Los dos acostaron al padre Yun sobre la cama y comenzaron a deleitarse a su antojo con aquel cuerpo maduro y pleno. Uno entrelazó su lengua con la suya, succionando con avidez, amasando sus pezones hinchados; el otro besó los dedos de sus pies, lamiéndolos uno a uno sin descuidar ninguno mientras acariciaba sus muslos firmes. Por un acuerdo tácito, ninguno tocó su entrada trasera, pues pretendían que su padre fuera quien les suplicara por ello.
—Ah… ah… Qué bien se siente…
Estimulado por la dedicada atención de sus dos hijos, el miembro del padre Yun volvió a erguirse con vigor mientras empezaba a gemir desvergonzadamente:
—Mmm… ahí no… ah… me van a arruinar los pezones… Ah… A-Yang… no manosees solo un lado… el otro también… Ah… Fan’er… qué bien se siente…
La piel del padre Yun comenzó a enrojecerse y su entrada se contrajo violentamente, expulsando abundante lubricante.
—Hijos… su papá quiere un gran pene… el pequeño agujero pica… ah ah… ¡su papá quiere el gran pene de sus hijos!
Bajo el control de la droga y la lujuria, el padre Yun no tenía freno para sus palabras, gemía de un modo tan obsceno que sus dos hijos quisieron follarlo en ese mismo instante.
—Segundo hermano, déjame ir a mí primero esta vez.
Al oír esto, Yun Feiyang se hizo a un lado. Yun Bufan volteó rápidamente al padre Yun, colocándolo en cuatro patas como si fuera una perra, levantando sus nalgas voluptuosas.
—Maldita sea, papá no tendrá mucha carne en otras partes, pero en las nalgas le sobra. ¡Realmente nació para ser follado!
Yun Bufan palmeó las nalgas suaves de su papá, haciéndolas temblar, y luego las separó con fuerza. El orificio rosado y encantador se abría y cerraba espasmódicamente, dejando escapar un hilo de lubricante. Yun Bufan introdujo un dedo para explorarlo.
—Ah… qué papá tan lujurioso… qué apretado… qué caliente…
Luego de decir eso, le metió tres dedos. Aunque la entrada parecía pequeña, tragó los tres dedos sin esfuerzo, succionándolos con fuerza. Yun Bufan usó sus dedos para dilatar el orificio de su papá, imitando las embestidas, cuando estuvo listo, los reemplazó con su miembro feroz y descomunal. La cabeza violeta y oscura no paraba de segregar fluido viscoso mientras se hundía lentamente en el orificio apretado de su papá.
—Uf… uf… es tan caliente dentro… qué estrecho… el agujero lascivo de mi papá me va a estrangular el pene… Entró completa… Papá, te voy a follar con mi gran pene…
Finalmente, Yun Bufan introdujo su miembro por completo. Ignorando las súplicas seductoras de su papá, empezó a embestir ferozmente, penetrando profundamente como un martillo pistón para luego retirarse casi del todo. Cada empuje hacía estremecer con violencia las nalgas de su padre, cubiertas de una capa brillante de fluidos, mientras su estrecha cintura se retorcía intensamente al ritmo de las embestidas de su hijo mayor.
—¡Ah, ah, ah! ¡Es enorme!…¡Me voy a partir en dos!… ¡Ah!… ¡El pene de mi hijo está dentro de mí!… ¡Qué profundo!… ¡Demasiado rápido!… ¡Uf!… ¡Despacio!… ¡Me vas a destrozar las entrañas!… ¡Ah!… ¡Ah, ah!… ¡Mi hijo me quiere follar hasta la muerte!…
Desde que Yun Bufan penetró en su interior, su padre no dejó de gritar y gemir, apretando con desesperación la gran erección de su hijo, empapándolo de jugo de amor lascivo. Su agujero se coordinó con maestría instintiva a las embestidas, logrando una sincronía perfecta entre ambos. Los jugos lascivos por la unión entre sus partes se transformaron en una espuma blanca que chorreaba del grueso pene hacia afuera. Oleadas de placer extremo invadieron todo su ser. Antes de que Yun Bufan pudiera dar un par de docenas de estocadas, el padre Yun ya había llegado al orgasmo otra vez, salpicándose el vientre con su propio semen.
