Cuando abrió los ojos, estaba en la casa de Park No-yoon. Sus ojos negros, que no lograban enfocar nada, temblaron al observar el interior del dormitorio, que emanaba una opulencia tan abrumadora que resultaba intimidante. El terror de haber sido arrastrado a la guarida de un monstruo espantoso lo recorrió de arriba abajo.
Con dificultad, incorporó su cuerpo maltrecho. Justo a su lado, Park No-yoon dormía profundamente, abrazando la cintura de Joowon. Sintiendo un pavor que le revolvía el estómago, Joowon se encogió sobre sí mismo, casi al borde de un ataque de pánico.
Se sentía desolado, sin saber hasta cuándo o cuánto más tendría que sufrir a manos de Park No-yoon. Consumido por el horror, Joowon soltó un suspiro e intentó apartar el brazo de No-yoon; en ese momento, su mirada se desvió hacia la mesa de noche donde estaba la lámpara.
Allí vio el teléfono de No-yoon.
Si Joowon estaba atrapado bajo el yugo de No-yoon, era por el miedo a que lo sucedido llegara a oídos de alguien más. Si las fotos no existían, él solo tendría que cargar con este dolor. Dicen que el tiempo lo cura todo, así que si se tomaba un descanso de la universidad y evitaba a Park No-yoon, su vida podría mejorar aunque fuera un poco, un ápice.
Tras tomar una decisión, Joowon se vio envuelto en un impulso indescriptible. El plácidamente dormido No-yoon no parecía haberse percatado de sus movimientos.
Joowon estiró la mano con cautela. Su corazón palpitaba con fuerza, haciéndolo sentir como si estuviera cometiendo un crimen. Reprimiendo a duras penas su pecho palpitante, tomó con cuidado el teléfono de No-yoon.
Tragó saliva con dificultad y pulsó la pantalla negra del móvil. Para su alivio, al encenderse la pantalla, vio que no tenía ningún patrón ni contraseña de seguridad. Oprimido por una tensión que parecía encogerle el corazón, abrió rápidamente la galería.
Fotos de perros, imágenes de No-yoon con personas desconocidas, paisajes extranjeros de algún lugar… Por más que buscó entre todo tipo de fotos, no había ni rastro de Joowon. Revisó frenéticamente la papelera y la nube por si acaso, pero el resultado fue el mismo.
Qué alivio. Incluso si Park No-yoon iba contándolo por ahí o buscaba a Wonyoung, Joowon solo tendría que negar que algo así hubiera pasado. Si intentaba golpear a Wonyoung… bueno, eso no lo sabía ahora. «Pensemos en eso después», se dijo Joowon mientras dejaba el teléfono en su lugar como si nada hubiera pasado. Sintiendo el temor de que la mano violenta de No-yoon pudiera agarrarlo del cabello en cualquier momento, se levantó de la cama lo más rápido que pudo.
Ya no necesitaba estar vinculado a Park No-yoon. Le amargaba tener que cerrar este capítulo sin ningún tipo de compensación por el daño psicológico, pero consideró que era suficiente con no tener que vivir sumido en la ansiedad. Justo cuando se disponía a mover las piernas dejando atrás todas sus preocupaciones, una voz lánguida se pegó a su oído.
—Vaya.
Kiiik. Aunque sabía que no debía girarse, la cabeza de Joowon rotó como la de un robot falto de aceite.
—Hyung, parece que realmente eres un gato. Ya estás intentando escaparte de casa.
Al borde de su visión, se encontraba Park No-yoon, sentado y apoyado contra el cabecero de la cama. En medio de la oscuridad, sus pupilas claras brillaban con intensidad. Al enfrentarse a ese rostro que parecía haberlo estado observando desde el principio, el amargo aroma de la desgracia invadió las fosas nasales de Joowon.
Una marea gris inundó su pecho. El crujido de las sábanas cortó el aire frío como un fragmento de vidrio afilado. No-yoon, que se levantó deslizando la manta, avanzó paso a paso hacia Joowon con un control remoto en la mano. Joowon retrocedió sintiendo que su corazón se petrificaba.
—Qué extraño. ¿Por qué intentas huir todo el tiempo?
