Yun Qishan sentía que había tenido un sueño maravilloso, uno en el que sus dos hijos lo poseían con locura en infinidad de posiciones. Pero lejos de enfadarse, se había dejado dominar por el deseo ardiente, contoneando las caderas para acoplarse a sus embestidas y pronunciando palabras tan obscenas que no podía reconocerse a sí mismo.
El padre Yun abrió los ojos y notó que ya era de día. Sentía un ligero dolor de cabeza, rigidez en todo el cuerpo y una vaga sensación de vacío en la parte posterior, además de la garganta reseca.
—Que alguien venga y sirva agua.
Un sirviente que aguardaba a un lado se apresuró a ofrecerle agua tibia.
—¿Qué hora es? —preguntó el padre Yun aclarándose la garganta.
—Casi es hora del almuerzo, señor.
—¿Qué? ¿Qué día es hoy?
—Hoy es doce de julio, señor.
—Mmm… —El papá Yun se sujetó la cabeza que le dolía por la resaca—. ¿Qué ocurrió ayer? ¿Qué pasó después de almorzar con Bufan y Feiyang?
—Ayer a mediodía, señor, usted almorzó muy contento con los dos jóvenes maestros y bebió unas copas de más. Ya conoce su propia tolerancia al alcohol, por lo que acabó ebrio. Los dos jóvenes maestros lo acompañaron a su habitación para que descansara y luego se retiraron, no sin antes ordenar que nadie entrara a molestarlo. Como al anochecer usted aún no despertaba, regresaron a verlo, le administraron una medicina para la resaca y le sirvieron algo de comer, pidiendo que lo dejáramos descansar y que mantuviéramos agua tibia lista para cuando despertara —explicó el sirviente, siguiendo la versión que Yun Feiyang había preparado.
—Así que… fue eso… —murmuró el padre Yun, sosteniendo la taza de té entre las manos mientras se sumía en sus pensamientos—. En ese caso…
«¿Acaso lo de anoche fue de verdad un sueño primaveral1? ¿Cómo podría tener pensamientos tan degenerados hacia mis propios hijos? Anoche… ¡anoche me excedí demasiado! Desear que mis hijos me hicieran semejantes cosas… ¿cómo voy a volver a verlos a los ojos?»
El ingenuo padre Yun creyó de inmediato las palabras del sirviente, convencido de que todo había sido una simple fantasía. Al recordar ciertas imágenes de la noche anterior, un ardor le recorrió el cuerpo, su respiración se volvió irregular y su entrada trasera comenzó a contraerse involuntariamente.
En ese preciso momento, Yun Bufan y Yun Feiyang, las verdaderas bestias, se presentaron para visitar a su querido padre.
Ambos despidieron a los sirvientes con un gesto y se sentaron a ambos lados del padre Yun. Uno le acariciaba el hombro y el otro le tomaba la mano, fingían preocupación, pero en realidad no hacían más que propasarse con él.
—Papá, ¿estás bien? Dormiste un día entero, mi hermano mayor y yo estuvimos tan preocupados que no dormimos en toda la noche.
¡Sigan inventando! No durmieron en toda la noche, ¿pero acaso fue por preocupación?
Envuelto por el denso aroma de sus dos hijos, el rostro del padre Yun se enrojeció al instante. Agachó la cabeza a toda prisa mientras sentía que el cuerpo se le ablandaba, su miembro y su entrada trasera reaccionaron. Al oír las palabras de Yun Feiyang, su padre, lleno de ternura hacia sus hijos, volvió a levantar la vista para mirarlos. Lejos de notar ojeras en sus rostros, quedó fascinado por el porte de ambos.
Al percibir esto, Yun Feiyang sonrió para sus adentros y acercó aún más su atractivo rostro, expresando con fingida aflicción:
—Mira, papá, tengo ojeras.
El padre Yun acarició con fascinación el rostro de su segundo hijo:
—Mmm… déjame ver…
Su segundo hijo era tan apuesto, con cejas pobladas, ojos brillantes y una sonrisa pícara en los labios, lucía deslumbrante por donde se le mirara.
Por su parte, Yun Bufan no se quedó atrás:
—Papá, anoche estaba tan preocupado que no pude cenar, toca cómo tengo el estómago vacío.
Yun Bufan guió la mano del padre Yun hacia su abdomen. Más que un vientre vacío, el papá sintió los firmes y marcados músculos abdominales de su hijo mayor. Yun Bufan, con intención perversa, deslizó la mano de su papá cada vez más abajo. Estimulado por el calor abrasador que palpaba en su mano, el padre Yun no pudo resistirlo y se sintió aún más débil.
Al ver que el ambiente estaba en su punto, Yun Feiyang se distanció por iniciativa propia y dijo:
—Papá, mi hermano mayor y yo te esperaremos afuera para comer. Arréglate primero.
Yun Bufan le dio un último apretón a la mano de su padre antes de salir.
Apenas salieron de la habitación, Yun Bufan le mostró el pulgar arriba a Yun Feiyang:
—Segundo hermano, eres increíble. La medicina funciona de maravilla, todas nuestras marcas en el cuerpo de papá desaparecieron. Tras bañarse de semen anoche, hoy luce todavía más radiante.
—¡Por supuesto! ¿Cuántos años crees que llevo investigándola? De ahora en adelante, papá podrá recuperarse absorbiendo nuestro semen, ¡y nosotros nos recuperaremos al alimentarnos del suyo! —dijo Yun Feiyang con absoluta petulancia.
—¡Te admiro, hermano!
—¡Me halagas, me halagas!
Estos dos hermanos no tenían vergüenza alguna, hasta se dedicaban elogios mutuos por su plan inmoral.
—Segundo hermano, ¿qué hacemos ahora? Aunque anoche nos dimos un festín, sigo deseando a papá. Ya viste cómo se puso hace un momento, si lo follamos ahora, no pasará nada, ¿verdad? —preguntó Yun Bufan, dominado por la lujuria y pensando únicamente en su padre.
—¡Qué vas a saber tú! —replicó Yun Feiyang, sintiéndose exasperado, mientras le echaba un sermón a su hermano mayor—: Anoche papá estaba ebrio y creyó que era un sueño primaveral. Si se entera de que fue real, no lo va a soportar y se distanciará de nosotros. Pero si solo nos mostramos afectuosos y dejamos que se acostumbre gradualmente a nuestra presencia, en menos de tres días nos rogará que lo follemos. ¡Preparemos todo para disfrutar a papá sin restricciones! ¡Jajaja!
Por su lado, el padre Yun se sentía caliente por dentro, con el miembro erguido y su entrada abriéndose y cerrándose mientras segregaba lubricante, le resultaba imposible salir a comer en semejante estado. Se sentía profundamente avergonzado: «Soy una verdadera bestia al tener deseos tan vergonzosos hacia mis propios hijos».
—Mmm… ah… mmm…
Al no hallar forma de aliviar su deseo, al padre Yun no le quedó más remedio que evocar las imágenes fragmentadas de la noche anterior. Con una mano se masturbaba el miembro y con la otra se estimulaba la entrada. Su cuerpo entero se sentía como si quisiera que alguien jugara obscenamente con él. Continuó manoseándose sin pudor alguno hasta que tembló al alcanzar el orgasmo.
Durante la comida, las provocaciones de sus dos hijos volvieron a acelerarle el corazón y a sonrojarle las mejillas. Por la tarde se negó rotundamente a comer con ellos, buscando un pretexto para excusarse.
Por la noche, papá e hijos se masturbaron cada uno en sus respectivas habitaciones hasta quedar rendidos.
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