Aturdido y tembloroso, perdió la firmeza en las manos y dejó caer la cabeza en las piernas de Yun Feiyang, chorreándole saliva en el pene. Sin poder evitarlo, alzó las caderas en un vano intento por recibir la embestidas salvajes que le reacomodaban las paredes internas.
Yun Bufan, embriagado por el frenesí, deseaba poder hundir incluso los testículos dentro de su papá.
—Ah… qué estrecho estás, papá… Llevo tanto tiempo queriendo follarte… quiero follarte todos los días… destrozarte el hambriento agujero… follar tu boca hasta que se ponga roja… follarte hasta la muerte… por ser tan provocador… un papá tan lascivo… ni una vida entera me bastaría… quiero follarte hasta la muerte…
La fuerza con que embestía Yun Bufan hacía balancear a Yun Feiyang de adelante hacia atrás. Chasqueando la lengua, Feiyang sujetó con firmeza los hombros de su papá para permitir que su hermano mayor, quién había estado conteniéndose durante tanto tiempo, descargara su furia reprimida. «Jeje, cuando termine, lo que quede de papá será mío».
Yun Bufan levantó a su padre y lo acomodó sobre él en la postura de la flor de loto, dejándolo caer de arriba abajo hasta que su miembro tocó el punto más profundo. La cavidad empapada devoraba y expulsaba el pene cubierto de fluidos, deslizándolo suavemente hasta la base. Yun Bufan gimió rozando el éxtasis:
—El agujero de mi papá es una delicia… aprietas tan rico el pene de tu hijo… Dime… ¿se siente bien cómo te folla el pene de tu hijo?
Sin haberse recuperado todavía del orgasmo, el padre Yun fue penetrado por completo una vez más por el grueso y oscuro pene de su hijo mayor. Su propio miembro volvió a erguirse de inmediato y su cuerpo sensible no paraba de temblar mientras su agujero apretaba con más fuerza el pene que le daba tanto placer:
—Oh… se siente bien… entra tan profundo… El pene de mi hijo es maravilloso… Me deja el culo dolorido de placer… Tan lleno… Mi hijo me está follando hasta la muerte… Ah, ah… qué pene tan delicioso… Oh… llega tan profundo… tan duro… me está dejando el agujero al revés…
El padre Yun gemía desenfrenadamente mientras subía y bajaba al ritmo de las embestidas, soltando chorros de fluido tras cada movimiento. Después de varios cientos de estocadas feroces, Yun Bufan no pudo resistir la succión que ejercían las paredes de su papá y estaba a punto de eyacular:
—Ah… papá sabe apretar demasiado bien… No aguanto más… me voy a venir… Le daré todo a papá… dispararé todo dentro de tu agujero lascivo… para que me des un hijo… Oh… te voy a destrozar… qué perra… qué puta…
Yun Bufan dio unas últimas embestidas brutales y dejó caer a su padre con fuerza sobre su pene. Dando un rugido, eyaculó durante medio minuto entero. Tras permanecer sumergido un momento dentro de su papá para disfrutar la sensación posterior, retiró su miembro blando con un sonoro chasquido húmedo “plop”.
Su padre yacía de espaldas en la cama, temblando sin parar. La embestida de su hijo mayor le había hecho poner los ojos en blanco, la saliva se le derramaba por la comisura de los labios y su entrada dilatada era incapaz de cerrarse, dejando fluir el semen que manchaba la cama. Yun Feiyang, que ya había eyaculado una vez contemplando la escena, vio que su hermano había terminado. Sin importarle que el interior de su padre aún tuviera el semen de su hermano mayor, alineó su propio pene erguido y grueso, y lo hundió de un solo empuje, moviendo las caderas con frenesí mientras el semen salpicaba ruidosamente entre chasquidos constantes de “pa pa pa”.
