“La segunda banda del grupo C: Sternstunde, se ha presentado.”
Tan pronto como entraron, Qin Yiyu no pudo evitar sonreírle a Nan Yi: —Realmente tus palabras son la ley.1
Al darse cuenta de que se refería a su corazonada sobre la división en grupos, Nan Yi respondió despreocupadamente: —Solo fue una suposición.
Efectivamente, era una sala de ensayo, y una bastante espaciosa. La distribución recordaba a un anfiteatro. Al frente, había un escenario de ensayo completamente equipado, y detrás, asientos escalonados. Justo detrás de la última fila se encontraba la consola de mezclas. Todo el equipo de sonido era de nivel millonario; sin duda, la producción no había escatimado en gastos.
Antes de que ellos llegaran, ya había una banda tomando asiento: tres chicos vestidos completamente de negro. Llevaban máscaras de colmillos que les cubrían la mitad inferior del rostro, adornos de plata y, en el lado derecho de las camisas, bordados con patrones étnicos.
La costumbre profesional llevó a Yan Ji a esbozar una sonrisa, saludar con la mano a los recién llegados y decir primero: —Hola.
—Su ropa es increíble, dan la sensación de que podrían lanzarte un hechizo—, susurró Chi Zhiyang en un volumen casi inaudible.
Nan Yi le echó un vistazo a los tres y luego volvió a fijar la mirada en el rostro de Qin Yiyu. Como era de esperar, el sueño que pesaba sobre sus facciones se había disipado en gran medida. Parecía un niño aburrido que por fin había descubierto un juguete interesante, y se dirigió directamente hacia ellos a grandes zancadas.
Apenas tuvo tiempo de saludarlos cuando los tres se pusieron de pie de golpe, clavando sus miradas en Qin Yiyu. Medían alrededor de un metro ochenta y, sumado a su vestimenta y las máscaras, emanaban una presencia abrumadora.
Inexplicablemente, el ambiente se tornó tenso, como si las espadas estuvieran desenvainadas y las ballestas tensas, listas para disparar. Qin Yiyu, sin embargo, no detuvo el paso y se acercó directamente a ellos. Como era más alto que los tres, tuvo que inclinar levemente la cabeza para observar sus máscaras.
Pasaron dos segundos y, de repente, soltó una carcajada. —Ustedes tres son de etnias diferentes, ¿no?
Los tres se quedaron visiblemente atónitos. Se miraron entre sí en silencio, y luego volvieron a clavar la vista en Qin Yiyu. Justo en ese instante, abrieron la boca al mismo tiempo, atropellando sus palabras. —Es que… /—Tú… /—Nosotros…
Chi Zhiyang se echó a reír: —Vaya, tienen incluso menos química que nosotros.
El ambiente se tornó un poco incómodo, pero de pronto, el más cercano, el que llevaba una coleta alta, se inclinó en una reverencia profunda y brusca hacia Qin Yiyu. —¡Soy muy fan suyo!
Lástima que su larga coleta le propinó un latigazo en toda la cara a Qin Yiyu.
El golpe lo dejó aturdido, y cuando el chico intentó levantarse bruscamente, Qin Yiyu retrocedió medio paso a toda prisa para esquivar el segundo ataque.
Qin Yiyu se cubrió media cara con la mano y, con expresión de alerta, soltó una sarta de tonterías: —Gracias, que me admiren es normal, pero lo que no es normal es que me den una bofetada con el pelo.
La sala de ensayo, hasta entonces silenciosa, estalló en carcajadas.
—¿Así que ustedes son de los que tienen fobia social? Porque se ven bastante imponentes—. Tras terminar las presentaciones y sentarse, Chi Zhiyang se recostó de lado para mirarlos. Mientras hablaba, sacó de su bolsillo una pequeña lata de metal llena de pastillas de menta. —¿Quieren caramelos?
Los tres negaron con la mano repetidamente.
—Ay, no sean tímidos—. Chi Zhiyang de todos modos sirvió cuatro caramelos, le metió uno en la mano a cada uno y se echó el último a la boca. —Aún no se han presentado.
—¿No tienen las placas puestas? Banda Serpiente Rota—. Qin Yiyu los señaló de izquierda a derecha. Primero, el del corte militar. —A Man.
Luego, el del pelo corto y rubio. —Xiao Liu.
Y, por último, el de la coleta alta. —Shama Chi’er.
No mencionó los puestos siguientes. Los tres tenían un ranking bastante similar y, si se calculaban los votos según sus posiciones individuales, el ranking de su banda no difería mucho del de ellos.
