Chu Hezhou entró al baño y frunció el ceño al percibir el intenso aroma a limón y tequila que emanaba de su propia glándula.
Chu Hezhou jamás imaginó que existiera una feromona capaz de provocar una resonancia tan fuerte en la suya. Con solo haberla olido, sintió que sus propias feromonas habían comenzado a activarse.
Chu Hezhou sacó el bloqueador de olor y se roció el cuello con generosas cantidades, deteniéndose solo cuando no pudo percibir ni un rastro de su propio aroma.
Tan pronto salió del baño, casi chocó de frente con un estudiante de último año. Chu Hezhou percibió las feromonas de aquel chico: un hedor a hierro oxidado que tiraba más a sangre, y casi le dio náuseas.
Las feromonas entre alfas se repelen mutuamente, y más aún cuando se trata de alguien a quien desprecian. Chu Hezhou se cubrió la nuca y, justo al salir del baño, lo escuchó hablar con los dos estudiantes de último año que lo seguían.
—Ese omega debe estar en décimo. Solo a la clase 1 de décimo ha llegado un alumno nuevo y yo voy a hacer que entre en celo sí o sí.
Chu Hezhou arqueó una ceja. Al parecer, el niñito nuevo estaba en peligro.
Durante el estudio de la mañana, el director de grado patrullaba los pasillos cuando Chu Hezhou se cruzó con él.
El director de grado originalmente quería preguntar de qué clase era el estudiante que estaba caminando afuera durante el estudio matutino, pero cuando vio que era Chu Hezhou, su expresión cambió de inmediato.
—¡Vuelve rápido al aula! Tienes que mantener esas buenas calificaciones. No dejes que bajen, ¡ánimo para el examen conjunto de este primer mes! —La expresión del director de grado podría describirse perfectamente como la de un anciano bondadoso.
—Entendido, viejo Li. Puedo ver que su calva se ha hecho más grande. —Chu Hezhou miraba cómo la calvicie en la coronilla del director de grado seguía expandiéndose, y no pudo evitar burlarse con su habitual veneno.
—¡Mocoso! —El director de grado se tocó la coronilla y levantó la mano que empuñaba el puntero para golpear a Chu Hezhou, pero este lo esquivó.
Chu Hezhou retrocedió un par de pasos y, como si de repente hubiera recordado algo, le dijo al director:
—Director, hay tres alfas de último año en el baño, empapados en feromonas. Los escuché decir que venían a pelear, y además pretenden inducir el celo de un omega.
Las palabras de Chu Hezhou fueron como una bomba. La segunda regla más estricta de la escuela prohibía las peleas, pero la peor infracción de todas era que los alfas liberaran sus feromonas a voluntad, y si alguno llegaba a inducir el celo de un omega, en los casos más graves resultaba en expulsión inmediata.
Al escuchar eso, el director de grado no se lo pensó dos veces y entró al baño empuñando su puntero como un huracán. Chu Hezhou se recostó perezosamente contra la pared, con una sonrisa en el rostro, dispuesto a disfrutar del espectáculo.
Poco después, esos chicos de último año salieron corriendo del baño dando alaridos, como si los persiguiera un fantasma, mientras el director de grado los perseguía golpeándolos con el puntero. Al contemplar la escena, Chu Hezhou sintió, sin saber muy bien por qué, que su estado de ánimo mejoraba repentinamente.
Chu Hezhou entró al aula por la puerta trasera y se sentó en su lugar. Vio al omega de adelante leyendo obedientemente su libro de lengua, con sus mejillas carnosas moviéndose. Chu Hezhou apoyó la barbilla en la mano y se quedó mirándolo leer. La voz suave y melosa resonaba en sus oídos, resultando una verdadera delicia.
Ruan Xingshu giró la cabeza de golpe para mirar a Chu Hezhou. Este arqueó las cejas, como preguntándole qué pasaba.
—Este… me rocié el bloqueador de olor, huéleme, de verdad ya no se siente nada. —Ruan Xingshu extendió la nuca hacia él, exponiendo su cuello blanco como el jade ante Chu Hezhou, frágil y tierno, como si pudiera deshacerse con solo apretarlo un poco.
Que un omega así le ofreciera voluntariamente su nuca para que la oliera… Chu Hezhou empujó su mejilla con la lengua y no pudo evitar sonreír. Realmente no sabía si decir que Ruan Xingshu era inocente o tonto. Ni siquiera temía que él se lo comiera.
Fu Yuanxun, que estaba al lado, se quedó estúpido de la impresión. ¿Un omega dejando que un alfa le huela la nuca? ¡Eso era un coqueteo descarado! ¿Cómo no se había dado cuenta de que el nuevo omega era tan, tan liberal?
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