Yiyu parpadeó y preguntó: —¿Cómo lo sabes?
—Lo vi con mis propios ojos—. El vecino ya tenía preparadas sus palabras: —Ayer por la tarde, frente a tu puerta se armó un escándalo horrible. Pegué la oreja a la puerta y, vaya, ¡eran dos bandas! Unos eran los sinvergüenzas que tiraron la pintura, y luego llegaron unos tipos grandotes. Al principio pensé que eran el mismo grupo, pero de repente se levantaron a golpes. Los grandotes eran una bestialidad; en un par de movimientos los dejaron a todos tiesos en el suelo. Luego alguien llamó a la policía y, según dicen, ¡se llevaron a las dos bandas a la comisaría!
¿En serio? Sonaba demasiado descabellado y Qin Yiyu no se lo terminaba de creer, hasta que el vecino sacó unas fotos que había tomado a escondidas.
—Mira, son estos. Mientras les daban su paliza, gritaban: “¡Si vuelven a buscarnos, los matamos a palos!” Eran unos salvajes.
En las fotos, los tipos aparentaban tener al menos cuarenta años; parecían esos viejos lobos de los callejones, pero no reconocía a ninguno.
—¿Tú no serás… del bajo mundo?— preguntó el vecino con nerviosismo.
—Sí—. Qin Yiyu puso una expresión completamente seria. —De la mafia de las alcantarillas.
—¿?
Amplió la foto y descubrió que dos de ellos llevaban el mismo pantalón con un logo en la costura lateral que con tres letras: QMC, y en la pernera, un estampado de un conejito. Al compararlo con esos hombres gigantes, el conejito resultaba ridículamente tierno.
¿De dónde viene esta buena banda que hasta se mandaba a hacer uniformes a medida? ¿Y encima tenían mascota?
Qin Yiyu no lograba entenderlo y le daba pereza darle vueltas, así que lo tomó como un regalo del cielo que por fin compensaba su mala racha. Juntó las palmas de las manos, las agitó tres veces hacia el cielo en señal de agradecimiento y, acto seguido, se dispuso a escabullirse.
El vecino notó su mochila. —Oye, ¿te vas de viaje?
Qin Yiyu le hizo un gesto con la mano sin girarse: —Así es, amigo mío, me voy al inframundo a despejarme.
—¿?
El vecino soltó un grito y corrió a asomarse por la baranda, pero Qin Yiyu simplemente había saltado al piso de abajo y se alejaba tarareando una melodía.
—Qué susto…
El lugar de grabación estaba en las afueras. Qin Yiyu tomó el autobús, rebotando en el asiento con cada bache y durmiendo todo el trayecto, hasta que el conductor lo sacudió para avisarle que habían llegado al terminal. Bajó del vehículo aturdido, con su bolso en la mano, y se quedó solo al borde de la carretera, espabilando entre el polvo que levantaba el viento.
Cuando ya estuvo lo suficientemente despierto, empezó a buscar el recinto del concurso, pero dio varias vueltas siguiendo el GPS sin lograr encontrarlo.
—Me rindo, ¿cómo se les ocurrió elegir un páramo donde no cagan ni los pájaros? ¿Quieren montar una estafa piramidal?— Tras maldecir, se dejó caer en el borde de la carretera, apoyó la cara entre las manos y volvió a tener sueño.
Por casualidades de la vida, en ese instante se escuchó el rugido ensordecedor de un motor, como si hubiera salido de un sueño. Qin Yiyu alzó la cabeza, aturdido, y vio una moto completamente negra que, envuelta en viento y polvo, se detuvo frente a él, haciéndolo toser.
El conductor también iba vestido de negro de pies a cabeza y llevaba un casco del mismo color. Ladeó la cabeza hacia él con una ternura extraña y casi antinatural.
Hacía mucho que no lo veía; la última vez había sido en el ensayo, pensó Qin Yiyu.
—Qué casualidad, ¿esperando el autobús?— Nan Yi levantó la visera y lo miró.
—¿Qué auto puedo esperar en este páramo de mierda? ¿El autobús de las almas?
Nan Yi dejó asomar un destello de diversión en sus ojos, bajó la cabeza para mirar la hora y dijo: —Es mediodía, el sol está en su apogeo, el auto que esperas probablemente no venga.
Dicho esto, volvió a sujetar el manillar, le hizo un gesto con la barbilla a Qin Yiyu y le dijo: —Súbete.