—Uf… el agujero de papá se siente muy bien… tan caliente… y tan apretado… Un agujero tan lujurioso… a pesar de haber quedado abierto por el pene de mi hermano mayor… está apretando el mío con tanta fuerza… Eres insaciable… Te voy a follar hasta la muerte, realmente lascivo…
—¡Ah, ah, ah! ¡No puedo más!… De verdad me van a arruinar… Waaah… Yang’er, ten piedad de tu papá… me vas a partir en dos… ¡Ah!… Entra demasiado profundo… me toca hasta el vientre… ¡Ah!… ¡Ah!… ¡Voy a morir!… ¡Voy a morir follado hasta la muerte por el gran pene de mi hijo!…
El padre Yun tenía las mejillas enrojecidas y las lágrimas recorrían su cara mientras era forzado a soportar el enorme miembro de su segundo hijo. Aunque su cuerpo sensible ya no podía más, y la intensidad de las embestidas le hacía poner los ojos en blanco por el éxtasis y el dolor, cada vez que el pene penetraba profundo, su agujero apretaba el miembro con fuerza instintiva, expulsando fluidos mientras sus nalgas tersas se agitaban frenéticamente, como si jamás se cansaran.
Mientras lo penetraba, Yun Feiyang levantó en brazos a su débil papá y comenzó a caminar. El padre Yun no dejaba de gemir mientras derramaba fluidos por el suelo. Al llegar junto al escritorio, hizo que su padre se apoyara en él y le enredara las dos largas piernas alrededor de su cintura para volver a follarlo frenéticamente, completamente entregado al placer. El padre Yun estaba bañado en sudor mientras su propio miembro se movía de un lado a otro soltando gotas de líquido preseminal.
A su lado, Yun Bufan jugaba con los pezones hinchados mientras acariciaba su miembro erguido. La naturaleza desenfrenada de su padre había salido a la luz por completo, su cuerpo estaba estimulado al máximo; contorsionaba sin cesar su estrecha cintura para seguir el ritmo al empuje de aquel enorme pene. Con el cabello empapado en sudor agitándose de un lado a otro, se hallaba totalmente entregado al placer que le brindaba su hijo.
—… Oh… tan bueno… más fuerte… más rápido… fóllame hasta la muerte… papá fue follado hasta la muerte por los penes de sus hijos… remuéveme las entrañas… ah, ah… qué bien… qué delicioso… el agujero de su padre siempre será para que sus hijos lo follen… hijo mayor… ah… fóllame hasta la muerte… este agujero necesita que lo follen… oh, oh… fóllame duro con ese enorme pene… ah…
Cansado de esa postura, Yun Feiyang acomodó a su papá en el suelo para penetrarlo una y otra vez, tras varios cientos de embestidas, ambos alcanzaron el clímax.
Sin darle un solo respiro, Yun Bufan y Yun Feiyang volvieron a acomodarse uno adelante y otro atrás: mientras uno le embestía la entrada trasera con su enorme erección oscura, el otro le llenaba la boca. El padre Yun fue llevado al orgasmo una y otra vez hasta que no le quedó ni una sola gota de semen que eyacular. Luego, lo obligaron a arrodillarse para que chupara sus penes, llenándole la boca por completo, para terminar masturbándose frente a su rostro y eyacular sobre sus facciones. El padre Yun, con la boca abierta y la lengua roja extendida para recibir el semen de sus hijos, exhibía una mirada tan perdida y pervertida que hizo estremecer los miembros de los hermanos, expulsando aún más fluidos. Quedó bañado de pies a cabeza, como recién salido del agua, cubierto por el semen de sus dos hijos.
Pero los dos jóvenes no estaban satisfechos todavía; tras despedir a la servidumbre, continuaron poseyéndolo sobre la mesa del comedor y más tarde en el jardín, donde los tres se enlazaron con salvajismo hasta casi el amanecer, cuando por fin terminó aquella desenfrenada orgía.
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