Bip. Al pulsar el control remoto, las luces del dormitorio se encendieron intensamente. Gracias a eso, pudo ver con total claridad esos ojos ámbar que lo escaneaban de arriba abajo. Mientras el sudor frío brotaba en sus palmas, Joowon apretó los puños, esforzándose al máximo por estabilizar su mirada temblorosa.
—Me estoy portando bastante bien contigo, hyung. Me esfuerzo mucho por llegar a ser cercanos. Incluso he preparado una habitación para que te quedes.
—¡Cállate! ¡Deja de decir estupideces! Aunque intentes difundir rumores, me limitaré a decir que no es cierto. ¡Así que ni se te ocurra intentar chantajearme con amenazas mediocres!
—¿Chantaje? ¿Llamas chantaje a querer ser cercanos? Me duele el alma. Mira, hasta se me saltan las lágrimas, me tiemblan los hombros y mi corazón se estremece.
El tono que usaba para expresar su supuesta tristeza era espeluznante. Poco después, la luz que caía del techo como una cascada avivó la furia de Joowon. No tenía por qué sentirse inferior. Apretando los dientes y frunciendo el ceño, Joowon intentó reprimir sus emociones desbocadas. Sus pies, pegados al suelo reluciente que alguien habría pulido a cambio de dinero, empezaron a moverse poco a poco.
—Mmm, en lugar de un chantaje, te haré una propuesta.
Joowon intentaba salir sin mirar atrás, pero esa voz melosa se filtró en sus oídos, hurgando hasta lo más profundo. A pesar de que afuera el clima era bochornoso y húmedo, dentro de esa casa un frío glacial, como el del pleno invierno, envolvía su cuerpo. Joowon ignoró el vello erizado de sus brazos y giró la cabeza. Mientras tanto, Park No-yoon curvó sus labios en una sonrisa perfecta y radiante.
—¿Qué tal si intentas escapar mientras cierro los ojos? Si no lo logras, seguirás atado a mí.
—¡Mierda! ¡Ya basta!
No se podía razonar con él. Sin embargo, el terror superaba a la frustración. El presentimiento de que No-yoon volvería a usar la fuerza física y a asfixiarlo se pegó a sus pies como hojas húmedas y musgo. Joowon alzó la voz todo lo que pudo. Sin confianza alguna para enfrentar a ese demente, se dio la vuelta para huir rápidamente.
—¿Quieres que cante “La rosa de Sarón ha florecido”?
—Pedazo de loco. ¿Crees que esto es un juego?
—Si logras salir de esta casa, no volveré a fingir que te conozco.
—…
—En serio.
—…
—Y no volveré a ver a Wonyoung.
Tras su espalda, la voz amable pero nada tranquilizadora de No-yoon seguía flotando en el aire. Joowon apretó sus puños temblorosos y se giró. Las pupilas claras de No-yoon reflejaban la luz intensa del dormitorio, brillando con una belleza aterradora. Joowon sentía que su corazón estaba hecho jirones.
Recordó una película donde un asesino le susurraba a su rehén: “Si escapas de mí, te dejaré libre”. Sentía que su situación era idéntica a una escena de cine, pero… parecía ser la única forma de librarse de Park No-yoon.
Además, solo tenía que aprovechar que No-yoon estaba desprevenido para correr hacia la entrada, abrir la puerta y escapar. ¿Propuesta? No tenía la más mínima intención de seguirle el juego a ese loco. Con esa determinación, Joowon fulminó a No-yoon con la mirada y salió corriendo. Pronto, la voz de No-yoon diciendo: “Empiezo…”, mientras cerraba los ojos se fue alejando.
Joowon corrió con todas sus fuerzas, exprimiendo hasta la última gota de energía. Corrió tanto que sintió un tirón en el bajo vientre. Sin embargo, por mucho que corría, la entrada no aparecía. Quizás la casa era demasiado grande o quizás Joowon estaba demasiado alterado, pero no lograba encontrar la salida.
—Tengo los ojos cerrados…
Mientras deambulaba perdido, esa voz relajada cortó el aire gélido. Joowon, cada vez más ansioso, se mordió los labios y siguió moviéndose de un lado a otro. Decir que estaba “registrando” la casa sería más exacto. Había estado allí una vez antes, pero le resultaba imposible encontrar el camino. El largo pasillo se sentía como un laberinto infinito.