Qin Yiyu se echó a reír. Este chico, que por lo general parecía tan frío y distante, del tipo genial e inalcanzable, resultaba que también sabía hacer bromas.
—¿De verdad viniste en moto? ¿No te molesta el trajín?
El viento soplaba con demasiada fuerza, así que, para que Nan Yi pudiera escucharlo, Qin Yiyu se acercó un poco más, pegándose al costado de su casco.
Nan Yi se apartó de forma instintiva. —A veces es útil.
Pensó que seguiría preguntando, pero pasó un buen rato y no solo hubo silencio. Unos minutos después, sintió el calor y el peso de Qin Yiyu. Su pecho cálido se apoyó por completo contra su espalda.
La complexión de Qin Yiyu ya era de por sí un poco más grande, y el asiento trasero era alto, por lo que con esa postura reclinada, casi parecía que lo estuviera envolviendo por completo.
Su cabeza se bamboleó un poco y finalmente, cayó sobre el hombro de Nan Yi, como una hoja seca que, tras vagar demasiado tiempo a merced del viento, por fin toca tierra.
Se había quedado dormido al instante.
Cuando llegaron, Qin Yiyu aún no había despertado. Nan Yi no lo sacudió para despertarlo sino que se quedó a horcajadas sobre la moto, con ambos pies en el suelo, sosteniéndolo con la espalda.
Les envió un mensaje a Chi Zhiyang y Yan Ji, que ya habían llegado, y luego, con mucho cuidado, sujetó la cabeza de Qin Yiyu con una mano y se quitó el casco con la otra.
Su campo de visión se aclaró de golpe. Unos cuantos edificios cubiertos por muros cortina de vidrio plateado se erguían de manera abrupta en medio de este suburbio. Antes eran las oficinas de algún parque industrial, pero ahora la producción los tenía alquilados.
Mientras tanto, más vehículos fueron estacionándose uno tras otro en el recinto; las otras bandas también habían llegado. Todos los que bajaban de sus autos no podían evitar lanzarles miradas de reojo, sobre todo porque la moto ya de por sí llamaba la atención, y encima llevaba a un tipo tan raro que era capaz de dormir profundamente en esas condiciones.
Sin embargo, el propio Nan Yi no parecía percatarse de que, para alguien como él, permitir que otro se recostara a dormir sobre su espalda era un comportamiento francamente insólito.
¿Aún no despierta?
Giró la cabeza para echarle un vistazo a Qin Yiyu y se dio cuenta de que la calidad de su sueño parecía ser aún más absurda que en la secundaria.
Lo extraño era que, de repente, realmente logró rememorar su adolescencia. Esos recuerdos estaban tan bien guardados y habían permanecido tanto tiempo en su mente que, como si fueran una película en su cabeza; podía adelantar o retroceder la barra de progreso en cualquier momento, detenerse donde quisiera, con una claridad absoluta.
Al recordar ciertos fragmentos, se le ocurrió un método algo infantil para despertarlo.
Se acercó al oído de Qin Yiyu y, con un tono completamente desprovisto de emoción, susurró: —Ah, una araña.
Como era de esperar, Qin Yiyu saltó de su hombro, erizándose por completo. Aunque seguía aturdido, sus manos ya habían comenzado a sacudirse el cuerpo por puro reflejo muscular. —¡Una araña! ¿¡Dónde hay una araña?!
Bajó de la moto y, sin inmutarse, dijo: —Se escapó, no pude atraparla.
—Mierda… me asustaste hasta despertarme—. Aunque todavía llevaba el casco puesto, se notaba a leguas que Qin Yiyu había perdido el alma por un momento.
Nan Yi contuvo la risa.
Tras el susto, Qin Yiyu se quedó sin energías y bajó de la moto siguiendo los pasos de Nan Yi como una sombra. Seguía mirando a todos lados con recelo, pero al fijarse en la mano de Nan Yi, su atención fue capturada por el llavero que colgaba allí.
—¿Qué es esto? ¿Un conejo?— Señaló el dije que colgaba de las llaves.
Nan Yi lo levantó. —Sí, ¿por qué?
Ese conejo era exactamente igual al que llevaban estampado en los pantalones aquellos tipos, y en la esquina inferior derecha también tenía tres letras: QMC.
—Nada, es que me gustan mucho los conejos. Vamos, subamos.
