—Uno, dos, tres, cuatro; cinco, seis, siete, ocho; dos, dos, tres, cuatro; cinco, seis, siete, ocho…
Una voz clara pero suave y melosa resonó en la sala de danza. El joven bailaba una coreografía recién creada, estirando brazos y piernas, elevándose suavemente sobre las puntas de los pies, arqueando el empeine y trazando círculos con los brazos en el aire.
La postura del joven era flexible y delicada, con extremidades largas y esbeltas. Alzó ligeramente la barbilla, tensando su largo cuello en una curvatura perfecta. Su uniforme de práctica blanco dejaba al descubierto su espalda y al extender los brazos, se marcaron dos hermosos omóplatos, luciendo como un cisne blanco a punto de desplegar sus alas y echarse a volar.
El joven se elevó sobre las puntas de los pies, formando un anillo vacío con las manos, y giró con una postura elegante. Sus dedos eran delgados, pálidos y de nudillos definidos, tan translúcidos como el jade. Se podían ver con claridad las venas azuladas en el dorso de sus manos, y sus uñas lucían un tono rosado muy suave.
El espejo reflejaba la silueta del joven. Desde la punta de su cabello hasta la punta de sus pies, todo en él era perfecto; no podía encontrársele ni un solo defecto.
Al cesar la música, el joven concluyó su actuación con un movimiento de gran dificultad, cerrando el número a la perfección.
El profesor de ballet no pudo evitar aplaudir. Ruan era, sin duda, el alumno con mayor talento que había visto en todos los años que llevaba enseñando tanto en el país como en el extranjero; poseía un don excepcional ya sea para la coreografía como para la técnica. Si seguía a ese ritmo, subir a ese escenario no sería ningún problema.
La puerta de la sala de danza se abrió de repente. Un hombre con aspecto de guardaespaldas se plantó en el umbral y, bajando la cabeza con respeto, dijo: —Joven amo, es hora de irnos.
—¿Hoy no hay práctica de piano?—preguntó el joven con curiosidad. El sudor resbalaba por sus mejillas pálidas y limpias, desprendiendo feromonas con aroma a té de uvas.
—Ha olvidado que hoy debe ir a su nueva escuela—respondió el guardaespaldas, manteniendo la cabeza gacha para mostrar la debida reverencia al joven.
—Mmm—. El joven asintió, se giró hacia su profesor y le dedicó una sonrisa tierna y suave: —Profesor, me voy.
El chico tomó su mochila, que había dejado a un lado, y se marchó primero. Se quitó el uniforme blanco de práctica, se roció el cuello con un bloqueador de olor y tras asegurarse de que ya no se percibía el aroma a té de uvas, subió al automóvil para dirigirse a su nueva escuela.
Media hora más tarde, se encontraba en la oficina del edificio del último año de bachillerato de la Escuela Secundaria N.º 7 de la Ciudad de Rong. Una institución clave a nivel provincial. Su apariencia dócil y sensata hizo que la profesora Jian Si, tutora de la clase 1, asintiera con aprobación.
—Eres Ruan Xingshu, ¿verdad? Tu género se ha diferenciado como omega. Más tarde ve a la oficina de asuntos académicos a recoger tu uniforme y cámbiate. En un rato te llevaré al aula.
Al ver el rostro excepcionalmente atractivo del estudiante que tenía delante, Jian Si ya podía imaginarse cómo reaccionaría la pandilla de monos de su clase al ver a su nuevo compañero.
Justo cuando Ruan Xingshu salía de la oficina, entró un chico. Estaba empapado en sudor y, a juzgar por su apariencia, acababa de llegar de jugar baloncesto. Entró en el despacho desprendiendo una fuerte oleada de feromonas con aroma a hierba fresca.
—Jian, ¿quién es ese chico que acaba de salir?—. Al ver solo la espalda del joven, Ke Shijie supo de inmediato que tenía que ser guapo. Como bien dice el refrán: una persona hermosa lo es hasta de espaldas.
—Ruan Xingshu, el chico nuevo. ¡Ke Shijie! Ve rápido a rociarte con bloqueador de olor. Apestas a feromonas, ya eres un alfa de diecisiete casi dieciocho años y aún no sabes controlar tu intensidad—. Jian Si realmente deseaba tener en ese momento una botella de bloqueador de olor para rociárselo ella misma.
—¡Entendido, me rociaré en cuanto llegue, así que me voy!—. Ke Shijie abrazó su cuaderno de ejercicios de matemáticas y salió corriendo, cruzó el pasillo de regreso al aula y lanzó los cuadernos de tareas sobre el estrado.
Ke Shijie golpeó la mesa para llamar la atención de los alumnos, que estaban jugando o haciendo sus tareas. Con gran entusiasmo, exclamó: —¡Compañeros! ¡Compañeros! ¡Tendremos un nuevo compañero!
Debido al grito de Ke Shijie, la atención de toda la clase se centró en él. Todos empezaron a preguntarle cómo era el nuevo compañero, si era chico o una chica, alfa u omega.
—Es un chico, lo demás no lo sé, solo le vi la espalda. Calculo que vendrá en la próxima clase, ¡así que esperen!—. Ke Shijie repartió los cuadernos de matemáticas, pero muchos seguían preguntándole si el nuevo compañero era guapo.
—¡Dejen de preguntar, dejen de preguntar, que ya casi llega!—. Ke Shijie se dirigió a la fila junto a la ventana, en la penúltima línea, y le entregó el cuaderno de tareas al chico que estaba sentado en su asiento.
—Chu-ge, va a llegar un compañero nuevo, ¿cómo es que no reaccionas en absoluto?
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