Tan pronto terminó de leer, Shama Chi’er cerró el puño de golpe. Qin Yiyu, creyendo que le iban a pegar otra vez, echó el torso hacia atrás al instante, pero Xiao Liu le agarró la muñeca a Shama Chi’er y se la bajó a la fuerza.
—Perdón, es que se emocionó un poco al escuchar a su ídolo decir su nombre.
Chi Zhiyang se moría de risa, y Qin Yiyu soltó un par de risitas secas antes de girar la cabeza para mirar a Nan Yi. Su rostro seguía inexpresivo, observando con absoluta indiferencia la pantalla frente al escenario de la sala de ensayo, que aún no se había encendido.
Si los dos eran fans, ¿por qué este se mantenía tan impasible?
Justo cuando estaba pensando en ello, la puerta de la sala de ensayo se abrió una vez más. Esta vez entraron tres bandas seguidas, mientras la voz en off anunciaba sus nombres: Blue Pill, Half Dream y Madera inextinguible.2
“El grupo C está completo.”
Nan Yi miró hacia allá y reconoció a algunos. Tiempo atrás, para mejorar su propia presencia escénica, había pasado mucho tiempo yendo a los livehouses a ver a diversas bandas, observando los estilos de interpretación de diferentes músicos. En ese proceso, también conoció a muchas bandas pequeñas que, aunque no eran muy famosas, daban actuaciones en vivo increíbles.
Pasando por encima de Qin Yiyu, Chi Zhiyang se acercó a Nan Yi y susurró: —¿Madera inextinguible no fue el acto de apertura de ese concierto compartido a finales de junio?
Nan Yi asintió. Él y Chi Zhiyang habían ido a verlo juntos en ese entonces. —Sí. Su actuación en vivo es bastante buena.
—Su bajista me resulta familiar, ¿no habrá participado en algún concurso?— Yan Ji hacía un esfuerzo por recordar. —Creo que lo vi en mi feed, pero recuerdo que era un músico independiente.
Xiao Liu, el bajista de Serpiente Rota, que estaba muy cerca, también se unió a la charla: —¿Te refieres al tipo alto de la camisa morada? Se llama Uka, fue el campeón de la categoría de bajos en el Concurso Ling Sheng el año pasado, y apenas este año se unió a Madera inextinguible. Dicen que el guitarrista, Cheng Cheng, lo reclutó personalmente. Es muy bueno; seguro que en su grupo Uka es el que más votos tiene.
Nan Yi miró fijamente a Uka, pensando que los bajistas de alto nivel siempre habían sido un recurso escaso. Antes había suplido a tantas bandas grandes de forma temporal, que seguro había muchas que querían reclutarlo. Unirse de repente a una banda no tan famosa necesariamente obedecía a otras razones.
Entró un gentío y la sala de ensayo se llenó de ruido y movimiento al instante.
Mientras ellos observaban a los recién llegados, estos también los miraban a ellos. La única diferencia era que el objetivo de esas tres bandas era muy fijo: todas tenían la vista clavada en la misma persona.
—Mierda, ¿ese no es… ya saben quién?
—¿Y resulta que está en nuestro grupo?!
—No me jodas.
A Qin Yiyu le volvió a doler la cabeza, como si le dieran vueltas un montón de mosquitos en el cerebro. A su lado, Nan Yi murmuró de repente: —Nos dividieron en cuatro grupos.
Iba a preguntarle de qué hablaba, cuando de pronto alguien se acercó directamente, y su sombra cayó sobre él y sobre Nan Yi.
Una mano se extendió frente a su cara.
Qin Yiyu levantó la vista y una cara desconocida irrumpió en su campo visual: pelo rojo, barbilla afilada y un par de ojos redondos y negros como el azabache.
—¡Qué casualidad, por fin vuelvo a verte! ¡Pensé que jamás volverías a aparecer!— En cuanto abrió la boca, una ola de entusiasmo se desbordó, como si fueran viejos amigos, pero Qin Yiyu estaba completamente desconcertado.
No recordaba a este tipo, así que miró fijamente la placa, entrecerrando los ojos para leerla por un buen rato.
[Madera Inextinguible, Cheng Cheng] N.º 45
No le sonaba de nada.
Qin Yiyu le devolvió el apretón de manos. La confusión en su rostro era absoluta, pero al levantar la vista, forzó una sonrisa. —Hola.
El otro se quedó atónito por un segundo; su semblante cambió, mostrándose incrédulo. —¿No te acuerdas de mí?