Uno pensaba: ¿Desde cuándo te gustan los conejos?, y el otro pensaba: Así que eras tú. Cada uno guardaba sus propios motivos ocultos, pero ninguno se atrevía a romper el silencio.
Caminando detrás de él, Qin Yiyu de repente soltó una risa.
Muchas personas en este mundo resultan fascinantes a primera vista, pero se vuelven insípidas una vez que se les conoce bien. Nan Yi, sin embargo, parecía ser la excepción. Aquel primer cruce de miradas fue solo una rebanada deslumbrante, pero al mirar de cerca, descubrías que aquello no era más que la punta del iceberg.
Ocultaba demasiados secretos, como una niebla etérea que avivaba la curiosidad y hacía imposible resistirse a acercarse.
Quizás llevaba demasiado tiempo sin encontrar nada de gracia en su fangosa vida, que en ese momento, Qin Yiyu hasta le estaba agradecido a ese maldito concurso por permitirle adentrarse en esa niebla.
Antes de entrar al ascensor, notó que Nan Yi mantenía el dedo presionando el botón de abrir la puerta. No lo soltó hasta que él lo alcanzó, y entonces se llevó la mano de vuelta al bolsillo.
En el fugaz instante en que sus miradas se cruzaron, el pensamiento de Qin Yiyu dio un giro.
Quizás era esa niebla la que se había acercado a él por iniciativa propia.
En el ascensor se reproducía el video promocional de Crazy Band, justo en la parte de la presentación del lugar: el campamento estaba dividido en dos zonas. El edificio alto se destinaba a la vida diaria y los ensayos de los participantes, mientras que las dos filas de edificios más bajos eran los livehouses que la producción había remodelado invirtiendo una fortuna.
Qin Yiyu lo miraba fijamente, pensando que la información de Zhou Huai era bastante precisa. Efectivamente, desde las audiciones preliminares hasta el concurso oficial, todo se llevaba a cabo en formato de livehouse.
Más vale que sea así. No vaya a ser que cuando lo transmitan le vuelvan a editar la voz en postproducción, porque eso sería una verdadera mierda.
Antes de venir, todos los músicos habían firmado el contrato electrónico en línea, y al llegar completaron la versión en papel. Siguiendo las indicaciones, los llevaron a completar sus datos personales.
Nan Yi acababa de anotar su fecha de nacimiento cuando, de pronto, sintió una ráfaga de calor en el costado de la cara. Al girarse, la punta de su nariz rozó por poco la mejilla de Qin Yiyu.
—¿Qué miras?— No estaba acostumbrado a que la gente se le acercara tanto, así que usó el extremo del bolígrafo para apartar la barbilla de Qin Yiyu. —¿Ya terminaste?
—Mm—. Qin Yiyu asintió, con la barbilla aún apoyada en el extremo del bolígrafo. —Estoy aburrido, solo estoy mirando.
—Eres muy rápido—. Nan Yi retiró el bolígrafo y siguió escribiendo.
Qin Yiyu chasqueó la lengua. —A un hombre no se le dice que es rápido.
—Ah—. Nan Yi corrigió sin emoción: —Eres muy veloz.
Una vez completados los trámites, cada banda clasificada recibió el depósito por la tarifa de grabación: cien mil yuanes. Ese era, precisamente, el motivo principal por el que muchas bandas participaban.
Participar por dinero no tiene nada que ver con el rock; era como ser un perro del capitalismo. Pero actualizar el equipo costaba dinero, comprar instrumentos costaba dinero, renovar el alquiler del local de ensayo costaba dinero, y alquilar un estudio de grabación también costaba dinero.
Muchas de estas bandas lucían impecables por fuera, pero en realidad estaban esperando el dinero del concurso para pagar la grabación de su nuevo álbum. Algunas incluso estaban al borde de la disolución, sin poder seguir adelante, y al final de todo querían intentarlo una última vez, para ver si realmente podían hacerlo y por cuánto tiempo más aguantarían.
Qin Yiyu era la excepción. En cuanto confirmó el mensaje de depósito, transfirió el dinero de inmediato. El dinero que le correspondía estuvo en su cuenta un total de cinco minutos. Pero, en lugar de preocuparse, se sintió aliviado, como si ya hubiera cumplido su misión.