—Hyung, puedo oír tus pasos perfectamente.
Esa risa baja le produjo escalofríos. Pensó que sería mejor esconderse primero y luego intentar escapar cuando No-yoon no mirara. Joowon aguzó el ingenio, miró a su alrededor y corrió hacia el primer espacio que vio. Era la cocina.
La luz estaba apagada y no podía ver bien el interior, pero supuso que también estaría llena de objetos caros. Joowon caminó a tientas hacia el centro de la cocina. Había una isla de cocina y, sobre ella, dos copas de vino brillantes y una botella. No le importaba con quién se las hubiera bebido. Joowon, inquieto, buscó un lugar donde ocultarse.
—¿La cola del gato es demasiado larga?
La voz de Park No-yoon se oía cada vez más cerca y su corazón maltrecho latía con violencia. Si salía de la cocina ahora, se encontraría de frente con ese loco. No tenía más opción que esconderse. Con el rostro pálido, Joowon buscó a su alrededor y se encogió debajo de la isla de la cocina.
—¿A dónde se habrá ido?~
Su voz era ahora mucho más nítida. Tap, tap, tap. El sonido de sus pasos firmes sobre el suelo de mármol también acariciaba los oídos de Joowon. Aterrorizado, se tapó la boca con ambas manos para que no lo descubrieran por el sonido de su respiración. «Por favor, por favor». Podía sentir el pulso retumbando en sus sienes.
Joowon apretó sus manos contra su boca con aún más fuerza. Justo cuando intentaba calmar su corazón desbocado, se escuchó un bip, las luces se encendieron y la sombra del hombre se proyectó largamente justo al lado de la mesa donde Joowon estaba escondido. Joowon sintió que su corazón se congelaba.
Se escuchó un silbido. La melodía era bastante familiar. Era una canción antigua pero famosa que había oído un par de veces. Nunca imaginó que esa melodía pudiera resultar tan aterradora y espeluznante. “Ayer lloré, pero hoy seré feliz gracias a ti…”, tarareaba No-yoon y el silbido continuaba incesante. Joowon, estremeciéndose, se encogió aún más, como un hámster con comida en los abazones.
—Huelo el perfume de hyung por aquí.
La sombra de Park No-yoon vacilaba lentamente, como la llama de una vela agitada por el viento. Por suerte, parecía que aún no lo había descubierto. Joowon se apretó el muslo con fuerza mientras seguía tapándose la boca con la otra mano. Le resultaba indignante tener que esconderse así, pero en ese momento, parecía ser su única opción. Su corazón latía con tal fuerza que sentía que iba a estallar, y las puntas de sus dedos estaban entumecidas.
—¿No está aquí?
Park No-yoon, que había dejado de contar tras llegar a nueve, empezó a alejarse con paso pausado. Al parecer, no había percibido la presencia de Joowon en absoluto. Qué alivio. Si lograba encontrar la entrada y salir corriendo ahora, estaría a salvo. Su prioridad era salir de los dominios de No-yoon de inmediato. Sintiendo un retumbar en su pecho que amenazaba con atravesar sus costillas, Joowon retiró la mano de su boca.
En ese instante, una sombra de una oscuridad absoluta cayó sobre su cabeza. Antes de que pudiera procesarlo, su cuello giró por instinto. Al alzar la vista, se encontró de frente con el rostro radiante de Park No-yoon. Mientras el corazón de Joowon se desplomaba, los labios perfectamente esculpidos del hombre se curvaron en una sonrisa de oreja a oreja.
—¿No tienes frío ahí abajo?
A pesar de ver aquella sonrisa hermosa, Joowon no pudo moverse. Por un segundo, todo se volvió blanco, como si la realidad hubiera sido borrada. Su raciocinio se filtró entre sus dedos como una niebla espesa. «¡Huye! ¡Escapa!». Una voz invisible lo sacudía por dentro una y otra vez, pero su cuerpo estaba rígido como una piedra.
—¡Ah!
Justo cuando el estupefacto Joowon intentó lanzarse hacia un lado, No-yoon estiró su largo brazo y lo agarró violentamente del cabello. El movimiento fue tan ligero y fluido como si estuviera manejando el mando de una consola. Los finos cabellos de Joowon quedaron atrapados entre sus gruesos nudillos. Joowon forcejeó, sintiendo un dolor agudo, como si le fueran a arrancar el cuero cabelludo de raíz.