Nan Yi también alzó la cabeza, barrió con la mirada los rostros de ambos, se recostó contra el respaldo de su asiento y los observó con interés.
La verdad era que a Qin Yiyu no le gustaba darle la mano a la gente, así que aprovechó para soltarse y llevarse la mano al pelo. Volvió a sonreír y se disculpó sin el más mínimo rastro de arrepentimiento: —Perdón, es que tengo el cerebro un poco frito y la memoria me falla bastante. ¿Nos habíamos… cruzado antes?
La expresión de Cheng Cheng se tornó visiblemente desagradable.
Parece que tenía serios problemas para ocultar sus emociones, pensó Nan Yi, mientras le echaba un vistazo al compañero al lado de Cheng Cheng: camisa morada y cabello corto negro con el flequillo texturizado hacia adelante; era el campeón de la categoría de bajos de la que acababan de hablar.
[Madera Inextinguible, Uka] N.º 20
Uka captó esa mirada ligeramente afilada y también notó que el ambiente estaba tenso, así que le tiró de la manga a Cheng Cheng y le susurró: —Siéntate primero, nos están grabando.
Cheng Cheng soltó una risa de la ira, que sonaba más a burla hacia sí mismo o a la frustración de no haber sido recordado. Se zafó del agarre de Uka y, mirando a Qin Yiyu, le dijo palabra por palabra: —Sí, no solo nos hemos cruzado, también tocamos juntos. Hace cuatro años, en Guangzhou.
Yan Ji, que estaba al lado, arqueó una ceja, pensando que vaya, así que había historia entre ellos. Pero tampoco había necesidad de ponerse así de amargado, ¿no?
Chi Zhiyang, por su parte, estaba disfrutando del chisme a lo grande. Le dio unas palmaditas en el brazo a Yan Ji, se le acercó al oído y le susurró: —¿Trajiste semillas de girasol?
Yan Ji negó con la cabeza.
—La próxima trae un poco.
Nan Yi ya se imaginaba lo que iba a pasar después, conocía demasiado bien a Qin Yiyu. La filosofía de vida de este chico se basaba puramente en la rebeldía, y lo que más detestaba era que lo presionaran. Cuanto más quisieran exigirle una explicación o un resultado, menos se lo iba a dar. Y además, lo más probable era que realmente no se acordara.
Como era de esperar, Qin Yiyu ni siquiera se molestó en fingir. Asintió: —Ah, ya veo… No me acuerdo—, repitió con una sonrisa.
El rostro de Cheng Cheng se oscureció por completo.
Nan Yi bajó la mirada y le vio la mano cerrada en un puño, con los nudillos blancos. No terminaba de entender dónde estaba exactamente el motivo de su enfado. ¿Y qué si no lo recordaban? Si no lo recordaban, significaba que aún no era lo suficientemente fuerte, ni lo suficientemente memorable. Entonces que se esforzara más, hasta el punto de que fuera imposible olvidarlo, ¿no?
Pero también notó que Uka bajaba la mano y le sujetaba la muñeca para que aflojara el puño. —Tranquilo—. Cheng Cheng soltó un par de risitas, exhaló el aire con resentimiento, y cada palabra que soltaba estaba cargada de frustración. —Total, ahora nos han puesto en el mismo grupo, qué sorpresa—. Echó un vistazo a los tres que estaban al lado de Qin Yiyu, hizo una pausa y añadió: —Estoy muy expectante por ver tu desempeño en tu nueva banda—. Recalcó con énfasis las palabras “nueva banda”, pero Yan Ji, con su habitual educación, respondió con un “gracias” en nombre de su compañero.
Dicho esto, Cheng Cheng se marchó solo hacia atrás. Los rostros de sus otros compañeros palidecían y enrojecían por turnos. Solo Uka mantuvo la mirada clavada en Qin Yiyu un instante antes de desviarla y seguir a los suyos para sentarse en la última fila.
Chi Zhiyang aguantaba la risa, esforzándose por sonar un poco más civilizado: —Ese tipo parece un pavo real—. Dicho esto, le dio un codazo a Qin Yiyu: —Oye, no habrás tenido un rollo con él y luego, haciéndote el amnésico, lo dejaste tirado después de aprovecharte.
Qin Yiyu soltó una risa gélida: —He seducido y dejado tirado al mundo entero, mi crimen es atroz, así que ahora vivo como si estuviera en la cárcel.
—Espero que corten esta parte —dijo Yan Ji, persignándose.
Nan Yi se echó a reír: —Deberías esperar que corten todo este segmento.