—La grabación de la etapa preliminar está a punto de comenzar; por favor, que todas las bandas se preparen…
La producción había asignado una sala de preparación a cada equipo para la grabación de material promocional. Los maquilladores de algunas de las bandas más populares habían llegado temprano a sus salas para hacerles el estilismo.
Sin embargo, la sala con la etiqueta de [Sternstunde] estaba completamente vacía, porque los cuatro estaban agachados en el hueco de la escalera picando algo.
—¿De dónde sacaron las papas fritas?— Qin Yiyu comía papas mientras rebuscaba en la bolsa. —¡Oh! ¡Y hasta hay pastelitos!
—Yo los traje—. Yan Ji sacó los pastelitos, los abrió y le dio uno a cada uno. —Anoche me preocupaba que hoy no tuviéramos tiempo de comer, y si nadie pedía comida para el equipo, sería un problema mayor.
Al escuchar eso, Chi Zhiyang se alarmó: —¡No puede ser! ¿Ni siquiera dan cajas de almuerzo?
—No. Hay letreros que indican dónde está la cafetería; los vi.
Nan Yi se terminó una caja entera de leche, la lanzó desde lejos y atinó a meterla perfectamente en el bote de basura de la esquina.
—Menos mal, porque cuando tengo hambre no me dan ganas de tocar la batería.
—No te preocupes, cuando tengas hambre, tu estómago tocará la batería por si solo.1
—¡Largo, largo, largo!
El equipo de cámara los buscaba por todos lados sin encontrar a nadie, hasta que vio a los cuatro empujar la puerta del hueco de la escalera y salir impecables.
Al ver a los cuatro tipos con estilo, el asistente dio por sentado que habían ido a fumar, así que se acercó a olerlos a escondidas. ¿Por qué olían a pastel?
Sin mánager, y mucho menos un equipo de estilistas, hicieron su entrada completamente al natural; no podían estar más despojados de maquillaje y arreglos.
Incluso el director de cámara no pudo evitar soltar: —Menos mal la naturaleza los favoreció con buena presencia.
No solo iban sin arreglos, sino que tampoco estaban familiarizados con las cámaras, y el único que conocía el medio, Qin Yiyu, no hacía más que cabecear de sueño. Una simple toma de entrada les costó varias tomas fallidas2, y la grabación fue un verdadero desastre.
Los cuatro se sentaron en la cabina de entrevistas posteriores para grabar sus presentaciones siguiendo el protocolo, pero para sorpresa del director, ni siquiera habían ensayado cómo saludar.
Qin Yiyu y Yan Ji saludaron inconscientemente con la mano diciendo “hola a todos”, mientras que Chi Zhiyang soltó un “hola”. Pero el más gracioso fue Nan Yi, que ni siquiera abrió la boca, como si dar la bienvenida no entrara dentro de sus obligaciones contractuales.
Qin Yiyu, con una sonrisa de oreja a oreja, se disculpó: —Perdón, es que no nos conocemos bien.
En ese momento, los otros tres asintieron al unísono.
Ya habían grabado a la mayoría de las 20 bandas, pero esta era la primera que mostraba tan poca química. La producción no tuvo más remedio que hacerlos ensayar sobre la marcha y, entre gritos y alboroto, al final lograron salir.
—Siento que serán eliminados en la primera ronda—, murmuró el asistente de cámara, quejándose en voz baja.
El camarógrafo soltó una risa burlona. —¿Eliminados en la primera ronda? ¿No reconoces al de la camiseta azul?
—¿El del pelo un poco rizado?— El asistente negó con la cabeza. —Definitivamente es guapo, pero no escucho mucho rock…
—Búscalo en internet.
Tras decir esto, el camarógrafo no pudo evitar lanzar una mirada furtiva hacia Nan Yi, que estaba sentado a la extrema derecha. Con el rostro impasible, jugueteaba con aburrimiento en la placa de [Sternstunde] que sostenía en la mano, y de vez en cuando se ajustaba con un dedo las gafas de media montura que descansaban sobre el puente de su nariz. A pesar de no pronunciar una sola palabra, era imposible no seguirlo con la vista.
Con un tipo así en el equipo, era impensable que se fueran en la primera ronda.
La grabación ya había comenzado, pero las reglas no se habían anunciado con anticipación. Mientras les colocaban los micrófonos, el personal les prendió a cada uno una placa electrónica donde se leía el nombre de la banda y el nombre propio.
