Después de varios días, Shi Wen aceptó gradualmente el hecho de que había renacido.
A veces, Shi Wen se quedaba mirando al vacío en la habitación del hospital. No sabía qué expresión pondría Shang Yu en ese mundo al enterarse de su muerte. Probablemente, se sentiría aliviado.
Después de todo, estuvo atrapado con el acoso de este Omega —que ya no parece ni humano ni fantasma1— durante diez años enteros.
Al fin y al cabo, a él le gustan los omega de verdad, esos omega tiernos y guapos, y no los como él…
Shi Wen olfateó con fuerza y descubrió que, bajo el olor a desinfectante del hospital, en realidad olía a glándulas baratas.
Sabor dulce muy desagradable.
El médico llamó a la puerta y Shi Wen salió de su aturdimiento.
«¿Cómo te sientes hoy?», preguntó el médico.
Shi Wen le devolvió la sonrisa: «No está mal. La herida en el cuello ya no duele tanto y la reacción de rechazo no es tan grave como antes».
El médico miró al joven frente a él que hace apenas unos días estaba lleno de energía. Ahora parecía cansado y un poco cauteloso después de la operación.
‘Para qué molestarse’… suspiró para sus adentros. Sin embargo, su rostro no revelaba ninguna emoción.
«Sí», Shi Wen asintió con la cabeza. Al recordar a aquella enfermera de mejillas redonditas, sintió una punzada de calidez en el corazón.
En el pasado, se concentraba en Shang Yu y no prestaba mucha atención a las personas que lo rodeaban. Ahora se da cuenta de que a veces la bondad de los extraños puede ser tan cálida, tan cálida que le dan ganas de llorar.
Pasó demasiado tiempo abandonado a su suerte en el fango, sin que nadie se preocupara por él. Incluso habiendo tenido una segunda oportunidad en esta vida, todavía le dolía un poco recordar la desesperación de la vida anterior: cuando abrió la llave de la bombona de gas y se quedó completamente solo en la habitación, esperando la muerte
Como era de esperar… soy demasiado débil y sentimental.
«Si de verdad existe una próxima vida, creo que no volveré a molestarte; me dejaré ir a mí mismo, y te dejaré ir a ti».
Al igual que la última carta que escribió en su vida anterior, dado que Dios le dió esta oportunidad de hacerlo nuevamente, en esta vida caminará lo más lejos posible de Shang Yu.
Nadie me salvó.
Entonces seré mi propia salvación.
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