Yan Ji lo miró, pensó que tenía toda la razón y se persignó de nuevo.
La voz en off resonó una vez más: “A continuación, damos la bienvenida al mentor de este grupo.”
En ese momento, un hombre salió de un lateral del escenario de ensayo. Tendría unos treinta y tantos años, llevaba gafas, era de complexión delgada y vestía un traje gris. Al ver de quién se trataba, Qin Yiyu casi se atraganta.
—¿Qué pasa?— le preguntó Nan Yi.
—Li Shu—. Qin Yiyu exhaló largamente: —El productor del álbum debut de Rincón Desordenado.
Yan Ji sonrió: —¿Se le considera un excolaborador?
Chi Zhiyang también se enderezó en su asiento: —¿Qué casualidad, no? Por tu reacción, parece que no se llevan muy bien.
Qin Yiyu se desplomó en su asiento y dijo con desgana: —No nos llevamos bien. Yo no cooperaba y él tiene un carácter de perros, así que cuando estábamos produciendo las canciones, nos peleábamos a diario.
[Con ese carácter tan podrido que tienes, por mucho talento que tengas, tarde o temprano no podrás seguir en esto.] Ahora que lo pensaba, aquella frase había resultado ser una profecía autocumplida.
El mentor en el escenario barrió con la mirada a los presentes en las gradas, pero su vista se detuvo un instante. Se quedó mirando el rostro de Qin Yiyu durante unos segundos y, tras apartar la mirada, hizo una breve presentación.
—Hola a todos, soy el productor musical Li Shu. En primer lugar, felicidades por superar las audiciones preliminares y entrar con éxito en la sala de ensayos del Grupo C de Crazy Band.
—Como músicos, todos ustedes deberían tener claro que el éxito de la presentación de una banda depende inseparablemente de los ensayos diarios y de la experiencia práctica en los livehouses. Por lo tanto, a diferencia de otros concursos, Crazy Band se compondrá de dos grandes bloques: la sala de entrenamiento y las presentaciones en vivo. Estos dos bloques atravesarán cada una de sus etapas.
—Hace poco, según los resultados de la votación interna, dividimos a las 20 bandas en cuatro grupos: S, A, B y C—. Li Shu los miró e hizo una breve pausa: —Y ustedes son el Grupo C, el que obtuvo la puntuación más baja.
—Esto significa que la gran mayoría de ustedes aún no tiene nombre propio en este círculo.
Al escuchar esto, los rostros de todos los presentes en las gradas se ensombrecieron. Todos eran rockeros, llenos de rebeldía y espíritu contestatario3, y a muy pocos les agradaba ser evaluados de esa manera. Sobre todo Cheng Cheng, que momentos antes caminaba con la cabeza en alto y que, tras recibir este golpe tras otro golpe, ya no podía disimular su cara de pocos amigos.
Definitivamente, tenía un carácter de perros. Por primera vez, Chi Zhiyang le dio la razón a Qin Yiyu en su interior.
Sin embargo, para unos pocos, el foco no estaba ahí. —Pero Qin Yiyu también está en este grupo…
El nombre se mencionó en voz baja, pero sin querer levantó una ola de murmullos, y pronto otras voces se sumaron al coro.
—Sí, hasta él está en el Grupo C.
—Si fuera por el ranking individual, seguro que estaría en el Grupo S.
Todas esas palabras eran ciertas y, si no hubiera cámaras, habrían surgido de una forma mucho más hiriente.
Li Shu pasó por alto los murmullos. —Por supuesto, esto es solo un punto de partida. Todos empiezan desde cero. Aquí hay oportunidades para hacerse famoso de la noche a la mañana, pero también existe la posibilidad de caer desde lo más alto hasta convertirse en un don nadie.
—¿Por qué suena como si te estuviera tirando indirectas?— susurró Chi Zhiyang.
Qin Yiyu, con la cara apoyada en la mano, sonrió con absoluta indiferencia. —Mm, genial.
Li Shu recorrió con la mirada a los presentes: —Tocar en una banda no es algo sencillo y estoy seguro de que todos aquí han experimentado esto en carne propia. Hay muchas bandas que ni siquiera pueden costearse un local de ensayo, y muchas otras pequeñas que, al no tener oportunidades para tocar, solo les queda actuar por ahí de teloneros.4
—¿Me equivoco?—, preguntó dirigiendo la mirada hacia la última fila, donde estaba Madera Inextinguible. —Cheng Cheng, ¿tienes algo que quieras agregar?