Siguiendo las indicaciones, llegaron a una habitación al final del pasillo. La paleta de colores del lugar también era un magenta vibrante y llamativo, igual que las luces que contaban los votos durante las audiciones; probablemente, el color temático del concurso.
Nada más entrar, Yan Ji se fijó en una de las paredes. —Parece que ahí han pegado un montón de fotos.
Qin Yiyu observó a su alrededor y descubrió que, en una esquina, había otra pequeña sala del mismo color. —Este cubículo es bastante curioso, parece una cabina telefónica.
Justo en ese instante, se escuchó una voz en off. “¡Bienvenidos a Crazy Band! A continuación, se enfrentarán a la primera pequeña prueba de Fengyue. Por favor, entren uno por uno a la sala secreta para completar su tarea.”
Al ver que habían dispuesto este tipo de salas secretas, Nan Yi ya había adivinado cuál era el propósito, así que al entrar no se llevó ninguna sorpresa. Se trataba de votar.
En la pequeña habitación solo había una pantalla gigantesca que mostraba el sistema de votación.
Siguiendo las instrucciones, se colocó los auriculares y escuchó las reglas. “Aquí están todos los músicos participantes. Cada uno dispone de un valioso voto para otorgárselo a su músico favorito”.
“Tengan en cuenta que el voto está limitado exclusivamente a los miembros de otros equipos”.
Nan Yi ya había seleccionado el nombre de Qin Yiyu, pero al escuchar esa frase, detuvo la mano en el aire y la retiró.
Efectivamente, no podía votar. Las opciones de los miembros de su propio equipo estaban en gris.
Se quedó parado en su sitio un momento, y ni siquiera alcanzó a revisar la lista completa antes de que el contador regresivo llegara a cero. Su voto se perdió así.
Al salir, Chi Zhiyang tenía mucha curiosidad por saber a quién había votado, así que se le pegó y le preguntó una y otra vez, hasta que la voz en off de la producción lanzó una advertencia amistosa: “Por favor, no hagan spoilers antes de tiempo”.
Chi Zhiyang se sobresaltó. —¡Mierda, me puede ver!
Yan Ji se echó a reír. —Sí, sí, nosotros también podemos verlo.
Qin Yiyu también sentía curiosidad por saber a quién habría votado Nan Yi. Entre las 20 bandas y el centenar de músicos, seguro que había varios que le parecían talentosos. ¿A quién habría elegido?
Al notar su mirada, Nan Yi le devolvió el vistazo. Arqueó levemente la ceja en la que llevaba el piercing y preguntó en voz baja: —¿Qué miras?
Qin Yiyu se echó a reír. —¿Ni siquiera puedo echar un vistazo? ¿Tu cara es secreto de Estado?— Dicho esto, se acercó de golpe, clavó la mirada en los ojos de Nan Yi y parpadeó. —¿O acaso necesito escanear tu iris?
En ese instante de mirada a quemarropa, fue como si algo rozara un límite invisible. Incluso a través de los lentes, Nan Yi seguía sin acostumbrarse y desvió la vista con incomodidad.
—Ah, escaneo fallido—. Qin Yiyu frunció el ceño.
—Si falló, apártate—. Chi Zhiyang se coló entre los dos.
—Oigan—. Yan Ji señaló hacia adelante. —La pantalla grande se encendió.
En la pantalla, el logo de Crazy Band destelló un instante, dando paso a unas notas musicales de color magenta que rebotaban al ritmo de una nueva voz en off.
“A continuación, revelaremos los resultados de la votación. ¡Veamos quién es el rey de la popularidad interna!”
Pensaban que el proceso de votación sería lento, pero resultó que se ejecutó en paralelo en todas las salas. Los resultados se publicaron mucho antes de lo que esperaban.
Sin previo aviso, los votos de todos los músicos se revelaron al mismo tiempo en orden descendente, generando un impacto visual abrumador.
Lo primero que vio Nan Yi fue su propio nombre: tres votos, en los últimos lugares. Chi Zhiyang y Yan Ji no iban muy lejos, con un voto cada uno. Era exactamente lo que esperaban; después de todo, eran novatos y nadie los conocía.
Recorrió la lista de arriba hacia abajo hasta encontrar el nombre de Qin Yiyu. Sorprendentemente, solo había alcanzado el cuarto lugar.
