Ruan Xingshu no pudo decir nada para contradecirlo. Se quedó de pie junto a You Zhian, sin siquiera lanzarle una mirada a Chu Hezhou.
Debido al incidente imprevisto, también se cancelaron los ejercicios del recreo y todos se dirigieron hacia el edificio de aulas.
Ruan Xingshu no tenía ni idea de lo llamativo que resultaba entre la multitud. Su figura esbelta era elegante como un bambú, y su rostro era increíblemente adorable. Aunque no se percibía ningún aroma de feromonas, daba la sensación de que todo su cuerpo desprendía un dulce olor a leche.
You Zhian, a su lado, había llamado la atención desde primer año de preparatoria. No parecía ni un omega ni un beta, y sin embargo, ese aire rebelde que lo envolvía atraía a mucha gente. Los dos caminaban juntos, completamente ajenos a la cantidad de miradas que los seguían.
Ruan Xingshu prestó atención a las clases durante todo el día y, al final, sintió que era mucho más relajado que en su antigua escuela privada.
A la hora de salida, Ruan Xingshu fue a buscar a Jian Si para recoger el violín que había dejado en la oficina por la mañana.
—Permiso. —Ruan Xingshu se paró en la puerta de la oficina y llamó para pedir permiso.
—Adelante.
Jian Si alzó la vista, vio que era Ruan Xingshu quien entraba, dejó lo que estaba haciendo y lo miró con dulzura.
—¿Qué tal te ha ido hoy, Ruan? ¿Te estás llevando bien con los demás?
Como tutora, Jian Si debía preocuparse por el bienestar de cada alumno, esperando que el chico nuevo se integrara más rápido al grupo.
—Muy bien, todos son muy amables. —Ruan Xingshu tenía las manos cruzadas a la espalda. Su apariencia dócil y obediente enternecía a cualquiera que lo viera.
—Qué bien. Hoy acabas de llegar y quizás no lo sepas, pero aquí los alumnos externos deben asistir al estudio nocturno. El estudio nocturno de décimo y undécimo termina a las nueve, así que mañana tendrás que empezar a quedarte. —Jian Si le extendió un pase a Ruan Xingshu; sin ese pase, no podría salir de la escuela.
—Está bien. —Ruan Xingshu tomó el pase, agarró su violín y se dispuso a marcharse.
—Ah, por cierto, Ruan Xingshu, si nadie de tu familia viene a recogerte, sería mejor que optaras por vivir en el internado. De lo contrario, es muy peligroso que un omega regrese a casa de noche. —Jian Si tenía que advertirle, los omegas de su edad corrían muchos riesgos.
Ruan Xingshu asintió, dijo que estaba bien, le hizo una leve reverencia a Jian Si y entonces salió de la oficina.
Todos fueron al comedor para la cena. Ruan Xingshu tomó su mochila en el aula y se salió. Justo al cruzar la puerta de la escuela, su teléfono vibró. Al sacarlo y mirarlo, vio que era un mensaje del chófer, diciéndole que hoy no podría ir a recogerlo y que ya le había pedido permiso a la señora.
Ruan Xingshu guardó el teléfono y se preparó para tomar un taxi e ir con su profesora a su clase de violín.
La profesora era una alfa femenina. Al principio, la señora Ruan no estaba muy tranquila al saber que era una alfa, pero cuando se enteró de que la profesora ya tenía más de sesenta años y que en su casa también había un omega, se tranquilizó y dejó que Ruan Xingshu fuera.
Ruan Xingshu estaba de pie junto a su profesora. Frente a él tenía la partitura, con el arco del violín apoyado en las cuerdas y los dedos moviéndose ligeramente.
El joven sostenía el arco con la mano derecha, con la yema del pulgar pegada a la nuez;1 los demás dedos sujetaban la vara, y el dorso de la mano formaba un arco natural, con los dedos curvados suavemente.
—Muy bien, pero todavía tienes que ajustar un poco la velocidad del arco. Lo que acabas de hacer no estuvo tan bien; te faltó un poco de velocidad, pero con que lo ajustes de aquí en adelante, estará bien. —La vieja profesora no pudo evitar asentir. Era evidente que le tenía mucho aprecio a este estudiante.
—Ya es tarde, este estudiante se retira. —Ruan Xingshu miró la hora y se dio cuenta de que ya habían pasado las siete. Tenía que irse a casa.
—¿No te quedas a cenar?
La anciana profesora acompañó a Ruan Xingshu hasta la puerta. Con las mejillas sonrojadas, él agitó las manos apresuradamente diciendo que no era necesario.
Ruan Xingshu salió con el violín a la espalda. El atardecer había caído y la calle estaba muy animada, llena de gente que había salido a pasear. Al pasar por el barrio rojo, quiso marcharse rápidamente.
¡Pero no se lo esperaba! Los problemas habían venido a buscarlo por sí solos.
—¡Maldición, un omega!
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