Al ser señalado, Cheng Cheng soltó una risita seca. Nadie se habría imaginado que este mentor, de apariencia tan pulcra y elegante, tuviera un estilo de ataque tan indiscriminado.
La mayoría de los músicos participantes se sorprendieron por esto, pero Nan Yi frunció el ceño. Tenía un mal presentimiento que lo venía acechando desde que comenzó la grabación.
—Así es, antes éramos teloneros de bandas populares—. Tras ser expuesto, Cheng Cheng se volvió paradójicamente franco: —Nadie quería escucharnos cantar. Los fans en el público gritaban “¡bajen del escenario!” mientras tocábamos. Esta situación duró dos años.
Como esperaba. Nan Yi torció la comisura de los labios.
Li Shu preguntó: —¿De quiénes fueron teloneros?
—De muchos—. Cheng Cheng miró hacia las primeras filas: —Por ejemplo, de Rincón Desordenado.
Sus sospechas se confirmaron. Hasta ese momento, ya fuera por el formato del concurso o por la forma en que el mentor dirigía los temas, todas las piezas parecían haberse condensado en flechas afiladas. Y el blanco de todas ellas apuntaba, sin excepción, a la persona que tenía a su lado.
El ambiente se tornó extraño al instante. Las miradas de todos se posaron involuntariamente sobre la otra parte involucrada: la ex figura central de Rincón Desordenado.
Yan Ji también comprendió la pérdida de compostura de Cheng Cheng momentos atrás. No se trataba de una colaboración, ni de haber compartido escenario, sino de haber sido teloneros de la exbanda de Qin Yiyu. Bajo esa dinámica, no ser recordado era un golpe aún más duro para el orgullo.
Por suerte, a diferencia del intercambio privado de hace un momento, lo que Cheng Cheng dijo a continuación no estaba tan cargado de pólvora.
—En aquella ocasión, después de tocar, volvimos al camerino…— Iba desgranando recuerdos que, para él, eran sumamente importantes, aunque en realidad la producción ya le había dado instrucciones durante la entrevista previa para que los soltara justo cuando el mentor le diera pie.
—Porque hubo alguien en el público que nos gritó que no nos aprovecháramos de su fama; me sentí muy frustrado. En ese momento, Rincón Desordenado tenía prisa por subir al escenario y todos caminaban rápido, pero solo el guitarrista se detuvo y me palmeó el hombro. Me dijo: “Estuvieron bien”.
En aquel entonces, Cheng Cheng se quedó paralizado en su sitio. Ardían con las ganas de preguntarle: ¿Recordarás mi actuación? ¿Me recordarás a mí?
Lástima que estaba demasiado nervioso y no le salió ni una palabra, así que se quedó mirando impotente cómo Qin Yiyu corría hacia el frente del escenario, envuelto en una ola de gritos.
Y, como era de esperar, no lo recordó.
Aquel relato sonaba casi como el recuerdo más entrañable entre un fanático y su ídolo. En teoría, con solo cooperar un poco y soltar un par de frases, ya fuera para agradecer o para mostrar emoción, valía la pena editarlo y convertirlo en un punto de discusión. Habría sido un éxito de crítica y de audiencia, un beneficio mutuo.
Pero Qin Yiyu tenía una personalidad de mierda y una actitud de “me importa un carajo”5, y con una sola mirada le bastó para ver a través de todo el espectáculo.
Bajo la atenta mirada de todos, adoptó una actitud de total desinterés; con la mano sosteniendo la mejilla y el cuerpo ladeado, parecía que en el próximo segundo se dejaría caer dormido sobre el hombro del bajista de cara impasible que tenía al lado.
No acordarse era no acordarse, y le daba demasiada pereza seguirle la corriente a su teatrino.
—Ya veo. Por cierto…— Li Shu asintió, apartó la vista de Cheng Cheng y la dirigió hacia donde estaba Sternstunde. —Yiyu, hace mucho que no nos vemos.
Fue entonces cuando Qin Yiyu se enderezó como si acabara de despertar de un sueño, sonrió con los ojos entrecerrados y solo le faltó estirarse. —Sí, profesor Li, cuánto tiempo.
Li Shu, sin embargo, no sonrió. Lo observo fijamente con una mirada escrutadora. —Hace mucho que no tengo noticias de ti. ¿Cómo has estado?
—De maravilla—. Qin Yiyu alzó las manos, se bajó las mangas de ambos lados y, frente al escenario, fue volteando las muñecas una por una con una sonrisa de absoluta indiferencia.
—Sigo vivo.
Impresiones sobre el capítulo completo.
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