Al propio Qin Yiyu parecía no importarle en lo más mínimo el resultado. Nan Yi giró la cabeza y lo descubrió agachado en el suelo, con la cara entre las manos y la cabeza gacha, cabeceando de sueño.
A pesar de que le encantaba pelearse con Qin Yiyu, Chi Zhiyang también se mostró sorprendido por el número de votos y lo dijo sin rodeos: —¿Solo el cuarto? Yo pensé que sería…
Yan Ji reaccionó rápido y lo interrumpió en voz alta: —Este amigo se quedó dormido—. Sonrió y señaló a Qin Yiyu.
La atención de Chi Zhiyang se desvió. —¿De verdad no te importa? ¿Cómo puedes dormirte en cualquier lado?
—Hacen mucho ruido…
—Estamos grabando el programa, Yiyu.
Nan Yi no pronunció una sola palabra en todo el momento.
Podía intuir perfectamente lo que estaba pasando. Para el concurso en su conjunto, Qin Yiyu era sin duda el pez gato arrojado al banco de sardinas3; su presencia inevitablemente generaba un sentimiento de amenaza en los demás, y donde hay amenaza, hay defensa.
Algo estaba completamente claro: sin importar en qué lugar quedara Qin Yiyu, se convertiría en el primer tema de discusión masiva tras la transmisión del programa, y sin duda lo usarían como cebo para generar hype.
—Las placas se apagaron—. Yan Ji habló de repente.
Las placas electrónicas de los cuatro parpadearon, se apagaron y volvieron a encenderse. Solo que esta vez, detrás de los nombres apareció un número de ranking:
[Qin Yiyu N.º 4]
[Nan Yi N.º 72]
[Yan Ji N.º 80]
[Chi Zhiyang N.º 80]
La voz en off resonó de nuevo: “Seguramente todos ya han conocido su ranking de popularidad interna. A continuación, revelaremos…”
En la pantalla gigante apareció una nueva lista de posiciones, solo que esta vez ya no eran individuos, sino el ranking por bandas.
“El puntaje de cada banda es la suma total de los votos obtenidos por sus miembros.”
Qin Yiyu seguía con la cabeza gacha, pero abrió los ojos.
Debido a que los otros tres miembros, casi unos desconocidos, obtuvieron una cantidad de votos demasiado baja, Sternstunde terminó en el puesto 17 de las 20 bandas. Sin embargo, este número no se mostró en las placas.
—Esto no es más que una pequeña votación interna—, dijo Yan Ji, intentando suavizar el ambiente y animar a los demás.
Nan Yi, sin embargo, sentía que no era tan simple. Si solo fuera un truco antes de salir a escena para generar polémica, sin duda habrían puesto más énfasis en filmar el proceso de votación, pero la realidad era muy distinta. Durante la votación, prestó especial atención al hecho de que en la sala secreta solo había una cámara, apuntando a la pantalla de votación y no a los rostros. El foco estaba puesto completamente en los números.
Y más aún, habían implementado un sistema de doble ranking, tanto individual como grupal. Ese orden forzosamente determinaba algo.
—¿No será que saldremos a tocar justo en ese orden? —supuso Chi Zhiyang.
Yan Ji respondió: —No importa, de todos modos vamos a tocar en el livehouse; lo más importante sigue siendo el voto en vivo. Esto seguro es solo el aperitivo.
“No es así.” Esta vez, la voz en off habló directamente con ellos.
“El resultado de esta votación interna y anónima es de vital importancia.”
“El ranking de los equipos determinará directamente quiénes serán sus rivales en la primera ronda de la primera etapa.”
Nan Yi lo comprendió al instante. —Así que nos van a dividir en grupos.
Apenas cesó la voz, las luces de la habitación se apagaron de golpe. En la oscuridad, una nota musical plateada y gigantesca apareció en el suelo, brillando y flotando levemente, deslizándose hacia adelante como un pez de plata hasta salir de la habitación.
“Por favor, sigan la nota musical para salir de la sala de votación y dirigirse al nuevo lugar.”
Finalmente, los cuatro llegaron frente a una puerta y la nota guía se desvaneció. Justo encima del portón, un letrero luminoso se encendió mostrando la letra C.
“Músicos, bienvenidos a la sala de ensayos de Fengyue. Este será el punto de partida de su viaje en el rock.”
La gran puerta se abrió lentamente.
“Que se diviertan.”
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