El chico a quien Ke Shijie llamaba Chu-ge alzó perezosamente los párpados. Sus pestañas, largas y rectas, caían cubriendo aquellos ojos de fénix como un pequeño abanico.
Chu Hezhou se quitó los auriculares con desgana y se incorporó para mirar a Ke Shijie. Sus cejas de espada se arquearon ligeramente y al alzar la vista, dejó al descubierto aquellos ojos de fénix que parecían contener estrellas. Miró a Ke Shijie con una sonrisa que no terminaba de serla, dejándolo completamente incómodo.
—Chu-ge, no me mires así, me estás dando escalofríos. —Ke Shijie levantó el pie y le dio una patada a la mesa junto a Chu Hezhou, despertando al chico que estaba durmiendo para que desviara un poco la atención de Chu Hezhou.
—¿Qué pasa, qué pasa? Er He, ¿qué ocurrió? —El chico se despertó adormitado y con la cara llena de las marcas que le había dejado la mesa al dormir.
El chico acababa de despertar y no tuvo tiempo de controlar sus feromonas, por lo que un fuerte olor a durian comenzó a filtrarse tenuemente en el aire.
Las fosas nasales de Chu Hezhou se movieron ligeramente. Sacó un spray del cajón y lo roció varias veces en el cuello del chico, logrando finalmente ocultar el olor.
En cuanto el chico alzó la cabeza, vio el claro desdén en los ojos de Chu Hezhou, así que atrapó la mano de este antes de que pudiera retirarla.
—¡Er He, ¿cómo puedes sentir asco de mí?! ¡Al fin y al cabo hemos sido compañeros de pupitre durante un año, ¿cómo puedes tratarme con tanto desdén? Ya no hay amor, de verdad, ¡rompamos! —El chico, Fu Yuanxun, actuó con tanta seriedad que incluso se secó las lágrimas con la manga.
—Ah. —Chu Hezhou apartó su mano sin piedad, sacó una toallita húmeda para limpiarse y después de propinarle un puñetazo en la cabeza a Fu Yuanxun, el mundo volvió a estar en silencio.
Ke Shijie miró a Fu Yuanxun, quien estaba desplomado sobre la mesa y completamente desmoralizado, y le dio un par de golpecitos.
—Oye, oye, te digo que va a llegar un nuevo compañero, y parece que es un omega.
Fu Yuanxun, que hacía un instante no tenía nada por lo que vivir, se incorporó de repente con los ojos brillantes:
—¿Es guapo?
Ke Shijie puso los ojos en blanco. Malditos perros superficiales.1Justo cuando estaba por abría la boca para hablar…
—Espera. —Fu Yuanxun interrumpió a Ke Shijie, recordando algo de pronto—. El otro día fui a la oficina a entregar las tareas de física y vi a la profesora Jian revisando unos trámites de transferencia. Le pregunté al viejo Chen y dijo que iba a llegar un estudiante transferido por pelear. ¿No será ese del que acabas de hablar? Se llama Ruan Xingshu, ¿verdad?
Al escuchar a Ke Shijie, Fu Yuanxun recordó las noticias que había oído ese día. Originalmente planeaba regresar al aula para contárselas, pero en cuanto entró al salón, se le olvidó por completo.
—No puede ser, ¡no es un omega! Entonces ya no importa. —Ke Shijie agitó la mano. Su primer instinto le decía que alguien a quien transfieren por pelear solo puede ser un A o un B; ya fuera alfa o beta, le había perdido todo el interés.
Ke Shijie se sentó en su lugar, justo detrás de Chu Hezhou, en la última fila. Sacó su teléfono para jugar y, de forma narcisista, se puso a tomarse selfies.
Chu Hezhou sostenía un bolígrafo, haciéndolo girar entre los dedos. De repente, sonó el timbre y el bolígrafo se le escapó de la mano cayendo al suelo.
Jian Si entró en ese momento. El alumno de guardia gritó “¡De pie!” y Chu Hezhou se levantó perezosamente. Después de que todos saludaran a la profesora, volvió a sentarse y se agachó para recoger el bolígrafo.
—Buenos días, estudiantes. Preparen sus manos para darle la bienvenida al nuevo compañero. —Después de que Jian terminara de hablar, un joven elegante como el bambú entró por la puerta.
Chu Hezhou escuchó las inhalaciones sorprendidas de sus compañeros, se enderezó y echó un vistazo.
El joven vestía el uniforme escolar blanco y negro, que le quedaba holgado; su figura delgada hacía que el uniforme se viera aún más grande. Su espalda estaba recta y su postura era impecable, luciendo como un bambú verde2 que no permitía doblarse ni un ápice.
El joven estaba bañado por la luz del sol de septiembre que se colaba en el aula. Su cabello corto, de un tono castaño claro natural, era fino, suave y esponjoso. Ruan Xingshu parpadeó con sus grandes ojos de cervatillo y sonrió a la clase.
Sus labios, carnosos y tentadores, se curvaron ligeramente en una sonrisa que reveló dos pequeños hoyuelos en las comisuras y un par de colmillos. Sus mejillas, con esa suave grasa de bebé, lucían una carne tierna y mullida, y su pequeña y redondeada nariz se arrugó levemente.
—Hola a todos, soy Ruan Xingshu.
El pequeño omega era increíblemente suave.
Impresiones sobre el capítulo completo.
Aún no hay comentarios generales.
Conversaciones vinculadas a pasajes específicos.
Aún no hay comentarios vinculados.