—Hay que cumplir las promesas. Yo te di una oportunidad.
No-yoon arrastró a Joowon por el suelo, sujetándolo del cabello. Empezó a silbar de nuevo. En la cocina, el eco de su melodía pausada se mezclaba con los gritos de Joowon.
—¡Ayúdenme, por favor, ayúdenme! —Joowon gritó hasta que las venas de su cuello se hincharon, pero aquella casa, tan inmensa como desolada, parecía tener un aislamiento acústico perfecto; nadie acudió en su auxilio. El aroma que emanaba de No-yoon invadió sus fosas nasales, haciendo que le resultara aún más difícil mantener la calma.
Estaba convencido de que, si lo atrapaban aquí, nunca podría salir. No podía permitir que esto siguiera así. Joowon se aferró a la isla de la cocina con todas sus fuerzas para resistir. Aunque No-yoon tiraba de su cabello, él retorcía el cuello negándose a ser arrastrado. Lo poco que quedaba de su orgullo, apenas del grosor de una tripa de mosquito, seguía luchando por manifestarse.
—A veces pienso que eres de los que buscan que les peguen. Si tan solo me escucharas y te portaras bien, no recibirías golpes, ¿no crees?
—¡Ugh, ja… suéltame! ¡Suéltame, ah!
Sentía un dolor punzante, como si le estuvieran arrancando los folículos pilosos uno a uno. En medio de su lucha desesperada, Joowon giró la cabeza. Vio la botella de vino brillante y las dos copas. En el momento en que la botella se reflejó en sus pupilas negras, una onda expansiva agitó el lago en calma de su mente. Escuchó un silbido, como el del viento agitando las hojas secas.
En la encrucijada entre la sumisión y la rebelión, el corazón de Joowon se aceleró frenéticamente. El hilo rojo que mantenía su mente en tensión se rompió finalmente. Incapaz de contener el impulso, y a pesar de la agonía que sentía en su cuero cabelludo, Joowon agarró la botella de vino. Sin dudarlo un segundo, la estampó contra Park No-yoon.
—Uu…ugh.
No supo si le dio en la cabeza o en el hombro, pero No-yoon retrocedió tambaleándose por el dolor. La fuerza en su mano cedió y Joowon pudo liberarse al instante. Sin embargo, debido a la prisa, la botella se le resbaló de las manos. Con un estruendo metálico, la botella se rompió y el líquido rojo se desparramó por el suelo.
Los trozos de vidrio rodaban por el mármol y el aroma amargo del vino inundó el aire. Sin detenerse a mirar atrás, Joowon corrió hacia adelante.
Pronto divisó la puerta principal. Empapado en sudor frío, tanteó la cerradura electrónica para desbloquearla. Sus manos temblaban tanto que apenas podía pulsar los botones, pero de alguna manera logró activarla. Al escuchar el beee-pip, la puerta se abrió. Para él, aquello era la salida del infierno, una sensación tan intensa que le heló hasta el cerebro.
No había tiempo para dudas. Reprimiendo su corazón palpitante, Joowon bajó corriendo por las escaleras en lugar de usar el ascensor. Había olvidado por completo que estaba descalzo.
Un aire gélido, impropio del clima cálido y húmedo del exterior, rondaba las escaleras del bloque. Temía que No-yoon lo persiguiera, pero ni siquiera se oían sus pasos. Finalmente, con un aspecto deplorable, Joowon logró escapar de aquel espacio aterrador.
—Ha… ja…
Limpiándose la frente brillante de sudor con el antebrazo, Joowon miró hacia arriba, hacia el edificio de apartamentos, mientras sentía un dolor punzante en el bajo vientre. Solo entonces el miedo que le asfixiaba el cuello empezó a disiparse. Por fin se había acabado. Ya no sería el juguete de esas manos despiadadas. Joowon cerró los ojos con fuerza y corrió hacia la puerta principal del complejo.
Mientras tanto, la luna brillaba con fuerza y el cielo nocturno permanecía sumido en la oscuridad. Joowon seguía rascando la cicatriz de cigarrillo que No-yoon le había dejado en el brazo mientras aceleraba el paso.
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